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13 de mayo de 2017

The Loney (Andrew Michael Hurley)

Este libro me da mucha nostalgia, porque fue uno de los últimos que me compré antes de mudarme desde Inglaterra a España hace unos meses. La cubierta, tremenda, muy evocadora, me llamaba desde los estantes de Waterstones, y de hecho se pasó semanas ocupando las mesas de lecturas destacadas y recomendadas.

Esta primera novela de Andrew Michael Hurley se publicó inicialmente en el 2014 con una tirada de solo 300 ejemplares, aunque apenas tardó un año en conseguir un contrato con una editorial más grande. Ese mismo año, el 2015, fue premiada como mejor novela de debut de los Costa Book Awards y de la British Book Industry. ¡No está nada mal como carta de presentación!

El autor posa orgulloso con su libro en los Costa Book Awards.

The Loney es una novela de tintes góticos que se desarrolla en los parajes fríos y brumosos de la costa norte de Lancashire en 1976. Todos los años, el protagonista y su hermano Hanny, un joven mudo y con dificultades de aprendizaje, acuden desde su Londres natal a una especie de retiro espiritual en la costa junto con sus padres, varios amigos suyos y un cura, todos miembros de la misma congregación católica. Allí llevan a cabo un ritual con el que pretenden curar a Hanny, ritual alentado sobre todo por la madre, una ferviente católica.

Este es un libro difícil de catalogar: no es de terror porque no da exactamente miedo, pero tampoco es tan trepidante como para tildarlo de thriller. Sin embargo, tiene todos los ingredientes de una novela gótica al uso: tramos de costa solitarios y brumosos, una casa aislada en la que vive gente extraña, lluvia incesante, una joven bella y misteriosa (de cuyas circunstancias se dan pocos, pero estremecedores detalles), inesperados descubrimientos tras las paredes de una casa vieja... Y la línea de fondo que lo une todo es el choque entre las creencias católicas más fervientes y los ritos paganos que tienen lugar en The Loney: efectivamente, buena parte de la historia gira en torno a la religión, el fanatismo y la pérdida de la fe. La madre de los protagonistas es católica ferviente, y sus maneras chocan con las del nuevo párroco, joven y más flexible. El anterior, que seguía los rituales al pie de la letra, murió recientemente y aún hay incógnitas en torno a su muerte.

Para mí lo que realmente destaca de esta novela es la caracterización de los personajes y cómo su autor ha tejido todo el entramado: algo realmente sorprendente en una novela debut. Especialmente entrañable me ha parecido la estrecha relación entre los dos hermanos y su forma de comunicarse entre sí. Por último, destaca también el ambiente que entreteje la novela; no es misterio ni terror, es la sensación de que algo está pasando y de que en ese lugar no hay buenas vibraciones, pero es difícil achacar esa sensación a nada en concreto. Lo único que no me convenció de la novela, y que puede decepcionar a algunos lectores, es que el final es de esos totalmente ambiguos, en los que uno tiene que imaginarse la mitad de lo que realmente pasó. Confieso que yo prefiero las tramas más masticadas, pero aun así esto no impidió que disfrutara tremendamente esta lectura y la recomiende a todos los amantes de los libros de tintes góticos ambientados en tierras inglesas. En español lo ha editado Berenice con una cubierta muy parecida a la original.



1 de mayo de 2017

Un matrimonio de provincias (Marquesa Colombi)

Este libro, bastante breve y de fácil lectura, narra los años de juventud de Denza, una muchacha de pocos posibles que reside en un pueblo italiano a finales del siglo XIX. Huérfana de madre, Denza vive con su hermana y su padre, que al cabo de un tiempo se casa en segundas nupcias y tiene otro hijo. Los días transcurren tediosos para la joven, que lo único que hace en todo el día es pasear incesantemente con su padre y su hermana por los campos circundantes al pueblo mientras el padre les va dando lecciones que sustituyen la asistencia de ambas al colegio. La llegada de la madrastra no mejora las cosas: no es que se lleven mal, pero es una señora brusca y poco cariñosa que pone a Denza al cuidado del recién nacido y que no ayuda a que los días discurran con ningún aliciente.

Así las cosas, lo único a lo que puede aspirar Denza es a hacer un buen matrimonio, y la joven ve alimentadas sus expectativas cuando le dicen que su belleza le ayudará a dar con un buen partido. Y así es: un buen día se entera de que Onorato, un joven gordo y elefantino pero de muy buena familia se ha fijado en ella, y ambos intercambian ardientes miradas, incluso antes de conocerse, en las ocasiones en las que se encuentran en el pueblo. La falta de dote no es un argumento a favor de la joven, pero Denza confía en su belleza y en las ardientes miradas que ambos se han intercambiado y está convencida de que es solo cuestión de tiempo que Onorato dé el paso y acuda a su casa para pedirle la mano a su padre. Está dispuesta a esperar cuanto sea necesario.

Un matrimonio de provincias habla de la pérdida de la juventud y de las expectativas y anhelos adolescentes, al tiempo que traza un retrato de la vida en un pueblecito italiano de provincias. Es una lectura en apariencia sencilla, pero escrita de forma magistral que hace que se disfrute cada página. Plasma a la perfección las ilusiones de una adolescente ante un posible pretendiente, las miradas que alimentaban las ilusiones de Denza durante meses... Y el lector no puede sino acompañar a Denza en esas ensoñaciones, en esa incertidumbre ante el futuro, en esas ilusiones cuyo desenlace no se desvela hasta casi el final.



23 de abril de 2017

Estás sola (Alexandra Oliva)

La primera edición de un reality tipo Supervivientes, con un presupuesto de superproducción hollywoodiense, ha llevado a doce concursantes a un bosque remoto. Las pruebas son duras y los participantes deben pasar cada vez más tiempo en soledad, recorriendo los bosques para ir completando las pruebas que ha organizado el equipo de producción. Zoo, una de las concursantes más fuertes y lúcidas, va avanzando sola mientras trata de interpretar las pistas que le ha dejado el programa. Sin embargo, llega un momento en que nada parece ir como debería, y cuando se encuentra en apuros nadie acude en su ayuda, tal como estipula el contrato. Pero ella está segura de que la están poniendo a prueba, de que puede optar por abandonar el concurso en cuanto las cosas se pongan demasiado duras, y sigue adelante convencida de que todo lo que ve, incluidos cadáveres, forma parte de un decorado...

Detrás de esta interesante premisa se analiza la mecánica de los realities. ¿Hasta qué punto es cierto todo lo que vemos en la pantalla? ¿Ese concursante es así o se está proyectando una cierta imagen de él, y todo lo que no case con esa imagen no se emite? Me gustó ver plasmado en el papel cómo los productores quitan escenas clave o emiten solo determinados comentarios para aumentar el dramatismo, cómo la edición final cambia totalmente la percepción de una escena, cómo el equipo de producción está cenando y durmiendo en cabañas a unos cientos de metros de los famélicos concursantes... Por otra parte, cuando un concursante estalla o se derrumba, ¿no habrá llegado a ese punto azuzada por los productores?

