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20 de julio de 2018

El chico que nunca llamó (Rosie Walsh)

Sarah y Eddie se conocen en una carretera rural de Gloucestershire, se caen bien y, tras pasar toda la tarde bebiendo pintas en un pub, empiezan un romance que durará una semana. Eddie se va de vacaciones, pero ambos intercambian números de teléfono y datos de las redes sociales sabiendo que retomarán esa relación de ensueño en cuanto Eddie vuelva.

Sin embargo, Sarah no vuelve a saber nada de él. Ni un whatsapp, ni una llamada, ni un mail. Era el hombre perfecto, el chico del que se ha enamorado, y se desmorona al pensar que quizá no vuelva a saber nada de él. ¿Por qué ha desaparecido? ¿Le ha ocurrido algo? Rosie Walsh refleja bastante bien la paranoia que puede entrar con las redes sociales, de pasarse horas mirando el móvil por si la otra persona escribe o se conecta, mandarle emails, llamar a todas horas... Lo malo es que al lector solo se le dan esbozos de lo que fue aquella semana de ensueño entre Sarah y Eddie, por lo que la historia de amor de ambos no acaba de resultar creíble. También sorprende el hecho de que ambos rocen ya los 40 años (antes de leer el libro, y con ese «chico» en el título, pensaba que estábamos ante dos adolescentes). Teniendo eso en cuenta, me chirrió bastante la insistencia de Sarah a la hora de encontrar a Eddie. Es cierto que pasaron una semana de ensueño y que a cualquiera le dolería que ese hombre desapareciera así de su vida, pero ¿esas cotas de obsesión? Ahí no pude empatizar con Sarah en absoluto.

Tras una primera mitad del libro un poco lenta, el ritmo se agiliza cuando empezamos a saber lo que pudo haber pasado con Eddie; página tras página se añaden cotas de misterio y se suceden los giros en la trama, cada vez más sorprendentes. Sin embargo, la autora juega mucho al despiste y abusa de las casualidades para que cuadren estos giros en la trama, lo que admito que no me gusta mucho como lectora. El final me pareció melodramático e histriónico y me dejó fría como un témpano, aunque admito que las historias de amor al uso no me acaban de llegar.

Como aspecto positivo diré que creo que es un libro que puede gustar a mucha gente porque no solo tiene un componente romántico, sino que hacia la mitad del libro se introducen otros ingredientes: el sentimiento de culpa, las (difíciles) relaciones familiares, cómo un accidente te puede cambiar la vida, el hecho de que los matrimonios no siempre funcionan... La acción se vuelve desenfrenada y el último tercio no deja un momento de respiro, por lo que puede resultar una lectura muy entretenida para estas tardes de verano. Es solo que yo no acabé de conectar del todo con los personajes de esta novela...


17 de julio de 2018

Excellent Women (Barbara Pym)

... perhaps I enjoyed other people's lives more than my own.

Ya iba siendo hora de saldar deudas con Barbara Pym, a quien todavía no había leído, y me he estrenado con una de sus obras principales: Mujeres excelentes. Esta escritora retrató como pocas la clase media inglesa de mediados del siglo pasado con un fino sentido del humor y una gran capacidad de observación con los que reflejaba sobre todo el día a día de los personajes más cotidianos. Sin embargo, pese a toda la fama que precede a esta novela, me he quedado un poco desinflada al terminar la lectura.

Mujeres excelentes nos transporta al Londres de la posguerra, donde seguimos las andanzas de Mildred Lathbury, una treintañera solterona que empieza a sentir la presión de su entorno de buscar pronto un marido. Sus días transcurren entre ir a la iglesia, hacer buenas obras, organizar mercadillos de beneficencia para obtener fondos para la parroquia, beber té (muchísimo té, a todas horas) y comer con apatía tristes almuerzos de lechuga y queso. Cuando una pareja se muda al piso de abajo, quizá la vida de Mildred se vea sacudida por algún cambio que trastoque por completo su día a día...

En la novela hay dos o tres personajes masculinos que uno se figura que quizá marquen el destino de nuestra protagonista. No digo que la solución a toda solterona sea introducir un par de caracteres masculinos interesantes y que un final solo es feliz si ella acaba emparejada, pero... no sé, yo esperaba que pasara... ¡algo! Pero es que en este libro no pasa nada, aparte de mercadillos, una taza de té detrás de otra, montones de salidas a restaurantes (sería la posguerra, pero imagino que les salía barato, porque si no no entiendo tanto comer fuera), curiosear mucho en la vida de los demás y preguntarse si este o aquel personaje masculino estaría pensando en pedirle matrimonio... pero esto último lo dice de una manera tan desapasionada, tan apática, tan todo me da igual, que al lector no le extraña que la pobre siga solterona. Mildred admite que ninguno de los hombres que la rodean le gusta demasiado, pero se pregunta continuamente si este o aquel le pedirán matrimonio, como si es algo que le vendría impuesto y ella no tuviera voz ni voto en ese asunto.

Se supone que la prosa tiene un fino y británico sentido del humor, pero no acabé de pillarlo. La protagonista se me antojó tan peñazo que no me extraña que lleve una vida tan monótona y aburrida. Por otra parte, yo creo que este libro se lee con la esperanza de que, en un momento dado, Mildred pegue un puñetazo sobre la mesa y demuestre que no pueden tratarla como a un felpudo, pero ese momento nunca llega. Al revés, al llegar a la última página no me podía creer que esta novela fuera a terminar así...

En fin, que este libro no ha sido para mí. Creo que esperaba encontrar algo en la línea de El gran día de la señorita Pettigrew, un libro también británico y con una solterona de protagonista que para mi gusto acierta mucho más a la hora de desarrollar la historia.



