19 de septiembre de 2020

The Hitchhiker (R. L. Stine)

Hoy traigo una novela firmada por el autor de los libros de miedo Pesadillas, que seguro que muchos leísteis de pequeños. Este autor es R. L. Stine, que resulta que se conoce como «el Stephen King de los libros infantiles». Ha firmado cientos de obras de terror que leyeron generación tras generación de jóvenes; de hecho, en el 2008 había vendido ya ¡400 millones de copias de sus libros en todo el mundo! Yo todo esto no lo sabía cuando me compré este libro. Simplemente fue un flechazo: lo comentaron de pasada en un foro de internet, recordándolo en plan nostálgico, y algo me dijo que me gustaría. No me equivocaba.



Christina y Terri son dos veinteañeras que conducen desde Key West hasta su casa en Cleveland (2.250 km de nada) aprovechando las vacaciones de la universidad. Acaban de emprender un viaje que les parece largo y aburrido, así que Christina decide parar a recoger a un atractivo autoestopista que ven al borde de la carretera. A Terri, que ha oído acerca de los peligros de hablar con desconocidos, le parece una pésima idea y se opone rotundamente. Pero Christina es quien conduce, así que se ríe de los miedos de su amiga y detiene el coche en el arcén. Total, ¿qué puede pasar?

Antes de empezar este libro, pensaba que iba a girar en torno a unas jóvenes que recogen a un autoestopista muy guapo pero piradísimo, y que a partir de la página 10 les iba a tocar correr como locas por el bosque huyendo del asesino en serie. Y, sin embargo, la historia no transcurre por esos canales a priori lógicos, lo cual mantuvo mi interés. El hecho de que los capítulos son cortos y todos terminan con escenas peligrosas hace que quieras seguir leyendo «solo un poco más», y por si eso fuera poco el libro está lleno de giros en la trama y al final ya no sabes por dónde terminará la historia el bueno de Stine.

La verdad es que no me extraña que Stine triunfara entre los niños (y adolescentes, que creo que es el público objetivo de este libro). Y es que no es solo un libro de terror: es un libro que también resulta divertido de leer, y hay algún que otro giro de la trama al final de la novela en el que es inevitable reírse ante el cariz que toman las cosas (si lo habéis leído, sabéis a qué me refiero).

En definitiva, un libro que puede ser un buen regalo para ese adolescente que tenéis por casa y al que no le gusta leer (también está traducido al español, pero en inglés no resulta muy complicado), pero que recomiendo a todo el mundo por lo entretenido que resulta, lo original de la trama y lo adictivo que se hace. Eso sí, os tienen que gustar las historias trepidantes de miedo con un poco de gore...



6 de septiembre de 2020

Cell (Stephen King)

Cell es un relato apocalíptico en el que los móviles envían una señal que «desprograma» el cerebro del usuario, convirtiéndolo en un zombi con impulsos asesinos. Los pocos que no tenían teléfono móvil o no lo llevaban encima se libran de este influjo y se convierten en la Resistencia. Solo tratan de sobrevivir mientras intentan averiguar cómo luchar contra esa horda de zombis, que de repente parece comunicarse por telepatía y empieza a organizarse. Pero ¿con qué propósito?

Empecé este libro escéptica porque las críticas de Goodreads son atroces (hay quien lo sitúa entre las peores novelas de King, que yo creo que es mucho decir). Había decidido leerlo porque llegó a mis manos un poco de casualidad y necesitaba mi dosis estival de King, y además no quería leer el siguiente de mi lista cronológica en mi reto de Stephen King (aquí), porque eso va a suponer agotar demasiado rápido los libros que escribió en su primera etapa, que dicen que son los mejores. El caso, que tenía este en casa y me pareció tan buena opción como cualquier otra, pero no quise hacerme ilusiones. Y eso supongo que es lo que me ha salvado, porque con esta lectura me lo he pasado francamente bien. 

La acción es endiablada desde las primeras páginas (cosa no muy habitual en King, que siempre se toma su tiempo para describir a los personajes y la localidad en la que se desarrolla la acción). Los tres protagonistas, Clay, Tom y Alice, están muy bien perfilados y a mí me han encantado como equipo. Además, cada vez que los «telefónicos» recargan pilas por las noches suena una banda sonora que me ha encantado, empezando con el Baby Elephant Walk de Henry Mancini pasando por el maravilloso Close To You de The Carpenters. Las dos pegas que yo le pondría son: algunos pasajes resultan un poco bastante gore (pero era de esperar, claro) y el final... ayyyy, de todos los finales que el autor podía haber escogido este es el que menos me ha gustado. Parece que se cansó de escribir y dijo: «Hasta aquí hemos llegado, tengo ganas de cambiar de historia».

En definitiva, uno de los libros de Stephen King que menos pasiones despiertan, pero yo sí lo recomendaría. Y encima, qué maravillosa alegoría del momento presente: todos los que tienen móviles se convierten en zombis. Y esto lo escribió en el 2005-2006. ¿No es un visionario?

Termino la reseña citando un fragmentito del libro con el que me reí un montón:

—A tomar por culo —espetó Clay—. ¿Qué gracia tiene el fin del mundo si no puedes atravesar una puta valla metálica con un camión?

Y así lo hicieron.




22 de julio de 2020

Psicosis (Robert Bloch)

No puedo imaginar un comienzo para un libro más evocador que el de Psicosis (que, por cierto, difiere mucho de la película, que empieza con Marion y su amante en una habitación de motel):

Norman Bates oyó el ruido y se estremeció.
Era como si alguien estuviera golpeando los cristales de las ventanas.
Levantó la mirada, rápidamente, dispuesto casi a ponerse en pie, y el libro resbaló de sus manos para caer en su amplio regazo. Entonces comprendió que aquel ruido era tan sólo lluvia, la lluvia que caía al morir la tarde, cuyas gotas golpeaban la ventana de la salita.
No se había dado cuenta de la llegada de la lluvia, ni de la penumbra. Pero la salita estaba ya bastante a oscuras, y antes de proseguir su lectura alargó la mano para encender la lámpara de sobremesa.
Era una lámpara anticuada, con una pantalla adornada y lágrimas de cristal. Podía recordarla desde que tenía uso de razón, y su madre se negaba a desprenderse de ella. A Norman no le importaba; los cuarenta años de su vida habían transcurrido en aquella casa y era agradable y tranquilizador sentirse rodeado de cosas conocidas. Allí dentro todo estaba ordenado; los cambios sólo se producían en el exterior. Y la mayor parte de ellos llevaban en sí una amenaza en potencia.

[La traducción, por lo que he podido comprobar, es de Carlos Paytuvi. Yo me lo he leído en inglés.]

Lo primero que llama la atención, aparte de este inicio bastante diferente de la película, es la descripción de Norman Bates que se hace unas páginas más adelante:

La luz alumbraba su cara regordeta, se reflejaba en sus gafas de lentes montados al aire, y bañaba su rosado cuero cabelludo bajo el escaso cabello rubio, cuando se inclinó para proseguir su lectura.

He visto la peli de Hitchcock innumerables veces, me parece una genialidad de principio a fin, y buena parte de su éxito creo que se debe a Anthony Perkins, a esa mezcla de vulnerabilidad y crueldad, a esa profunda mirada oscura bajo unas cejas pobladas que tan pronto reflejan compasión como maldad o el vacío más absoluto. Creo que es un personaje redondo, y por eso me ha sorprendido comprobar que el libro original tenía como protagonista a un personaje diametralmente opuesto: cuarentón, regordete, rubio y medio calvo, y con gafas. Mientras leía, no podía evitar tener en mente a Perkins todo el rato...