Este libro me ha gustado mucho, sobre todo por cómo ha perfilado a Zoo, la protagonista, sus miedos y sus motivaciones para entrar en el concurso. Lo valoro más si cabe teniendo en cuenta que es el primero que escribe su joven autora, Alexandra Oliva. La única pega que le veo es los primeros capítulos (en los que por cierto estuve a punto de abandonar), porque la introducción de los diferentes personajes es bastante liosa y poco interesante, pero en torno a la página 70 la trama empieza a cobrar ritmo y ya es imposible de soltar.

Lo recomendaría sobre todo a un público joven interesado en los realities de televisión, aunque si esto último no se cumple no es problema, pues creo que la trama trepidante del libro se puede disfrutar igual.

Gracias a Edición Anticipada por el ejemplar.



9 de abril de 2017

Instrumental (James Rhodes)

En esta reseña, más que demostrar mi entusiasmo por este libro (que también), debo centrarme en mostrar mi entusiasmo por su autor, James Rhodes, porque de verdad que ha sido todo un descubrimiento.

Flaco, con gafas de pasta y el pelo revuelto, un cierto aire hipster y una mirada entre inocente, entusiasmada y excéntrica. Pero James Rhodes no es el último cantante de pop-rock de moda: es pianista, y siente auténtica pasión por la música clásica. Pese a que ya ha despuntado como concertista y tiene una buena trayectoria a sus espaldas, no ha escrito su autobiografía a los 38 años por ese motivo. Instrumental nació porque Rhodes sentía que debía exorcizar su pasado y tratar de hacer las paces con él, y qué mejor forma que volcarse en las páginas de un libro y contar con honestidad el larguísimo camino que ha recorrido hasta la fecha.


Así, en este libro Rhodes nos cuenta cómo llegó a apasionarse por la música clásica, pero para ello debe tocar un tema espinoso que está intrínsecamente ligado con el anterior: de pequeño sufrió abusos sexuales durante años. Y eso que aquí se despacha en media frase y parece que ya puede uno pasar a otro tema, en el libro es durísimo de leer, y no porque dé detalles explícitos (la intención del autor fue precisamente esa, no ser gráfico en sus explicaciones), sino porque narra cómo aquellos hechos afectarían tan gravemente a los siguientes 30 años de su vida.

James Rhodes, que hoy tiene 42 años, acudió en su infancia a un colegio carísimo en un buen barrio de Londres. Fue allí donde comenzó a frecuentar unas clases de boxeo después del cole con seis años; el profesor en seguida se fijó en él, en su aire tímido y desvalido, y lo acogió bajo su ala. Bajo su ala perversa, pues fue este profesor el que abusó de él, después de las clases, sin que el pequeño James se atreviera a decir nada ni nadie a su alrededor notase nada raro (solo una profesora se atrevió a hablar años después tras ver a James en la prensa hablando del tema y se ofreció a declarar ante la policía). Comenzó para James el infierno, y lo único que aplacó su sufrimiento fue el descubrimiento de la música clásica con 7 años. Al escuchar determinadas piezas se sentía transportado a una esfera superior donde nada malo le ocurría ya, y se agarró a la música clásica como su tabla de salvación.

Los abusos se prolongaron hasta los 11 años y le dejaron secuelas físicas y, sobre todo, psíquicas, que solo saldrían a la luz años después: trastornos obsesivo-compulsivos, depresión, narcisismo, egoísmo, alcoholismo, adicción a las drogas, paranoia, trastornos de la alimentación, estrés postraumático, autolesiones, intentos de suicidio… Todo esto lo narra James en el libro, con un estilo tan apasionado que te atrapa desde la primera página: es como estar con él en una cafetería mientras te cuenta qué ha sido de él en estos últimos años, o mejor, en su casa, mientras te va poniendo piezas de música clásica y te habla de por qué le gustan (cada capítulo empieza con una recomendación musical que puede escucharse online). El lector también asiste a todos estos hechos con una especie de pudor, pues James se muestra totalmente sincero y vulnerable en su narración.

Se requiere una tremenda valentía para verter todo esto en un libro, pero James Rhodes aún necesitó más: tuvo que ir a juicio con su exmujer para poder publicar sus memorias, pues ella creía que ver todo esto plasmado en papel podría afectar al hijo de ambos. James ganó en el tribunal su derecho a publicarlo, y es un libro para leer, releer y maravillarse ante la resiliencia humana y ante el poder redentor de la música clásica, que para James actuó como un auténtico refugio en todas las fases de su vida.



Es un libro duro, pero lo recomiendo encarecidamente. El libro además termina de una manera muy optimista, pero voy a insertar un tremendo spoiler (avisados estáis, mejor no seguir leyendo si no os gusta que os fastidien los libros): James cuenta en el libro cómo conoció a su segunda mujer y el camino a ratos tortuoso y a ratos inmensamente feliz que recorrieron juntos. Pese a los altibajos, al final del libro James se muestra tremendamente optimista acerca de su futuro. Bueno, pues lamentablemente ya se han divorciado (el segundo divorcio para James). Da una pena tremenda, sobre todo después de leer el libro y ver cómo habla James de ella, pero también en parte se entiende.

Por último, si os gusta la música clásica, aparte de leer el libro de James Rhodes os recomiendo escuchar sus canales de radio en Spotify. En ellos nos presenta sus canciones de música clásica favoritas, nos cuenta sus motivos y añade alguna anécdota de la época, pero todo ello con un estilo propio: de verdad que no habéis escuchado a nadie hablar así, con tanta pasión y tanto entusiasmo, sobre música clásica. Parece un niño pequeño, da gusto escucharlo. De hecho, transcribo aquí un fragmento que me encantó, que es muy su estilo, para que veáis cómo se expresa y por dónde van los tiros (hablando de si debía poner en su programa de radio las últimas escenas de una ópera de Mozart). Es genial:

I was debating whether or not to do this, if you can believe it, I was thinking, "oh, fuck, no, I shouldn't play the last bit because it's like a spoiler", and then I thought, literally, if there's a single fucking person listening to this who is upset at the idea of an opera spoiler on Spotify you and I would be best friends, so please get in touch, I'd love to hang out with you. Otherwise I don't think anyone else would really care...



En español lo ha publicado Blackie Books y la traducción la firma Ismael Attrache.


20 de marzo de 2017

Martes con mi viejo profesor (Mitch Albom)

En algún momento de nuestras vidas, todos hemos tenido cerca a una persona en quien confiábamos especialmente por sus consejos lúcidos, su apoyo incondicional o la orientación que quizá nos brindó en un momento en el que estábamos especialmente perdidos (como la adolescencia y la juventud).

Todo eso lo encontró el autor de este libro en la figura de Morrie Schwartz, que fue su profesor en la universidad. Morrie era una persona tremendamente positiva, vital, que abrazaba la vida y contagiaba esa vitalidad a todos los que lo conocían. Ambos establecieron un fuerte vínculo que, sin embargo, se fue diluyendo cuando Mitch dejó la universidad y emprendió una exitosa carrera laboral como redactor deportivo que apenas le dejaba tiempo para pensar en nada.

