23 de abril de 2023

La estrella de la mañana (Karl Ove Knausgård)

Cuando vi que proponían este libro en Masa Crítica de Babelio me llamó la atención. Hace tiempo que quería leer algo de Karl Ove Knausgård, pero me imponía la idea. Me daba la impresión de que es un autor difícil de leer, dado a escribir obras magnas y complejas (recordemos que para su autobiografía, que publicó cuando solo tenía dos novelas en el mercado, escribió 3.500 páginas en seis tomos). Cuando recibí el libro, 775 páginas con la frase «El retorno a la novela de un autor de estilo inconfundible» en la faja, no me quedé más tranquila...



Y, sin embargo, empiezas a leer y te engancha. La novela transcurre a lo largo de dos días en una zona costera vacacional de Noruega. Los capítulos están narrados en primera persona, cada uno desde el punto de vista de un personaje (y hay nueve personajes en total): un hombre de vacaciones con sus tres hijos y una esposa con un brote psicótico. Una mujer, pastora en una iglesia y traductora de la Biblia, que tiene problemas en su matrimonio. Una joven dependienta de una tienda de comestibles que se encuentra con un antiguo profesor de quien no quiere saber nada. Una enfermera que trabaja en trasplantes de órganos y una noche vive un suceso espeluznante. Un periodista de moral dudosa y el punto de vista de su mujer, que trabaja en una residencia de personas con discapacidad. Un hombre que lleva una vida solitaria y ociosa en su cabaña de la costa; su medio de vida es el ingreso que le pasa mensualmente su padre, millonario.

Las historias se entrecruzan ligeramente de vez en cuando, pero son bastante independientes. Al principio cuesta un poco entrar, no lo niego. La vida cotidiana de cada personaje se cuenta en detalle, hasta el punto de que tenemos capítulos de 50 páginas, pero poco a poco se va viendo un hilo vertebrador: ese primer día ha surgido una nueva estrella en el cielo. Y a esto se van sumando cosas raras, que primero se perciben levemente, pero luego se hacen cada vez más patentes: una extraña ola de calor (estamos en Noruega), apariciones bíblicas de cientos de animales, visiones extrañas, un crimen macabro... ¿Será todo debido a la influencia de la nueva estrella? 

Esta tensión, estos elementos sobrenaturales que van poblando la trama poco a poco van cobrando importancia y van creando una atmósfera cada vez más inquietante. El libro de hecho está escrito a ritmo de thriller. Es un poco pausado al principio, pero cada capítulo termina con un cliffhanger que te deja con ganas de seguir leyendo. De hecho, yo me descubría mirando el índice para ver si tal personaje volvía a aparecer (hay algunos que solo salen en un capítulo, a otros se les dedican más). En algunos casos, la historia queda en el aire y no aparecen más capítulos de ese personaje. Al final entendí —también mirando por internet— que este es solo el primer libro de una serie que no sabemos cuántas novelas va a tener. De hecho creo que no lo sabe ni el autor, que, por lo que he leído en alguna entrevista, va escribiendo un poco según se lo dictan las musas. Viendo las 3.500 páginas de su autobiografía, creo que tenemos historia para rato.

¿Voy a seguir leyendo esta serie? De momento es un sí rotundo: me da igual lo largo que sea, pero yo quiero saber qué les pasa a los personajes que ha creado en La estrella de la mañana. Pero esto me hace preguntarme lo siguiente: ¿hasta qué punto está Knausgård exigiendo mucho al lector? Que se embarque con él en una lectura de miles de páginas, que esté dispuesto a comprarse ¿cuatro o cinco? libros de 700 páginas cada uno, y a veces sin conocer siquiera al autor. Yo de momento me embarco en el viaje, pero no tengo claro hasta qué punto es mucho pedir ni tampoco si esta es una buena estrategia para ganar nuevos lectores. Por cierto, he mirado la contra, las solapas, la cubierta... y en ningún sitio pone que es el primer libro de muchos, así que avisados estáis.

Al principio, como me gusta no leer nada de las tramas de antemano, no había visto que comparan este libro de Knausgård con Stephen King. Ahora que he terminado el libro puedo ver que sí, hay similitudes. Primero por cómo trata a los personajes, que es una de las cosas que más me gustan de King: aquí los personajes cobran vida, te parecen tremendamente reales y te puedes sentir identificado con sus preocupaciones. Por ejemplo, estás viendo el apocalipsis por la ventana, una nueva estrella que se dibuja en el cielo y una serie de acontecimientos extraños que pasan en tu día a día, y sin embargo a ti lo que te preocupa es qué es lo que sientes por tu marido o qué le pasa a tu hijo adolescente, que parece tener algún problema psicológico. Por cierto, quizá sea este un reflejo de la pandemia, que es cuando se escribió el libro; miras afuera, ves el desastre, pero tienes que seguir lidiando con tu cotidianeidad... Y luego tiene un ritmo de thriller y un tonillo apocalíptico, con tintes de terror sobrenatural, y todos los capítulos acaban con un golpe de efecto, así que sí, se puede decir que es una comparación acertada con King.

He leído que el autor ha publicado ya en noruego los dos libros siguientes de esta serie e imagino que en Anagrama ya están enfrascados en la traducción, así que estaré atenta. De momento, yo me embarco en este viaje y además lo recomiendo. ¿Os venís?


La estrella seguía brillando al norte incluso ahora, por la mañana, cuando el sol ya había salido.

Entonces tenía que ser potente. O encontrarse cerca.