3 de julio de 2018

Sorteo + Lectura conjunta "La mala semilla"



Parece que en verano tengo más tiempo de leer, así que me he liado la manta a la cabeza y me voy a apuntar a otro de los sorteos + lectura conjunta que sortean Laky del blog Libros que hay que leer, Albanta de Adivina quién lee y Lunilla de El templo de la lectura.

Esta vez se trata de un libro de Toni Aparicio, La mala semilla, y hay de tiempo hasta este viernes por la mañana, así que ¡no hay que dormirse en los laureles!


Se pueden consultar las bases completas aquí.



1 de julio de 2018

La estrategia del pequinés (Alexis Ravelo)

—Yo me crié en San Juan. En la ladera alta. Por allí había un perrillo chico abandonado. Un pequinés que dormía debajo de los coches y estaba siempre lleno de mugre. Alguna vieja del barrio le ponía de comer.
—¿Y eso a qué viene? —le escupió Cora.
Tito alzó las palmas de las manos, pidiéndole tranquilidad.
—Espera. Espérate un momento y escúchame. Por el barrio había perros grandes. Estaba de moda que la gente tuviera dóberman, presas canarios, pastores alemanes y todo eso. ¿Tú sabes lo que hacía el jodido pequinés? En cuanto veía que había algún perrazo cerca, en vez de salir corriendo, se le enfrentaba, ladrando. Y, si el grande se despistaba, se le colgaba de los huevos o del cuello. Así fue como sobrevivió un montón de años.
—Pero ¿qué me intentas decir?
—Te intento decir que Júnior será un buen perro de presa, pero que, en un caso como este, es mejor adoptar la estrategia del pequinés: dar el primer paso, plantar cara y, si puede ser, meterle una buena chascada en los cojones.

La estrategia del pequinés, pág. 173.

A Alexis Ravelo su fama de escritor de novela negra le precede, pero cuando empecé esta novela lo hice con mucha cautela, porque me he llevado muchas decepciones últimamente. Sin embargo, no era necesaria tal cautela porque esta es una novela negra magnífica cuya calidad se percibe ya desde las primeras páginas.

La trama nos presenta a una serie de cincuentones que dejaron de delinquir hace años, pero que se ven tentados por un último golpe que les solucionaría la vida (el Rubio tiene a su esposa enferma y quiere los mejores tratamientos para ella, Tito sueña con abrir un bar, y Cora sospecha que ya le queda poco para seguir viviendo de sus encantos). Así las cosas, Júnior, un distribuidor local de cocaína, trama con ellos un plan para atracar al testaferro de sus jefes en Gran Canaria. Sin embargo, el plan implica atacar directamente a los perros grandes de la isla, y está por ver si la estrategia del pequinés es tan sólida como desean.

Este libro, no muy largo, reúne todo lo que se le puede pedir a una novela negra: la historia, original y sólida, está muy bien planteada y desarrollada y te transporta de inmediato a las Canarias. Incluso yo, que no he estado nunca, he sentido casi casi como si conociera las islas. Los personajes cobran vida bajo la pluma de Ravelo y enseguida es inevitable empatizar con ellos y sufrir a medida que avanza la lectura y se complica la trama. El ritmo está muy bien conseguido, pues la acción no decae pero también tiene momentos tranquilos y reflexivos que dan un respiro (me suelen dar pereza esos libros de acción frenética desde la página 3 y este por fortuna no cae en eso).

En definitiva, un merecidísimo premio Dashiell Hammett en el 2014 que da ganas de seguir descubriendo la obra de este escritor de Las Palmas. ¡Le seguiremos la pista a Alexis Ravelo!


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22 de junio de 2018

La madre perfecta (Aimee Molloy)


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Este libro pintaba francamente bien: la cubierta en particular me parece muy sugerente, como de algo que se hace añicos. Y la historia no es original quizá, pero me apetecía leer un thriller así: un grupo de jóvenes madres de Brooklyn que se han conocido a través de un foro de internet empiezan a quedar para compartir las dudas de esas primeras semanas tras convertirse en mamás. «A Will le ha salido una erupción, ¿qué creéis que puede ser?», «No me sube la leche, estoy desesperada». Un día deciden dejar a sus bebés en casa por primera vez y, con algo de sentimiento de culpa, salir juntas a tomar unas copas. Sin embargo, cuando el bebé de una de ellas desaparece mientras ellas están de bares, unas y otras empiezan a hurgar en el pasado y se dan cuenta de que en realidad apenas se conocen las unas a las otras.

A priori, pues, pintaba bien, y si un libro así está bien ejecutado es de los que se disfrutan y se devoran en un par de días. Además, consulté Goodreads y tiene un montón de buenas puntuaciones, por lo que emprendí la lectura con ganas.

El libro gira por completo en torno a la maternidad, a la presión que sienten muchas madres de que tienen que hacerlo todo perfecto, no solo en lo relativo al bebé, sino que también deben recuperar el cuerpo de antes del embarazo, no tener ojeras, llevar una relación marital completamente satisfactoria y volver al trabajo sin rechistar cuando toca (que en Estados Unidos es prontísimo). Así pues, si la maternidad no interesa, este es un libro que no recomiendo, porque además llega a hacerse cansino con el tema. De principio a fin no habla de otra cosa más que de los agobios de unas madres primerizas y prácticamente no refleja nada de los aspectos positivos de tener un bebé, con lo que después de 300 páginas uno está deseando pasar a otra cosa.

Las madres me han parecido todas un poco plastas, y ya cuando empiezan a jugar a ser detectives me daban ganas de decirles lo mismo que dice un policía en un momento determinado de la trama: «Señora, váyase a casa y deje de molestar». Además se parecen mucho unas a otras y resulta difícil saber quién es quién; muchos de los personajes responden a clichés y acaban siendo un poco caricaturescos. Y, cuando al final se desvela lo que pasó, tampoco acaba de cuadrar mucho, yo sentí como que era en cierto modo un engaño, y con la sensación de que tenía que volver a leer ciertas partes para terminar de entender.