Los años pasaron; Morrie ha enfermado de ELA y sabe que su esperanza de vida no va a ser larga. Mitch retoma el contacto con el que fue su profesor y, en honor a los viejos tiempos, deciden reunirse una vez a la semana, los martes (como hacían en la universidad); estos encuentros al principio relajados se convierten en reuniones ineludibles en las que hablan de uno de los temas más recurrentes de la literatura: lo importante es el amor, rodéate de él en la medida en que te sea posible, y aléjate de las bondades del dinero y los negocios.

Con el consentimiento de Morrie, Mitch decide reunir todas sus enseñanzas en un librito, que se convertiría en este aclamado superventas (no lo he aclarado antes, pero el libro está basado en hechos reales).

No es este el tipo de libro que me apetecía leer, pero me lo ofreció una madre a las puertas del colegio y me dije que por qué no probar (al fin y al cabo, su fama le precede). Y quizá fue eso, que no me apetecía ahora mismo esta lectura, pero debo decir que ni me gustó ni me marcó especialmente. La verdad es que tiene un tonillo de autoayuda bastante barato para mi gusto: no cuenta nada nuevo y, lo que cuenta, está escrito de una forma demasiado simple. Además va dando lecciones de sabiduría que hay que digerir sin más; ningún personaje se ve transformado a lo largo del proceso. Hay libros como Come, reza, ama que también son considerados de autoayuda pero a mí me gustaron muchísimo más porque ofrecen un desarrollo de la historia más elaborado: no hace falta sermonear, sino que basta con ver la evolución de la autora a lo largo del libro. Por otra parte, el autor, Mitch, no acabó de caerme del todo bien: parece que él es la persona a quien Morrie más ha echado de menos de todas las que ha conocido en su vida y llega a decirle que es el hijo que nunca tuvo, cuando en realidad Mitch no parece tener ninguna cualidad demasiado positiva. Mitch Albom podría haberse limitado a escribir la biografía de Morrie, pero no, se aseguró de que él mismo tenía un papel prominente en la historia...

Lo recomendaría a personas que disfrutan de libros sencillos, breves, que tocan la fibra sensible sin tratar de complicar demasiado al lector. A quien busque algo más en un libro de superación personal le recomendaría sin duda Come, reza, ama, de Elizabeth Gilbert (aunque este tiene también una cantidad importante de detractores) y Salvaje, de Cheryl Strayed. Los dos están reseñados en el blog si os interesan.

18 de marzo de 2017

Horns (Joe Hill)

Una se entera de que el hijo de Stephen King también está cosechando éxito en su carrera como escritor y, claro, le falta tiempo para ir a la librería. Y aquel día en Waterstones no solo encontré varios libros de Joe Hill, sino que uno de ellos ¡estaba firmado por el autor! Tengo que repetir el dato: el libro que al final me compré ha estado entre las manos del hijo de Stephen King. Me pareció insuperable.

Y pasado el momento fan, vamos a la reseña. La novela empieza sin rodeos: Ig se levanta una mañana con una tremenda resaca (tras pasar una mala noche en el aniversario del asesinato de su novia), y descubre que le han salido unos prominentes cuernos. Durante esta primera parte del libro Ig se dedica a comprobar qué otras cosas han cambiado en su día a día, pues los cuernos provocan un intenso efecto involuntario en las personas con las que se encuentra.

Después de un inicio a un ritmo frenético, la trama se ralentiza en la segunda parte cuando se nos cuenta la historia de amor de Ig y Merrin. Pero no hay que bajar la guardia: estas páginas pueden ser un poco lentas (aunque a mí me encantaron), pero se van dando datos que nos ayudarán a entender lo que viene después.

La tercera parte vuelve a adquirir un ritmo trepidante con la descripción de la noche del asesinato de Maggie. La cuarta parte se ve desde la perspectiva del malo del libro, que está muy bien caracterizado. La quinta parte, donde la verdad sale a la luz y todo se resuelve, tiene partes que me gustaron mucho (aunque la escena cumbre recuerdo que no me pareció del todo satisfactoria) y otras que me dejaron perpleja (aún estoy intentando adivinar el significado de la casa del árbol).

Hasta ahí la trama. En cuanto al estilo de Hill, yo la verdad es que he visto muchísimos rasgos en común con su padre. La primera parte en concreto me pareció que tenía muchas similitudes con mi libro favorito de King, La tienda, en especial las reacciones de los clientes cuando entraban en el negocio de Leland Gaunt. Aparte de ese aspecto concreto, también la forma de narrar me recuerda mucho a su padre, algo que para mí es totalmente positivo. Quizá sí esperaba que la escritura de Hill buscara deliberadamente no parecerse en nada a la de su progenitor, por aquello de evitar las odiosas comparaciones, pero supongo que escribir en la misma línea y con los mismos recursos es algo natural.

[Ojo, a partir de aquí hay spoilers.]

Me encantan los escritores que caracterizan bien a sus personajes y las relaciones entre ellos, y Joe Hill lo hace a la perfección: Ig, Merrin y Lee cobran vida ante nuestros ojos y sus vivencias se antojan de lo más natural. Un punto que me pareció muy interesante y bien narrado es el momento en que Merrin decide dejar a Ig; ambos habían empezado la relación muy jóvenes y llega un punto en el que Merrin necesita ver qué hay más allá, estar con otras personas, descubrir más mundo. Me pareció algo totalmente real, natural, creíble. Por eso fue un poco shock leer en las páginas finales un giro de la trama al más puro estilo Rebecca, que para mí hubiera sido preferible que no se hubiera producido.

Cuando emprendí esta lectura creo que, inconscientemente, buscaba un estilo de escritura que se pareciera un poco al de Stephen King, que me permitiera relacionarlos a ambos e imaginarme qué consejos le estaba dando el padre al hijo. En ese sentido disfruté mucho el libro. Si os gusta mínimamente Stephen King, probad con Joe Hill. No os defraudará. Además creo que este autor hubiera triunfado también de no ser hijo de quien es (de hecho, hasta que no alcanzó un cierto éxito con sus novelas y relatos, Hill no reveló su verdadera identidad). En definitiva, se trata de un autor con ideas novedosas, que sabe construir personajes y crear tramas interesantes, alternando momentos trepidantes con otros más reflexivos y salpicando el libro de profundidad y reflexiones interesantes (¡aunque el final es quizá demasiado rebuscado para mi gusto!).


