28 de abril de 2020

Cut (Cathy Glass)

Seguramente todos tenemos libros de esos que son una apuesta segura en cualquier momento, incluso cuando no estamos muy centrados para leer. Es abrir la primera página y verte sumergido en una historia que no puedes soltar hasta que termina, aunque tengas que tirarte la tarde entera. Una de esas autoras para mí es Cathy Glass, y uno de sus libros llevaba esperándome meses en la estantería. Estos días no me centraba mucho y estoy leyendo Crimen y castigo en paralelo, con lo cual necesitaba algo ligero. Esta autora es casi casi una apuesta segura: en sus libros cuenta sus experiencias en Reino Unido como madre de acogida. Lleva unos 30 años acogiendo niños en su casa y tiene anécdotas, enseñanzas y consejos para dar y regalar. Todos sus libros están basados en historias reales, pero se leen como novelas que te enganchan de principio a fin.

Cut By Cathy Glass | Used - Very Good | 9780007280995 | World of Books

Bueno, lo primero que tengo que decir es que la portada puede llevar a confusión, porque este libro no gira en torno a una niña pequeña. Dawn tiene 13 años cuando la llevan a casa de Cathy porque su padre no puede hacerse cargo de ella y su madre no se ve capaz, en cierta manera se ha rendido. Pero tanto su madre como la trabajadora social ponen a Cathy sobre aviso: no es fácil «domar» a Dawn, que, pese a su cara angelical, tiene fama de escaparse, mentir y hacer un poco lo que le da la gana.

Si se leen los libros de Cathy Glass en orden hay que empezar por este, pues narra cómo la autora se introdujo en el mundo de los padres de acogida en el Reino Unido (con todo lo que eso implica, como empezar a conocer cómo funcionan los servicios sociales, realizar tu primera llamada a la policía porque un adolescente se ha escapado, etc.). Cathy vio un anuncio en el periódico en el que se buscaban casas de acogida para niños y ella y su marido decidieron lanzarse a la aventura; además, en paralelo, estaban intentando tener un hijo y de hecho Adrian nace en el transcurso de esta novela. En realidad Dawn fue la segunda niña que Cathy tuvo en acogida; el primero fue un chaval de 15 años que se quedó unos meses con ellos y apenas dio problemas. Pero con Dawn las cosas no transcurren tan a pedir de boca, y a eso se une su inexperiencia como padres de acogida, por lo que todos tendrán que ir aprendiendo sobre la marcha.

Para más inri, la historia transcurre hace ahora unos treinta años, cuando los servicios sociales no tenían un método muy establecido para seleccionar casas de acogida. A Cathy la llaman un día cuando su hijo Adrian tenía apenas unos meses, le dicen que a las siete de la tarde le traen a una adolescente y apenas la ponen en antecedentes. Luego resultó que llevar a Dawn a una casa en la que vive un niño pequeño no era la mejor idea del mundo (es más, podría haber sido una negligencia como una catedral), pero esto lo averigua Cathy cuando ya ha transcurrido medio libro y se ha llevado unos cuantos sustos.

Aunque lo he disfrutado mucho, este libro no es el que más me ha gustado de la autora. Veía a Cathy demasiado ingenua, dando total confianza a Dawn cuando está claro que no se la había ganado (es bueno mostrar confianza a los adolescentes, pero está claro que no puedes fiarte ciegamente de una chica que miente y se escapa de casa a la mínima). También es cierto que, visto con perspectiva, es fácil decir lo que uno haría y lo que no, y entiendo que Cathy siempre actuó lo mejor que pudo dadas las circunstancias, pero en más de un capítulo me encontré diciéndole: «¡Pero no la dejes salir con los amigos! ¡Que no va a volver!».

De todas maneras, es un libro que he disfrutado y que me tuvo toda una tarde leyendo de un tirón los últimos capítulos. Además me ha gustado saber cómo fueron los primeros pasos de Cathy en este mundo de las casas de acogida. Por cierto, me he propuesto leer todos sus libros en orden cronológico, así que dejo aquí constancia de que ya está leído el primero de todos.

18 de abril de 2020

Las mujeres de Winchester (Tracy Chevalier)

Inglaterra, década de 1930. El país todavía se está recuperando de la Primera Guerra Mundial, en la que fallecieron muchísimos hombres del país, dejando a toda una generación de mujeres sin la posibilidad de encontrar un marido decente («mujeres sobrantes», las llamaban). Violet Speedwell es una de estas mujeres. Tiene 38 años, es soltera y perdió en la guerra a su hermano y a su novio. Aunque ya han pasado 14 años, las heridas aún no han cicatrizado del todo, pero Violet está determinada a labrarse un futuro por sí misma y se va de la casa que comparte con su madre, una persona quejica que siempre está criticándola por todo.

Así pues, Violet empieza una nueva vida en Winchester trabajando como mecanógrafa y viviendo en una habitación alquilada. Las cosas no son fáciles para ella, pues apenas tiene para llegar a fin de mes y solo come caliente una vez a la semana. Además, tiene que lidiar con las miradas y los comentarios habituales en aquella época para las solteronas.

Así las cosas, un día se apunta al grupo de bordadoras de la catedral de Winchester, todo un ejército de señoras que cosen los reclinatorios y cojines que luego utilizan los fieles. Sin tener ni idea de coser acaba formando parte de este grupo, con la idea de dejar su pequeña impronta en el mundo, y este grupo le sirve además para ampliar su círculo de amistades. Y eso le lleva a conocer a los campaneros de la catedral, donde quizá se empiece a gestar un romance para Violet...

PESEL, Louisa - Not Just Hockney
Las cenefas que se bordaban para los cojines y reclinatorios, con un detalle que tiene un cierto protagonismo en el libro.

Esta es la trama de la novela, y la verdad es que resultaba interesante: Inglaterra, el periodo de entreguerras, las «mujeres sobrantes», la catedral de Winchester, la Segunda Guerra Mundial cerniéndose en el horizonte, la dificultad de labrarse un futuro si no te ciñes al marco tradicional de marido e hijos... Sin embargo, el desarrollo de la historia no ha acabado de gustarme. Ocurre lo mismo que en Agnes Grey: la protagonista no es nada memorable. Está determinada a labrarse una vida de manera independiente, pero en cuanto conoce a un hombre que le interesa se lanza a por él sin ningún reparo, aunque sea un hombre casado que le saca veinte años (lo primero que hace al conocerle es mirar si lleva anillo de casado).

