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15 de abril de 2019

Lucía en la noche (Juan Manuel de Prada)

Siempre he dicho que me encanta la prosa alambicada de Juan Manuel de Prada, por lo que me hizo especial ilusión cuando gané este libro gracias a Babelio. Además no esperaba que De Prada firmara una historia contemporánea de misterio, amor e intriga, así que emprendí la lectura con ganas y sin querer saber nada más de la trama de antemano.

Image result for lucía en la nocheAlejandro Ballesteros (personaje que ya aparecía en La tempestad, novela ganadora del Premio Planeta de 1997, y en Mirlo blanco, cisne negro), es un escritor venido a menos cuya falta de inspiración le ha llevado a abandonarse a noches de tabaco y alcohol en los garitos de Madrid. Pero una noche conoce a Lucía, una joven misteriosa y desgarbada que se cuela en su vida y conquista su corazón, pero a quien nunca llega a conocer del todo. Ella es muy reservada, aparece y desaparece de su vida, hasta que, tras un año de relación, Lucía se esfuma. Sin embargo, Alejandro, perdido sin su musa, no se resigna al destino y emprende una búsqueda incansable tras la sombra de Lucía para intentar saber quién era en realidad y, lo más importante, qué quería de él.

La novela cuenta en paralelo dos historias a capítulos alternos (y con una leve diferencia en el tamaño de la tipografía y en la numeración de los capítulos): por un lado cómo conoció Alejandro a Lucía un año atrás y cómo se gestó la relación, y por otro lado el momento presente en el que Alejandro la ha perdido y, pese a su zozobra, saca fuerzas de flaqueza para intentar encontrar alguna pista que arroje algo de luz a la desaparición y al verdadero rostro de Lucía. De esta manera la novela ofrece un ritmo dinámico y muy conseguido que no da un momento de respiro y hace que este libro se devore en tres tardes.

De Prada, además, logra mantener el misterio hasta las últimas páginas y ofrece una resolución satisfactoria pero que yo no me esperaba para nada. De todas formas, ese epílogo de montones de páginas explicativas me parece que rompe un poco el ritmo en un momento en el que el lector está deseando poner el broche final al libro y ver qué ha ocurrido en realidad entre Alejandro y Lucía.

Es una novela que me ha gustado mucho y que ya estoy recomendando, pero hay algunas cosas que no me han acabado de convencer. En primer lugar, me ha parecido que la prosa de este libro está un punto por debajo de anteriores novelas de De Prada. A mí, ya lo he dicho, me encanta la prosa alambicada de este escritor y su uso de palabras rarísimas que me obliguen a consultar en el diccionario. Me gusta que me lo pongan difícil como lectora y leer a este hombre ha sido siempre un auténtico reto. Y sin embargo, en este libro me ha parecido que había bajado el listón un pelín, como si el editor le hubiera dicho que tratara de llegar a un público más amplio rebajando el tono general de la prosa. No hay tantas palabras raras como en otras novelas y las repeticiones se me han llegado a hacer algo pesadas (hay incontables «divorciadas talluditas» y «pijos estresados» en la novela...). De todas formas, supongo que esto en realidad es un punto a favor del libro, porque una de las críticas que se le suelen hacer a De Prada es el uso excesivo que hace de palabras rimbombantes.

Por otra parte, el libro gira demasiado en torno al ego de Alejandro Ballesteros y me resulta un poco agotador ver el mundo a través de sus ojos («comprobé que el grupo lo componían modernillos y gafapastas, artistillas de medio pelo y barba hipster y algún que otro gacetillero especializado en chismorreos culturetas», «Allí se refugiaba, en los meses más crudos del invierno, una niebla que expulsaba a los pijos estresados que en otras estaciones del año se congregaban en el lugar, para disfrazar sus adulterios de carreritas párvulas y ejercicios gimnásticos perfectamente memos»). Apuntes de este tipo son constantes y se hacen agotadores (pero vamos, en esos apuntes se ve que De Prada se sabe bicho raro y se regodea en ello).

Por último, y cuidado, que aquí va un spoiler, no me cuadra la situación que ha vivido Lucía en su pasado con el hecho de que, en ese momento de su vida, cuando estaba asentándose en Madrid, tratando de curarse de un trauma tremendo y con la necesidad literal de borrarse del mapa, quisiera ponerse en el disparadero iniciando una relación con un escritor popular que para más inri sale en la tele, lo que iba a hacer de ella el foco de muchas miradas. Que sí, que él podía servir a sus fines en un momento dado, pero no me trago que en ese momento Lucía quisiera exponerse de esa manera o tuviera siquiera la fortaleza emocional necesaria para plantearse algo así (además acercarse a él le llevó meses de preparativos). Ese punto, que es básico y sobre el que gira toda la novela, me ha resultado muy difícil de creer.

¡Ah! Y una cosa más: me imaginaba constantemente que De Prada describía a su mujer, María Cárcaba, cada vez que hablaba de Lucía. De hecho, él mismo ha comentado en una entrevista que «de alguna manera estoy contando en [la novela] la resurrección que para mí fue conocer a mi mujer en un momento en el que yo era un escritor en horas bajas, hundido, que a través del amor se redime». Por otra parte, Alejandro Ballesteros «es como una especie de alter ego, ni soy yo ni es él siempre el mismo. En cada novela es un Alejandro Ballesteros distinto y una manera de encontrar un narrador que tiene cosas que ver conmigo en diferentes aspectos y pasajes de mi vida y, al mismo tiempo, un personaje de ficción». Esto por un lado me ha gustado (quizá sea esta la novela más romántica de las que ha escrito De Prada), pero por otro me los imaginaba a ellos dos, a De Prada y Cárcaba, constantemente de protagonistas y eso me ha impedido meterme del todo en la ficción.

De todas formas, seguramente esto son percepciones mías que no creo que afecten a otros lectores. Lucía en la noche, en palabras del propio autor, «es una historia de intriga que nace del misterio de una mujer y de la obsesión amorosa de un hombre que pierde a esa mujer y quiere recuperarla a toda costa». Un relato que dosifica muy bien el misterio a lo largo de toda la lectura, que gira en torno al miedo, la culpa, el duelo y la búsqueda, con guiños a Hitchcock, y que nos obliga a aceptar que nada es lo que parece.


31 de enero de 2019

Anna Karenina (León Tolstói)

En las últimas semanas he estado sumergida en la lectura de un novelón como es Anna Karenina, la historia de un affaire extramatrimonial que acaba derivando en una destructiva espiral de celos e inseguridades en una época marcada por los prejuicios sociales. Y, pese al título del libro, Anna Karenina es solo una de las protagonistas, pero casi que la novela se centra más en el álter ego de León Tolstói, Lievin, un granjero y terrateniente preocupado por el sentido de la vida y por el futuro de la agricultura en la Rusia del siglo XIX (un personaje que me ha caído mucho mejor que la inmadura —a mi modo de ver— Anna). La novela deja patente que conseguir un deseo no trae aparejada la felicidad, y plasma también la hipocresía de una época en la que se avergüenza públicamente a una mujer por ser infiel pero se aprueba el mismo comportamiento en un hombre (como Oblonski).