Durante la lectura, también pensé que quizá el problema de que la trama no me enganchara estaba en la edición en español. El libro tiene algunas faltas sonrojantes (como un «coje») y algunas expresiones han sido traducidas de forma rara. El libro habla, por ejemplo, de «recipientes de Tic Tac», cuando se está refiriendo a los caramelos, que vienen en cajitas. O «pega fuerte las palmas a la taza de café que tiene entre las manos»; creo que un estilo más elegante habría sido decir «se aferró a la taza que tenía entre las manos», o algo así... No digo que sea culpa del traductor, pero quizá el proceso de corrección sí que podría haber sido más esmerado...

En fin, que de nuevo he terminado la lectura con la sensación de haber leído un libro muy comercial, pensado para devorarse en dos días pero que apenas ofrece nada a cambio y que se olvida en cuanto se llega a la última página.

Para que no se diga, aprovecho para recomendar dos obras maestras que giran en torno a la maternidad y que se leen con el corazón encogido de principio a fin: La semilla del diablo y Tenemos que hablar de Kevin.

Gracias a Edición Anticipada por el ejemplar.


15 de junio de 2018

Sorteo "El chico que nunca llamó"

Laky del blog Libros que hay que leer, Albanta de Adivina quién lee y Lunilla de El templo de la lectura están organizando en sus blogs un sorteo de nada menos que 15 ejemplares de El chico que nunca llamó (5 en cada blog). He estado echando un vistazo al libro y la verdad es que me llama la atención, así que me apunto al sorteo, que además creo que nunca he participado en uno de los que organizan estos blogs.

Os dejo aquí la imagen del sorteo ¡y os animo a participar! Para apuntarse, hay de plazo hasta el 20 de junio, día en que se realizará el sorteo. Y luego la lectura conjunta se irá comentando por Twitter. A ver si hay suerte. :)




10 de junio de 2018

Adiós a Cinecittà (Julian Comas)

Roma, 2017. Un periodista experto en cine llega a la capital italiana para escribir un reportaje sobre el cierre de la mítica Cinecittà, el lugar donde Fellini y De Sica rodaron algunas de sus obras maestras. Allí conoce a Gino, un anciano que ha trabajado toda su vida en los estudios y que le empieza a contar sus recuerdos del turbulento rodaje de Adiós a las armas.

Roma, 1957. La acción retrocede a los primeros días del rodaje, cuando John Huston deja en la estacada al todopoderoso y tiránico productor David O. Selznick. Mientras el director Charles Vidor viaja desde Nueva York para hacerse cargo de la película, Jennifer Jones ve en el filme la última oportunidad de relanzar su carrera y Rock Hudson vive un apasionado romance con un joven italiano cuando sale del plató.

Mientras tanto, el joven Gino —el mismo que seis décadas más tarde narrará su historia al periodista— se enamora de una de las chicas del departamento de vestuario. Así, el lector vivirá al mismo tiempo las peripecias de las estrellas de Hollywood que se han instalado en Roma para el rodaje y el día a día de los trabajadores de a pie, la verdadera alma de Cinecittà.


Bueno, este es el libro que acabo de terminar y arriba he copiado el resumen que puede leerse en la página de la editorial. Mi opinión la resumo rápido: ¡qué poco me ha gustado! Y eso que la idea era buena: armar una novela en torno al mundo del cine en la Italia de 1950, llevar el glamour de los actores americanos a una ciudad como Roma y propiciar romances entre italianos y americanos, al tiempo que la narración se salpica de anécdotas cinematográficas. ¿Qué mejor premisa para un libro?

Sin embargo, para mi gusto, en la práctica no acaba de funcionar. Julián Comas (pseudónimo que ha escogido el lector profesional de guiones Jordi Solé) introduce muchísimos personajes, demasiados, que hacen que la acción se diluya y sea difícil seguir los vericuetos de la trama. Innumerables anécdotas de cine; tantas, que parecen metidas con calzador, como para que el autor pueda presumir de todo lo que sabe. Montones de frases en italiano, pero algo exagerado, y no todas resultan transparentes (en estos casos siempre me acuerdo de mi madre, a quien no le gusta nada que en los libros pongan frases en otro idioma sin una traducción al pie; le parece muy desconsiderado para con el lector). Que le da saborcillo al libro, sí, pero en mi opinión se ha abusado demasiado de este recurso, hasta el punto de que algunas frases son absurdas: «Eso no ha cambiado: los americani aún seguís podridos de dollari». Las dotes narrativas de este autor tampoco me han gustado mucho, pero claro, acabo de leerme La estrategia del pequinés, una novela negra redonda en todos los sentidos, y en comparación las escenas negras de este libro eran una auténtica caricatura. La historia... bueno, como decía antes, la idea era buena, pero la forma de desarrollarla no me ha gustado y los personajes me han dado un poco igual todos. 

Supongo que es un libro pensado para los verdaderos amantes del cine, pero uno tiene que saber mucho del cine de la década de 1950 (incluidos directores y productores) para que esta historia llegue a calarte. Y, bueno, la historieta de amor de fondo palidece en comparación con los grandes romances de Hollywood, así que ni eso...

En fin, no se puede acertar siempre. Gracias de todas formas a Edición Anticipada por el ejemplar.

2 de junio de 2018

El papel amarillo (Charlotte Perkins Gilman)

El otro día estuve en la librería La Sombra, de Madrid, un sitio más que recomendado no solo por lo bonita que es (la sala abovedada del piso de abajo es una gozada), sino por su selección tan particular de libros: allí no suelen encontrarse los últimos best-sellers, esos que copan las estanterías de cualquier librería al uso. No, en La Sombra hacen hueco a las editoriales independientes, a las apuestas arriesgadas, a las propuestas originales. Y fue curioseando por allí el otro día cuando encontré esta joya de libro: El papel amarillo, de Charlotte Perkins Gilman.