Anthony Perkins: Jeho život byl mnohem děsivější horor než… | Kafe.cz

Por lo demás, Hitchcock siguió bastante fielmente la trama de Robert Bloch, así que en ese sentido no ha habido más sorpresas. Sin embargo, el libro me ha parecido muy recomendable aunque ya se conozca la historia, porque Bloch crea un ritmo muy conseguido y sabe mantener la tensión hasta el final, en un libro no muy largo que se devora en dos o tres tardes. Además me gustó mucho su estilo; como digo arriba, ya desde la primera página supe que este iba a ser uno de esos libros que hacen que te sientas cómodo entre sus páginas, de esos que me hacen murmurar: «Este libro sí que me va a gustar...».

La idea del libro me parece buenísima, y no me extraña que Hitchcock se hiciera con todos los ejemplares de Psicosis que había en el mercado para que nadie supiera el desenlace de antemano (en un libro de este tipo es esencial mantener el factor sorpresa). Por suerte para Hitchcock, Robert Bloch aún no era muy conocido y el director no tuvo que hacer un gran desembolso para adquirir todas las copias del mercado.

Por supuesto, si no conocéis la historia, os recomiendo encarecidamente que os hagáis con el libro cuanto antes y, ya puestos, que rematéis la lectura con la peli de Hitchcock, llena de detalles que dejan patente por qué era todo un maestro.

Bloch, R: Psycho: Amazon.es: Bloch, Robert: Libros en idiomas ...

Por cierto, de Robert Bloch también me leí un librito de relatos de terror de lo más recomendable, este de aquí abajo, con una portada y un subtítulo de lo más evocadores, ¿verdad? :)


12 de julio de 2020

En las montañas (Ned Morgan)

Cuando vi este libro en la última edición de Masa Crítica de Babelio me dije que algo así era justo lo que necesitaba: un libro que hable sobre las montañas, que me transporte con sus imágenes, ahora que, con esto del confinamiento y las semanas aún inciertas del posconfinamiento, llevo tiempo sin disfrutar de ellas. Cuando el libro llegó a mis manos me maravilló la edición: cada capítulo está encabezado por una ilustración, y el texto se alterna con unas fotografías maravillosas que te hacen viajar lejos...

El subtítulo nos concreta un poco más lo que encontraremos en este libro: «Los beneficios de pasar cierto tiempo en altitud para la salud y el bienestar». En efecto, el autor habla de todo lo bueno que nos traen las montañas, desde una mejor salud física a una estabilidad emocional, y todo subrayado con testimonios en primera persona y estudios que respaldan cada dato. Una sección que me ha gustado mucho es la de «Acercar las montañas a casa», donde se dan ideas que me han parecido muy acertadas para los que no podemos ahora mismo vivir la naturaleza como nos gustaría (por ejemplo, experimentar con aceites esenciales de plantas de montaña o visualizar una montaña).

Otra cosa que me ha llamado la atención es que cada capítulo está compuesto por pequeños artículos, de manera que no es un libro de esos que devoras de una sentada, sino que se puede tener en la mesilla y leer un par de páginas cada noche, lo que además permite reflexionar sobre lo que se ha leído. En este sentido, efectivamente se tocan muchos temas que invitan a la reflexión, como el cambio climático o la necesidad de experimentar el asombro. Pequeñas píldoras ideales para terminar el día.

En definitiva, un libro precioso que me ha hecho sentir como si tuviera ya un pie en un sendero y que me parece ideal también como regalo por las buenas sensaciones que transmite. Solo le pondría un pero, y es que la letra es demasiado pequeña, hasta el punto de que a veces se hacía incómodo leerlo. En todos los demás aspectos, este libro me ha parecido una maravilla, como no podía ser menos viniendo de una editorial como Blume.








Muchas gracias a Blume y a Babelio por el ejemplar.

15 de junio de 2020

La casa embrujada (Ed y Lorraine Warren)

Hace un tiempo emitían en la tele un programa sobre fenómenos paranormales que me tenía totalmente enganchada: Paranormal Witness. Dieron otros del mismo estilo, pero ninguno captura las historias con tanto gancho y tantos visos de veracidad como este programa:

ParanormalWitness.png

Además es de los pocos programas que he visto en los que se muestran fotografías y vídeos de los fenómenos «reales» según los tomaron los testigos, y a lo mejor peco de ingenua, pero no parecen estar trucados. El caso es que cada programa me tenía enganchada a la tele y me gustaba más que el anterior. Cuando Babelio ofreció este libro en su iniciativa de Masa Crítica decidí pedirlo porque me pareció que era lo más parecido que podía encontrar en versión novela. Y no me equivocaba: desde las primeras páginas, leer este libro es como ver un episodio de Paranormal Witness.

Los Smurl eran la típica familia norteamericana: en 1973, Jack y Janet Smurl se mudaron a un dúplex en el 330 de Chase Street en Pittston (Pensilvania) junto con los padres de Jack (que vivían en el adosado de al lado) y sus cuatro hijas adolescentes. Eran una familia trabajadora, religiosa y a todas luces feliz.

No obstante, ya en 1974 comenzaron a notar que ocurrían cosas raras: una mancha en la alfombra que aparece una y otra vez aunque se limpie a conciencia, una televisión que empieza a arder sin previo aviso, problemas inexplicables de fontanería, aparatos de radio que se ponen en marcha a todo volumen pese a estar desconectados de la electricidad... Un día, Janet estaba en el cuarto de la lavadora cuando oyó cómo alguien la llamaba claramente por su nombre una y otra vez, pese a estar sola en casa, y notó una presencia junto a ella que le erizó la piel. Ese día supieron que allí estaba ocurriendo algo que escapaba a toda explicación racional.

Poco a poco los fenómenos fueron aumentando tanto en frecuencia como en intensidad, hasta que en 1985 (¡casi diez años después!) la situación se volvió insoportable, pues incluso habían empezado a sufrir agresiones físicas por parte de los demonios que habitaban la casa. Por esa época los Smurl dieron con Ed y Lorraine Warren, «el demonólogo y la médium más famosos del mundo», quienes trataron de guiar a la familia en su lucha contra el mismo Diablo. Se oían continuos golpes en las paredes (en grupos de tres, el número del Diablo), los cimientos de la casa temblaban, los colchones se movían violentamente, Jack y Janet veían horribles monstruos que intentaban atacarles, e incluso sufrieron intentos de estrangulamiento y violaciones. Estaban al límite de sus fuerzas, su salud se había visto debilitada y tenían los nervios a flor de piel. Temían que el acoso terminara en una posesión que acabara con la vida de Jack, de Janet o, lo que es peor, de alguna de las hijas del matrimonio.

El libro termina en 1987, después del tercer exorcismo realizado en la casa. Tras unas semanas de calma en las que la familia respiró aliviada, los fenómenos volvieron a repetirse. El libro original fue publicado en 1988, así que una de las últimas frases del libro está pronunciada en un tono de desesperanza: «Actualmente, la infestación continúa».