En ocasiones te encuentras libros con personajes que desearías que fueran tus amigos en la vida real. Querrías tenerlos para siempre en tu vida, hablarles de tus problemas, que te contaran los suyos y tener charlas interminables. Bueno, pues con Violet me ha ocurrido todo lo contrario: estaba deseando perderla de vista; no he casado para nada con su línea de pensamientos, con su toma de decisiones. No es una persona que me haya caído nada bien: juzga a la gente a su alrededor de manera implacable (flipé cuando se ríe de su cuñada porque se encuentra muy pesada por el embarazo), y no ayuda a Gilda y a Dorothy porque le salga del corazón, sino porque sirve a su propósito (que es no volver a vivir con su madre). Es cierto que ser soltera en la década de 1930 no es lo más fácil del mundo, pero lo que hace Violet no me ha parecido nada heroico y encima lo cuenta todo con un ligero deje de amargura. Como digo, no la veo una persona nada relevante para protagonizar una novela.

Y luego el final, que no voy a decir mucho para no destriparlo, pero me parece terriblemente injusto para el personaje masculino.

Una frase que me ha llamado la atención por lo poco (o mucho) que dice de Violet es esta que piensa la protagonista en un momento determinado (dirigiéndose a una mujer): «perdóname por construir mi vida sobre las ruinas de la tuya» (pág. 369).

O, por ejemplo, la primera persona en el grupo de bordadoras que le abre los brazos e intenta integrarla es Gilda, y Violet como agradecimiento la describe de esta manera: «Gilda la cogió del brazo para guiarla. Violet sintió ganas de apartarse: había algo en la delgada cara de Gilda, los prominentes dientes y las finas arrugas alrededor de los ojos que transmitía... no exactamente desesperación, sino una abrumadora insistencia».

Para más inri, la narración se hace algo aburridilla, porque hay fragmentos interminables sobre bordados y campanas que parecen más trabajados que la propia protagonista. Es cierto que la labor de documentación de la autora parece exhaustivo y es digno de encomio, pero esos fragmentos en ocasiones resultaban abrumadores. Por no hablar de la subtrama de Jack Wells, que aún no he logrado entender qué pintaba en este libro...

En definitiva, creo que las ideas eran buenas, pero me esperaba más de una autora como Tracy Chevalier, siendo además este libro el primero que leo de ella. Y desde luego habría cambiado ese final y la historia de amor, pues esa pareja no pega ni con cola. Todas las escenas en las que ambos salen juntos me chirriaban, no se veía pasión por ninguna parte. Creo que la novela habría sido más interesante si no hubiera habido ningún romance en el horizonte para Violet.

Un aspecto que sí me ha gustado de este libro es cómo reproduce Chevalier la Inglaterra de los años treinta, aquella sociedad algo estrecha de miras que todavía mira por encima del hombro a las solteronas, de quienes solo se espera que dejen sus trabajos un día para formar una familia o cuidar a sus padres. Y el protagonismo de la catedral de Winchester también me ha gustado. Ha sido un bonito viaje literario, aunque el desarrollo de la trama para mi gusto se haya quedado un pelín corto.

Gracias a Laky por organizar la lectura conjunta y a Duomo por el ejemplar.


LAS MUJERES DE WINCHESTER | TRACY CHEVALIER | Comprar libro ...

28 de marzo de 2020

Agnes Grey (Anne Brontë)

Todas las historias verídicas encierran una enseñanza, aunque en algunos casos es posible que cueste encontrar el tesoro y, al hallarlo, puede resultar tan minúsculo que ese fruto seco y marchito apenas compensa el esfuerzo empleado en romper la cáscara. Sin embargo, no creo que yo sea la persona más adecuada para juzgar si ese es el caso de mi historia o no. A veces pienso que mi relato podría resultar de utilidad a algunas personas y entretenido a otras, pero será el mundo quien lo juzgue. No me asusta contarlo protegida por mi propio anonimato, el paso de los años y algunos nombres inventados, y compartiré con el público muy sinceramente lo que no le confesaría ni a mi amiga más íntima.

Así comienza Agnes Grey, la primera novela que escribió la pequeña de las Brontë. Con un inicio tal, me dije que esta es una lectura que me resultaría muy agradable y, con bastante tiempo por delante por esto del coronavirus, emprendí la lectura totalmente enfrascada.

Las primeras páginas me gustaron muchísimo, sobre todo por la voz de la narradora, Agnes Grey, una muchacha que decide irse de su casa para ganarse la vida trabajando de institutriz pese a su juventud e inexperiencia. En los primeros capítulos relata su procedencia, los apuros económicos en los que se vio sumida su familia debido a la mala fortuna en los negocios y la primera familia a la que fue destinada como institutriz. La verdad es que Agnes tuvo mala pata, porque los niños que le cayeron en suerte eran unos tremendos maleducados y sus padres, adinerados y obtusos, no le dejaban imponer disciplina.

Tras dos o tres capítulos en los que se narran los desdichados episodios que le suceden a Agnes Grey con esta familia que tan mal la trata, uno empieza a preguntarse si la trama lleva a algún lado o si solo vamos a saber de sus infortunios. Por suerte, pronto cambia de familia y una espera que ahí el ritmo de la lectura cambie también un poco, pero lo cierto es que es más de lo mismo.

Agnes Grey es una novela de marcado carácter autobiográfico en la que Anne Brontë refleja los sinsabores que le depararon sus experiencias como institutriz a lo largo de su corta vida. En efecto, en esta novela no vemos la experiencia positiva que tuvo Jane Eyre (la protagonista de la novela que escribió su hermana Charlotte) en un puesto similar, con una pupila un poco superficial y mimada pero nada maleducada. Agnes Grey tiene un carácter más realista y una intención didáctica, y solo aparece una historia de amor muy en segundo plano.

Tampoco hay giros inesperados en la trama, como ocurre en Jane Eyre, ni los elementos góticos que caracterizan la novela de Charlotte Brontë (mansiones oscuras, elementos sobrenaturales, naturaleza amenazante, ruinas, la cárcel simbolizada en la habitación roja y el orfanato, el terror que produce oír unas risas siniestras en medio de la noche...).