El relato ya lo conocía (lo busqué por Internet y lo leí de un tirón una noche del verano pasado, después de leer en algún sitio buenas críticas de él). Es una historia muy cortita, pero impacta: la protagonista es una mujer con tendencia a sufrir de los nervios, a quien su marido médico receta curas de reposo sin ningún tipo de actividad intelectual. Se acaban de mudar de forma temporal a una casa aislada y ella acaba recluida en el cuarto infantil de la planta superior, empapelado con un inquietante papel amarillo. La protagonista pasa cada vez más tiempo sola y, a falta de otras actividades que hacer, acaba observando durante horas el papel amarillo y se obsesiona con lo que cree descubrir en él.

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Charlotte Perkins Gilman sabía bien de lo que hablaba, pues ella misma había sufrido de los nervios y de depresión posparto, y un médico llegó a recomendarle que no llevara a cabo actividades intelectuales. Era 1898, una época difícil para las mujeres con enfermedades nerviosas. Tanto la comunidad médica como sus seres queridos solían tratar a estas mujeres con condescendencia y no se las tomaban en serio; se limitaban a recetarles «curas de descanso». En este libro plasmó todo eso de forma magistral: la condescendencia de médicos y allegados, el aislamiento, el esconder los cuadernos en los que se escribe por miedo a que tu marido se enfade, y el irse perdiendo cada vez más en un tortuoso mundo interior.

La historia me gustó muchísimo, pero es que esta edición la eleva a los altares.  Es el primer libro de ficción publicado por una nueva editorial, Bestia Negra, y si han hecho este trabajo con su primera obra publicada no puedo esperar a ver lo que nos deparará en el futuro. Las ilustraciones son impactantes, en tonos amarillos, blancos y negros, firmadas por Maria Picassó, una ilustradora con un estilo vectorial muy particular. Además, esta edición no solo incluye El papel amarillo: también tenemos un prólogo en el que se cuenta la vida de la autora y que permite entender mejor el contexto en el que se escribió este relato, y una carta de Charlotte Perkins titulada Por qué escribí El papel amarillo. Por último, también se incluye el relato en su versión original en inglés. En definitiva, una de esas obras que recomendarías sin dudarlo a todo el mundo, un libro que encajas con orgullo en tu biblioteca, de esos que se hojean, se acarician y se sacan con mimo de la estantería una y otra vez...


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20 de mayo de 2018

Las aventuras de Sherlock Holmes (Sir Arthur Conan Doyle)

El colmo de una amante de los libros como yo es haber ido al museo de Sherlock Holmes en Londres sin haber leído una sola de sus novelas. ¡Qué ironía! Sin embargo, Sherlock forma una parte tan inherente de la cultura británica que me pareció lo más ir a Baker Street y curiosear por esa casita de varias plantas convertida en museo, donde se recrean las famosas estancias en las que Sherlock Holmes y el doctor Watson paseaban arriba y abajo tratando de resolver los casos que les asignaban.

Además, recuerdo haber mirado con ojos codiciosos un volumen gordísimo con las aventuras completas de Sherlock Holmes, con un aire añejo que me encantó y que además no era muy caro (es sorprendente lo bien de precio que están los libros en Inglaterra). El tomo al que me refiero creo recordar que era el de la segunda pila de libros del estante superior (desde la izquierda) en esta foto:

La foto la he sacado de este blog.
En las últimas semanas he podido (¡por fin!) leer varias de las aventuras de Sherlock Holmes, así que ya puedo decir con opinión formada que... me han resultado un poco decepcionantes. Un punto positivo es que se leen rápido, pero casi todo lo demás me ha dejado un poco desinflada: Sherlock Holmes me ha parecido un personaje un poco insufrible y se me ocurrían unos cuantos fallos en sus planteamientos de los casos. Sus frases favoritas a la hora de resolver los casos son: «Saltaba a la vista que...», «de aquello se deducía que...», «estaba claro que...», pero para mí nada saltaba a la vista ni estaba tan claro. Luego, cabe señalar que muchos de los relatos empezaban interesantes, pero luego se metían por unos derroteros que me interesaban más bien poco (véase Estudio en escarlata y El signo de los cuatro).

Quizá los habría disfrutado si los hubiera leído en la adolescencia, cuando mis gustos literarios no estaban muy pulidos y una historia de aventuras como esta hubiera colmado más que de sobra mis expectativas. Ahora se me han quedado un poco cortos, pero al menos me alegro de haber tachado por fin de la lista de pendientes a un clasicazo como es sir Arthur Conan Doyle.

20 de abril de 2018

Un extraño en casa (Shari Lapena)

Al empezar a escribir esta entrada, estaba pensando que Un extraño en casa quizá sea el primer título que leo de domestic noir: esas novelas de misterio llenas de giros inesperados, pero reducidas al seno del hogar y protagonizadas por gente corriente, en su mayoría esas típicas parejitas felices que parecen tenerlo todo para vivir una vida idílica. Normalmente forman parte de una comunidad placentera que no sospecha que pueda haber problemas hasta que la normalidad salta por los aires... El boom de estos dramas psicológicos bajo la apariencia de una esfera doméstica perfecta comenzó quizá con Perdida y luego con La chica del tren. Más adelante llegó Shari Lapena con La pareja de al lado y también se hizo un hueco entre las «grandes», pese a los miedos iniciales de sus editores de que, para cuando salió al mercado en el 2016, el género ya estuviera saturado. Pero no fue así, el libro se situó entre los más vendidos y el género sigue estando en muy buena forma.

Una vez digerido el éxito, tocaba repetir la fórmula y Lapena lo ha intentado con este libro que traigo hoy, Un extraño en casa, y que, como digo, ha sido mi primer contacto con el género.