De hecho, esa es la única pega que puedo ponerle al libro: como el original se publicó en 1988, cuando los fenómenos paranormales de la casa de los Smurl no habían llegado a su fin, el libro queda un poco inconcluso, se ve desactualizado, aunque en las últimas páginas la editorial ha añadido un par de líneas que cuentan lo que pasó al final.

He tenido que irme a internet para leer con más detalle cómo acabó la historia: en 1988 los Smurl se mudaron a otra casa y allí dejaron de experimentar los horribles fenómenos paranormales (pese a que anteriormente las presencias aterradoras los habían perseguido incluso cuando se fueron de vacaciones). La siguiente persona que se mudó al 330 de Chase Street tampoco vivió ninguna de las experiencias demoníacas que narraron los Smurl. La verdad es que durante la lectura me creí todo lo que vivió esta familia (y confieso que anoche, después de cerrar el libro, miré inquieta la oscuridad del pasillo), pero la opinión que parece imperar en internet es que no había muchos visos de realidad en estos fenómenos. Os invito a leer el libro para formaros una opinión. A mí, pese a que me ha dejado con la duda, la lectura de este libro me ha resultado de lo más entretenida y aterradora a partes iguales.




En este enlace de la editorial Obelisco podéis leer el primer capítulo. La traducción la firma Daniel Aldea y me ha parecido muy conseguida.

Gracias a Ediciones Obelisco y a Babelio por el ejemplar.

8 de junio de 2020

El monje (Matthew Gregory Lewis)

Jóvenes encantadoras que cubren su hermoso rostro tras un tupido velo, caballeros inflamados de amor ante la sola visión de una mano nívea y unos rizos rubios, reverendos solemnes y adorados que se ven sometidos a las mayores tentaciones, monjes que ocultan inmensos secretos bajo sus capuchas, una monja ensangrentada que se aparece cual terrorífico espectro cada 5 años, traiciones en una posada en medio de un bosque desierto, exorcistas, monjas que planean su fuga del convento en secreto, visitas a cementerios a medianoche, enterramiento de huesos insepultos, rituales de hechicería a medianoche en la cripta de un cementerio, la Santa Inquisición... y todo ello con el saborcillo de las Leyendas de Bécquer que tanto me gustaban en mi adolescencia. 

Hacía tiempo que no disfrutaba tantísimo con un libro, y encima ocurrió lo que más me gusta: llegó a mis manos de casualidad, y comencé a leer sin saber nada de la historia. Imaginaos cómo se me estiró el colmillo al leer este primer párrafo: 

Apenas llevaba sonando la campana del convento cinco minutos, y ya se encontraba la iglesia de los capuchinos abarrotada de oyentes. No creáis que la multitud acudía movida por la devoción o el deseo de instruirse. A muy pocos les impulsaban tales motivos; en una ciudad como Madrid, donde reina la superstición con tan despótica pujanza, buscar la devoción sincera habría sido empresa vana. El público congregado en la iglesia capuchina acudía por causas diversas, todas ellas ajenas al motivo ostensible. Las mujeres venían a exhibirse, y los hombres a ver a las mujeres; a algunos les atraía la curiosidad de escuchar a un orador afamado; a otros el no tener otro medio de matar el tiempo hasta que empezase el teatro; a otros, el habérseles asegurado que era imposible encontrar sitio en la iglesia; y la mitad de Madrid acudía allí esperando encontrarse con la otra mitad. Las únicas personas verdaderamente deseosas de oír al predicador eran unas cuantas viejas beatas y media docena de oradores rivales, dispuestos a encontrar defectos y a ridiculizar el discurso. En cuanto al resto del auditorio, de haberse suprimido totalmente el sermón, nadie se habría sentido defraudado, y muy probablemente ni habrían notado la omisión.

Y a partir de aquí se inicia una desenfrenada aventura en la que convergen todos los temas que he mencionado al principio, y que he disfrutado como una enana. ¿Y cómo es que nunca había oído yo hablar de este libro? El monje, una de las obras cumbre de la novela gótica, vio la luz en 1796, y su autor la escribió a la tierna edad de 19 años (hay pasajes que se nota que han sido escritos por un adolescente, jajaja). Lewis era inglés —me sorprendió ver que esta novela está ambientada en Madrid— y escribió esta novela en diez semanas, mientras estaba muerto de aburrimiento trabajando en la embajada británica en La Haya. ¿No es maravilloso? 

En definitiva, una lectura trepidante que te engancha desde las primeras páginas, en la que aparecen multitud de protagonistas y por un momento no sabes bien por dónde te va a llevar la historia, pero de repente convergen todas las tramas y a cada nuevo giro me iba quedando más alucinada. Yo me imaginaba que todo giraba en torno al monje Ambrosio, que era un personaje fuerte, carismático, noble, que debe enfrentarse a mil pruebas, un poco como Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa. Pero no, no van por ahí los tiros. Y ese final apoteósico... En fin, un libro que no solo se coloca directo entre los mejores de este año (junto con Crimen y castigo, que no me ha dado tiempo de reseñar pero me ha parecido un novelón), sino que pasa a formar parte de los libros de mi vida, ahí, sin ambages. Lo único que me da pena es no haberlo descubierto antes, porque mi yo de 16 años habría disfrutado tanto, pero tanto con este libro...

La maravillosa edición es de la colección gótica de Valdemar y firma la traducción Francisco Torres Oliver.

El monje (Matthew G. Lewis)

28 de abril de 2020

Cut (Cathy Glass)

Seguramente todos tenemos libros de esos que son una apuesta segura en cualquier momento, incluso cuando no estamos muy centrados para leer. Es abrir la primera página y verte sumergido en una historia que no puedes soltar hasta que termina, aunque tengas que tirarte la tarde entera. Una de esas autoras para mí es Cathy Glass, y uno de sus libros llevaba esperándome meses en la estantería. Estos días no me centraba mucho y estoy leyendo Crimen y castigo en paralelo, con lo cual necesitaba algo ligero. Esta autora es casi casi una apuesta segura: en sus libros cuenta sus experiencias en Reino Unido como madre de acogida. Lleva unos 30 años acogiendo niños en su casa y tiene anécdotas, enseñanzas y consejos para dar y regalar. Todos sus libros están basados en historias reales, pero se leen como novelas que te enganchan de principio a fin.

Cut By Cathy Glass | Used - Very Good | 9780007280995 | World of Books

Bueno, lo primero que tengo que decir es que la portada puede llevar a confusión, porque este libro no gira en torno a una niña pequeña. Dawn tiene 13 años cuando la llevan a casa de Cathy porque su padre no puede hacerse cargo de ella y su madre no se ve capaz, en cierta manera se ha rendido. Pero tanto su madre como la trabajadora social ponen a Cathy sobre aviso: no es fácil «domar» a Dawn, que, pese a su cara angelical, tiene fama de escaparse, mentir y hacer un poco lo que le da la gana.

Si se leen los libros de Cathy Glass en orden hay que empezar por este, pues narra cómo la autora se introdujo en el mundo de los padres de acogida en el Reino Unido (con todo lo que eso implica, como empezar a conocer cómo funcionan los servicios sociales, realizar tu primera llamada a la policía porque un adolescente se ha escapado, etc.). Cathy vio un anuncio en el periódico en el que se buscaban casas de acogida para niños y ella y su marido decidieron lanzarse a la aventura; además, en paralelo, estaban intentando tener un hijo y de hecho Adrian nace en el transcurso de esta novela. En realidad Dawn fue la segunda niña que Cathy tuvo en acogida; el primero fue un chaval de 15 años que se quedó unos meses con ellos y apenas dio problemas. Pero con Dawn las cosas no transcurren tan a pedir de boca, y a eso se une su inexperiencia como padres de acogida, por lo que todos tendrán que ir aprendiendo sobre la marcha.