“Remember the day in the tree house?” he asked. “The tree house we could never find again, the place with the white curtains? You said this doesn’t happen to ordinary couples. You said we were different. You said the love we had was marked out as special, that no two people out of a million were ever given anything like we were given. You said we were meant for each other. You said there was no ignoring the signs.”
“It wasn’t a sign. It was just an afternoon lay in someone’s tree house.”
Ig shook his head slowly from side to side. Talking to her now was like flailing his hands at a storm of hornets. It did nothing, and it stung, and yet he couldn’t stop himself.
“Don’t you remember we looked for it? We looked all summer, and we could never find it again? And you said it was a tree house of the mind?”
“That’s what I said so we could stop looking for it. This is exactly what I’m talking about, Ig. You and your magical thinking. A fuck can’t just be a fuck. It always has to be a transcendent experience, life-changing. It’s depressing and weird, and I’m tired of acting like it’s normal. Will you listen to yourself? Why the fuck are we even talking about a tree house?”
“I’m getting sick of your mouth,” Ig said.
“You don’t like it? You don’t like to hear me talk about fucking? Why, Ig? Does it mess with your picture of me? You don’t want a real person. You want a holy vision you can beat off to.”
The waitress said, “I guess you still haven’t made up your minds.” Standing beside their table again.
“Two more,” Ig said, and she went away.
They stared at each other. Ig was gripping the table and felt dangerously close to turning it over.
“We were kids when we met,” she said. “We let it get a lot more serious than any high-school relationship should’ve been. If we spend some time with other people, it will put our relationship in perspective. Maybe we pick it up again later and see if we can love each other as adults the way we did as kids. I don’t know. After some time has gone by, maybe we can take another look at what we have to offer each other.”
“‘At what we have to offer each other’?” Ig said. “You sound like a loan officer.”
She was rubbing her throat with one hand, her eyes miserable now, which was when Ig noticed she wasn’t wearing her cross. He wondered if there was meaning in that. The cross had been like an engagement ring, long before either of them had ever discussed the idea of staying together their whole lives. He honestly could not remember ever seeing her without it-a thought that filled his chest with a sick, drafty sensation.
“So do you have someone picked out?” Ig asked. “Someone you want to fuck in the name of putting our relationship in perspective?”
“I’m not thinking about it that way. I’m just-”
“Yes you are. That’s what this is all about, you said so yourself. We need to fuck other people.”



Daniel Radcliffe caracterizado como Ig en la película Horns, basada en el libro de Joe Hill.

12 de febrero de 2017

El mes más cruel (Pilar Adón)

Pilar Adón me sonaba porque había leído un par de críticas muy buenas de sus libros en el blog de Devoradora de libros y me dije que me haría con algo de esta autora en cuanto tuviera oportunidad. Y la oportunidad se presentó cuando leí que venía a dar una charla en la biblioteca de mi ciudad. Además, el tema no podía ser más tentador: una serie de escritores iban a presentar sus bibliotecas personales y a contar la historia que había detrás de ellas. Cómo habían llegado a acumular sus libros, cuáles eran sus rincones preferidos, qué anécdotas había detrás de determinadas lecturas... Y aquel día era el turno de Pilar Adón.

¡Qué bien me lo pasé! Pilar Adón es una persona de lo más entrañable, encantadora, daba gusto escucharla hablar, ¡cómo nos transmitió su amor por la lectura! Me llamó muchísimo la atención su ritmo de lectura: nos contó que, de adolescente, iba a la biblioteca de su barrio, sacaba el máximo de libros permitido —tres— y al cabo de tres semanas los devolvía leídos, y así durante años. Además iba llenando las páginas de un cuaderno grande con sus impresiones de cada libro, y si no recuerdo mal contó que conservaba varios de aquellos cuadernos, llenos de principio a fin con impresiones de sus lecturas.


Y madre mía, todo lo que sabe... Sus conocimientos sobre literatura parecían no tener fin, y además los iba soltando con humildad, como sin darse cuenta, como si fuera lo más normal del mundo. Hay que tener en cuenta que, además de ser una lectora incansable, trabaja en la editorial Impedimenta junto al propietario, su marido Enrique Redel. Vamos, que en esa casa se respira literatura por cada uno de sus poros.

La charla, por cierto, la condujo Jesús Marchamalo, un escritor a quien yo no conocía y que no podía haber sido mejor maestro de ceremonias: también con mucho mundillo literario, hacía las preguntas acertadas y plagó la entrevista de anécdotas y comentarios divertidos. Como me llevé tan buena impresión de él y es un escritor a quien no conocía, investigué un poco su obra y me he anotado estos libros interesantísimos para hacerme con ellos en cuanto se me pongan a tiro:


Las bibliotecas perdidas: Recopilación de varios artículos que Marchamalo publicó en el suplemento cultural del ABC, todos ellos relacionados con el mundillo literario; las dedicatorias en los libros, los oficios que algunos escritores tuvieron que ejercer al no poder vivir de sus letras, sobre matrimonios de escritores... Parece que es un libro ligero con capítulos cortos, pero que bastan para satisfacer la curiosidad de los amantes de la lectura.

Tocar los libros: Parece que es también un libro ligero pues, en su origen, fue una conferencia que dio el propio Marchamalo que luego publicó en forma de libro (ojo, al parecer hay una segunda edición ampliada, convendría hacerse con ella y no con la primera). Habla de bibliotecas personales, del afán de acumular, de no poderse deshacer de los libros, de las costumbres y manías que tienen algunos escritores en torno a sus bibliotecas personales, de cómo ordenar las colecciones de libros...

Donde se guardan los libros: Un recorrido por las bibliotecas de veinte escritores españoles contemporáneos, como Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte, Juan Manuel de Prada, Javier Marías, Antonio Gamoneda, Luis Landero, Andrés Trapiello, Fernando Savater... Entiendo que visitó los hogares de todos estos escritores, curioseó e hizo fotos, de la misma manera que hizo en la casa de Pilar Adón para prepararse para esta conferencia. Me resulta de lo más tentador este libro.

Los reinos de papel: Es como una segunda parte del libro anterior: otras veinte visitas a bibliotecas de escritores como Bernardo Atxaga, Julio Llamazares, Elvira Lindo, Rosa Montero o Miguel Delibes. Tremendo, ¿no? Aquí el índice y un fragmento:

http://www.siruela.com/archivos/fragmentos/LosReinosDePapel.pdf

44 escritores de la literatura universal: Conocer la vida de los autores, sus más íntimas obsesiones, sus manías, sus preocupaciones, ayuda a los lectores a acercarse a su obra y, en muchos casos, a entenderla mejor. Estas 44 semblanzas de escritores universales, y sus retratos, nos harán ver hasta qué punto la manera de vivir de los escritores influye en su obra.

En fin, que de una charla a la que me apunté un poco a última hora descubrí no solo a Pilar Adón sino también a Marchamalo, ¡de quien no puedo esperar a leerme ya alguna obra!

Y por último, un par de líneas sobre El mes más cruel, el libro de relatos de Pilar Adón: creo que lo leí en un momento equivocado. Acababa de terminar el libro de Natascha Kampusch, que había leído a un ritmo infernal, y pretendí devorar el libro de Pilar Adón de la misma manera, como hago yo a veces, leyendo en la cocina mientras se me cuece la verdura o caminando por la calle de camino al colegio de mi hija. Este libro no es para leer así. Hay que prestarle la debida atención, porque está plagado de detalles y las historias te dejan todas pensando, porque las terminaba con la sensación de si no me habría perdido algo de la trama. Y así lo terminé, leyendo un poco con prisas, dejándome llevar por el ritmo febril de anteriores novelas. Tendré que volver a él y dedicarle todo el tiempo que se merece, porque la prosa cuidada y pausada de Adón bien lo merece.