Como digo, nada de esto ocurre en Agnes Grey, y tampoco creo que fuera la intención de la autora. Sin embargo, si la intención era escribir una novela realista en torno a la figura de una institutriz victoriana, creo que ese personaje central debería ser muy potente; de lo contrario la novela no se sustenta. Y ese creo que ha sido el fallo para mí: Agnes Grey es una protagonista muy poco memorable. Da la impresión de que, para que Agnes destaque, la autora ha tenido que crear a todo un elenco de personajes desagradables a su alrededor, pero son todos tan malos que parecen caricaturas. Sus reacciones y sus diálogos me han parecido muy exagerados, todos pensados para que Agnes Grey se erija en mártir. Además en cada escena parece que Agnes juzga a todo el mundo de manera implacable, con arrogancia y aires de superioridad, y cargada de moralinas. He aquí un ejemplo de esto:

Como ser irracional, Matilda era estupenda, una muchacha llena de vida, vigor y energía; como ser racional, era terriblemente ignorante, intratable, despreocupada e ilógica, y, en consecuencia, resultaba agotadora para la persona encargada de cultivar su inteligencia y reformar su conducta [...] Moralmente, Matilda era insensata, obstinada, violenta y poco razonable. Una prueba de su lamentable estado mental era el hecho de que, siguiendo el ejemplo de su padre, había aprendido a blasfemar como un carretero. 

También debo decir una cosa: mientras duró la lectura estuve enganchadísima, porque es un libro que se lee muy fácil y tiene su inevitable historia de amor (un poco sosaina, a la altura de la prota, pero la verdad es que me ha gustado). Además deja entrever que no todas las institutrices tienen una experiencia tan positiva como la de Jane Eyre; las malas experiencias que pasa Agnes probablemente tenían muchos más visos de realidad. En conjunto puedo decir que la lectura ha estado bien, pero no es una novela que plantee giros emocionantes ni personajes carismáticos que la hagan memorable. Aun así, la recomiendo.

Por cierto, me encanta la portada que ha elegido Alba para su edición de la novela. Refleja muy bien muchas de las escenas de la novela, en las que Agnes acababa hasta el moño de la tropa de energúmenos que tenía como pupilos, jeje...




16 de marzo de 2020

The Carrousel (Rosamunde Pilcher)

Las primeras tres cuartas partes de esta breve novela son justo lo que esperaba encontrar: una evocadora historia ambientada en los paisajes de Cornualles, en los que las inclemencias del tiempo juegan un papel importante (a menudo los personajes se ven azotados por vientos o aguaceros, para después disfrutar de un sol cegador). Destacan algunos personajes entrañables, sobre todo Phoebe, la artista bohemia de sesenta años que vive en una pequeña casita junto a la costa y siempre tiene las puertas abiertas para acoger a los suyos. Pero Phoebe se ha roto un brazo, así que su sobrina Prue acude para pasar unos días con ella y ayudarla en las tareas cotidianas. Estando allí, Prue conoce a Daniel, un misterioso artista amigo de Phoebe que ha estado ausente durante diez años. La afinidad de Daniel y Prue es inmediata, pero ella ha dejado a un noviete en Londres y él parece un artista atormentado con pájaros en la cabeza. ¿Podrá surgir algo entre ellos? Y en medio de todo esto surge un personaje inesperado: Charlotte, una niña de diez años con aire desvalido a quien la vida no está tratando muy bien. ¿Cómo encaja ella en todo esto?



(Ojo, pequeños spoilers.)

Como digo, las primeras tres cuartas partes de la novela me gustaron mucho por la capacidad que tiene Pilcher de describir paisajes y situaciones. Me encantan las moradas en las que viven sus protagonistas: la típica casita inglesa un poco vieja y desvencijada, pero llena de toques personales que contribuyen a darle calidez. Y me gusta también que suele haber muchas escenas en las que los protagonistas se reúnen en torno a un reconfortante té con scones. Otra cosa que creo que Pilcher hace muy bien es describir personajes, y sin embargo en esta novela ha fallado un poco. Para mi gusto Daniel es solo un bosquejo, no se desarrolla su carácter lo suficiente, por lo que no llegué a sentir mucha simpatía por él. Daniel resulta ser una persona poco confiable, que huye de sus problemas. Y, cuando la novela ya termina, su carácter cambia por completo para poder ofrecernos el final de cuento de hadas, y claro, a mí como lectora eso no me ha cuadrado para nada.

Por otra parte, la chica, Prue, tampoco es un personaje muy memorable, aunque creo que habría tenido un pase si la trama hubiera estado un poco más desarrollada y mejor resuelta.

Por último, todo el tema de Charlotte, la niña de 10 años, me ha parecido un poco cuestionable, da ganas de llamar a los servicios sociales, y sin embargo parece que se resuelve con una amigable charla en un despacho. Ahí se nota un poco que hace cuarenta años que se escribió este libro...

Resumiendo, este libro es en esencia Rosamunde Pilcher, es decir, una lectura que te atrapa desde la primera página, muy agradable de leer, de esos libros que invitan a sentarte en el sofá con un té y una manta y leer durante horas. Sin embargo, el final no está bien resuelto para mi gusto. Me ha hecho añorar a esos escritores valientes que no temen rematar un libro sin el esperado final feliz, consiguiendo una lectura no menos satisfactoria por ello.

1 de marzo de 2020

El manual del silencio (Miguel Hurtado)

A los dieciséis años, Miguel Hurtado se apuntó al grupo de scouts de Monserrat por recomendación de una amiga de su madre. Miguel, que acababa de empezar a aceptar su homosexualidad y que lidiaba, día a día, con los eslabones oxidados de una familia disfuncional, se apoyó en esos momentos tan delicados en el germà Andreu, el monje de sesenta años que había fundado el grupo scout, un hombre querido y respetado por la comunidad. Creyéndose a salvo en Monserrat, Miguel confesó al germà su identidad sexual y este, bajo el pretexto de «ayudarle a curarse», abusó sexualmente de él.

Este libro relata la historia real de Hurtado, de su familia y de su camino para sobrevivir como víctima de abusos sexuales en una sociedad en la que la Iglesia católica todavía tiene un poder desmesurado. Y lo que es más importante: nos cuenta cómo, de adulto, Miguel se ha convertido en uno de los activistas más relevantes en la lucha contra los abusos en la Iglesia católica, en alguien que mantiene la esperanza de una sociedad que destierre para siempre ese «manual de silencio» que, desde siempre, ha servido para encubrir a los pederastas.