Es una novela que recomiendo: que no os asuste lo largo que es el libro, porque la lectura es sorprendentemente ligera (vale, hay trozos en los que Tolstói se va un poco por las ramas, pero en general se avanza rápido). Lo que sí os recomiendo es haceros con una buena traducción; de verdad que no podéis haceros una idea de cómo cambia la experiencia de la lectura en función de una edición u otra: os hará amar el libro u odiarlo profundamente, o incluso dejarlo a medias.

Y qué mejor que demostrároslo con el ejemplo: he escogido un párrafo del cuarto capítulo de entre diferentes versiones publicadas en español para dejar patente hasta qué punto puede cambiar un texto en función de la traducción. Juzgad vosotros mismos.

Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1959
(en mi edición, sorprendentemente, no figura el nombre del traductor)
Es la misma edición que ha publicado Edimat.

Oblonsky, con el rostro sombrío y los ojos llenos de lágrimas, exclamó:
—¡Dolly, en nombre de Dios! ¡Piensa en los niños, ellos no son culpables! ¡Sólo yo soy el delincuente, castígame; dime de qué manera puedo expiar mi falta! ¡No tengo palabras para expresarte mi dolor! ¡Dolly, perdóname!
La desventurada se sentó y él oía su respiración fatigosa con un sentimiento de infinita piedad. Trató Daria varias veces de hablar sin poder articular una palabra.
Oblonsky aguardaba.
Al fin dijo ella:
—Tú piensas en los niños cuando se trata de jugar con ellos. Yo pienso en ellos siempre y comprendo lo que han perdido.
Al decir eso repetía una de las frases que había preparado durante esos tres días.


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Traducción de Biblioteca Virtual Universal
http://biblioteca.org.ar/libros/133590.pdf
(Tampoco figura el nombre del traductor ni más datos sobre la edición)

El rostro de su marido parecía haberse dilatado; tenía los labios hinchados y los ojos llenos de lágrimas.
—¡Dolly! —murmuraba, dando rienda suelta a su llanto—. Piensa en los niños... ¿Qué culpa tienen ellos? Yo sí soy culpable y estoy dispuesto a aceptar el castigo que merezca. No encuentro palabras con qué expresar lo mal que me he portado. ¡Perdóname, Dolly!
Ella se sentó. Oblonsky oía su respiración, fatigosa y pesada, y se sintió invadido, por su mujer, de una infinita compasión. Dolly quiso varias veces empezar a hablar; pero no pudo. Él esperaba.
—Tú te acuerdas de los niños sólo para valerte de ellos, pero yo sé bien que ya están perdidos —dijo ella, al fin, repitiendo una frase que, seguramente, se había dicho a sí misma más de una vez en aquellos tres días.

Biblioteca Edaf, 2011
Traducción de J. Santos Hervás

Stepán Oblonski tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¡Dolli! —dijo casi llorando—. En nombre de Dios, piensa en los niños, que no son culpables. Solamente yo lo soy; castígame y dime cómo he de expiar mi falta: estoy dispuesto a todo. No encuentro palabras para expresar mi aflicción. ¡Perdóname!
Dolli tomó una silla y se sentó. Él oía su respiración, oprimida y sonora, y sentía tanta lastima por ella, que no podía decir palabra. Y varias veces trató de hablar sin conseguirlo.
—Tú piensas en los niños —dijo al fin— cuando se trata de jugar con ellos, pero yo pienso en todo lo que han perdido.
Ésta era probablemente una de las frases que se había dicho a sí misma varias veces durante aquellos tres días.

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Editorial Alba
Traducción de Víctor Gallego

El rostro de Stepán Arkádevich se dilató, sus labios se hincharon, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Dolly!  —pronunció, sollozando—. Por el amor de Dios, piensa en los niños, que no tienen culpa de nada. El único culpable soy yo. Castígame, dime cómo puedo expiar mi culpa. Estoy dispuesto a todo. Soy culpable. No encuentro palabras para expresar lo culpable que soy. ¡Pero te pido que me perdones, Dolly!
Ella se sentó. Stepán Arkádevich escuchaba su respiración trabajosa y difícil y sentía una pena inefable por ella. Dolly trató de hablar varias veces, pero no pudo. Él esperaba.
—Sólo te acuerdas de los niños cuando tienes ganas de jugar con ellos, pero yo pienso en ellos en todo momento y sé que están perdidos sin remedio —acabó diciendo. Por lo visto era una de las frases que se había estado repitiendo a lo largo de esos tres días.

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Editorial Cátedra, Madrid, 1994
Traducción de L. Sureda y A. Santiago, revisada y corregida por Manuel Gisbert

El rostro de Oblonski se alteró; al príncipe le temblaron los labios y se le llenaron de lágrimas los ojos.
—Dolli —suplicó Stepán Arkádich, sollozando casi—, en nombre del Cielo, piensa en nuestros hijos. Ellos no tienen la culpa. ¡La culpa es mía, sólo mía! ¡Castígame! ¡Dime cómo he de expiarla! Estoy dispuesto a todo. Reconozco mis faltas. No encuentro palabras para expresar mi arrepentimiento. ¡Perdóname, Dolly; te lo suplico!
Daria se sentó. El príncipe oía con infinita compasión la difícil y fatigosa respiración de su mujer. Daria intentó varias veces hablar, sin poder lograrlo. Oblonski esperaba.
—Tú piensas en los hijos cuando tienes ganas de jugar con ellos —pudo, por fin, decir Daria—; pero yo pienso en ellos a todas horas y sé que van a ser desgraciados.
Era ésta, sin duda, una de las frases que ella se había dicho muchas veces durante aquellos tres días.

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¿Qué os parece? ¿Con cuál os quedáis? Debo decir que el fragmento ha sido escogido totalmente al azar, pero creo que hay muchos otros en los que las diferencias son mucho más patentes. A veces parece que estamos leyendo novelas diferentes... En mi opinión, una de las más logradas es la de Cátedra, pero la de Alba ha recibido varios galardones y es también un trabajo magnífico. Cualquiera de estas dos últimas ediciones puede ser una apuesta segura a la hora de abordar este clásico de la literatura rusa del siglo XIX.

8 de enero de 2019

La hija del relojero (Kate Morton)

Hoy os traigo la lectura conjunta que me ha tenido entretenida estas Navidades, y que pude leer gracias a Suma de Letras y a la iniciativa de los blogs de Laky, Lunilla y Albanta. Para empezar, os dejo el resumen de la editorial:

En el verano de 1862, un grupo de jóvenes artistas, guiados por el apasionado y brillante Edward Radcliffe, viaja a Birchwood Manor, una casa de campo en Berkshire. Tienen un plan: vivir los siguientes meses recluidos y dejarse llevar por su inspiración y creatividad. Sin embargo, cuando el verano toca a su fin, una mujer ha muerto de un disparo y otra ha desaparecido, se ha extraviado una joya de valor incalculable y la vida de Edward Radcliffe se ha desmoronado.