14 de enero de 2017

3,096 days

Cómo olvidar el caso de Natascha Kampusch, la joven austríaca que fue secuestrada en 1998 y permaneció 8 años en manos de su captor, o 3.096 días. El mundo asistió asombrado a aquel 23 de agosto del 2006 cuando, en los telediarios de todo el mundo, se emitió la noticia de una joven que había huido de una especie de búnker en el que estaba retenida, clamando ser aquella niña que desapareció la mañana en que caminaba sola al colegio por primera vez.

Sin embargo, pasado un tiempo comenzaron a surgir interrogantes: cuando el secuestrador apareció muerto, Kampusch se mostró muy afectada; decían que había sentido compasión por él; que en ocasiones no estaba encerrada en un agujero sino que vivía con él, con Wolfgang Priklopil, en su casa; que incluso salieron en coche a la nieve una vez. ¿Cómo es posible que una chica secuestrada y traumatizada se vaya de vacaciones con su torturador?

Por supuesto, la verdad es mucho más compleja. Como no puede ser de otra manera, Priklopil era un auténtico psicópata; tras secuestrar a Natascha la metió en un cuartucho que había excavado bajo su casa. Solo abrir la serie de compuertas que conducían al subterráneo llevaba una hora. Priklopil controlaba la luz del cuarto, él decidía cuándo se apagaba y Natascha se quedaba a oscuras, con el sonido del sistema de ventilación martilleándole en la cabeza. Tardó seis meses en dejarla salir de allí y subirla a su casa por primera vez (apenas unos minutos). Pero su obsesión era que Natascha no dejara rastro alguno arriba, ni siquiera un pelo que algún policía pudiera encontrar, por lo que con el tiempo le rapó el pelo al cero. Pretendió anular su identidad anterior y pasó a llamarla Bibiane. Empezó a racionarle la comida como forma de control y de sumisión, hasta que con su 1,75 m llegó a pesar 38 kilos. Con los años empezó a darle palizas, cuya brutalidad, narrada en detalle, estremece. Natascha no podía mirar a Priklopil a los ojos directamente, ni hablar sin permiso, ni separarse de él a más de un metro de distancia. Si no se «portaba bien», le quitaba la luz, la comida, los libros y la televisión que tenía en el zulo, le daba palizas. Quería someterla totalmente a su control, que ella fuera uno con él.

Muy poca gente habría podido resistir no ya solo física sino emocionalmente año tras año sin romperse y someterse. Natascha se propuso no olvidar quién era y de dónde venía (pese a cambiarle el nombre, pese a repetirle una y otra vez que sus padres no la querían), se propuso no someterse a él por debajo de unos mínimos (nunca se arrodilló ante él ni le llamó «mi señor», como él pedía una y otra vez), y se prometió a sí misma que, cuando cumpliera 18 años y dejara de ser una niña, huiría. Huir o morir, no le importaba. 

Uno lee el relato de Natascha y comprende a la perfección cómo pudo ir con él de excursión a la nieve y no tratar de escapar; estaba tan débil por la falta de comida que apenas se tenía en pie, y el grado de control psicológico al que la sometía era tal que nunca reunía el valor suficiente para intentar huir. También se entiende que sus sentimientos hacia el captor no fueran ni blancos ni negros, sino toda una gama de grises; ¡era la única persona con la que había tenido contacto en 8 años! Además, para no hundirse, durante su cautiverio Natascha decidió ir perdonando todas y cada una de las atrocidades a las que le sometía su captor; era su forma de quedar por encima de él, era en cierto modo el único poder que le quedaba; y quizá eso hizo que estableciera una especie de empatía con el secuestrador y con los motivos que le empujaron a hacer lo que hizo.

El libro está escrito con una inteligencia y una lucidez asombrosas, teniendo en cuenta que cualquier persona tendría un trauma impresionante, por no hablar de que Natascha no fue a la escuela desde los diez años. Sobre todo, me sorprendió el análisis que hace de su situación, y detalla con explicaciones dignas de psicólogo las distintas fases por las que pasó su relación con el captor y sus reacciones a las atrocidades. Imagino que, desde que acabó la pesadilla, Kampusch ha ido a muchos psicólogos para superar el trauma y son ellos los que han puesto orden y han dado nombre a todo lo que le pasó, pero, aun así, insisto en que la madurez y la capacidad de análisis de la autora son muy destacables.

Dicho todo esto, en ocasiones tenía la sensación de que habría sido mejor no leer este libro; me daba pudor asomarme hasta tal punto a la intimidad de otra persona y no sé si tenía la necesidad de saber tanto sobre este caso. Pensar que todo aquello sucedió de verdad y en unas fechas relativamente recientes... No sé, creo que pasará un tiempo hasta que vuelva a leer un libro de estos...

El original está escrito en alemán, y yo leí la traducción al inglés firmada por Jill Kreuer.

However, it was not just the outward constraints, the many insurmountable walls and doors, the physical strength of the kidnapper, which prevented me from attempting escape. The cornerstone of my mental prison, from which I was less and less able to break away over the course of my imprisonment, had already been laid. I was intimidated and fearful. 'If you cooperate, nothing will happen to you.' 

8 de enero de 2017

Tormenta de espadas (Canción de hielo y fuego 3)

Ya sabía yo que tardaría en volver por el blog, y es que pulirme las 1115 páginas de Tormenta de espadas me iba a llevar su tiempo. A la longitud y la enjundia de la historia en sí se ha sumado la carga de trabajo que he tenido estos meses, que ha hecho que pasara semanas enteras sin leer o pasando apenas un par de páginas cada noche. Por fin, estas Navidades he aprovechado para hacer auténticas maratones de lectura y hoy he llegado a la última página. ¡Y qué pena me ha dado!

El largo invierno acecha y la Guardia de la Noche debe hacer frente a la amenaza de los salvajes, que pretenden cruzar el Muro y adentrarse en Poniente. Daenerys Targaryen trata de conseguir un ejército de miles de hombres para hacerse con los Siete Reinos. Bran emprende un peligroso y largo viaje con la intención de cruzar al otro lado del Muro en busca del cuervo de tres ojos. Los demás Stark... bueno, los pobres en general no salen muy bien parados en este tercer volumen de la saga. Jon Nieve, miembro de los Hermanos de Negro, es acusado de cambiacapas y de unirse a los salvajes. A Tyrion lo encontramos aún recuperándose de la batalla que cerró el libro anterior, que le ha dejado una horrible cicatriz en la cara (lo que le faltaba al pobre), pero casi puede decirse que ese es el menor de sus males. Jaime Lannister fue liberado en el libro anterior, y el periplo que vive en este casi ha hecho que me ponga de su parte (desde luego he acabado viéndole más humano). Y "Los Otros", apenas esbozados en libros anteriores, por fin cobran algo más de protagonismo. Unas pinceladas que apenas condensan todo lo que se desarrolla en Tormenta de espadas, con sus continuas luchas de poder, intrigas palaciegas, juicios, bodas, traiciones e inesperadas alianzas. Y el frío, un frío impío del que no escapa nadie.

Tenía muchas expectativas puestas en este libro porque me habían dicho que el ritmo era trepidante, y no me ha decepcionado en absoluto. Ha habido escenas memorables, como el latigazo que propina Daenerys (no digo más para no desvelarle la trama a nadie), las diversas muertes que se producen (una nunca está preparada para el destino que va deparando George R. R. Martin a sus personajes) o el inesperado personaje de la ultimísima página. Desde luego, el autor sabe acabar sus libros con un golpe de efecto...