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A diferencia de algún que otro libro que he leído sobre el tema de los abusos sexuales, para mí este destaca porque el autor disecciona el cúmulo de sentimientos a los que se enfrenta a raíz del abuso y explica, uno a uno, los motivos por los que después, a lo largo de su vida, él se comporta como lo hace. Incluso varias décadas después, es probable que sus reacciones vengan motivadas por lo que ocurrió en su infancia. Por ejemplo, habían pasado veinte años desde los abusos cuando el autor se dio cuenta de que todos estos comportamientos suyos estaban motivados por los abusos:

alteraciones en la percepción de uno mismo (vergüenza, culpa, impotencia, estigma), alteraciones en la relación con otros (desconfianza, aislamiento), alteraciones en la percepción del agresor (aceptación del sistema de creencias del agresor, atribuirle más poder del que tiene), alteraciones en el sistema de creencias (desesperanza, pérdida de la fe), alteraciones en la regulación emocional (sexualidad compulsiva, irritabilidad, explosiones de ira) y alteraciones del estado de conciencia (revivir continuamente la experiencia mediante pensamientos obsesivos).

Desde mi punto de vista, en el libro hay dos narrativas principales: en una el autor nos cuenta su biografía desde que era pequeño hasta la actualidad para que comprendamos en qué punto se encontraba antes de los abusos y la huella que estos dejaron en su persona. Además, Miguel Hurtado estudió Medicina y se hizo psiquiatra, y la verdad es que se percibe, pues a lo largo del libro analiza por qué en cada episodio de su vida se comportó como lo hizo. Estas partes se alternan con otras de estilo más periodístico, en las que narra los casos más sangrantes de abuso en el seno de la Iglesia, los pasos que dio él para enfrentarse a una institución que cierra filas para proteger a sus curas, y cómo su historia le llevó a hacerse activista para que los casos de pederastia no prescriban. Y también apunta lo que fue más doloroso para él en esta frase extraída de una entrevista a Libertad digital:

Lo más doloroso, en mi caso, no fueron los abusos sino el encubrimiento. Cuando abusan de ti, abusa una persona, te traiciona una persona; pero cuando hay un encubrimiento, te está traicionando una institución y una comunidad. Mi agresor era un depredador sexual que debería haber entrado en prisión. Sin embargo, murió siendo un religioso de pleno derecho.

Así, lo que Miguel pretende con este libro no es denunciar su caso particular (que también), sino llamar la atención sobre lo que es un problema endémico de la Iglesia: la existencia de curas pederastas entre sus filas y el encubrimiento sistemático del problema, hecho que el autor respalda con abundantes cifras.

En mi opinión, el libro transmite muy bien el devenir de una persona que ha sufrido abusos sexuales (es decir, cómo un hecho así afecta no solo al resto de tu vida, sino que impacta también en el núcleo familiar y el círculo de amigos y laboral de la persona) y cuál es el pasado y el panorama actual en relación con los abusos en la Iglesia. Como libro confieso que en muchos pasajes se me ha hecho cuesta arriba: en ocasiones me parecía estar leyendo un informe psiquiátrico. Otras veces era como leer un artículo de El País Semanal, con cifras, fechas y datos sobre los casos más clamorosos del abuso sexual por parte de curas. No sé, no he logrado contactar del todo con la voz del narrador, a veces me daba la impresión de que este libro es un currículum interminable. De todas formas aplaudo su valentía, porque Miguel Hurtado no duda en exponer las partes más «oscuras» de su carácter para que se entienda cuánto le han afectado los abusos en todos los aspectos de su vida, y eso seguro que no fue nada fácil.

Sobre todo, creo que este libro puede resultar interesante para víctimas de abuso sexual y sus familiares y amigos: seguro que más de un pasaje les arroja luz sobre algún determinado comportamiento que no llegan a entender del todo. En ese sentido el análisis es concienzudo y muy esclarecedor.

Espero que la lucha de Miguel Hurtado por que los abusos sexuales cometidos por curas no prescriban llegue a dar sus frutos. Un tema que nos concierne a todos.

Gracias a Babelio – Masa Crítica y a Planeta por el ejemplar.

7 de febrero de 2020

El show de las marionetas (M. W. Craven)

No puede ser que este sea el libro que todo el mundo alaba en redes, el que ha ganado un premio Gold Dagger al mejor thriller del 2019. ¿En serio hemos leído la misma novela? Siendo sincera, me está costando pensar en algo bueno que decir de El show de las marionetas. Veamos: la premisa de un asesino en serie que quema vivas a sus víctimas no me atraía mucho a priori, pero bien llevado podría haber resultado interesante. Sin embargo, ese tema con sus descripciones gráficas ha resultado todo lo desagradable que cabía esperar. Supongo que, para darle más chicha a la historia, el autor no se corta a la hora de describir el estado de los cadáveres o la forma en que un cuerpo humano se derrite cuando es quemado, pero para mí es solo una técnica efectista que está de más y encima no funciona si el resto del libro es flojo.

De los personajes no se salva ni uno. No tienen carisma, son muy prototípicos, y me ha irritado en especial Tilly Bradshaw, la jovencísima colaboradora que apenas ha salido antes de su casa, es un genio de las matemáticas y manda whatsapps a su madre para contarle lo que ha cenado. Tiene pinta de que su síndrome es Asperger, pero el autor no lo dice, solo comenta que ha estado «muy protegida». Ya, para empezar, se nota a la legua que el autor quiso poner a un personaje «distinto» para aportar dinamismo a la novela, pero de verdad, no funciona para nada, Tilly parece una caricatura, y todas las escenas en las que aparece me han parecido tremendamente impostadas (las escenas en las que Poe defiende a Tilly resultaban falsísimas, vamos, nadie se comporta así salvo en las novelas malas). Por no hablar de los diálogos, muy de libro de detectives también. Como Tilly tiene Asperger, es el típico personaje que suelta cosas sin filtro porque no se da cuenta de que hay cosas que no se dicen, pero las escenas son tan malas que rozan el sonrojo:

—¿Tiene té de frutas, Nicholas?
—Me parece que a la señora Oldwater le gusta un té de regaliz de vez en cuando. ¿Le vale con eso?
Bradshaw negó con la cabeza.
—No, gracias, Nicholas, el regaliz me da diarrea.
«Ay, Dios...»
El obispo sonrió.
—Tiene razón, señorita. Evidentemente, a mi edad, ya no tengo ese tipo de problemas.
—Cierto, Nicholas. El estreñimiento es un problema habitual entre los ancianos.
Poe la miró horrorizado.
—¿Qué? —dijo ella, al ver su expresión—. Lo es. El treinta por ciento de la población de la tercera edad hace menos de tres deposiciones por semana.
Poe hundió la cabeza entre las manos. Se volvió hacia el obispo y dijo:
—A veces cuesta un poco conseguir que Tilly no diga lo que piensa, Nicholas.