El libro empieza con una mujer que huye despavorida de los bajos fondos de una ciudad hasta que, descontrolada, se empotra con el coche contra una farola. A los policías que acuden a la escena no acaba de cuadrarles que una respetable ama de casa de un buen barrio de Nueva York fuera a mil por hora por una de las peores zonas de la ciudad. Encima, se enteran de que su marido acaba de llamar al 911, alarmado porque su mujer parece haber salido de casa a todo correr, dejando la cena a medio hacer y sin llevarse ni siquiera el móvil y el bolso. La mujer se recupera en el hospital de sus heridas, pero no recuerda nada del accidente ni de lo que hacía ella en aquel barrio a aquellas horas: un ataque de amnesia ha borrado todos sus recuerdos de aquel momento.

Y este es el punto de partida de un libro de esos que no puedes soltar, pero que a mí me ha parecido un pelín flojo. ¿Puntos positivos? Que se lee rapidísimo (la letra es grande además) y que es de estos que, si tienes una tarde por delante, te lees de una sentada porque no puedes dejar de pasar páginas para descubrir el siguiente giro de la trama. ¿Puntos negativos? Pues unos cuantos... Me sorprendió lo sencillo que es el estilo de la autora, ¡demasiado! Apenas profundiza en los personajes, apenas detalla nada, continuamente cambia de escenario. El recurso de la amnesia me parece un poco manido y queda algo impostado; a estas alturas recurrir a una amnesia parece una opción facilona y perezosa para darle chicha a una trama que quizá de otro modo no destacaría. La historia es en cierto modo predecible, pero la autora la resuelve en las ultimísimas páginas con un giro que no te ves venir, pero para mal. Normalmente un autor te va dejando semillitas durante la trama y al final atas cabos y dices: «¡Ah! ¡Pues claro!». Pero aquí no, aquí te plantan ese final que a mí me dejó fría como un témpano.

Durante toda la lectura, me dije que este libro es muy comparable a una película de Antena 3, para bien y para mal. Te enganchas y la devoras, y todas giran en torno a familias jovencitas aparentemente felices que viven en sus caserones americanos, pero la narración es muy básica y en cuanto termina la peli ya te has olvidado de ella. Pues este libro es un poco lo mismo. ¿Que puede ser una lectura estupenda para un aeropuerto o para el borde de la piscina? Pues sí. Y quizá también atraiga a la lectura a gente que a priori no es lo que más le interesa, y eso es genial. Pero ya. Por mi blog va a pasar sin pena ni gloria y sin embargo (al contrario que me pasó con el libro de Inés Plana) sí que es un libro que recomendaré porque, para pasar un rato de evasión, cumple su cometido perfectamente. Sin más.

Gracias a Edición Anticipada por el ejemplar.



9 de abril de 2018

Daddy's Little Princess

Beth es una niña de 7 años que vive sola con su padre, Derek, a quien quiere con locura. Demuestra una gran madurez para su edad y está acostumbrada a cuidar a su padre casi como si fuera adulta; su madre no es una figura presente, pues los abandonó cuando Beth era un bebé y no volvieron a saber nada de ella. Un día Derek sufre una crisis nerviosa y tiene que ser hospitalizado; no hay familiares cercanos y nadie puede hacerse cargo de Beth, por lo que los servicios sociales intervienen y le buscan una casa de acogida. Beth, llorosa y asustada, dormirá esa noche en una casa que no conoce y se muestra aterrorizada al no saber si podrá ver a su padre nunca más. Por si fuera poco, los servicios sociales descubren pronto que la relación entre Derek y su hija no es tan idílica como parece...

Cathy Glass obra milagros en mí: devoro sus libros en cuestión de horas. Aunque ya tengo varios libros suyos reseñados en el blog, no está de más recordar que son historias reales (en forma de novela) acerca de los niños de acogida que cuida Cathy Glass en su casa de Inglaterra.

Hay varias cosas que me gustan de los libros de esta autora: lo primero, el detalle con el que narra las rutinas de su día a día con los niños y las técnicas de educación que aplica con ellos. De hecho, lo cuenta con tanto detalle que sus libros se recomiendan como formación para futuros padres de acogida en el Reino Unido, si bien todo lo que cuenta se puede aplicar en el día a día de cualquier familia normal.

Otra cosa que me gusta mucho es el inglés tan cotidiano que utilizan estos libros: es leerlos y verme transportada allí de nuevo, a las puertas del colegio o paseando por un parque. Si alguien tiene interés en saber cómo es la vida con niños en Inglaterra, solo tiene que leer un libro de esta autora para tener una idea clara.

Un último apunte sobre este libro: al relatar el día a día de los niños que acoge, inevitablemente en los libros de Cathy Glass se ve reflejada la vida de su autora, y en este libro este aspecto es especialmente patente puesto que, en paralelo a la trama principal, cuenta el periodo de varios meses en el que su marido empezó a distanciarse de ella hasta que un día le dijo que quería dejar la relación. Cathy ni se lo veía venir, y cuando se dio cuenta de lo que ocurría se quedó destrozada. Este libro lo escribió mucho tiempo después, cuando pudo digerir lo que pasó y ver los indicios (sobre todo, muchas noches y fines de semana fuera de casa, siempre por trabajo). El libro termina con su sensación de miedo, vértigo, qué voy a hacer ahora, cómo me ganaré la vida... Incluso se tomó un paréntesis sin acoger a niños para recomponer su vida y centrarse en sus hijos, Adrian y Paula. En fin, que para mí es inevitable empatizar con ella y ya estoy pensando en cuál será el libro de Cathy Glass que leeré a continuación...