Unos ciento cincuenta años más tarde, Elodie Winslow, una joven archivista de Londres, descubre una cartera de cuero que contiene dos objetos sin relación aparente: una fotografía en sepia de una mujer de gran belleza con un vestido victoriano y el cuaderno de bocetos de un artista en el que hay un dibujo de una casa de dos tejados en el recodo de un río.

¿Por qué ese boceto de Birchwood Manor le resulta tan familiar a Elodie? ¿Y quién es esa hermosa mujer que aparece en la fotografía? ¿Le revelará alguna vez sus secretos?

Narrada por varias voces a lo largo del tiempo, La hija del relojero es la historia de un asesinato, un misterio y un robo, una reflexión sobre el arte, la verdad y la belleza, el amor y las pérdidas. Por sus páginas fluye como un río la voz de una mujer ya libre de las ataduras del tiempo y cuyo nombre ha caído en el olvido: Birdie Bell, la hija del relojero, la única persona que vio todo lo sucedido.

Image result for kate morton la hija del relojeroTenía una gran intriga por empezar a leer este libro, pues a Kate Morton la precede su fama y hace tiempo que quería hacerme con algo suyo. ¿Qué he encontrado entre las páginas de La hija del relojero? Lo primero que me ha llamado la atención es la forma de escribir de Morton, con una narración muy pausada, muy descriptiva. La traducción me ha parecido muy bien hecha (la firma Máximo Sáez), pero me ha dejado con las ganas de leer también la versión inglesa: me da la impresión de que esta autora tiene un uso del inglés que disfrutaría mucho.

Otra cosa que tengo que comentar de este libro es que hay que dedicarle tiempo y atención: la narración mezcla varias líneas temporales y multitud de personajes, y la forma de conducirte por la trama no es fácil, por lo que es una novela para leer con tranquilidad y mucho rato por delante. No la recomendaría, por ejemplo, para leer en el transporte público (yo soy mucho de leer en el metro), porque no se disfrutaría igual y sería fácil perderse con la trama.

De todas formas, esa es quizá una pega que le pondría: a veces creo que la trama, con tantas idas y vueltas del pasado, es innecesariamente complicada y Morton quizá podía haber facilitado un poco las cosas al lector (a veces daba la sensación de que era necesario tomar boli y libreta para apuntar los nombres de los personajes y recordarlo todo). Y otra pega que suele asociarse a esto es que, al haber tantos personajes y cambiar tanto de perspectiva, es difícil empatizar con todos. También debo decir que la novela tarda en arrancar, así que si buscáis un libro de esos que os enganchen desde la primera página, ¡mejor buscad otro!

Me quedo con la sensación que que quizá esta no es la novela más potente de Kate Morton, pero al menos a mí sí ha conseguido dejarme con las ganas de seguir descubriendo sus historias. Los que ya erais fans de esta escritora australiana, con este libro yo creo que vais sobre seguro.

31 de diciembre de 2018

Mejores lecturas del 2018

Me gusta hacer balance de mi año lector, más bien como reflexión propia que con ánimo de influir en nadie. Y en la reflexión de este año he llegado a la conclusión de que tengo que dejar de leer novedades de esas que las editoriales más grandes promocionan a diestro y siniestro. Son libros que en general me han dado muy pocas satisfacciones y que se olvidan con la misma rapidez con la que irrumpen en las redes. A menudo me he visto leyendo libros que en realidad jamás habría escogido de no habérmelos enviado la editorial, así que para este año 2019 me propongo firmemente leer solo lo que de verdad me apetezca.

Dicho esto, creo que este año he leído bastante y, pese a que ha habido un montón de decepciones, al final sí que puedo destacar unos cuantos libros que recomendaría sin dudarlo:


Image result for el santo al cielo carlos ortega vilasEl santo al cielo, una novela negra muy bien hilada, llena de toques de humor y con unos protagonistas que piden a gritos una serie de novelas para ellos solos. Ahora que parece que el género negro publica cualquier cosa, de verdad que me extraña que esta novela no haya alcanzado más repercusión, porque es magnífica.








Poco puedo decir de este clásico, salvo que narra una historia increíble. Pocos autores crean una ambientación gótica tan redonda como Stoker. Una historia apasionante que te mantiene con el corazón en un puño hasta el final.









Image result for el papel amarillo bestia negraSi la historia ya te deja sobrecogido, esta magnífica edición de Bestia Negra va un paso más allá, añadiéndole unas ilustraciones que reflejan a la perfección el sentir de la narradora. El hecho de que incluya la versión en inglés al final del libro ya lo hace redondo. Además, se lee en un suspiro.









Image result for la estrategia del pequinesEl primer libro que leo de Alexis Ravelo, y desde luego me ha dejado con ganas de más. Una magnífica ambientación en las Canarias para una novela negra con una historia terriblemente humana y personajes que cuesta olvidar. Repetiremos.









Image result for tenía que sobrevivir canessaUno de los protagonistas del avión estrellado en los Andes en la década de 1970 cuenta su experiencia y cómo la vida le llevó más adelante a hacerse médico cardiólogo de neonatos. Una historia muy emotiva y contada con garra, que combina los momentos de aventura, dolor y desesperación en la montaña con las historias más conmovedoras de la consulta del médico.








CEMENTERIO DE ANIMALES: Stephen KingUno de los libros destacados del año. Nadie como King con una de sus novelas clásicas para encogerte el corazón y ofrecer tardes de lectura compulsiva. Madre mía, qué mal me lo hizo pasar el condenado King...




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El ser la primera novela de esta autora no me impidió disfrutar enormemente con esta historia (y sufrir a partes iguales). Magnífica para descubrir cómo es la hermética comunidad china que vive en España.



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He dudado, pero al final sí que creo que este libro se merece un sitio entre los mejores del año. Por su originalidad, por su visceralidad, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Una historia de superación en los pasillos de un hospital psiquiátrico.

9 de diciembre de 2018

Ugly (Constance Briscoe)

Soy bastante aficionada a las novelas que narran hechos reales, en especial los de este tipo: infancias desgraciadas marcadas por una serie de abusos. Suena morboso, pero es verdad que estos libros me llegan mucho más adentro, pues todos sabemos que la realidad suele superar a la ficción y sobrecoge saber que lo que estás leyendo ocurrió en la realidad. Sin embargo, pese a lo mucho que me gustan este tipo de libros, con este no he acabado de conectar.