Y luego la forma de escribir del autor no me ha gustado nada, el desarrollo de la acción me ha parecido confuso, y los personajes llegan a conclusiones que no veo lógicas con la información de que disponen; no entiendo las «revelaciones» que tienen y que les hacen avanzar en la investigación. Un ejemplo: la forma que tienen los detectives de llegar al reloj y todo lo que sigue después ha sido muy rápida y está totalmente metida con calzador.

Por último, lo peor que le puede pasar a un thriller: me ha parecido aburrido. Bien sabe Dios que en una novela policiaca no me importa que la acción se desarrolle despacio (ahí está el In The Woods de Tana French para demostrarlo), pero esto es otra cosa. En definitiva, que a este libro no le puedo dar ni el aprobado: ni está bien ejecutado ni aporta nada nuevo al género.

Venga, terminemos la reseña con algo positivo: me ha gustado mucho que la novela esté ambientada en Cumbria. Las descripciones de los parajes resultaban muy evocadoras, dan ganas de ir a verlo. ¡Algo positivo tenía que tener!


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27 de enero de 2020

Fidelidad (Marco Missiroli)

Carlo y Margherita son una pareja joven a la que se podría considerar feliz. Una pareja como muchas. Hasta «el malentendido». Así es como empiezan a llamar a un atisbo de duda que poco a poco va erosionando su matrimonio. Alguien vio, alguien avisó, los colegas hablaron, y la supuesta traición acaba por convertirse en una poderosa coartada que abre la puerta a las fantasías. ¿Somos capaces de no caer en la tentación de ser infieles a nuestros propios sentimientos? Marco Missiroli lo cuenta con un estilo punzante y envolvente, dirigiéndose al corazón de sus personajes: él, ella, la otra, el otro. Nosotros mismos. Prepárate para leer tu propia historia.



Leí este libro como parte de una iniciativa del blog de Laky, Libros que hay que leer, y la editorial Duomo con un título de su colección Nefelibata. Gracias a ambos por el ejemplar.

Me gustan los paisajes literarios que ha pintado Marco Missiroli en este libro. Las calles de Milán bajo el sol de la mañana, la nostalgia del invierno en Rímini... Era este un viaje literario que me apetecía hacer. Esperaba encontrar una reflexión sobre la fidelidad dentro del matrimonio, sobre los límites que uno se impone o que le imponen los demás, pero no sé muy bien lo que he encontrado...

Fidelidad presenta la historia de Carlo y Margherita. A priori son un matrimonio bien avenido, pero la duda se instala entre la pareja cuando él, profesor universitario, es visto con una alumna en los lavabos de la universidad. No ha sido nada, ella solo se ha desmayado, yo la estaba ayudando... Pero la duda ya ha calado en Margherita y quizá sea ese el salvoconducto que ella utiliza para desatar sus propias fantasías. Digamos que la novela gira en torno a una cuestión interesante: ¿qué es mejor, ser infiel una vez y olvidarte luego de ello, o resistir a la tentación, no ser infiel, pero no ser capaz de quitarte a esa persona de la cabeza durante meses?

Si de verdad Carlo no había tenido a Sofía, si de verdad él no había agotado el deseo de poseer a aquella mujer, si aquella mujer no había agotado el deseo de poseer a Carlo, entonces Sofia Casadei era un tiempo presente. Porque había algo que ella sabía: su propia consumación había sido desear a Andrea y tenerlo, para después no desearlo más (pág. 181).

****

Si te la hubieras follado, te la habrías quitado de en medio. O me habrías quitado de en medio a mí. O yo te habría quitado de en medio a ti. Pero no recibirías mensajes que te sobresaltan mientras estás con tu mujer en su cama de cuando era joven viendo Una jornada particular (pág. 211).

Y así el libro avanzaba sin que yo tuviera la sensación de que fuéramos a ningún sitio. La forma de narrar es rara, todas las escenas parecen recubiertas de una neblina gris, hasta los momentos de sexo parecen tener una pátina deprimente. Las referencias literarias y musicales son una constante a lo largo de la trama, pero no estoy segura de que aporten mucho: casi todas parecen metidas con calzador, como para demostrar la amplia cultura que tiene el autor.

Utiliza una técnica narrativa en la que salta de un personaje a otro sin división de capítulos. En ocasiones confunde un poco, muchas frases parecen terminar abruptamente. Lo malo es que este recurso literario deja una sensación que viene a sumarse al poso general de la novela: el de que es una historia rara, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta.

En definitiva, es un libro que trata un tema a priori muy interesante, que da para establecer buenas reflexiones, pero que me ha dejado bastante confusa y no muy convencida del resultado final. Al menos he subrayado unas cuantas frases interesantes...

Poco a poco había ido viendo aquellas experiencias como algo necesario —una formación personal— y ahora las repasaba mentalmente como si fueran luces débiles, casi acotaciones: había sentido la necesidad, había sido capaz de hacerlo. Ahora creía haber superado el cliché de la traición, la necesidad fisiológica de la traición, la evasión de la traición, la curiosidad de la traición, la respuesta a una satisfacción que revelaba la traición. ¿Y si traicionar, para él, hubiera sido el modo de volver a serle fiel a Margherita? (pág. 193).

Hace tiempo leí otro libro sobre infidelidades que me dejó también profundamente insatisfecha: Adulterio, de Paulo Coelho. Así pues, os pregunto si podéis recomendarme libros sobre este tema que estén bien planteados. A mí ahora mismo solo se me ocurre Las amistades peligrosas, un libro que me flipó cuando lo leí en su día (hace más de 20 años) y que ya va siendo hora de releer. ¿Qué libros creéis que tratan este tema de una manera interesante?