3 de abril de 2018

Morir no es lo que más duele (Inés Plana)

Los que me conocéis sabéis que no soy de leer bestsellers ni tampoco libros que encuentran su hueco en el mercado a golpe de promoción, en lugar de dejar que sea el boca a boca de los lectores el que haga el trabajo. Reconozco que mi experiencia con este tipo de libros ha sido casi siempre nefasta (recordemos, por ejemplo, La verdad sobre el caso Harry Quebert). Sin embargo, este libro sí quería leerlo porque hay varias coincidencias que me unen a la autora; por ejemplo, que las dos somos de la misma ciudad oscense y me apetecía apoyar el trabajo de una escritora local. La casualidad quiso que no hace mucho consiguiera el libro gracias al blog Pero qué locura de libros y justo hoy lo he terminado después de una lectura maratoniana.

A estas alturas seguro que todos habéis oído hablar de la gran apuesta de Planeta de este año, que además ha sido noticia porque Morir no es lo que más duele es la primera novela que escribe su autora, Inés Plana. Y, si ya es difícil que una gran editorial llegue a publicar tu libro, que lo presenten como lo más destacado de la temporada es toda una proeza.

Morir no es lo que más duele presenta el asesinato de un apacible profesor de literatura (un hombre al que encuentran ahorcado y con los ojos arrancados), lo que nos permite conocer también a Sara Azcárraga, una correctora editorial traumatizada por su pasado. Aparentemente no hay relación alguna entre ellos, pero el nombre de Sara aparece anotado en un papel en el bolsillo del muerto. La tarea de desentrañar el misterio corresponde al teniente de la Guardia Civil Julián Tresser y al inexperto cabo Guillermo Coira, entusiasmado por encontrarse ante su primer caso importante que le apartará del tedioso papeleo. A partir de ahí, la investigación tendrá que remontarse casi cuarenta años atrás para tratar de desentrañar una madeja que acabará implicando a uno de los guardias civiles de un modo más que profesional.

¿Qué me ha gustado de esta novela? En primer lugar, para ser una ópera prima creo que está muy bien construida y redactada; además, la edición se ha cuidado bastante y eso es de agradecer (en el sentido de que apenas hay erratas). He leído en algunas reseñas que el ritmo no está bien resuelto, pero a mí en ese sentido sí que me ha gustado; no me ha aburrido en ningún momento y la trama está aderezada con continuos giros que sorprenden cada vez más (casi demasiado, pues llega un momento en que uno deja de creerse que todo pueda estar tan bien entramado).

Los personajes no están mal perfilados, pero no he logrado empatizar con ninguno de ellos y en algunas ocasiones caen un poco en clichés. Además, la autora ha querido dibujar a un personaje principal homófobo, machista, malhumorado, borde, circunspecto... Que sí, que personas así existen, pero ¿por qué hacer de ellas el personaje principal de tu libro? En la trama se mete a una gata con calzador para suavizar al personaje de Tresser y dotarlo así de un poco de ternura, pero me parece que el recurso no acaba de funcionar del todo bien porque la pobre minina no pega en la trama ni con cola y la pobre se ve metida en una caja de cartón varias veces para llevarla de acá para allá según avanza la historia; al final, Tresser prácticamente tiene que regalarla porque no puede ocuparse de ella. Y luego personajes interesantes como el de Sara Azcárraga, que tanto peso tiene en los primeros capítulos, acaba relegada a un segundísimo plano, lo cual creo que es una lástima.

La trama en líneas generales me ha gustado, aunque a medida que avanzaba el libro me iba desinflando. En primer lugar, porque en el libro se tratan algunos temas que me resultan desagradables (los que tienen que ver con niños, en concreto lo de la rama, qué necesidad había... Y por otro lado lo de los ojos arriba y abajo, que cuando acabaron metidos en un táper me dieron ganas de decir apaga y vámonos) y, si llego a saberlo, directamente no leo el libro. Que sí, que es ficción, que por algo es una novela negra, pero hay temas sobre los que me niego a leer. De hecho, tenía muchas ganas de recomendarle este libro a mi madre y creo que ya no lo voy a hacer, porque sé que la mujer lo pasará mal también leyendo sobre temas tan escabrosos acerca de niños. Luego, el motivo sobre el que se asienta todo el libro (por qué el que el asesino remueve todo el tema cuarenta años después) me parece muy traído por los pelos y no he acabado de creérmelo. Finalmente, las últimas páginas en las que se plantea la resolución del caso me parecieron, no sé, un poco tomadura de pelo (¡el globo!, ¡la enfermedad!). Me ha dejado atónita que tanto la autora como la editorial consideraran que esa era una forma lógica de resolver las cosas.

De todo esto me quedo con una conclusión: quería recomendar este libro a muchas personas de mi entorno y ahora que lo he terminado, francamente, creo que no voy a hacerlo. O quizá les avise de la cantidad de temas escabrosos que toca el libro como si tal cosa y de sus puntos flojos para que cada cual decida.

Curiosamente, hace poco leí un libro que tiene algunos paralelismos con este (una novela policíaca con una pareja de guardias civiles como protagonista, una chica atormentada, un secreto del pasado) que me ha gustado mucho más y pronto publicaré reseña: El santo al cielo.


14 de marzo de 2018

Encuentros literarios: Emilio Ortiz

Dos cosas importantes han ocurrido en torno a este blog en los últimos días: en primer lugar, esta humilde bitácora ha cumplido 9 años en la red. La verdad es que no lo celebro nunca, pero este año me he acordado y no he podido evitar hacer una mención.

Y el otro hecho importante es que, por primera vez en estos 9 años, crucé la línea que separa lo virtual de lo real y pude acudir a un encuentro literario en el que conocí a otras blogueras. El motivo era la presentación de este libro que traigo hoy, La vida con un perro es más feliz, de Emilio Ortiz, en un encuentro organizado por la editorial y propiciado por Pepa, del blog Pero qué locura de libros.