Para más inri, la historia transcurre hace ahora unos treinta años, cuando los servicios sociales no tenían un método muy establecido para seleccionar casas de acogida. A Cathy la llaman un día cuando su hijo Adrian tenía apenas unos meses, le dicen que a las siete de la tarde le traen a una adolescente y apenas la ponen en antecedentes. Luego resultó que llevar a Dawn a una casa en la que vive un niño pequeño no era la mejor idea del mundo (es más, podría haber sido una negligencia como una catedral), pero esto lo averigua Cathy cuando ya ha transcurrido medio libro y se ha llevado unos cuantos sustos.

Aunque lo he disfrutado mucho, este libro no es el que más me ha gustado de la autora. Veía a Cathy demasiado ingenua, dando total confianza a Dawn cuando está claro que no se la había ganado (es bueno mostrar confianza a los adolescentes, pero está claro que no puedes fiarte ciegamente de una chica que miente y se escapa de casa a la mínima). También es cierto que, visto con perspectiva, es fácil decir lo que uno haría y lo que no, y entiendo que Cathy siempre actuó lo mejor que pudo dadas las circunstancias, pero en más de un capítulo me encontré diciéndole: «¡Pero no la dejes salir con los amigos! ¡Que no va a volver!».

De todas maneras, es un libro que he disfrutado y que me tuvo toda una tarde leyendo de un tirón los últimos capítulos. Además me ha gustado saber cómo fueron los primeros pasos de Cathy en este mundo de las casas de acogida. Por cierto, me he propuesto leer todos sus libros en orden cronológico, así que dejo aquí constancia de que ya está leído el primero de todos.

18 de abril de 2020

Las mujeres de Winchester (Tracy Chevalier)

Inglaterra, década de 1930. El país todavía se está recuperando de la Primera Guerra Mundial, en la que fallecieron muchísimos hombres del país, dejando a toda una generación de mujeres sin la posibilidad de encontrar un marido decente («mujeres sobrantes», las llamaban). Violet Speedwell es una de estas mujeres. Tiene 38 años, es soltera y perdió en la guerra a su hermano y a su novio. Aunque ya han pasado 14 años, las heridas aún no han cicatrizado del todo, pero Violet está determinada a labrarse un futuro por sí misma y se va de la casa que comparte con su madre, una persona quejica que siempre está criticándola por todo.

Así pues, Violet empieza una nueva vida en Winchester trabajando como mecanógrafa y viviendo en una habitación alquilada. Las cosas no son fáciles para ella, pues apenas tiene para llegar a fin de mes y solo come caliente una vez a la semana. Además, tiene que lidiar con las miradas y los comentarios habituales en aquella época para las solteronas.

Así las cosas, un día se apunta al grupo de bordadoras de la catedral de Winchester, todo un ejército de señoras que cosen los reclinatorios y cojines que luego utilizan los fieles. Sin tener ni idea de coser acaba formando parte de este grupo, con la idea de dejar su pequeña impronta en el mundo, y este grupo le sirve además para ampliar su círculo de amistades. Y eso le lleva a conocer a los campaneros de la catedral, donde quizá se empiece a gestar un romance para Violet...

PESEL, Louisa - Not Just Hockney
Las cenefas que se bordaban para los cojines y reclinatorios, con un detalle que tiene un cierto protagonismo en el libro.

Esta es la trama de la novela, y la verdad es que resultaba interesante: Inglaterra, el periodo de entreguerras, las «mujeres sobrantes», la catedral de Winchester, la Segunda Guerra Mundial cerniéndose en el horizonte, la dificultad de labrarse un futuro si no te ciñes al marco tradicional de marido e hijos... Sin embargo, el desarrollo de la historia no ha acabado de gustarme. Ocurre lo mismo que en Agnes Grey: la protagonista no es nada memorable. Está determinada a labrarse una vida de manera independiente, pero en cuanto conoce a un hombre que le interesa se lanza a por él sin ningún reparo, aunque sea un hombre casado que le saca veinte años (lo primero que hace al conocerle es mirar si lleva anillo de casado).

En ocasiones te encuentras libros con personajes que desearías que fueran tus amigos en la vida real. Querrías tenerlos para siempre en tu vida, hablarles de tus problemas, que te contaran los suyos y tener charlas interminables. Bueno, pues con Violet me ha ocurrido todo lo contrario: estaba deseando perderla de vista; no he casado para nada con su línea de pensamientos, con su toma de decisiones. No es una persona que me haya caído nada bien: juzga a la gente a su alrededor de manera implacable (flipé cuando se ríe de su cuñada porque se encuentra muy pesada por el embarazo), y no ayuda a Gilda y a Dorothy porque le salga del corazón, sino porque sirve a su propósito (que es no volver a vivir con su madre). Es cierto que ser soltera en la década de 1930 no es lo más fácil del mundo, pero lo que hace Violet no me ha parecido nada heroico y encima lo cuenta todo con un ligero deje de amargura. Como digo, no la veo una persona nada relevante para protagonizar una novela.

Y luego el final, que no voy a decir mucho para no destriparlo, pero me parece terriblemente injusto para el personaje masculino.

Una frase que me ha llamado la atención por lo poco (o mucho) que dice de Violet es esta que piensa la protagonista en un momento determinado (dirigiéndose a una mujer): «perdóname por construir mi vida sobre las ruinas de la tuya» (pág. 369).

O, por ejemplo, la primera persona en el grupo de bordadoras que le abre los brazos e intenta integrarla es Gilda, y Violet como agradecimiento la describe de esta manera: «Gilda la cogió del brazo para guiarla. Violet sintió ganas de apartarse: había algo en la delgada cara de Gilda, los prominentes dientes y las finas arrugas alrededor de los ojos que transmitía... no exactamente desesperación, sino una abrumadora insistencia».

Para más inri, la narración se hace algo aburridilla, porque hay fragmentos interminables sobre bordados y campanas que parecen más trabajados que la propia protagonista. Es cierto que la labor de documentación de la autora parece exhaustivo y es digno de encomio, pero esos fragmentos en ocasiones resultaban abrumadores. Por no hablar de la subtrama de Jack Wells, que aún no he logrado entender qué pintaba en este libro...

En definitiva, creo que las ideas eran buenas, pero me esperaba más de una autora como Tracy Chevalier, siendo además este libro el primero que leo de ella. Y desde luego habría cambiado ese final y la historia de amor, pues esa pareja no pega ni con cola. Todas las escenas en las que ambos salen juntos me chirriaban, no se veía pasión por ninguna parte. Creo que la novela habría sido más interesante si no hubiera habido ningún romance en el horizonte para Violet.

Un aspecto que sí me ha gustado de este libro es cómo reproduce Chevalier la Inglaterra de los años treinta, aquella sociedad algo estrecha de miras que todavía mira por encima del hombro a las solteronas, de quienes solo se espera que dejen sus trabajos un día para formar una familia o cuidar a sus padres. Y el protagonismo de la catedral de Winchester también me ha gustado. Ha sido un bonito viaje literario, aunque el desarrollo de la trama para mi gusto se haya quedado un pelín corto.