Mi impresión general sigue siendo la misma que en los libros anteriores: Martin es un contador de historias excepcional y sabe caracterizar a los personajes como nadie. Todos son tremendamente humanos (aunque sí he visto a algunos quizá demasiado caricaturizados, como Joffrey), y me gusta mucho verlos evolucionar de un libro a otro. También me fascina ver cómo Martin mete a sus personajes en berenjenales una y otra vez y sabe salir airoso de todos ellos con unas tramas totalmente creíbles (ahí ya podrían tomar nota tantos otros autores...). Sí, es verdad que a veces el número de personajes es abrumador y que llega un momento en que tanto drama me agota (me ha dado penita Arya en concreto), pero solo puedo decir que ya estoy deseando leer el cuarto volumen. Y eso es una buena señal, ¿verdad?

Por último, decir que ADORO a este personaje, sus pensamientos, sus reacciones, su inteligencia, su sensibilidad y su sentido del humor. Por favor, a este no te lo cargues, Martin...


24 de septiembre de 2016

Di mi nombre

Me temo que no voy a ser del todo justa con esta reseña, porque, admitámoslo: a mí el romance erótico al uso no me gusta, así que era difícil que Di mi nombre me convenciera. Sin embargo, me animé a leer esta novela cuando la editorial la ofreció en una promoción: al fin y al cabo, no puedo criticar libros de este género si apenas los leo, así que eso es lo que me hizo animarme.

El libro no hay por dónde cogerlo, pero intentaré dar algunas pinceladas para explicar por dónde van los tiros:

Sylvia esconde un pasado que no puede olvidar: a los 14 años vivió repetidamente una experiencia traumática que la marcó de por vida.

Jackson también tiene un pasado oscuro, además de problemas de control (quiere controlar a los demás) y de ira contenida (se lía a dar hostias a la mínima de cambio). Muy edificante.

Ambos vivieron un tórrido fin de semana (sí, DOS DÍAS), pero a Sylvia empezaron a perseguirle los fantasmas del pasado y le rogó a Jackson que se alejara de ella. Hoy, cinco años después (sí, CINCO AÑOS), los dos siguen enganchados el uno al otro, cosa que cuesta bastante de entender, porque ni siquiera queda claro qué es lo que vieron el uno en el otro durante aquel fin de semana.

Hoy Sylvia trabaja para el sector inmobiliario y le han encargado un importantísimo proyecto: crear un complejo vacacional en una isla desierta. Pero se queda sin arquitecto y se le ocurre que solo puede acudir a Jackson, que ahora es un arquitecto de renombre mundial.

Él sigue cabreado por el plantón que le dio Sylvia en el pasado y le dice que vale, que se une al proyecto, pero solo si acepta meterse en su cama. Y ella dice que venga, que el proyecto lo vale todo y que acepto entregarme a ti para que no quede en duda mi compromiso profesional.

La trama se intenta aderezar un poco hacia el final con algo de misterio y un giro en la trama impactante, giro que se ve venir desde la mitad del libro, así que ni impacta ni ayuda a levantar el interés.

Por último, el lenguaje es tremendamente vulgar tirando a lo desagradable. Y no es que me esté poniendo mojigata, porque he leído libros más que subidos de tono. Es solo que este libro resulta chabacano de principio a fin. Las escenas de sexo, demasiadas. Sylvia está fatal, llena de traumas del pasado. Debería buscar terapia y, en lugar de eso, decide que lo que necesita es fornicar como una descosida.

Como digo, el lenguaje resulta muy burdo y me resultaba inevitable imaginarme a los protagonistas como sacados de Mujeres, hombres y viceversa. Este es el momento en que estos dos mendas se conocieron:

Su cara era una combinación de ángulos y sombras, la cara de un guerrero, tan exquisita que podría emocionar a los dioses. Los ojos, por su parte, le brillaban con la dureza del zafiro tallado. Pero le chispeaban cuando sonreía, y el modo en que las comisuras se le arrugaban al hacerlo humanizaba aquellas facciones tan perfectas.

Yo creo que hay un libro de descripciones de personajes de libros eróticos y estas autoras sacan los párrafos de ellos, ¡porque todas siguen los mismos patrones!

En la escena en que se conocen (hace cinco años), están en una especie de reunión profesional, pero ella es una chica acosada por los problemas de su pasado, así que se separa del grupo y se pone a observar el horizonte. Él la ve ahí aislada y se prenda de su aura de misterio. Intercambian siete u ocho frases triviales, y al final él le espeta:

—No me discutas —dijo—. No protestes ni me des excusas. —Me tendió la mano—. Tú te vienes conmigo.

Esta escena me la imaginaba en plan troglodita, con el macho cargando a la hembra a la espalda y soltando unos elocuentes: «Unga, unga».

A ver, un desconocido bajito, regordete y calvo te suelta eso y lo que haces es salir gritando o darle una patada en los huevos. Pero no: como el tipo en cuestión tiene «la cara de un guerrero», te muerdes el labio inferior, te quitas un mechón de pelo del rostro y le tiendes la mano. Vengahombreporfavor.

Sylvia: No pensé. No vacilé. Solo me acerqué a él y me puse de puntillas para arrimarme todavía más. Para poseerlo. Y, sí, para entregarme a él.

Unga.

Jackson: Porque debes saber que, cuando yo quiero algo, o a alguien, lo persigo sin descanso y no me detengo hasta poseerlo por completo. ¿Quieres palabras bonitas y bombones? Los tendrás. ¿Quieres que nos cojamos de la mano y nos besemos con ternura? Me parece bien. Pero yo quiero mucho más, Sylvia, y tienes que saber que voy a acostarme contigo.

Unga.

Jackson: —Muy bien, nena. Separa más las piernas y aparta el tanga. Quiero verte el coño. Quiero ver lo mojada que estás. Quiero ver cómo te metes el dedo. Y quiero ver cómo tu cuerpo se estremece cuando estés a punto de correrte. Pero solo a punto. No vas a correrte hasta que yo esté dentro de ti. Voy a follarte bien, nena. Voy a metértela tan adentro que gritarás mi nombre cuando te corras y vas a gritármelo en la boca. 

Recordemos que Jackson empieza siendo un arquitecto de fama mundial, atractivo pero muy centrado en su trabajo y en sus proyectos internacionales. Pero abre la boca y empieza a hablar como un viceverso. Bajada de libido en tres, dos, uno...

De verdad. Este es el nivel.

En definitiva, no se lo recomendaría a nadie, y menos con la cantidad de libros eróticos o directamente pornográficos de buena calidad que hay en el mercado.

P. D.: Acabo de caer en la cuenta de que la portada es un primer plano de una tía mordiéndose el labio inferior. ¡Dioooooooooooos!

18 de septiembre de 2016

Los dieciséis esqueletos de mi armario

Me encontré este libro en un puesto de segunda mano y me sorprendió, pues no sabía que Hitchcock hubiera escrito ningún libro. Tras ojearlo un poco me di cuenta de que era más bien una recopilación de relatos; se supone que Hitchcock es quien los ha seleccionado y también quien escribe el prólogo.