Emilio Ortiz no tiene una dilatada carrera como escritor, pero ya ha alcanzado el éxito con su primera novela, A través de mis pequeños ojos (que ya va por la novena edición), en la que la voz narradora la lleva un perro lazarillo inspirado en Spock, el perro guía del propio Emilio, que se quedó ciego a los 25 años a causa de una enfermedad. 

¿Y de qué va este nuevo libro? Copio un ilustrativo fragmento de la contra:

La vida con un perro es más feliz te ayudará a comprender mejor a tu más fiel amigo; a conocer cómo funciona su cerebro para interpretar sus emociones y manías; a entender qué esconde tras esa mirada llena de ternura, inteligencia y devoción y a descubrir lo fascinante que es la convivencia con él.

El pasado 27 de febrero nos reunimos con el autor en un hotel de Madrid varias blogueras lideradas por Pepa, que es quien convocó el encuentro. Allí pudimos charlar con Emilio y supimos cómo se gestó este libro, qué temas trata (está contado como un ensayo y gira en torno a la amistad incondicional que brindan los perros, la inteligencia canina, los derechos de los animales, el adiestramiento canino, los perros trabajadores...) y algunas anécdotas que ha vivido en su periplo como escritor con perro. Fue un encuentro muy cercano en el que todo el mundo pudo participar contando anécdotas sobre sus mascotas y preguntando curiosidades a Emilio.

En cuanto lea el libro subiré la reseña, pero ya os puedo adelantar que pinta muy bien y que puede ser un regalo perfecto para los amantes de los animales. 

Gracias a Pepa por invitarme y a Temas de Hoy y Editorial Espasa por propiciar un encuentro divertido en el que conocí a gente estupenda y lo pasé fenomenal.




30 de enero de 2018

Drácula (Bram Stoker)

Releer este libro me ha hecho una ilusión tremenda. Me lo compré en inglés durante un viaje hace 20 años y la verdad es que ni recuerdo en qué momento lo leí. Lo que sí recordaba es la película que rodó Coppola, que me apasionó cuando la estrenaron en 1992 y vi un montón de veces. Cómo me gustaron Gary Oldman, Winona Ryder, Keanu Reeves, Anthony Hopkins y la espectacular Monica Bellucci en su brevísima e impactante aparición como diabólica vampira. Hay escenas de esa película que tengo grabadas a fuego en la memoria.


Y, sin embargo, hace poco la vi y ya no fue lo mismo. ¡Ah, qué lástima que haya momentos que perduran mejor en nuestra memoria! Ahora tenía muy fresco el libro y la verdad es que me gusta mucho más la trama original de Bram Stoker, en la que no hay romance alguno entre Mina y el conde.

Pero bueno, vamos con la trama de Drácula, una novela que encaja perfectamente en la categoría de «clásicos de aventuras» y que me encantó haber leído de nuevo. Jonathan Harker es un pasante de abogado que debe viajar hasta Transilvania para ayudar con unos trámites a uno de los clientes de su bufete. Emprende el viaje dejando atrás a Mina, su prometida, con quien se casará cuando vuelva de realizar estas gestiones. Ya en Rumanía los habitantes de las localidades que va atravesando en su viaje le advierten que no vaya al castillo del conde, pero Jonathan lo achaca a miedos y supersticiones del populacho e ignora todos estos avisos. Sin embargo, una vez que conoce al conde Drácula y queda prisionero en su castillo, Jonathan Harker se da cuenta del enorme error que cometió al no escuchar a aquellos que trataron de advertirle. Y lo peor es que el trabajo de Jonathan en el castillo abre las puertas para que el conde Drácula llegue a Inglaterra, donde quizá también Mina y su círculo más cercano acaben viéndose afectados.


Por suerte Mina tiene varios amigos que se dan cuenta del peligro y se unen, con el doctor Van Helsing a la cabeza, para hacer frente al conde en una batalla que les llevará desde las calles de Londres de nuevo hasta Transilvania, en unas últimas páginas que mantienen al lector en vilo hasta el emocionante final. En definitiva, un magnífico libro y una lectura más que recomendada.

Aparte de que un clásico de aventuras como este se disfruta de la primera a la última página, lo que más me ha gustado es la ambientación gótica que rezuman sus páginas, desde la descripción inicial de Rumanía, atravesando parajes primero en tren y luego en coche de caballos, por bosques neblinosos con el aullido de los lobos de fondo, mientras los lugareños se santiguan al saber a dónde se dirige el extranjero... O también el momento en el que Drácula llega a Inglaterra en barco, esa zozobrosa entrada a puerto, o las descripciones de los cementerios... Si os gustan los ambientes góticos, este libro es justo lo que estáis buscando.

Además presenta la gran ventaja de contar con Mina, un personaje femenino muy potente. En contraposición, los caballeros de este libro en ocasiones se comportan como damiselas descompuestas, pues en más de una ocasión se desvanecen y rompen en sollozos. ¡Es curiosa esta inversión de papeles a finales del s. XIX! 

Un último apunte: a la hora de leer un clásico traducido es muy importante elegir una buena edición en español. Seguro que en más de un caso nos ha decepcionado un clásico de la literatura, y sin embargo podría ser que el problema estuviera en que estábamos leyendo una mala traducción. En el caso de Drácula, puedo haceros dos recomendaciones: en primer lugar la traducción de Flora Casas, muy buena y fiel al original, que se ha utilizado por ejemplo en las ediciones de Anaya y en una colección que sacó El País de clásicos de aventuras. En segundo lugar, la editorial Plutón ha editado otra traducción (firmada por Alessia Lazcano) que también es muy correcta, pero recorta de un plumazo los aspectos más tediosos de la novela. Efectivamente, aquellos fragmentos que restan un pelín de agilidad a la lectura o que empiezan a abrumar con datos se han recortado con mano firme. Me llamó la atención y en un principio me hizo rechazar de plano esta traducción, pero luego vi que quizá no es una mala opción para los lectores a los que se les haga cuesta arriba acercarse a un clásico que en algún pasaje puede ofrecer una cantidad abrumadora de detalles.