Gracias a Laky por organizar la lectura conjunta y a Duomo por el ejemplar.


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28 de marzo de 2020

Agnes Grey (Anne Brontë)

Todas las historias verídicas encierran una enseñanza, aunque en algunos casos es posible que cueste encontrar el tesoro y, al hallarlo, puede resultar tan minúsculo que ese fruto seco y marchito apenas compensa el esfuerzo empleado en romper la cáscara. Sin embargo, no creo que yo sea la persona más adecuada para juzgar si ese es el caso de mi historia o no. A veces pienso que mi relato podría resultar de utilidad a algunas personas y entretenido a otras, pero será el mundo quien lo juzgue. No me asusta contarlo protegida por mi propio anonimato, el paso de los años y algunos nombres inventados, y compartiré con el público muy sinceramente lo que no le confesaría ni a mi amiga más íntima.

Así comienza Agnes Grey, la primera novela que escribió la pequeña de las Brontë. Con un inicio tal, me dije que esta es una lectura que me resultaría muy agradable y, con bastante tiempo por delante por esto del coronavirus, emprendí la lectura totalmente enfrascada.

Las primeras páginas me gustaron muchísimo, sobre todo por la voz de la narradora, Agnes Grey, una muchacha que decide irse de su casa para ganarse la vida trabajando de institutriz pese a su juventud e inexperiencia. En los primeros capítulos relata su procedencia, los apuros económicos en los que se vio sumida su familia debido a la mala fortuna en los negocios y la primera familia a la que fue destinada como institutriz. La verdad es que Agnes tuvo mala pata, porque los niños que le cayeron en suerte eran unos tremendos maleducados y sus padres, adinerados y obtusos, no le dejaban imponer disciplina.

Tras dos o tres capítulos en los que se narran los desdichados episodios que le suceden a Agnes Grey con esta familia que tan mal la trata, uno empieza a preguntarse si la trama lleva a algún lado o si solo vamos a saber de sus infortunios. Por suerte, pronto cambia de familia y una espera que ahí el ritmo de la lectura cambie también un poco, pero lo cierto es que es más de lo mismo.

Agnes Grey es una novela de marcado carácter autobiográfico en la que Anne Brontë refleja los sinsabores que le depararon sus experiencias como institutriz a lo largo de su corta vida. En efecto, en esta novela no vemos la experiencia positiva que tuvo Jane Eyre (la protagonista de la novela que escribió su hermana Charlotte) en un puesto similar, con una pupila un poco superficial y mimada pero nada maleducada. Agnes Grey tiene un carácter más realista y una intención didáctica, y solo aparece una historia de amor muy en segundo plano.

Tampoco hay giros inesperados en la trama, como ocurre en Jane Eyre, ni los elementos góticos que caracterizan la novela de Charlotte Brontë (mansiones oscuras, elementos sobrenaturales, naturaleza amenazante, ruinas, la cárcel simbolizada en la habitación roja y el orfanato, el terror que produce oír unas risas siniestras en medio de la noche...).

Como digo, nada de esto ocurre en Agnes Grey, y tampoco creo que fuera la intención de la autora. Sin embargo, si la intención era escribir una novela realista en torno a la figura de una institutriz victoriana, creo que ese personaje central debería ser muy potente; de lo contrario la novela no se sustenta. Y ese creo que ha sido el fallo para mí: Agnes Grey es una protagonista muy poco memorable. Da la impresión de que, para que Agnes destaque, la autora ha tenido que crear a todo un elenco de personajes desagradables a su alrededor, pero son todos tan malos que parecen caricaturas. Sus reacciones y sus diálogos me han parecido muy exagerados, todos pensados para que Agnes Grey se erija en mártir. Además en cada escena parece que Agnes juzga a todo el mundo de manera implacable, con arrogancia y aires de superioridad, y cargada de moralinas. He aquí un ejemplo de esto:

Como ser irracional, Matilda era estupenda, una muchacha llena de vida, vigor y energía; como ser racional, era terriblemente ignorante, intratable, despreocupada e ilógica, y, en consecuencia, resultaba agotadora para la persona encargada de cultivar su inteligencia y reformar su conducta [...] Moralmente, Matilda era insensata, obstinada, violenta y poco razonable. Una prueba de su lamentable estado mental era el hecho de que, siguiendo el ejemplo de su padre, había aprendido a blasfemar como un carretero. 

También debo decir una cosa: mientras duró la lectura estuve enganchadísima, porque es un libro que se lee muy fácil y tiene su inevitable historia de amor (un poco sosaina, a la altura de la prota, pero la verdad es que me ha gustado). Además deja entrever que no todas las institutrices tienen una experiencia tan positiva como la de Jane Eyre; las malas experiencias que pasa Agnes probablemente tenían muchos más visos de realidad. En conjunto puedo decir que la lectura ha estado bien, pero no es una novela que plantee giros emocionantes ni personajes carismáticos que la hagan memorable. Aun así, la recomiendo.

Por cierto, me encanta la portada que ha elegido Alba para su edición de la novela. Refleja muy bien muchas de las escenas de la novela, en las que Agnes acababa hasta el moño de la tropa de energúmenos que tenía como pupilos, jeje...




16 de marzo de 2020

The Carrousel (Rosamunde Pilcher)

Las primeras tres cuartas partes de esta breve novela son justo lo que esperaba encontrar: una evocadora historia ambientada en los paisajes de Cornualles, en los que las inclemencias del tiempo juegan un papel importante (a menudo los personajes se ven azotados por vientos o aguaceros, para después disfrutar de un sol cegador). Destacan algunos personajes entrañables, sobre todo Phoebe, la artista bohemia de sesenta años que vive en una pequeña casita junto a la costa y siempre tiene las puertas abiertas para acoger a los suyos. Pero Phoebe se ha roto un brazo, así que su sobrina Prue acude para pasar unos días con ella y ayudarla en las tareas cotidianas. Estando allí, Prue conoce a Daniel, un misterioso artista amigo de Phoebe que ha estado ausente durante diez años. La afinidad de Daniel y Prue es inmediata, pero ella ha dejado a un noviete en Londres y él parece un artista atormentado con pájaros en la cabeza. ¿Podrá surgir algo entre ellos? Y en medio de todo esto surge un personaje inesperado: Charlotte, una niña de diez años con aire desvalido a quien la vida no está tratando muy bien. ¿Cómo encaja ella en todo esto?



(Ojo, pequeños spoilers.)

Como digo, las primeras tres cuartas partes de la novela me gustaron mucho por la capacidad que tiene Pilcher de describir paisajes y situaciones. Me encantan las moradas en las que viven sus protagonistas: la típica casita inglesa un poco vieja y desvencijada, pero llena de toques personales que contribuyen a darle calidez. Y me gusta también que suele haber muchas escenas en las que los protagonistas se reúnen en torno a un reconfortante té con scones. Otra cosa que creo que Pilcher hace muy bien es describir personajes, y sin embargo en esta novela ha fallado un poco. Para mi gusto Daniel es solo un bosquejo, no se desarrolla su carácter lo suficiente, por lo que no llegué a sentir mucha simpatía por él. Daniel resulta ser una persona poco confiable, que huye de sus problemas. Y, cuando la novela ya termina, su carácter cambia por completo para poder ofrecernos el final de cuento de hadas, y claro, a mí como lectora eso no me ha cuadrado para nada.