17 de enero de 2020

Mi última batalla (Harry Leslie Smith)

El artículo «Este año, usaré una amapola por última vez» publicado en The Guardian por Harry Leslie Smith, un veterano de la RAF y antiguo empleado de una fábrica de alfombras en Yorkshire de noventa y un años, se compartió más de ochenta mil veces en Facebook y desató un gran debate sobre la situación de la sociedad actual. En este libro, Harry aporta y amplía su singular perspectiva sobre los recortes del sistema público de salud, la política de subsidios, la corrupción política, la pobreza alimentaria, el costo de la educación y mucho más. Desde la miseria en la ciudad de Barnsley en los años treinta y el terror de la guerra hasta la creación de nuestro estado de bienestar, Harry ha experimentado cómo una gran civilización puede surgir de los escombros. Pero al final de su vida, teme la facilidad con la que estos logros se están erosionando. Mi última batalla es una invectiva moderna y lírica que muestra lo que el pasado nos puede enseñar, y que el futuro está a nuestro alcance.

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En este libro de corte autobiográfico y tintes políticos, el británico Harry Leslie Smith, de 91 años cuando lo escribió, afirma: «Aunque no soy historiador, soy historia». Y, como historia viva, Smith traza los paralelismos entre su infancia en Inglaterra durante la Gran Depresión de 1930 y el retorno a aquellos valores previos al estado de bienestar que ve ahora durante la actual época de austeridad. El libro parte de la premisa de que la generación del autor luchó mucho en el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial para construir un estado del bienestar que apoyara a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad: la Seguridad Social, educación gratuita para todos, el derecho a la vivienda y el trabajo. Sin embargo, todo aquello que su generación consiguió se está perdiendo ahora a pasos agigantados a medida que las facciones más radicales de la política se instauran en Europa y las clases más acomodadas imponen la privatización. Y este libro es un puñetazo sobre la mesa, una forma de hacer que los jóvenes de hoy en día despierten y recobren los valores que tanto costó conseguir.

Me ha gustado mucho la manera de narrar que tiene Harry Leslie Smith, así como la impecable traducción de Lucía Barahona para Capitán Swing. En el momento actual, en el que estamos tan cerca de perder la sociedad del bienestar que a las generaciones anteriores les costó tanto esfuerzo conseguir, una lectura como esta es más importante que nunca.

26 de diciembre de 2019

Tierra sin hombres (Inma Chacón)

Las hermanas Elisa y Sabela crecen en una pequeña aldea cercana a Ferrol, donde su madre, Rosalía, una leiteira pobre, las cría sin la ayuda de su marido. Mateo, que emigró a América para iniciar un negocio que nunca concluyó, solo le dejó a su hermano Manuel, sordo de nacimiento, que con su bondad temerosa y sencilla la ayuda a sacar a sus hijas adelante.
Cuando Rosalía comienza a planear la boda de su hija Elisa con Eloy, el único bachiller del pueblo, no cuenta con que Sabela se ha enamorado de él y que el guapo minero Martín tiene otros planes para Elisa.
Tierra sin hombres es una novela de personajes y de intrigas familiares que se enmarca en la Galicia de finales del siglo XIX y principios del XX, en una aldea cargada de supersticiones y de habladurías, lluviosa, pobre; una tierra de viudas de vivos, donde las mujeres ven como sus hombres han de emigrar en busca de una vida mejor, un sueño que a veces se cumple y otras se vuelve contra todos.



Corría el año 2017 e iba con mi padre en coche recorriendo un estrecho congosto de nuestra provincia, Huesca. Teníamos la radio puesta y comenzaron a emitir una entrevista a Inma Chacón en la que hablaba de su última novela. La agradable charla, la historia interesante que contó sobre las «viudas de vivos», aquel momento con mi padre y los paisajes oscenses se me quedaron grabados en la memoria. Y me dije que aquel libro prometía una historia singular y que valdría la pena leerlo. Dos años después por fin he conseguido hacer hueco a esta lectura y puedo confirmar que es una historia magnífica.

Como dice la propia autora en una nota al final del libro, esta historia gira en torno a una de aquellas «viudas de vivos», mujeres gallegas que veían cómo sus maridos se marchaban a América para buscarse la vida. A veces no regresaban, o lo hacían al cabo de los años y volvían a marcharse, dejándolas a ellas al cuidado de los hijos y de las tierras. Es esta, pues, una historia en la que las protagonistas son sobre todo las mujeres, esas que se pasan años mirando al mar en busca de un barco, de un marido, que ha de volver. Es el caso de Rosalía, la leiteira, que se queda sola al cuidado de sus hijas Elisa y Sabela, con la única ayuda de su cuñado Manuel, sordo desde los cinco años, una persona silenciosa pero atenta y cariñosa. La vida de Rosalía no es fácil: cada día anda los nueve kilómetros que separan la aldea de Cobas de Ferrol para vender la leche que lleva en pesadas cántaras en equilibrio sobre la cabeza. Rosalía no quiere esa vida para sus hijas, por lo que traza su futuro con escuadra y cartabón: Elisa se casará con Eloy el de las cesteiras, un joven de la aldea estudioso y con un prometedor futuro, y Sabela se quedará al cuidado de la casa familiar. Pero no sabe que a Elisa no le hace ilusión ese compromiso y que Sabela está enamorada en secreto de Eloy, por lo que todo apunta a que los planes de Rosalía quizá no salgan tal como ella espera.

Este libro nos transportará a la Galicia de principios del s. XX, a la aldea de Cobas, donde los chismes de los vecinos marcarán la vida de Rosalía, Elisa y Sabela. Buena parte de sus acciones se verán condicionadas por el consabido «qué dirán»... Para mí esta novela destaca por muchas cosas: la narración es impecable, los personajes están muy bien descritos y el ritmo se mantiene a lo largo de toda la lectura, pero lo que más destaca es la ambientación que transcurre en Galicia, esa tristeza que todo lo empapa, esa lluvia infinita. Para muestra, el párrafo que abre la novela:

El aguacero descargó sobre el camposanto como si quisiera cobrarse una deuda. Los goterones rebotaban sin interrupción sobre los paraguas que rodeaban el ataúd, resignado a recibir el diluvio soportando el sonido constante de la lluvia al estrellarse contra la tapa. Mientras, los deudos permanecían con la mirada clavada en el hoyo. Ni una sola corona de flores, ni una lágrima, ni un ramo descuidado, ni un suspiro, ni un rezo, ni un gesto de desolación. Sólo el ruido del agua. Y, a lo lejos, el mar, embravecido y triunfante, levantado sobre sí mismo para que todos supieran que también él había acudido al entierro.