Constance fue maltratada por su madre desde que tuvo uso de razón. Por algún motivo, de entre todos sus hermanos, era ella la que se llevaba los golpes, los insultos, la que se quedaba sin comer. Llevó a los juzgados a su padrastro por las palizas que le daba y trató (en vano) de que la sacaran de casa de su madre y la dieran en acogida, hasta que un día en que no podía más se bebió un trago de lejía para intentar acabar con todo. No lo consiguió, pero con 13 años las cosas «mejoraron» cuando su madre la abandonó al mudarse a otra casa, dejando a tres de sus hijas en la casa familiar sin luz, gas ni comida. Más adelante, acudía a cobrarle un alquiler a su propia hija, que se levantaba a las cinco de la mañana para ir a trabajar (intentando que no se notara que solo tenía 14 años) antes de acudir a las clases del instituto a las ocho de la mañana.

Resulta descorazonador leer sobre temas así, sabiendo que hay madres perfectamente capaces de hacer todo eso. Y, sin embargo, este libro me ha dejado un poco fría. Constance escribe con una especie de desafección que hace un poco difícil involucrarse en su historia. Además, narra todas sus penalidades hasta que llegó a la universidad y ahí se acaba el libro. Vale que esto fue una historia real, pero uno hubiera esperado una especie de redención final, de venganza sobre su madre, un juicio en el que ella se alza triunfante sobre una madre humillada... pero no. Es cierto que el final es todo lo positivo que puede ser (Constance llega a ir a la universidad, lo cual es todo un logro teniendo en cuenta que le pusieron infinidad de piedras en el camino), y también es cierto que la historia transcurre en los años setenta, una época en la que los servicios sociales no protegían tanto los intereses de los menores, pero en cierto modo no acaba de parecerme que el libro tenga un final redondo...

Y luego hay otro tema. Constance llegó a ser una de las primeras juezas negras en el Reino Unido, con lo cual se labró una carrera profesional brillante. Sin embargo, se vio involucrada en un escándalo por haber mentido a la policía en relación con un caso en el que estaba trabajando, y el caso fue tan grave que fue suspendida de empleo y ahora, de hecho, ya no trabaja en judicatura. Si esta mujer fue capaz de mentir en algo así, es un poco inevitable poner en tela de juicio lo que se cuenta en este libro. Seguramente la historia de base sea real, pero no he podido evitar cuestionar el nivel de detalles que se da. Al fin y al cabo, ¿cómo puede acordarse con exactitud de hechos que ocurrieron cuando tenía 7 u 8 años?

En fin, que no he acabado de sentir empatía con esta historia ni tampoco mucha simpatía por la autora. Para más inri, entré en su perfil de Twitter para ver a qué se dedica ahora que ya no es jueza, y en su biografía pone «Interested in more TV work». Quizá estoy siendo muy severa, pero qué queréis que os diga, ahí hay toda una declaración de intenciones...




21 de noviembre de 2018

Un velo de libertad (Laila R. Monge)

Imagínate que tienes doce años, vives en un pueblo y sientes que no encajas... Tras un tiempo de preguntas, de búsqueda y de diálogo interior, descubres que lo que más te atrae es el islam y haces todo lo posible por acercarte a esa cultura. Huelga decir que el camino que tienes por delante no va a ser nada fácil...


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Esta es la propuesta que traigo hoy: un libro autobiográfico en el que Raquel, su protagonista, nos cuenta lo que la llevó a convertirse al islam. El relato arranca cuando Raquel tenía 12 años, y conoceremos a una niña totalmente normal, estudiosa, aplicada y de ir a misa los domingos con su abuela Cloti, a quien unía un estrecho vínculo. Cuando Cloti muere, Raquel se siente perdida, empieza a alejarse de la religión católica y busca otros referentes. Sin saber muy bien ni cómo, se siente atraída por la cultura islámica, y en este libro nos cuenta la lucha que tuvo por delante a partir de ese momento: se enfrenta primero a sus propias dudas (Raquel intentará seguir caminos más «convencionales»), y luego a las de su entorno, pues sus padres no entienden ese cambio que se está produciendo en su hija, y la gente del pueblo aún menos. Su curiosidad natural hace que se sienta muy atraída por la comunidad marroquí del pueblo, pero tampoco parece fácil adentrarse en su cultura a una edad tan temprana y a menudo Raquel no sabe a quién recurrir para hallar respuesta a todas las dudas que la acucian (por ejemplo, cómo se hace el Ramadán o cómo ponerse el velo).


Raquel (que más tarde pasaría a llamarse Laila) nos cuenta de una forma sencilla, natural y sincera no solo cómo se convirtió al islam, sino cómo fue su proceso personal de entrada al mundo adulto, venciendo sus propias dudas y superando las dificultades que se interponían en su camino, pero siempre con la idea clara de que no iba a dejarse seducir por seguir caminos quizá más fáciles, pero con los que no se sentía identificada. Llama la atención el hecho de que se mantuviera tan firme en unos años —los de la adolescencia— en los que nos afecta tanto la opinión de los demás y por encima de todo queremos no destacar. Raquel supo mantener su personalidad y tuvo claro que no iba a renunciar a sus convicciones, que cada vez sentía más fuertes en su interior, por adaptarse a unos determinados convencionalismos.

La única pega que le pondría es la distancia que la autora parece poner con su propia historia. Me habría gustado quizá algo más de calidez, algún cambio de ritmo, un punto emocionante al final de la historia que me ayudara a acabar de conectar con ella. Da la impresión de ser una persona muy seria, y sin embargo creo que no es así, al menos por lo que he podido ir viendo en las redes. De todas formas, para ser una primera novela es un texto muy bien escrito y que, por cierto, ha sido revisado con meticulosidad, cosa que se agradece, pues la corrección final es un tema que a menudo pasan por alto los libros autopublicados. Esto no pasa en Un velo de libertad, una novela cortita muy recomendable que se lee fácilmente en un suspiro.

16 de noviembre de 2018

Cómo volé sobre el nido del cuco (Sydney Bristow)

Publicar hoy una novela no tiene nada que ver con lo que era hace unos años. En la actualidad las redes sociales son las protagonistas y, si no tienes una fuerte presencia en ellas, es probable que pases bastante desapercibido. Lo que traigo hoy es algo así, pero llevado al extremo: este libro fue subido por capítulos a ForoCoches, donde su autora era forera asidua, y lo escribió entero desde su móvil (hago una pausa dramática porque este dato me parece digno de admiración). Se generó un hilo que atrajo nada menos que 200.000 visitas y 6.000 comentarios (estas cifras probablemente sean ya más altas) y hubo una editorial muy avispada que se dijo que tenía que aprovechar ese tirón y publicar el libro en formato físico.

¿Y qué es lo que cuenta esta chica para haber atraído una atención así? Pues lo que ocurrió los 37 días que Ana/Sydney, una abogada de 32 años, pasó ingresada en una planta psiquiátrica tras haber intentado suicidarse tirándose de un puente. Cuando le dieron el alta en el hospital y vio que no se iba a casa, sino que la metían en un psiquiátrico, pensó que tenía ante sí los peores días de su vida. Sin embargo, lo que encontró fueron risas, locuras (claro), empatía, ternura y nuevas amistades de vínculos inquebrantables.