Sin embargo, leyendo un poco por ahí confirman lo que ya sospechaba: el papel de Hitchcock en este tipo de publicaciones era mínimo, e incluso la introducción que llevaba su firma estaba escrita en realidad por algún trabajador de la editorial que publicaba la colección. Supongo que Hitchcock recibía una remuneración o simplemente la publicidad de ver su nombre impreso en varias colecciones.

El caso es que se vendían muy bien, y a mis manos llegó esta en concreto que gozó de buena popularidad. Después de la brevísima introducción firmada por el director, siguen 16 relatos cortos de maestros del género como Robert Bloch (autor, por cierto, de Psicosis, la novela en la que luego se basó Hitchcock para su película). Todas ellas plantean un pequeño misterio de tintes policiacos y se leen bastante rápido. Si bien en algunas se ve venir desde lejos el desenlace, todas me han parecido bien desarrolladas y un par de ellas me sorprendieron mucho. En definitiva, una buena recopilación de historias policiacas en las que no prima tanto la violencia porque sí sino el desarrollo psicológico de los personajes y sus motivaciones detrás de los crímenes que se narran. Muy recomendado para leer en un par de tardes de invierno.

Dejo a continuación el índice de historias y autores:

– Historia de fantasmas (Henry Kane).
– ¿Dónde está tu aguijón? (James Holding).
– El mayordomo que no lo hizo (Craig Rice).
– Regalo de Navidad (Robert Turner).
– El hombre sentado a la mesa (C. B. Gilford).
– La muerte de otro viajante (Donald Honig).
– Hombre con manías (Robert Bloch).
– … Dijo Jack el Destripador (Robert Arthur).
– Una pistola con corazón (William Logan).
– Asesinato (Dion Henderson).
– Un pequeño fratricidio (Richard Deming).
– El hombre que se salió con la suya (Lawrence Treat).
– Receta secreta (Charles Mergendahl).
Papi (David Alexander).
– La máquina del crimen (Jack Ritchie).
– Homicidio y caballeros (Fletcher Flora).

29 de agosto de 2016

Un juego peligroso

En poco menos de un año, Jenny ha pasado de ser una joven normal que acude al instituto de su pueblo, en la isla sueca de Gotland, a convertirse en una cotizada modelo de renombre internacional. Sin embargo, en su agencia de modelos se suceden varios hechos macabros y todo parece apuntar a que el culpable tiene una extraña fijación con ella.

En paralelo, conocemos la historia de Agnes, una joven exmodelo internada en una clínica, donde intenta superar la grave anorexia que padece. Pero ella se las ingenia para seguir con sus antiguos hábitos pese a la supervisión del personal de la clínica. ¿Conseguirá Agnes curarse de tan terrible enfermedad?

Un juego peligroso es el octavo libro de la serie de Gotland, en el que se repasa la cara menos amable del mundo de la moda de la mano del detective Anders Knutas. Se trata de una novela negra sueca al uso, que podría considerarse una lectura ágil para las tardes de verano. Ofrece una trama que gira en torno a un tema interesante, el de las modelos de alta costura y la anorexia. Unos personajes bien perfilados pueblan una historia narrada en capítulos cortos, con lo que la lectura es muy rápida.

Como digo, es un buen libro para las tardes relajadas de piscina, pero no se le puede pedir mucho más. He visto fallos en la trama, como el hecho muy traído por los pelos de que Jenny fuera a visitar a Agnes a la clínica, o que Jenny no considerara importante contarle a la policía detalles vitales para la investigación (como que la luz de la cabaña se apagó poco antes de que ella llegara, lo que situaría al asesino en el lugar del crimen a una hora determinada). El malo me ha parecido bastante descafeinado, y hay muchos otros detalles que no contaré aquí para no destripar la trama, pero que en su conjunto desmerecen un poco la valoración total del libro. Ah y un fallo bien gordo es que el asesino envía por carta un mensaje, pero no se ha traducido igual en los diferentes capítulos del libro: lo que al principio se ha traducido como «Sois unos asesinos», luego se convierte en «Vosotros matáis». Muy mal. Además no era difícil de detectar, porque los personajes aluden más de una vez al número de palabras que contiene el mensaje...

Sin embargo, lo que menos me ha gustado de este libro es lo siguiente: muchos capítulos se cierran con un golpe de efecto que pretende dejar al lector con la boca abierta e impelerle a seguir leyendo el siguiente capítulo. No obstante, unas páginas después descubrimos que ese golpe de efecto era más bien una trampa (por ejemplo, el hombre que asalta a la pareja de españoles, que tiene pinta de ser el asesino pero acaba resultando un simple viandante más bueno que un angelito). Como lectora me siento timada y frustrada ante tamañas trampas para mantener viva la atención del lector, y lo peor es que se repiten una y otra vez.

Lo que sí es un gran punto a favor es el análisis que hace Jungstedt del mundo de la moda y cómo centra parte de la trama en explicar la anorexia desde el punto de vista de una paciente, sus luchas diarias, los pensamientos obsesivos que le pasan por la cabeza, sus ideas distorsionadas... Como punto final, decir que si este libro puede ayudar a alguna joven a desmitificar el mundo de la moda y a no caer en las redes de la anorexia, esta lectura bien habrá valido la pena.

17 de agosto de 2016

Morir no es tan fácil

Una sala de disección de cadáveres donde Patrick, un joven con síndrome de Asperger, estudia anatomía.

Otra sala, esta vez la de un hospital, donde personas en coma yacen ni vivos ni muertos, como varados entre dos mundos.

Un enfermo en coma que ve el mundo a su alrededor pero no tiene forma de comunicarse con él.

Tracy, una enfermera pechugona e interesada que solo busca pescar un buen marido (léase «rico») entre quienes acuden a visitar a sus familiares en coma.

La espiral de alcoholismo en el que una madre, la de Patrick, lleva años sumida.

Y un cadáver que intenta «gritarle» a todo el mundo que en realidad murió asesinado.

Hay que admitir que la trama no parece muy alegre, pero en realidad Belinda Bauer aborda estos temas tan delicados con un fino humor macabro a través de varias voces que dotan a la narración de gran dinamismo: la inocencia y franqueza de Patrick, que tiene Asperger y pretende utilizar las clases de anatomía para ver qué hay más allá de la muerte; el miedo de Sam, que acaba de despertar del coma y se pregunta quién es esa mujer que llora a los pies de su cama; el ombliguismo de Tracy, una enfermera poco interesada por los enfermos, pero que saca hasta su última arma de mujer para conquistar a ese pobre hombre que llora a su mujer en coma; Sarah, la madre de Patrick, que no tiene fuerzas para levantarse cada mañana de la cama y enfrentarse al día a día con su hijo. Y Meg, compañera de Patrick en las clases de anatomía que hace todo lo posible para acercarse a él pese a las reticencias del chico a todo contacto físico o emocional.