Por otra parte, la chica, Prue, tampoco es un personaje muy memorable, aunque creo que habría tenido un pase si la trama hubiera estado un poco más desarrollada y mejor resuelta.

Por último, todo el tema de Charlotte, la niña de 10 años, me ha parecido un poco cuestionable, da ganas de llamar a los servicios sociales, y sin embargo parece que se resuelve con una amigable charla en un despacho. Ahí se nota un poco que hace cuarenta años que se escribió este libro...

Resumiendo, este libro es en esencia Rosamunde Pilcher, es decir, una lectura que te atrapa desde la primera página, muy agradable de leer, de esos libros que invitan a sentarte en el sofá con un té y una manta y leer durante horas. Sin embargo, el final no está bien resuelto para mi gusto. Me ha hecho añorar a esos escritores valientes que no temen rematar un libro sin el esperado final feliz, consiguiendo una lectura no menos satisfactoria por ello.

1 de marzo de 2020

El manual del silencio (Miguel Hurtado)

A los dieciséis años, Miguel Hurtado se apuntó al grupo de scouts de Monserrat por recomendación de una amiga de su madre. Miguel, que acababa de empezar a aceptar su homosexualidad y que lidiaba, día a día, con los eslabones oxidados de una familia disfuncional, se apoyó en esos momentos tan delicados en el germà Andreu, el monje de sesenta años que había fundado el grupo scout, un hombre querido y respetado por la comunidad. Creyéndose a salvo en Monserrat, Miguel confesó al germà su identidad sexual y este, bajo el pretexto de «ayudarle a curarse», abusó sexualmente de él.

Este libro relata la historia real de Hurtado, de su familia y de su camino para sobrevivir como víctima de abusos sexuales en una sociedad en la que la Iglesia católica todavía tiene un poder desmesurado. Y lo que es más importante: nos cuenta cómo, de adulto, Miguel se ha convertido en uno de los activistas más relevantes en la lucha contra los abusos en la Iglesia católica, en alguien que mantiene la esperanza de una sociedad que destierre para siempre ese «manual de silencio» que, desde siempre, ha servido para encubrir a los pederastas.


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A diferencia de algún que otro libro que he leído sobre el tema de los abusos sexuales, para mí este destaca porque el autor disecciona el cúmulo de sentimientos a los que se enfrenta a raíz del abuso y explica, uno a uno, los motivos por los que después, a lo largo de su vida, él se comporta como lo hace. Incluso varias décadas después, es probable que sus reacciones vengan motivadas por lo que ocurrió en su infancia. Por ejemplo, habían pasado veinte años desde los abusos cuando el autor se dio cuenta de que todos estos comportamientos suyos estaban motivados por los abusos:

alteraciones en la percepción de uno mismo (vergüenza, culpa, impotencia, estigma), alteraciones en la relación con otros (desconfianza, aislamiento), alteraciones en la percepción del agresor (aceptación del sistema de creencias del agresor, atribuirle más poder del que tiene), alteraciones en el sistema de creencias (desesperanza, pérdida de la fe), alteraciones en la regulación emocional (sexualidad compulsiva, irritabilidad, explosiones de ira) y alteraciones del estado de conciencia (revivir continuamente la experiencia mediante pensamientos obsesivos).

Desde mi punto de vista, en el libro hay dos narrativas principales: en una el autor nos cuenta su biografía desde que era pequeño hasta la actualidad para que comprendamos en qué punto se encontraba antes de los abusos y la huella que estos dejaron en su persona. Además, Miguel Hurtado estudió Medicina y se hizo psiquiatra, y la verdad es que se percibe, pues a lo largo del libro analiza por qué en cada episodio de su vida se comportó como lo hizo. Estas partes se alternan con otras de estilo más periodístico, en las que narra los casos más sangrantes de abuso en el seno de la Iglesia, los pasos que dio él para enfrentarse a una institución que cierra filas para proteger a sus curas, y cómo su historia le llevó a hacerse activista para que los casos de pederastia no prescriban. Y también apunta lo que fue más doloroso para él en esta frase extraída de una entrevista a Libertad digital:

Lo más doloroso, en mi caso, no fueron los abusos sino el encubrimiento. Cuando abusan de ti, abusa una persona, te traiciona una persona; pero cuando hay un encubrimiento, te está traicionando una institución y una comunidad. Mi agresor era un depredador sexual que debería haber entrado en prisión. Sin embargo, murió siendo un religioso de pleno derecho.

Así, lo que Miguel pretende con este libro no es denunciar su caso particular (que también), sino llamar la atención sobre lo que es un problema endémico de la Iglesia: la existencia de curas pederastas entre sus filas y el encubrimiento sistemático del problema, hecho que el autor respalda con abundantes cifras.

En mi opinión, el libro transmite muy bien el devenir de una persona que ha sufrido abusos sexuales (es decir, cómo un hecho así afecta no solo al resto de tu vida, sino que impacta también en el núcleo familiar y el círculo de amigos y laboral de la persona) y cuál es el pasado y el panorama actual en relación con los abusos en la Iglesia. Como libro confieso que en muchos pasajes se me ha hecho cuesta arriba: en ocasiones me parecía estar leyendo un informe psiquiátrico. Otras veces era como leer un artículo de El País Semanal, con cifras, fechas y datos sobre los casos más clamorosos del abuso sexual por parte de curas. No sé, no he logrado conectar del todo con la voz del narrador, a veces me daba la impresión de que este libro es un currículum interminable. De todas formas aplaudo su valentía, porque Miguel Hurtado no duda en exponer las partes más «oscuras» de su carácter para que se entienda cuánto le han afectado los abusos en todos los aspectos de su vida, y eso seguro que no fue nada fácil.

Sobre todo, creo que este libro puede resultar interesante para víctimas de abuso sexual y sus familiares y amigos: seguro que más de un pasaje les arroja luz sobre algún determinado comportamiento que no llegan a entender del todo. En ese sentido el análisis es concienzudo y muy esclarecedor.

Espero que la lucha de Miguel Hurtado por que los abusos sexuales cometidos por curas no prescriban llegue a dar sus frutos. Un tema que nos concierne a todos.

Gracias a Babelio – Masa Crítica y a Planeta por el ejemplar.

7 de febrero de 2020

El show de las marionetas (M. W. Craven)

No puede ser que este sea el libro que todo el mundo alaba en redes, el que ha ganado un premio Gold Dagger al mejor thriller del 2019. ¿En serio hemos leído la misma novela? Siendo sincera, me está costando pensar en algo bueno que decir de El show de las marionetas. Veamos: la premisa de un asesino en serie que quema vivas a sus víctimas no me atraía mucho a priori, pero bien llevado podría haber resultado interesante. Sin embargo, ese tema con sus descripciones gráficas ha resultado todo lo desagradable que cabía esperar. Supongo que, para darle más chicha a la historia, el autor no se corta a la hora de describir el estado de los cadáveres o la forma en que un cuerpo humano se derrite cuando es quemado, pero para mí es solo una técnica efectista que está de más y encima no funciona si el resto del libro es flojo.