Es un libro que se devora no solo por lo que cuenta (saber anécdotas de un psiquiátrico siempre despierta curiosidad...), sino por la voz particular de la narradora: prosa muy ágil, mucho sentido del humor y un lenguaje tremendamente forocochero. De hecho, esa es una de las pocas pegas que puedo ponerle al libro: no sé hasta qué punto va a envejecer bien: me partía cada vez que Sydney terminaba una frase con Hulio, pero ¿se entenderá el chascarrillo dentro de cinco años? Mi madre se perdería montones de referencias, ¿disfrutará ella de este libro igual que lo he hecho yo?

Por un momento, temí que la autora se escudara demasiado en el sentido del humor y tendiera a frivolizar tanto su estancia como el tema de las enfermedades mentales, pero pasados los primeros capítulos vemos que no es así: al contrario, la autora logra un buen equilibrio entre narrar estos temas con sensibilidad y contarlo de una forma que enganche al lector. También es muy valiente cómo Sydney se abre por completo en este libro, cuenta sus problemas del pasado (la relación con su madre me pareció desgarradora) y confiesa sus enfermedades y recaídas, al tiempo que afronta con valentía el futuro.

A medida que avanzamos en la lectura es inevitable tomar cariño a los personajes del libro, tanto a las enfermeras (como Alicia) que realizan bien su trabajo y son un tremendo apoyo para los pacientes, como a los enfermos de la planta: Lolo, Chema, Nati, Naiala... Para algunos la historia termina bien, para otros no tanto, pero todos reflejan la lucha titánica que es tener una enfermedad mental y que, detrás de eso, en realidad son personas como cualquiera de nosotros. Este creo que es uno de los puntos principales que pretendía esta novela: desestigmatizar las enfermedades mentales, hacernos ver que detrás de los enfermos hay personas que ríen, lloran y sienten, y que en definitiva son de carne y hueso.

Una lectura que recomiendo muchísimo, con la que lloraréis y reiréis a partes iguales. Haceos con esta novela si podéis: todos los personajes se harán un huequito en vuestro corazón.

Y a la autora le mando un fuerte abrazo y le envío mis mejores deseos.



24 de octubre de 2018

Fangfang (Paloma Robles)

Cuando Nana emigró de China con su esposo y su hija pequeña para regentar una tienda de comestibles en Madrid, el futuro de la familia era prometedor. Pero la llegada de Fangfang, su hija mayor, cuatro años después, revela las enormes dificultades que pueden surgir a la hora de adaptarse a una nueva cultura tan lejana y diferente como es la española. 

Ahora Nana vive en Madrid con sus nietos y Fangfang en un oscuro sótano lleno de cucarachas. Tiempo atrás, a Fangfang le sucedió algo trágico, y ese suceso encierra la clave de la situación en la que se encuentra ahora la familia.

En un relato que transita entre el pasado y el presente, los detalles y las circunstancias de ese suceso determinante se van desvelando, y en ese proceso de descubrimiento, Nana deberá enfrentarse a sus miedos y hacer frente a sus errores y sus fracasos. 

A su vez, y acompañándola en este fascinante tránsito de autoevaluación, el lector podrá adentrarse con Nana en los rincones más sombríos y desconocidos de la inmigración china en España, y experimentar con ella un viaje de una asombrosa y desgarradora humanidad.


Como ya he comentado alguna vez, me gusta saber lo menos posible de un libro antes de empezar a leerlo. Cuando elegí este en Babelio, solo sabía que iba acerca de la comunidad china en Madrid y que lo había editado Alrevés, algo que para mí ya es una apuesta segura porque esta editorial no me falla nunca. Y menuda sorpresa me he llevado con este libro, porque no me esperaba que fuera una lectura tan adictiva y al mismo tiempo tan sobrecogedora: los personajes son tremendamente humanos y te calan enseguida, se siente más o menos simpatía por ellos pero todos te transmiten algo. La historia mantiene el ritmo desde el primer momento, pero se lee con el corazón encogido, porque ya desde las primeras páginas se ve por dónde va a ir el argumento...

Lo primero que me ha llamado la atención es lo mucho que sabe Paloma Robles sobre la cultura china: no solo ha vivido ocho años en ese país, sino que cursó un doctorado enfocado en la identidad y experiencias de adaptación de los chinos de segunda generación residentes en España. Y todos esos conocimientos se reflejan en cada página de la novela: la difícil vida de los chinos que llegaron hace 30 años a España y apenas han conseguido aprender español pese a estar todos los días al frente de una tienda; la lucha por traerse a los hijos que dejaron en su país; la llegada de esos niños a España, que unas veces se adaptan bien y se vuelven más españoles que el chorizo (incluso renegando de sus raíces) y otras no logran encajar en absoluto: esa sensación de estar varado entre dos mundos y de no sentirse ni del todo chino ni completamente español se refleja muy bien en el libro.

De la trama no voy a decir más porque el texto de la contra que he puesto arriba lo resume perfectamente; solo diré que me ha gustado muchísimo y que me descubro pensando en los protagonistas días después de haber terminado la lectura. Es un libro difícil, toca unos temas realmente duros, pero me ha encantado sumergirme en el mundo que narra Paloma Robles y el libro se cierra con una chispita de esperanza. Estoy segura de que a partir de ahora veré a la comunidad china de mi barrio con otros ojos... Haceos con este libro si podéis: me ha parecido una lectura diferente, original, que me tuvo enganchadísima hasta el final. Muy, muy  recomendable.

Gracias a Babelio y a la editorial Alrevés por el ejemplar.



Por cierto, la editorial y la autora presentan el libro este jueves 25 de octubre en Madrid, en la librería Cervantes y Cía. Yo ya estoy viendo que no voy a poder acudir y de verdad que se me va a quedar una espinita muy grande. ¡Aprovechad los que podáis!

4 de octubre de 2018

Ventoux (Bert Wagendorp)

Cuatro amigos que ya rondan la cincuentena se encuentran por primera vez después de 30 años y juntos rememoran aquellos tiempos en que apenas eran unos chavales adolescentes, con sus dudas, sus bandazos y su compañerismo inquebrantable. Además, se proponen repetir la gesta que llevaron a cabo aquel verano inolvidable: subir en bici al mítico monte Ventoux, una experiencia que, por diversos motivos, no olvidarían jamás.

Cuando volví a casa, puse la fotografía de Bédoin sobre la mesa y me serví una copa de vino. Intentaba descubrir cosas en las caras, buscaba pistas secretas, sugerencias, pero lo único que veía eran seis amigos jóvenes, felices, inconscientes de todo y sobre todo del final que se aproximaba. Aunque tal vez había uno que sí era consciente de ello.