Ninguno de los presentes recordaba haber vivido un temporal semejante. Se había formado cinco días atrás, cuando el horizonte comenzó a llenarse de nubes que se ennegrecían a medida que se acercaban a tierra y alcanzaban la costa, alimentándose unas a otras, despacio, amenazantes, hasta formar una masa de nubarrones que encapotó el cielo de Cobas y se precipitó sobre las colinas donde se desperdigaba la aldea. Desde entonces, no había dejado de llover.

Una lectura sin duda recomendable. No le pondría un diez redondo porque en ocasiones el drama, las pasiones, las tragedias eran un poco demasiado para mi gusto, y además no he acabado de comulgar con ninguno de los personajes; ninguno se me ha hecho simpático del todo. Pero quizá ese es otro punto a favor de la novela, puesto que los personajes eran terriblemente reales, con sus fallos, sus debilidades y fortalezas, y con acciones muchas veces incomprensibles. ¿No somos un poco así todos en algún momento de la vida?


11 de diciembre de 2019

Sorteo aniversario Inquilinas de Netherfield

En el blog de Las inquilinas de Netherfield han organizado un tremendo sorteo (nada menos que siete libros) para celebrar que el blog cumple cuatro años. Sigue abierto hasta el viernes y los libros que sortean son preciosísimos, así que aún estáis a tiempo de participar. ¡Suerte!




6 de diciembre de 2019

Jane Eyre (Charlotte Brontë, Chan Crystal S., SunNeko Lee)

Hace unos meses me leí Jane Eyre por primera vez (ahora veo que no quedó constancia en el blog) y no pudo gustarme más. Así que cuando vi en El rincón de Marlau una versión en manga me picó la curiosidad, hasta tal punto que poco después me lo compré. Y así es como he leído Jane Eyre dos veces en un año, pero han sido dos experiencias muy distintas.

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La dura infancia de Jane Eyre no ha conseguido doblegar su espíritu, y como muchas otras jóvenes sin fortuna, tiene que trabajar para ganarse el pan, por lo que acepta un empleo como institutriz en Thornfield Hall. Casi sin poder evitarlo se enamora del tutor de su pupila, el Sr. Rochester, ¿pero podrá su amor superar el terrible secreto que se oculta en esa casa?

Me da pena no haber conocido antes esta historia, porque seguro que a mi yo adolescente le habría encantado. Esa protagonista dulce pero con ideas claras, esa historia de amor que parece encaminada al éxito, esos acontecimientos que irrumpen en mitad del libro, que lo hacen todo añicos y que no me esperaba para nada, esos toques góticos en una mansión de campo inglesa... Este clasicazo tiene todos los ingredientes para gustarme y la verdad es que la novela no me decepcionó. Eso sí, admito que se me hicieron un pelín largos algunos pasajes, como la estancia de Jane en la escuela de Lowood.

En cuanto a la versión manga, admito que es el primer cómic de este estilo que he leído en mi vida (sí, sí) y me ha encantado la experiencia. Desde empezar a leer el libro por la última página, al estilo japonés, hasta ver que esos personajes de novela gótica han adoptado un aire a Candy Candy. La historia se ha condensado a la perfección y los personajes están recreados con mucho acierto (si bien tanto Jane como el señor Rochester son mucho más guapos de lo que deja entrever la novela...). El cómic se lee facilísimo, así que me parece una buena introducción al clásico de Charlotte Brontë, por ejemplo para adolescentes que no sean de leer mucho. Este libro seguro que les conquista y les lleva a animarse a leer la novela entera (o quizá no, pero al menos ya podrán decir que conocen la historia).

Cualquiera de las dos versiones de este clásico es una buenísima idea para regalar estas Navidades, ¿no os parece?

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La versión de Jane Eyre que me leí, un clásico ilustrado de Editorial Alma.

20 de noviembre de 2019

Lectura conjunta "Cruzando la línea" de James Patterson

Laky de Libros que hay que leer ha organizado una lectura conjunta con la editorial Duomo con sorteo de tres ejemplares. El libro escogido es Cruzando la línea de James Patterson. Es un thriller que forma parte de una serie, pero no es necesario haber leído los anteriores, pues es un libro independiente. Qué, ¿os animáis? Pinchando en la imagen iréis al blog de Laky, donde está toda la información. ¡Suerte a todos!






17 de noviembre de 2019

Un día de diciembre (Josie Silver)

Laurie no cree en el amor a primera vista. Piensa que una cosa son las películas y otra, la vida real. Sin embargo, un día de diciembre, su mirada se cruza con la de un desconocido a través de la ventanilla empañada de un autobús. Surge la magia y Laurie se enamora perdidamente, pero el autobús arranca y sigue su camino por las calles nevadas de Londres.

Está convencida de que es el hombre de su vida, pero no sabe dónde encontrarlo. Un año después, su mejor amiga Sarah le presenta a Jack, su nuevo novio, del que está muy enamorada. Y sí, es él: el chico del autobús.

Laurie decide olvidarle, pero ¿y si el destino tiene otros planes?

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No me extraña que la editorial esté haciendo una fuerte promoción de este libro, porque es el regalo perfecto para las Navidades: pese a que transcurre a lo largo de casi diez años, la Navidad es protagonista de más de una escena, y en Londres para más inri, al más puro estilo Love Actually. Incluso hay referencias a la película, como por ejemplo el párrafo final de la página 41, que reproduce esta escena:


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La protagonista es Laurie, una chica de veintipocos años que vive junto con Sarah en un piso compartido que será testigo de sus primeras experiencias con trabajos y novietes. Su amistad poco a poco se va forjando durante esa vida un poco de piso de estudiantes, e incluso se inventan un sándwich que es en cierta manera el símbolo de esa amistad y que aparecerá más de una vez a lo largo del libro:

La miro formar capas de pollo y queso azul con lechuga, mayonesa y arándanos, una ciencia exacta que yo aún no he logrado dominar. Sé que suena asqueroso, pero, créeme, no lo es. Puede que no sea una comida muy típica de estudiantes, pero desde que dimos con el combo ganador durante nuestra época universitaria nos aseguramos de tener siempre los ingredientes en el frigorífico. Es más o menos nuestra dieta básica. Eso, junto con el helado y vino barato.