Una estrella de la mañana.

Yo soy la estrella resplandeciente de la mañana, dijo Jesús.

Pero en Isaías la estrella de la mañana era el Diablo. 


Gracias a Masa Crítica de Babelio y a Anagrama por haberme ofrecido mi primera incursión en la obra de Knausgård (¡qué viaje!). La traducción es magnífica y la firman Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo.


18 de abril de 2023

La lógica de la luz (Cristina Cassar Scalia)

Hace justo un año hicimos una lectura conjunta con Laky y Duomo Ediciones del primer libro de Cristina Cassar Scalia, Arena negra, que nos transportaba a Sicilia de la mano de Vanina Garrasi y los casos con los que se encuentra como subcomisaria de la Policía Judicial de Catania. 

Hoy traigo, en una nueva lectura conjunta, el siguiente caso de la serie, que Duomo acaba de traducir: La lógica de la luz.


Son las cuatro y media de la mañana. El doctor Manfredi Monterreale y el periodista Sante Tammaro están practicando la pesca al candil desde una barca muy cerca de la costa (justo lo que ilustra la preciosa cubierta de Davide Abbati). Así ese par de amigos se convierten en testigos privilegiados de un posible homicidio: un hombre arrastra con dificultad una pesada maleta hasta las rocas, la tira y sale pitando junto a un cómplice.

Al día siguiente una llamada anónima a la comisaría alerta a Vanina Garrasi de una desaparición y posible crimen. Vanina relaciona un hecho con el otro, concluye que las casualidades no existen y que quizá la persona dentro de la maleta era la joven desaparecida, Lorenza Iannino. 

Así se pone en marcha la investigación. Tirando con paciencia del hilo, Vanina y su equipo descubren la doble vida de Lorenza Iannino, una abogada intachable que había alquilado un chalé a espaldas de su círculo más cercano y donde organizaba fiestas desenfrenadas con alcohol y drogas. Y fue en una de estas fiestas donde desaparece. La trama avanza y todo parece apuntar a una persona turbia de su entorno laboral. De hecho, ahí hacen un paralelismo con la pesca al candil que me ha gustado y que, por cierto, da pistas de por qué el libro se llama así:

—Mire, Tammaro, es como si este homicidio hubiese encendido un foco justo encima de [un sospechoso] y, poco a poco, nos estuviese permitiendo descubrir otras muchas cosas. Lentamente, una a una, todos los días salen a la luz cosas nuevas. [...]

—Como con el candil. Ya saben, esa luz potente que se monta en la barca y que sirve para atraer a los peces. [...] La pesca al candil tiene su propia lógica. Hay que encender la luz, guardar silencio y estarse lo más quieto posible mientras se van preparando las redes. Tarde o temprano, hasta los peces mejor escondidos suben a la superficie. Y, una vez allí, ya no pueden escapar.

Vanina pensó que era la imagen perfecta para describir el caso.

Debo decir que ya al inicio de la historia empecé a olerme por dónde iban a ir los tiros y no fallé, pero la autora se guarda unos cuantos ases bajo la manga y en el último tercio del libro nos plantea un par de giros de guion que no me he visto venir para nada y me han parecido muy bien traídos. Y es que, a pesar de que el equipo de Vanina avanza implacable recogiendo pruebas y siguiendo pistas, a la subcomisaria las piezas no acaban de cuadrarle, y su veterano olfato policíaco no la abandona hasta llegar a los giros del mismísimo final del libro.

Por el camino, acompañamos a Vanina en un paseo gastronómico por Sicilia (la subinspectora no siempre tiene tiempo para comer, pero ay, cuando lo encuentra...) y la narración está salpicada de referencias al cine clásico italiano. Me he descubierto buscando en Google más de un actor o actriz clásicos con los que la autora comparaba a sus personajes para hacerme una idea de su aspecto físico.

Y por último, sigo opinando que me gusta el personaje de Vanina Garrasi, con sus demonios del pasado (la muerte de su padre, un amor al que no sabe si cerrarle la puerta definitivamente o abrirla de par en par), sus cafés con bollos de crema y sus noches sosegadas en el huerto de los cítricos de su casa, sentada en una silla de hierro, envuelta en una manta y cigarro en mano, con la vista fijada en el Etna.

Cogió un último cigarrillo y se lo fumó en paz con la mirada fija en la «muntagna», que le hacía compañía expulsando un hilillo de humo.

Todas mis impresiones han sido positivas, pero una pega sí que le voy a poner a este libro (algo que también pasaba en el anterior): la cantidad de personajes que hay, todos con nombres italianos que me costaba distinguir. Además al personaje te lo presentan una vez y ya, luego tienes que confiar en la memoria (o en el papel, porque os aseguro que al final he optado por irme anotando quién es quién en un folio, jejeje). Lo bueno es que al equipo policial más cercano a Vanina ya lo vamos conociendo del libro anterior y todos acaban resultando entrañables; están muy bien caracterizados y sus andanzas se leen con gusto. En definitiva, es una lectura en la que, por el montón de personajes, la abundancia de datos y los giros de guion, hay que estar bien atento. Pero el resultado es una novela policíaca con tintes clásicos y sabor italiano que no decepciona.

La traducción es de Montse Triviño (creo que el original tiene mucho de dialecto siciliano y no creo que haya sido fácil de traducir, pero suena todo muy idiomático en español) y el libro se acaba de publicar hace unas pocas semanas. Buenos fichajes para el Día del Libro, que ya está casi ahí...