De los personajes no se salva ni uno. No tienen carisma, son muy prototípicos, y me ha irritado en especial Tilly Bradshaw, la jovencísima colaboradora que apenas ha salido antes de su casa, es un genio de las matemáticas y manda whatsapps a su madre para contarle lo que ha cenado. Tiene pinta de que su síndrome es Asperger, pero el autor no lo dice, solo comenta que ha estado «muy protegida». Ya, para empezar, se nota a la legua que el autor quiso poner a un personaje «distinto» para aportar dinamismo a la novela, pero de verdad, no funciona para nada, Tilly parece una caricatura, y todas las escenas en las que aparece me han parecido tremendamente impostadas (las escenas en las que Poe defiende a Tilly resultaban falsísimas, vamos, nadie se comporta así salvo en las novelas malas). Por no hablar de los diálogos, muy de libro de detectives también. Como Tilly tiene Asperger, es el típico personaje que suelta cosas sin filtro porque no se da cuenta de que hay cosas que no se dicen, pero las escenas son tan malas que rozan el sonrojo:

—¿Tiene té de frutas, Nicholas?
—Me parece que a la señora Oldwater le gusta un té de regaliz de vez en cuando. ¿Le vale con eso?
Bradshaw negó con la cabeza.
—No, gracias, Nicholas, el regaliz me da diarrea.
«Ay, Dios...»
El obispo sonrió.
—Tiene razón, señorita. Evidentemente, a mi edad, ya no tengo ese tipo de problemas.
—Cierto, Nicholas. El estreñimiento es un problema habitual entre los ancianos.
Poe la miró horrorizado.
—¿Qué? —dijo ella, al ver su expresión—. Lo es. El treinta por ciento de la población de la tercera edad hace menos de tres deposiciones por semana.
Poe hundió la cabeza entre las manos. Se volvió hacia el obispo y dijo:
—A veces cuesta un poco conseguir que Tilly no diga lo que piensa, Nicholas.

Y luego la forma de escribir del autor no me ha gustado nada, el desarrollo de la acción me ha parecido confuso, y los personajes llegan a conclusiones que no veo lógicas con la información de que disponen; no entiendo las «revelaciones» que tienen y que les hacen avanzar en la investigación. Un ejemplo: la forma que tienen los detectives de llegar al reloj y todo lo que sigue después ha sido muy rápida y está totalmente metida con calzador.

Por último, lo peor que le puede pasar a un thriller: me ha parecido aburrido. Bien sabe Dios que en una novela policiaca no me importa que la acción se desarrolle despacio (ahí está el In The Woods de Tana French para demostrarlo), pero esto es otra cosa. En definitiva, que a este libro no le puedo dar ni el aprobado: ni está bien ejecutado ni aporta nada nuevo al género.

Venga, terminemos la reseña con algo positivo: me ha gustado mucho que la novela esté ambientada en Cumbria. Las descripciones de los parajes resultaban muy evocadoras, dan ganas de ir a verlo. ¡Algo positivo tenía que tener!


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27 de enero de 2020

Fidelidad (Marco Missiroli)

Carlo y Margherita son una pareja joven a la que se podría considerar feliz. Una pareja como muchas. Hasta «el malentendido». Así es como empiezan a llamar a un atisbo de duda que poco a poco va erosionando su matrimonio. Alguien vio, alguien avisó, los colegas hablaron, y la supuesta traición acaba por convertirse en una poderosa coartada que abre la puerta a las fantasías. ¿Somos capaces de no caer en la tentación de ser infieles a nuestros propios sentimientos? Marco Missiroli lo cuenta con un estilo punzante y envolvente, dirigiéndose al corazón de sus personajes: él, ella, la otra, el otro. Nosotros mismos. Prepárate para leer tu propia historia.



Leí este libro como parte de una iniciativa del blog de Laky, Libros que hay que leer, y la editorial Duomo con un título de su colección Nefelibata. Gracias a ambos por el ejemplar.

Me gustan los paisajes literarios que ha pintado Marco Missiroli en este libro. Las calles de Milán bajo el sol de la mañana, la nostalgia del invierno en Rímini... Era este un viaje literario que me apetecía hacer. Esperaba encontrar una reflexión sobre la fidelidad dentro del matrimonio, sobre los límites que uno se impone o que le imponen los demás, pero no sé muy bien lo que he encontrado...

Fidelidad presenta la historia de Carlo y Margherita. A priori son un matrimonio bien avenido, pero la duda se instala entre la pareja cuando él, profesor universitario, es visto con una alumna en los lavabos de la universidad. No ha sido nada, ella solo se ha desmayado, yo la estaba ayudando... Pero la duda ya ha calado en Margherita y quizá sea ese el salvoconducto que ella utiliza para desatar sus propias fantasías. Digamos que la novela gira en torno a una cuestión interesante: ¿qué es mejor, ser infiel una vez y olvidarte luego de ello, o resistir a la tentación, no ser infiel, pero no ser capaz de quitarte a esa persona de la cabeza durante meses?

Si de verdad Carlo no había tenido a Sofía, si de verdad él no había agotado el deseo de poseer a aquella mujer, si aquella mujer no había agotado el deseo de poseer a Carlo, entonces Sofia Casadei era un tiempo presente. Porque había algo que ella sabía: su propia consumación había sido desear a Andrea y tenerlo, para después no desearlo más (pág. 181).

****

Si te la hubieras follado, te la habrías quitado de en medio. O me habrías quitado de en medio a mí. O yo te habría quitado de en medio a ti. Pero no recibirías mensajes que te sobresaltan mientras estás con tu mujer en su cama de cuando era joven viendo Una jornada particular (pág. 211).

Y así el libro avanzaba sin que yo tuviera la sensación de que fuéramos a ningún sitio. La forma de narrar es rara, todas las escenas parecen recubiertas de una neblina gris, hasta los momentos de sexo parecen tener una pátina deprimente. Las referencias literarias y musicales son una constante a lo largo de la trama, pero no estoy segura de que aporten mucho: casi todas parecen metidas con calzador, como para demostrar la amplia cultura que tiene el autor.

Utiliza una técnica narrativa en la que salta de un personaje a otro sin división de capítulos. En ocasiones confunde un poco, muchas frases parecen terminar abruptamente. Lo malo es que este recurso literario deja una sensación que viene a sumarse al poso general de la novela: el de que es una historia rara, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta.

En definitiva, es un libro que trata un tema a priori muy interesante, que da para establecer buenas reflexiones, pero que me ha dejado bastante confusa y no muy convencida del resultado final. Al menos he subrayado unas cuantas frases interesantes...

Poco a poco había ido viendo aquellas experiencias como algo necesario —una formación personal— y ahora las repasaba mentalmente como si fueran luces débiles, casi acotaciones: había sentido la necesidad, había sido capaz de hacerlo. Ahora creía haber superado el cliché de la traición, la necesidad fisiológica de la traición, la evasión de la traición, la curiosidad de la traición, la respuesta a una satisfacción que revelaba la traición. ¿Y si traicionar, para él, hubiera sido el modo de volver a serle fiel a Margherita? (pág. 193).

Hace tiempo leí otro libro sobre infidelidades que me dejó también profundamente insatisfecha: Adulterio, de Paulo Coelho. Así pues, os pregunto si podéis recomendarme libros sobre este tema que estén bien planteados. A mí ahora mismo solo se me ocurre Las amistades peligrosas, un libro que me flipó cuando lo leí en su día (hace más de 20 años) y que ya va siendo hora de releer. ¿Qué libros creéis que tratan este tema de una manera interesante?

