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25 de octubre de 2011

Pirineos, tristes montes

Este libro recoge el tipo de historias que se contaban antaño en los pueblos del Pirineo cuando, después de cenar, la familia se reunía en torno al fuego, sentados en las cadieras. No había televisión ni calefacción, por supuesto, y anochecía pronto, así que juntarse en torno a la chimenea a conversar y realizar alguna tarea que hubiera quedado pendiente, como escoscar almendras, era lo más habitual durante aquellas noches. Se contaban rumores que circulaban por el pueblo, se hablaba de cómo había ido la jornada y de lo que había que hacer al día siguiente, y también se relataban historias y rumores en los que no estaba clara la línea divisoria entre realidad y ficción.

El oficio de los navateros o de los truferos; jóvenes que ocultan un embarazo hasta el mismo momento del parto; anécdotas del Seminario de Barbastro (y la soledad de un niño que viaja solo con una maleta); maestras y curas venidos de la ciudad que tienen que acostumbrarse a la rudeza de las montañas; odio encarnizado y perenne entre los únicos dos vecinos de un pueblo; solterones que, ya con cincuenta años, siguen viviendo con su madre, una madre que les ha espantado a las dos o tres novias que han tenido en su vida; historias de la guerra civil vividas por vecinos del pueblo, o la que más me ha impresionado, la historia de una joven que tiene que ir a una gran ciudad a trabajar para ayudar a su familia, sumida en la pobreza. Algunas son reales y otras ficticias, y espero que esta última historia en concreto pertenezca a las inventadas. Ese es otro de los aciertos de este libro: saber que muchos de los cuentos, no todos, son reales. Me quedé a menudo pensando: «Por Dios, ¿habrá ocurrido esta historia de verdad?».

Yo me crié en el Pirineo (vivimos en Barbastro y tengo familia en varios pueblos de la montaña, en diferentes valles, y a ellos íbamos casi todos los fines de semana). Sin embargo, puedo decir que viví la cara más amable de las montañas; cierto, no había calefacción, ni teléfono, ni televisión, y cuando yo era muy pequeña tampoco había cuarto de baño en la casa de uno de aquellos pueblecitos, pero aquello no era nada comparado con la vida de mis padres en la montaña cuando ellos eran pequeños. He oído mil y un relatos de aquella época, pero ha sido este libro el que ha acabado de abrirme los ojos a la dureza de la vida en las montañas (que con eso del turismo rural está muy idealizada ahora).

Recomiendo encarecidamente la lectura de este libro, en especial a quienes han vivido en los Pirineos, porque conectarán más con las historias y los giros lingüísticos. En la misma línea, también recomiendo los libros de Lorenzo Mediano, en un tono más novelado pero que también ilustran acerca de la vida en las montañas, y La lluvia amarilla, una novela preciosa, brutal e imprescindible para desmitificar lo que es vivir en la naturaleza.

Aquí, mis reseñas de dos novelas de Lorenzo Mediano, La escarcha sobre los hombros, precioso, y Donde duermen las aguas, también muy recomendable.

Y aquí, mi reseña de La lluvia amarilla, de Julio Llamazares. Una de las mejores novelas que he leído sobre la soledad de las montañas y la imparable despoblación del Pirineo.

Título: Pirineos, tristes montes | Autor: Severino Pallaruelo
Fecha inicio: 06.10.2011 | Fecha fin: 21.10.2011

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