El eje vertebrador de este libro es el ciclismo y los deportes en general, pero esta novela se centra sobre todo en el valor de la amistad, el amor y los celos, y también en las cicatrices que deja el paso del tiempo. El autor repasa con nostalgia aquellos años de juventud en los que aún tenemos toda la vida por delante, cuando se forjan amistades inquebrantables y surgen amores imposibles. La verdad es que la nostalgia de esa etapa se refleja muy bien en el libro, como también los distintos derroteros por los que la vida lleva a cada uno de los integrantes de ese grupo.

Aunque parte de la acción se desarrolla en Francia (el monte Ventoux está en el sur, cerca de Marsella), el país protagonista es Holanda, y es algo que me ha gustado, porque yo creo que hasta ahora no había leído ninguna novela ambientada en los Países Bajos actuales.

Así pues, por el tema del ciclismo y de que transcurra en los Países Bajos, Ventoux es una lectura diferente que he disfrutado, con una narración dinámica y llena de sentido del humor. Puede ser un buen regalo de Navidad para los aficionados al ciclismo, ¿por qué no?

Lo edita Libros de Ruta, una editorial especializada en ciclismo y deportes en general, y la traducción, que me ha parecido muy bien hecha, la firma Isabel Pérez van Kappel.


Ventoux

28 de septiembre de 2018

De la mano. Testimonios de una enfermera (Christie Watson)

Si bien hoy es escritora, Christie Watson trabajó durante 20 años como enfermera y esa es la experiencia que relata en este libro, intercalando sus vivencias más conmovedoras e impactantes con retazos de la historia de la enfermería. Así, a medida que avanza la novela Watson nos abre las puertas del hospital y nos desvela los secretos de las enfermeras, cuyo papel a menudo pasa desapercibido y sin embargo es tan importante, pues sus pequeños gestos dan dignidad a los pacientes y nos recuerdan que todos somos personas en esos momentos en los que nos sentimos tan vulnerables. En este libro seguiremos los pasos de Watson desde sus primeros días como enfermera en prácticas, en los que dudaba de cada paso a seguir y de sus propias capacidades, y la acompañamos por las diferentes especialidades en las que trabajó, desde un pabellón psiquiátrico hasta la unidad de neonatos o la de geriatría, subrayando el papel de unos profesionales que a menudo nos pasan desapercibidos.

En este libro también queda patente el difícil papel al que se enfrentan las enfermeras ante los casos que se encuentran en su día a día, pues tienen que poner una especie de coraza para proteger sus emociones de todo lo que ven al cabo del día. Ese es un punto que se refleja muy bien en este libro: el duro equilibrio entre ejercer profesionalmente su trabajo, ofrecer empatía a los enfermos, darles cariño en un momento en que tanto lo necesitan, y al mismo tiempo no implicarse emocionalmente con ellos (cosa que no siempre consiguen, todo hay que decirlo).

Este libro me ha gustado, pero debo admitir que no es una lectura fácil, porque Watson cita uno tras otro los casos más extremos con los que se ha encontrado en su día a día y al final me daba la impresión de que quizá no era del todo necesario para el libro incluir tantos detalles tirando a morbosos (aunque la autora tiene todo el derecho del mundo, pues está claro que el suyo no es un trabajo fácil ni amable en absoluto). De todas formas, he disfrutado la lectura y ha ampliado mi visión de una profesión en la que quizá no había pensado lo suficiente hasta ahora. Un libro conmovedor.



21 de septiembre de 2018

Cementerio de animales (Stephen King)

Inocente de mí, yo pensaba que este era un libro sobre un gatito, la mascota de la familia, que sufre un accidente y muere, es enterrado en el cementerio de mascotas del pueblo y un día vuelve convertido en una especie de bicho diabólico que hace la vida imposible a la familia. Ja.

Por supuesto que no iba a quedar ahí la cosa, no... al fin y al cabo estamos hablando de Stephen King. No, cuando Louis, su mujer y sus dos hijos pequeños se mudan a esa casa junto a la carretera, no sospechan que en las tierras de detrás se alza un inquietante cementerio de animales, donde los niños llevan décadas enterrando a sus mascotas. Sin embargo, más allá del cementerio, donde el sentido común dicta que es mejor no acercarse, hay otro camposanto, un cementerio micmac, y Louis descubrirá que ejerce una siniestra influencia en todo aquel que osa llegar hasta él, una influencia a la que es imposible escapar.

Leer a Stephen King es, casi casi, una apuesta segura. Con pocos libros me meto tanto en las tramas y sufro con sus personajes, unos personajes que te da la sensación de que conoces de toda la vida, envueltos en tramas cotidianas con las que cualquiera puede identificarse, y justo cuando has bajado la guardia y les has tomado cariño... ¡bam! King te asesta el golpe maestro.

Este es un libro con el que sufrí, y me encantó no saber nada de la trama e ir avanzando en la lectura, incrédula, a medida que veía por dónde iban los tiros. En un momento dado, la trama empieza a cambiar los derroteros y yo me descubrí asustada y pensando: «¿No será capaz de llevar la historia POR AHÍ???». Vaya si es capaz. Las últimas páginas las leí incrédula, con un nudo en el estómago y la emoción de saber que estaba leyendo un libro increíble.

Creo que ha quedado claro que esta novela me ha entusiasmado y se coloca entre mis favoritas de King. Además creo que es muy recomendable para iniciarse en su obra porque es una novela que no se anda demasiado por las ramas (anda que no se le da bien a King enrollarse a veces hasta la exasperación, aunque eso aquí no pasa), crea personajes memorables y la historia te mantiene enganchada hasta el final. Solo digo que ya estoy deseando leérmela de nuevo, aunque esta vez la buscaré en inglés y estoy segura de que la disfrutaré tanto o más.



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3 de septiembre de 2018

Eleanor Oliphant is Completely Fine (Gail Honeyman)

He aquí una de esas historias que parecen haberse puesto de moda últimamente: la de una persona rara, que no encaja en la sociedad, que incluso parece tener ciertos rasgos autistas, pero que es una heroína a su manera, evoluciona en su historia y, después de varias penalidades salpicadas de anécdotas y episodios graciosos pensados para restarle dramatismo al asunto, acaba con su final de cuento caminando hacia una espectacular puesta de sol en el horizonte.

Dicho esto, va a parecer que estoy poniendo verde esta historia y que no la he disfrutado en absoluto, y lo cierto es que no es así. Devoré el libro en cuestión de pocos días, me pareció muy bien escrito, me transportó a mi querida Gran Bretaña y disfruté con muchas de las reflexiones de Eleanor Oliphant, una protagonista de lo más peculiar. Lo malo es que me despistaban mucho las incoherencias del personaje y me sacaban de la ficción una y otra vez.

Eleanor tiene una forma muy alambicada de hablar, fruto de la estricta educación que le dio su madre, y dice lo primero que piensa, con total sinceridad, sin poner ningún tipo de filtro. No entiende muchas de las cosas que suceden a su alrededor, y sin embargo para ella los que hacen cosas ilógicas son los demás, y los juzga a menudo con dureza. Durante el primer tercio del libro esto funcionaba, pero después esa rigidez al hablar se va haciendo cansina, como un chiste que a fuerza de repetirlo ya no hace gracia.