Este libro me tocó en un concurso (vamos, que se presentó en mi lista de pendientes sin haberlo elegido yo), y lo único que sabía de él era una cita que había en la contra: «Desde el principio tendrás la sensación de estar leyendo algo completamente nuevo». Yo pensé que eso estaba por ver —los departamentos de marketing siempre están ahí tratando de hacer su trabajo—, pero me he llevado una sorpresa al ver que la historia sí tiene un punto original. Quizá no por el tema del Asperger (esta novela se ha comparado mucho con El curioso incidente del perro a medianoche), pero sí por el tema de la sala de disecciones y la sala de los pacientes en coma.

Se trata de una novela de misterio cuyo trasfondo es la comunicación, o más bien la falta de ella: Patrick tiene problemas para entender a los demás y, lo que él ve lógico, para quienes lo rodean no lo es tanto. Sam es un paciente en coma en buen estado mental, pero incapaz todavía de hablar y preguntarle a alguien todas las dudas que le asaltan desde que se despertó del coma. La madre de Patrick apenas se comunica ya con él, y a su hijo le exasperan las continuas obviedades que ella dice cuando trata de entablar conversación. Y la propia evolución de Patrick, que poco a poco sale de su cascarón, aprende a interpretar las reacciones de los demás y siente por primera vez los subidones de adrenalina que le da estar viviendo por primera vez.

Por otra parte, no olvidemos que la novela se desarrolla en buena parte en una sala de disecciones y no se corta en dar detalles, con lo cual quizá algunos fragmentos no sean del agrado de todo el mundo. No obstante, hay que decir que están narrados con ese fino humor macabro que comentaba antes y por eso se hacen más digeribles. En ese sentido, este es el tipo de libro con detalles gore pero un trasfondo en cierto modo amable que me hubiera encantado leer con 17 años.

Mi impresión final ha sido muy positiva: me lo he pasado muy bien con esta lectura. Una pega es que quizá el malo confesó con demasiada facilidad (no me pareció del todo bien hilada esa parte), y lo mejor del libro es sin duda el final, donde aparecen un par de vueltas de tuerca que no vi venir para nada y me dejaron con la boca abierta. ¡Sobre todo el final de la historia de Tracy Evans!

Por cierto, la traducción de Julia Osuna y la edición de Roca Editorial son muy buenas. Me suelo fijar mucho y me han encantado muchos de los giros de vocabulario que han escogido. Siempre es de agradecer y es justo reconocerlo cuando las editoriales hacen bien su labor.


1 de agosto de 2016

Dile a Marie que la quiero

Dile a Marie que la quiero es una novela articulada en torno a la Segunda Guerra Mundial y que gira en torno a una historia de amor, la de Mathilde, una joven aristócrata que vive entre algodones en Berlín, y Erik, un actor judío. Repudiada por su familia por haberse casado con un judío, Mathilde decide abandonar su vida acomodada por amor y ambos emprenden la huida; a partir de ahí, a través de su historia se narra la persecución, las humillaciones y las penurias a la que se vieron sometidos los judíos durante toda la guerra. Con el tiempo nace una hija del matrimonio, Marie, que servirá de hilo conductor del resto de la historia, entretejida con las vidas de otros muchos personajes. Se trata de una novela emocionante, que mantiene al lector en vilo y que no se corta a la hora de relatar las crudezas de la guerra.

Entre los puntos positivos de este libro está la prosa ágil, clara y muy amena de Jacinto Rey; se nota que está muy documentada, pero no abruma al lector con datos, y además explica bien todos los personajes y hechos históricos. Los capítulos son muy breves, con lo que se lee bastante rápido. Por último, la edición de Suma de Letras me ha parecido muy buena; he encontrado el texto prácticamente impecable.

A mí, sin embargo, no ha llegado a convencerme: por un lado la guerra no es mi tema favorito (puesto que no dejo de pensar que todo lo que cuenta la trama pudo haber ocurrido perfectamente y no disfruto mucho durante la lectura). Por otro lado, este es el típico libro en el que «los buenos» sufren prácticamente hasta la última página, y ese tipo de libros cada vez me gustan menos (pero entiendo que son gustos totalmente personales). También le criticaría que algunos giros de la trama no me han parecido nada creíbles, sobre todo a medida que el libro avanza y llegamos al final. Y, por último, el final no me ha gustado nada. Lo dejo ahí para no destriparle la trama a nadie, pero no, me ha dejado un sabor agridulce. Y eso que ya sabemos lo que pasa desde el primer capítulo...

De todas formas, independientemente de mis gustos, creo que es un buen libro que recomendaría a quien le guste leer sobre historia y sobre guerras, pues la pluma ágil de Jacinto Rey hace la lectura muy amena.

26 de julio de 2016

Kraken

Un día andaba sumergida en la sección de fantasía y ciencia ficción de Foyles cuando me topé con esta portada, y me pareció tan alucinante que se vino conmigo sin que supiera nada de la trama ni del autor:



El punto de partida de la novela es el siguiente: en el Museo de Historia Natural de Londres un día desaparece misteriosamente un calamar gigante, incluido el enorme tanque de formol en el que flota la criatura. Quien descubre semejante robo misterioso es Billy, el conservador encargado de preservar al animal. A medida que se desarrolla la trama, todo apunta a que detrás de la desaparición puede haber una secta adoradora del calamar gigante, que piensa que el fin del mundo está cerca y que el cetáceo juega un papel clave en este apocalipsis. ¿Dónde está el calamar? ¿Es él el responsable de que se acerque el fin del mundo? ¿Podrá Billy detener esta locura? A medida que nos adentramos en la compleja trama descubrimos el submundo mágico lleno de sociedades secretas que se oculta tras las calles de Londres, ciudad que es tan protagonista como Billy en esta historia...

Debo decir que los primeros capítulos de este libro fueron lo más prometedor que he leído en muchísimo tiempo: me encantaron los planteamientos iniciales y la forma de narrarlos, y la trama me tenía enganchadísima. Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura admito que algunos fragmentos se me hicieron algo pesados, y es que no lograba seguir la trama: por un lado el inglés que Miéville usa es tremendamente complicado, y por otro es tal la profusión de personajes y acontecimientos que cuesta seguir el ritmo. Y, sin embargo, lo he disfrutado como una enana. La trama es una sucesión de invenciones a cual más alocada, pero están contadas de tal modo que es facilísimo creérselas y meterse por completo en la historia. Por no hablar de la ironía que subyace en todo el texto, que está pensado más como una comedia que otra cosa...

Miéville con su kraken particular.

Mis conclusiones finales fueron un poco contradictorias: me dio la sensación de ir muy por detrás de Miéville en la trama (había trozos enteros que no lograba entender, aunque por lo que leí después eso le ha pasado incluso a los nativos que leyeron el libro en inglés). Sin embargo, me gusta su capacidad para construir historias y los temas que plantea, así que creo que volveré a Miéville, pero con una apuesta más segura (he leído que quizá La cicatriz sea una buena opción...).

Por cierto, por las fechas en que me leí el libro estuve en el Museo de Historia Natural de Londres, donde se desarrolla una parte de la acción (es el edificio que sale en la portada), y en un momento dado mi hija descubrió entre las figuras talladas en las paredes «un kraken pequeñito». Me temo que le di mucho la brasa con este libro...