Aunque he dicho que no me gusta el romance que se inventa la película entre Mina y el conde, dejo aquí esta foto para terminar la reseña porque, sencillamente, es preciosérrima:


16 de enero de 2018

El santo al cielo (Carlos Ortega Vilas)

Mi principal fuente a la hora de tomar ideas es Goodreads, donde acumulo una lista de lecturas pendientes de unos 150 libros. Es toda una perdición, pero es que esa web de reseñas y recomendaciones es una herramienta excelente para descubrir libros que de otro modo habrían pasado desapercibidos. También confío mucho en las puntuaciones de esa web para saber si un libro puede llegar a gustarme o no.

El caso es que evito mucho comprar novedades literarias o libros de los que no he oído hablar antes. Prefiero ir sobre aviso y, en el caso de las novedades, que pase la fiebre inicial, que vayan saliendo reseñas de muy diferentes lectores y poder formarme una opinión. Por eso compré este libro con muchas dudas. Fue en la Feria del Libro de Fuenlabrada del año pasado, cuando pasé ante el stand de la editorial Dos Bigotes, y los amables chicos que me atendieron me comentaron que, si me gustaba la novela negra, El santo al cielo estaba cosechando muy buenas reseñas. Le eché un vistazo, me pareció una edición bonita y me lo llevé, aunque admito que con muchas dudas, pues es un libro del que no había oído hablar en absoluto. Al final, los chicos de Dos Bigotes tenían razón ¡y yo también he acabado entusiasmada con esta lectura!

Aldo Monteiro, inspector jefe de la Brigada de Homicidios y Desaparecidos de la Policía Nacional, tiene una debilidad: los santos. Conoce el martirologio de memoria y no pierde ocasión de demostrarlo. Sin embargo, cuando el teniente Julio Mataró, su enlace con la Guardia Civil, le revela el nombre del cadáver que están contemplando, experimenta cierta decepción: «Orion Dauber» no posee resonancias muy cristianas. Tampoco hay nada en ese piso, cerrado desde el interior, que confirme su identidad: no se ha encontrado huella alguna. ¿Quién es Orion Dauber? ¿Y qué relación guarda con Daniel, un adolescente desaparecido dos años atrás cuyo caso sigue obsesionando al inspector?

Silvia lleva una vida rutinaria que parece perseguir un único propósito: anestesiar los recuerdos. Tal vez por eso no es muy amiga de apegarse a los objetos. A excepción, quizás, de ese prendedor que lleva en el abrigo y del que ya no puede prescindir. Un viejo alfiler de sombrero que pronto adquirirá una función más temible. Algo que todavía desconoce… como tampoco sabe que, desde hace unos meses, alguien la sigue.

Es invierno. Quedan pocos días para Navidad. Aldo y Julio se enfrentan al caso más complejo de sus carreras, un juego de apariencias y equívocos que se entrecruzará con el destino de Silvia, marcado por un hecho del pasado que se extiende como una sombra amenazadora sobre todos los personajes.

Aquí tenemos un thriller protagonizado por un inspector de policía y un teniente de la guardia civil que se ven un poco obligados a trabajar juntos y que deben dilucidar un caso de asesinato en torno a una elusiva mujer de oscuro pasado que lo único que quiere es que todo el mundo se olvide de ella. Y este trío funciona a la perfección: el inspector jefe que siempre parece algo distante y malhumorado, pero con buen fondo, y un teniente de la guardia civil que parece tener en la cabeza otras preocupaciones (y ahí lo dejo) aparte de la investigación que llevan entre manos (para mí, uno de los puntazos de la novela). Y Silvia es un personaje tortuoso que me ha encantado y que tiene el final que se merece. Y esa es otra, el final para mí es perfecto, y eso que hasta las últimas páginas temí que los derroteros fueran a ser otros...

Es cierto que la trama en ocasiones obliga a poner en práctica la «suspensión de la incredulidad» o suspension of disbelief. Es decir, en ocasiones tuve que decirme a mí misma: «Bueno, vamos a hacer como que me lo creo», porque la trama a veces da algún giro que cuesta un poco tomarse en serio. Pero los puntos positivos de esta novela son tantos que una deja gustosa de lado su sentido crítico y decide creerse las casualidades un poco traídas por los pelos que llevan a avanzar en la investigación.

Ahora que no nos oye nadie, os diré una cosa: si Morir no es lo que más duele, de Inés Plana, os dejó un poco desinflados, leed esta novela. Los fallos principales que le encontré al libro de Inés Plana son la evolución tan rara en la relación y los caracteres de los dos guardias civiles protagonistas, que un personaje importante como Sara desapareciera a efectos de la trama a mitad del libro y que el final se resolviera de forma tan poco satisfactoria. Pues bien, El santo al cielo saca sobresaliente en todos estos temas. La relación entre Monteiro y Mataró es genial de principio a fin, Silvia es un personaje con quien es fácil empatizar pese a sus puntos oscuros (y un personaje al que se saca mucho jugo), la trama no decae en ningún momento y tiene muy buenos golpes de un fino humor hasta el final.

Por cierto, me he llevado una impresión buenísima de la editorial Dos Bigotes, pues esta edición es preciosa y está muy cuidada: el tamaño, el papel, la tipografía, todo ello contribuye a disfrutar de la lectura, y encima el texto está pulidísimo.

Me encantaría que este libro fuera un poco más conocido, porque estoy segura de que entusiasmaría a muchos lectores. Y si eso anima a su autor a sacar otro libro con Aldo Monteiro y Julio Mataró de protagonistas, yo sería la persona más feliz del mundo. Ahí queda dicho.