Debido a la vida solitaria que ha llevado siempre, las habilidades sociales de Eleanor son escasas y hay muchas cosas del día a día que se le escapan, pero cuesta un poco creérselo, como la escena en la que «aprende a bailar», o el hecho de que no sepa diferenciar un ordenador de sobremesa de un portátil (teniendo en cuenta que es inteligente, ha ido a la universidad, trabaja desde hace años en una oficina, lee el periódico de cabo a rabo cada día y no ha crecido aislada en una cueva; solo vivió de forma peculiar hasta los 10 años). Y, sin embargo, tras hacerse con un ordenador se abre varias cuentas en redes sociales (¿cómo sabe qué son y cómo funcionan Twitter, Facebook o Instagram?) sin problema alguno. Por otra parte, ¿no sabe lo que es McDonald's o Starbucks y en cambio sí sabe distinguir que una chica lleva pestañas postizas? ¿Critica que los hombres solo se fijen en tetas y rubias oxigenadas y ella misma se enamora de un cantante guaperas? Y luego el hecho de que Eleanor bebía dos botellas de vodka cada fin de semana desde hace diez años, pero un día decide dejarlo et voilà! Coser y cantar, ya no vuelve a beber una gota nunca más. ¿Síndromes de abstinencia a mí? ¡Ja!

Y luego está el tema del giro final en las últimas páginas, imposible de mencionar y de criticar sin fastidiar la trama, así que no diré nada. Solo que para mí es quizá lo que más se habría podido evitar.

No sé, para mí en muchos casos era como si un personaje tan dañado como Carrie de Stephen King (salvando mucho las distancias) comenzara a actuar como Bridget Jones.

De todas formas, todo esto no significa que no haya disfrutado de la lectura; me parece una buena historia y entiendo que haya tenido tantísimo éxito en los países anglosajones. Es solo que, para mí, no es una historia del todo redonda.

Una cosa más: la traducción española viene firmada por Julia Osuna, lo cual solo es garantía de cosas buenas. :)




18 de agosto de 2018

Wild (Cheryl Strayed)

Seguramente, a cada uno de nosotros el verano le evoca un tipo de lecturas en particular. En mi caso, me encanta leer a Stephen King en verano, y también es una época de relecturas. Suelo pasar algunas semanas de verano en casa de mis padres, donde conservo buena parte de mis libros, y siempre me tienta volver a vivir alguno de ellos. Si una historia me ha entusiasmado, soy incapaz de no volver a ella, de darle un adiós definitivo. Así que decidí que este verano le tocaba el turno a Wild, una novela que en su día me impactó y que ya hace tiempo que estaba deseando releer.

Cheryl Strayed rememora en este libro el momento en el que, veinte años atrás, decidió recorrer el Sendero del Macizo del Pacífico durante tres meses, sin experiencia previa como senderista ni una buena forma física particular. Lo hizo a modo de redención, pues llevaba varios años perdida y sumida en una espiral de autodestrucción desde que muriera su madre cuatro años atrás, a los 46 años (cuando Cheryl contaba 22). Salvaje nos cuenta una historia de superación, de no rendirse, de mirar siempre adelante, al tiempo que trata de hacer las paces con su pasado.

La primera vez que lo leí, hace cuatro años, me llamaron la atención sobre todo los pormenores de la ruta en sí: los paisajes, las experiencias, las penalidades. Pero este libro es tanto eso como el recuerdo de lo que fue la madre de Cheryl para ella, de lo que es perder a una madre tan joven, de cómo se supera eso. Y en esta relectura me quedo con esa parte: es tremenda la capacidad de análisis de Cheryl Strayed, de rememorar el pasado, de examinar sus sentimientos y ponerlos en orden a medida que desgrana los días en los senderos. Día tras día en los senderos, y por la noche en su tienda de campaña, Cheryl repasa la enfermedad y muerte de su madre, su infancia con un padre maltratador, su juventud en un terreno aislado de Minnesota junto a sus dos hermanos y su madre, su matrimonio a los 19 años y su posterior divorcio... Y el lector es testigo de cómo el camino va ejerciendo su poder redentor; poco a poco Cheryl asume lo que pasó y se perdona los errores del pasado.

En resumen, una lectura buenísima y que yo recomendaría sin dudarlo, que no solo habla de senderismo por Estados Unidos, sino que es un tremendo libro sobre la aflicción y el duelo, y de cómo enfrentarse a la muerte de una madre. ¿Conocéis la historia, lo habéis leído?

Por cierto, es curioso cómo se producen a veces ciertas coincidencias: la madre de Cheryl nació un 18 de agosto, justo el día en que he terminado la lectura del libro. Qué cosas...

17 de agosto de 2018

La mala semilla (Toni Aparicio)

¿Hasta dónde llegarías para salvar tu alma?

Eso es lo que la vida le plantea a Beatriz Manubens, una atractiva teniente de 33 años de la UCO de la Guardia Civil que ve cómo su vida personal y laboral se ve frenada en seco debido a un incidente ocurrido poco tiempo atrás: mató sin querer a un niño estando de servicio. Atormentada, decide volver a su ciudad natal, Albacete, para restañar heridas y salir de la espiral de autodestrucción en la que ha caído.

Pero en Albacete se encuentra con que han asesinado a Anabel, una buena amiga de su juventud, y su hijo de 6 años ha desaparecido. Pese a estar de baja laboral y en tratamiento psiquiátrico, Beatriz decide emprender una investigación paralela para esclarecer el asesinato de Anabel y, sobre todo, encontrar con vida a su hijo. Porque si encuentra al pequeño, quizá expíe la culpa del otro niño al que mató y pueda «salvar su alma».

***Ojo, he intentado no poner spoilers, pero me he dado cuenta de que algún detalle de los que he puesto puede revelar un poco la trama...***

Me embarqué en esta lectura gracias a la lectura conjunta organizada por Laky del blog Libros que hay que leer, Albanta de Adivina quién lee y Lunilla de El templo de la lectura. Y ha sido una buena elección como lectura veraniega, pues esta novela policíaca se lee de manera muy ágil y amena, con las dosis justas de misterio e intriga. En general me ha gustado la forma en que Toni Aparicio conduce al lector por la trama y también me ha gustado que la historia se base en Albacete, una ciudad tremendamente desconocida para mí. Otro de los escenarios de la novela es Riópar y el nacimiento del río Mundo, un lugar que tampoco conocía y que ya he ubicado en el mapa por si pudiera organizar una visita algún día...