17 de enero de 2020

Mi última batalla (Harry Leslie Smith)

El artículo «Este año, usaré una amapola por última vez» publicado en The Guardian por Harry Leslie Smith, un veterano de la RAF y antiguo empleado de una fábrica de alfombras en Yorkshire de noventa y un años, se compartió más de ochenta mil veces en Facebook y desató un gran debate sobre la situación de la sociedad actual. En este libro, Harry aporta y amplía su singular perspectiva sobre los recortes del sistema público de salud, la política de subsidios, la corrupción política, la pobreza alimentaria, el costo de la educación y mucho más. Desde la miseria en la ciudad de Barnsley en los años treinta y el terror de la guerra hasta la creación de nuestro estado de bienestar, Harry ha experimentado cómo una gran civilización puede surgir de los escombros. Pero al final de su vida, teme la facilidad con la que estos logros se están erosionando. Mi última batalla es una invectiva moderna y lírica que muestra lo que el pasado nos puede enseñar, y que el futuro está a nuestro alcance.

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En este libro de corte autobiográfico y tintes políticos, el británico Harry Leslie Smith, de 91 años cuando lo escribió, afirma: «Aunque no soy historiador, soy historia». Y, como historia viva, Smith traza los paralelismos entre su infancia en Inglaterra durante la Gran Depresión de 1930 y el retorno a aquellos valores previos al estado de bienestar que ve ahora durante la actual época de austeridad. El libro parte de la premisa de que la generación del autor luchó mucho en el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial para construir un estado del bienestar que apoyara a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad: la Seguridad Social, educación gratuita para todos, el derecho a la vivienda y el trabajo. Sin embargo, todo aquello que su generación consiguió se está perdiendo ahora a pasos agigantados a medida que las facciones más radicales de la política se instauran en Europa y las clases más acomodadas imponen la privatización. Y este libro es un puñetazo sobre la mesa, una forma de hacer que los jóvenes de hoy en día despierten y recobren los valores que tanto costó conseguir.

Me ha gustado mucho la manera de narrar que tiene Harry Leslie Smith, así como la impecable traducción de Lucía Barahona para Capitán Swing. En el momento actual, en el que estamos tan cerca de perder la sociedad del bienestar que a las generaciones anteriores les costó tanto esfuerzo conseguir, una lectura como esta es más importante que nunca.

26 de diciembre de 2019

Tierra sin hombres (Inma Chacón)

Las hermanas Elisa y Sabela crecen en una pequeña aldea cercana a Ferrol, donde su madre, Rosalía, una leiteira pobre, las cría sin la ayuda de su marido. Mateo, que emigró a América para iniciar un negocio que nunca concluyó, solo le dejó a su hermano Manuel, sordo de nacimiento, que con su bondad temerosa y sencilla la ayuda a sacar a sus hijas adelante.
Cuando Rosalía comienza a planear la boda de su hija Elisa con Eloy, el único bachiller del pueblo, no cuenta con que Sabela se ha enamorado de él y que el guapo minero Martín tiene otros planes para Elisa.
Tierra sin hombres es una novela de personajes y de intrigas familiares que se enmarca en la Galicia de finales del siglo XIX y principios del XX, en una aldea cargada de supersticiones y de habladurías, lluviosa, pobre; una tierra de viudas de vivos, donde las mujeres ven como sus hombres han de emigrar en busca de una vida mejor, un sueño que a veces se cumple y otras se vuelve contra todos.



Corría el año 2017 e iba con mi padre en coche recorriendo un estrecho congosto de nuestra provincia, Huesca. Teníamos la radio puesta y comenzaron a emitir una entrevista a Inma Chacón en la que hablaba de su última novela. La agradable charla, la historia interesante que contó sobre las «viudas de vivos», aquel momento con mi padre y los paisajes oscenses se me quedaron grabados en la memoria. Y me dije que aquel libro prometía una historia singular y que valdría la pena leerlo. Dos años después por fin he conseguido hacer hueco a esta lectura y puedo confirmar que es una historia magnífica.

Como dice la propia autora en una nota al final del libro, esta historia gira en torno a una de aquellas «viudas de vivos», mujeres gallegas que veían cómo sus maridos se marchaban a América para buscarse la vida. A veces no regresaban, o lo hacían al cabo de los años y volvían a marcharse, dejándolas a ellas al cuidado de los hijos y de las tierras. Es esta, pues, una historia en la que las protagonistas son sobre todo las mujeres, esas que se pasan años mirando al mar en busca de un barco, de un marido, que ha de volver. Es el caso de Rosalía, la leiteira, que se queda sola al cuidado de sus hijas Elisa y Sabela, con la única ayuda de su cuñado Manuel, sordo desde los cinco años, una persona silenciosa pero atenta y cariñosa. La vida de Rosalía no es fácil: cada día anda los nueve kilómetros que separan la aldea de Cobas de Ferrol para vender la leche que lleva en pesadas cántaras en equilibrio sobre la cabeza. Rosalía no quiere esa vida para sus hijas, por lo que traza su futuro con escuadra y cartabón: Elisa se casará con Eloy el de las cesteiras, un joven de la aldea estudioso y con un prometedor futuro, y Sabela se quedará al cuidado de la casa familiar. Pero no sabe que a Elisa no le hace ilusión ese compromiso y que Sabela está enamorada en secreto de Eloy, por lo que todo apunta a que los planes de Rosalía quizá no salgan tal como ella espera.

Este libro nos transportará a la Galicia de principios del s. XX, a la aldea de Cobas, donde los chismes de los vecinos marcarán la vida de Rosalía, Elisa y Sabela. Buena parte de sus acciones se verán condicionadas por el consabido «qué dirán»... Para mí esta novela destaca por muchas cosas: la narración es impecable, los personajes están muy bien descritos y el ritmo se mantiene a lo largo de toda la lectura, pero lo que más destaca es la ambientación que transcurre en Galicia, esa tristeza que todo lo empapa, esa lluvia infinita. Para muestra, el párrafo que abre la novela:

El aguacero descargó sobre el camposanto como si quisiera cobrarse una deuda. Los goterones rebotaban sin interrupción sobre los paraguas que rodeaban el ataúd, resignado a recibir el diluvio soportando el sonido constante de la lluvia al estrellarse contra la tapa. Mientras, los deudos permanecían con la mirada clavada en el hoyo. Ni una sola corona de flores, ni una lágrima, ni un ramo descuidado, ni un suspiro, ni un rezo, ni un gesto de desolación. Sólo el ruido del agua. Y, a lo lejos, el mar, embravecido y triunfante, levantado sobre sí mismo para que todos supieran que también él había acudido al entierro.

Ninguno de los presentes recordaba haber vivido un temporal semejante. Se había formado cinco días atrás, cuando el horizonte comenzó a llenarse de nubes que se ennegrecían a medida que se acercaban a tierra y alcanzaban la costa, alimentándose unas a otras, despacio, amenazantes, hasta formar una masa de nubarrones que encapotó el cielo de Cobas y se precipitó sobre las colinas donde se desperdigaba la aldea. Desde entonces, no había dejado de llover.

Una lectura sin duda recomendable. No le pondría un diez redondo porque en ocasiones el drama, las pasiones, las tragedias eran un poco demasiado para mi gusto, y además no he acabado de comulgar con ninguno de los personajes; ninguno se me ha hecho simpático del todo. Pero quizá ese es otro punto a favor de la novela, puesto que los personajes eran terriblemente reales, con sus fallos, sus debilidades y fortalezas, y con acciones muchas veces incomprensibles. ¿No somos un poco así todos en algún momento de la vida?