Reconozco que últimamente estoy un poco tiquismiquis con mis lecturas, y en esta novela también me gustaría comentar un par de puntos no tan positivos: todos los personajes me han parecido un poco prototípicos y a ninguno he acabado de creérmelo del todo. (Ahora que no me oye nadie diré que Beatriz no me ha gustado nada como protagonista; me ha parecido algo insufrible y muchas de las escenas se veían forzadas, como toda la inquina del capitán Carmona o que muchos personajes se presentaran ante ella para hacer una confesión como por arte de magia.) Por otra parte, la historia de amor me parece totalmente prescindible (de verdad, no todos los libros tienen que tener una historia de amor, no pasa nada si algún personaje se enfrenta a la trama en soledad, y a veces no todas los romances acaban bien. A mí como lectora me encantan los finales no edulcorados...). Otro tema problemático que le he encontrado es que Adrián, el niño desaparecido, no está caracterizado. Es un problema informe, vago, indeterminado, "un niño desaparecido", pero no llegamos a conocer nada sobre él y confieso que no me ha llegado a preocupar mucho su desaparición porque en ningún momento se nos transmiten sus sentimientos: el autor lo utiliza como un mero instrumento de la trama. Durante la lectura pensaba que hubiera sido interesante que el autor intercalara algún párrafo que otro, aunque solo fueran pinceladas, en los que se deja entrever a un niño esperando solo, en un cuarto oscuro, o en medio del bosque, o algo así, lo que ve, lo que huele y lo que oye, y un par de pensamientos aislados que relatan su sentimiento de abandono, miedo y soledad: con algo así el lector se hubiera puesto más fácilmente en su piel y hubiera sufrido de lo lindo por él. Pero tal como lo ha planteado Aparicio... pues no sé, el niño me parece que pasa totalmente a un segundo plano.

Y otro problema que le he encontrado es el final, en el que hay un detalle que no me parece que tenga sentido: si uno de los personajes hubiera hecho lo lógico (que es acudir a la policía) el libro se hubiera terminado en la página 10 (esto lo leí en las críticas de Amazon y me hizo mucha gracia, pero es que estoy muy de acuerdo), así que cuando uno lee esa parte se le queda cara de póker. Pero bueno, dejando de lado estos detalles, La mala semilla es un libro que funciona y que puede ofrecer una buena historia para evadirse en las sobremesas de verano (con mi madre funcionó, se lo presté hace unos días y estuvo enganchadísima hasta que lo acabó, y yo misma estuve leyendo hasta las tantas incapaz de dejarlo). Puede parecer que hay más críticas que loas en esta reseña, así que concluyo diciendo que la novela me ha dejado un buen sabor de boca y que quienes disfruten con las novelas policiacas deberían darle una oportunidad y no hacer caso a una cascarrabias como yo.

No puedo terminar la reseña sin mencionar que en la cubierta falta una tilde como la copa de un pino, y no solo eso, sino que también se la olvidaron en el material promocional. Me parece gordísimo, pero bueno: me consuelo pensando que cuando Toni Aparicio sea muy famoso, los ejemplares de la primera edición de este libro con una falta en la portada alcanzarán en el mercado un precio estratosférico, jeje.

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29 de julio de 2018

Tenía que sobrevivir (Roberto Canessa)

¿Cuál es la frontera entre la vida y la muerte?

Por la pantalla del ecógrafo examino el corazón de un niño que está por nacer. Me demoro analizándolo; sus minúsculas manos, sus pies, como si habláramos desde adentro y afuera del monitor. Siento la fascinación de una vida eventual, porque a ese corazón le falta una parte que habrá que reponer o compensar.

Por un momento observo la pantalla del ecógrafo y al siguiente estoy mirando a través de la ventana del fuselaje del avión, avizorando el horizonte escarpado, para saber si regresaban con vida los amigos que habían salido en las primeras caminatas exploratorias. Desde que escapamos de la cordillera de los Andes, el 22 de diciembre de 1972, después de estar más de dos meses perdidos, vivo formulándome una sucesión de preguntas que cambian con el tiempo. La primera de todas es: ¿qué hacemos cuando todas las probabilidades parecen estar en contra?

Y así es como empieza este fascinante libro que narra una historia muy conocida por todos: la de un equipo de rugby uruguayo cuyo avión se estrelló en los Andes. Los supervivientes lograron entonces una hazaña que muchos creyeron imposible: salir de las montañas. Es la historia que ya narró hace cuarenta años el libro ¡Viven!, pero ahora se centra en un punto de vista, el de Roberto Canessa, que además de sobrevivir al impacto fue uno de los dos voluntarios que, dado que nadie les encontraba en las montañas, decidieron atravesarlas ellos mismos para ir en busca de ayuda.

Si ya la historia es épica de por sí, este libro va más allá, puesto que explica cómo la experiencia de los Andes influyó en la carrera que escogió Roberto Canessa: médico cardiólogo especializado en neonatos. La primera mitad del libro habla de la vida de antes, de los primeros 19 años de vida de Canessa, y de lo que fue el accidente en sí. En la segunda parte el tono cambia, ya no está cargado de adrenalina sino que se ralentiza un poco, y se le da voz a las madres de los niños a los que el doctor Canessa ayudó, niños a los que ya en las ecografías antes de nacer se les detectaron graves cardiopatías. Todos coinciden en subrayar la valía de Roberto como profesional, pero sobre todo como persona tremendamente humilde y empática que se esfuerza por dar el 100% de sí mismo en cada tarea que emprende. La experiencia de los Andes hizo que quisiera dedicar su vida a luchar por los más abandonados, por los niños que aún no han nacido, aquellos que tienen que escalar su montaña particular.

El libro lo ha escrito Pablo Vierci, escritor y periodista y amigo de Roberto desde la niñez. Él hizo entrevistas a Roberto Canessa y a las personas de su entorno más cercano (su esposa Lauri, algunos de sus hijos, las madres de los pacientes...) y, con todos los testimonios hiló este libro de fácil lectura, que no cae en detalles escabrosos, en el que Canessa habla en primera persona y engancha al lector con su fuerte carácter y el entusiasmo que destilaba a los 19 años (que fue cuando ocurrió la tragedia). Un libro, en definitiva, que me ha entusiasmado y cuya lectura recomendaría sin dudarlo.

Siempre que miro hacia atrás, en perspectiva, llego a esta conclusión: creo que el principal impulso por el que papá caminó fue para que su madre no tuviera que vivir con un hijo muerto. Él tenía que renacer para su madre, aunque ella siempre supo que estaba vivo, pero él no lo sabía. Y por eso se ha pasado la vida en esa zona fronteriza, no de la vida y de la muerte, sino del nacimiento y el renacimiento, con niños desahuciados. Con hijos que están por nacer y pueden no hacerlo. Con madres desesperadas que requieren un apoyo, el mismo apoyo que requería su propia madre. Su madre necesitaba la prueba definitiva de que ella tenía razón, y la única prueba posible era que su hijo volviera con vida. Que volviera con semejante mensaje. Lo que hace ahora es exactamente lo mismo que vivió su propia madre: es el mensajero de otros hijos que le dicen a sus madres que hicieron bien en esperarlos.