Y es ahí donde entra en juego el tercero en discordia del que será este triángulo: Jack, un hombre maravilloso que Laurie atisba desde un autobús en una tarde invernal y que meses después se materializa en su propia casa como nuevo novio de Sarah. A partir de ahí, Laurie y Jack saben que ahí hay algo, pero ninguno quiere herir a Sarah y tratan de acallar esos sentimientos y seguir con su vida, y así pasan años y años...

La verdad es que este libro no es un mal regalo para Navidad: se lee muy bien, la narración es agradable y se pasan las páginas en un suspiro. La ambientación es muy Londres en Navidad, con lo cual es una lectura que ahora apetece, y sobre todo es ideal para gente de diecimuchos o veintipocos que están dando sus primeros pasos en la vida: primeros trabajos, primeras relaciones, primeras amistades a muerte. Este libro tiene una puntuación buenísima en todas las redes sociales y puedo entender por qué.

En cuanto a mí, es una lectura que no se hace cuesta arriba, pero da mil vueltas y en un momento dado me descubría esperando pacientemente a que la trama dejara de enredarse de una vez y Laurie y Jack acabaran juntos. No hago aquí mucho spoiler, porque está claro en una novela de este tipo, y con la imagen de portada que tiene, que van a acabar juntos. Y lo malo es que en un momento determinado de la trama casi me daba igual que eso pasara o no, porque como lectora no he acabado de entender el atractivo de Jack. Sí, vale, es guapísimo y hace suspirar a todas las féminas al entrar en una sala, y sus ojos color verde miel (o algo así) quitan el sentido, pero en realidad no llegamos a conocerlo mucho más y varias cosas que hace a lo largo de la trama son bastante deleznables. Por otra parte se habla mucho de la GRAN AMISTAD que tenían Laurie y Jack, a la que recurren durante casi una década, pero en realidad esos dos personajes apenas pasan juntos un puñado de escenas. Esas escenas la autora las hace muy cinematográficas (como la del callejón con lucecitas, o en lo alto de la noria) para asegurarse de que quedan muy bien en una futura película, pero en realidad no hay mucha chicha detrás. Josie Silver te dice todo el rato que Jack y Laurie son muy amigos, pero yo como lectora no he acabado de entender por qué.

Por no hablar de que, si ves a un chico que te gusta muchísimo en la parada de un autobús, hasta el punto de que te obsesionas con él y lo buscas en los bares de todo Londres, ¿no sería lo más lógico volver a esa parada de autobús más o menos a la misma hora durante varios días para ver si lo encuentras? Pues no, a nuestra intrépida protagonista eso no se le ocurre.

En fin, para mí la historia de amor no ha estado a la altura (y se resuelve de forma demasiado precipitada, por cierto). Además, la autora cambia historias y personajes a su gusto para que le cuadren en la trama: ¿que Oscar es un hombre racional y maravilloso? Pues lo cambiamos cuando se va a Bruselas y lo volvemos un ser egoísta y frío para justificar lo que pasa después. ¿Que sería un poco raro tener a Sarah en escena cuando Jack y Laurie por fin se líen? ¿Y si la matamos? No, eso sería un poco exagerado, pero podríamos mandarla a la otra punta del planeta. Ah, eso suena mejor. Así, nuestros protas no se sentirán cohibidos en absoluto en su happily ever after.

El problema ha sido llegar a este libro que gira en torno a una supuesta gran amistad entre hombre y mujer después de haber leído el libro por excelencia sobre ese tema, El silencio del bosque, la maravillosa química entre Rob y Cassie y la forma de narrar de Tana French. Después de eso, nada de lo que una lee está a la altura...

Gracias a Edición Anticipada por el ejemplar.

2 de noviembre de 2019

El exorcista (William Peter Blatty)

Al principio son cosas sutiles, a las que la reputada actriz Chris MacNeil no da demasiada importancia: unos golpecitos que suenan, rítmicos, en el cuarto de su hija, Regan; unos repentinos miedos que atenazan a la niña, que acude en mitad de la noche a dormir con su madre porque su cama se mueve. Muebles muy pesados que aparecen desplazados en medio de la habitación... Con el paso de los días las cosas no solo no mejoran, sino que las mentiras de Regan parecen ir a más, así que Chris la lleva a médicos y psiquiatras, que le hacen una batería de pruebas y empiezan a emitir diagnósticos inciertos: histeria, esquizofrenia, personalidad desdoblada... En poco tiempo el estado físico y mental de Regan se deteriora y empieza a hacer cosas que escapan a todo entendimiento, con lo que al final un médico se atreve a pronunciar la palabra: exorcismo. Y así es como entran en escena dos personajes memorables, el padre Damien Karras primero y Lankester Merrin hacia el final del libro (quien, por cierto, es el verdadero exorcista, ¡y yo pensando todo el rato que el exorcista era el padre Karras!). Juntos se enfrentarán a una fuerza muy superior a ellos, una vieja conocida, y es imposible saber si dos simples mortales podrán salir airosos del envite. Y sobre todo la niña, Regan, que va menguando sus fuerzas y apenas tiene un hilo de vida en las últimas páginas de la novela. Es imposible que, con un panorama así, la historia acabe bien... ¿o sí?

En octubre me gusta leer novelas de terror que me vayan preparando para la noche de Halloween y luego para el otoño/invierno que se avecina, y a El exorcista le tenía ganas desde que encontré un tomo de segunda mano que, por su encuadernación en riguroso negro, podría pasar por uno de los ejemplares del Ritual romano que los curas utilizan para el exorcismo. La lectura es inquietante, eso desde luego, pero no me ha resultado tan terrorífica como fue la película, que vi en mi adolescencia, aunque sin atreverme a mirar en muchas de las escenas. Buena parte del libro transcurre entre salas de médicos que aventuran diversos diagnósticos para Regan, y solo a partir de la mitad entran en acción los curas y miramos al demonio a la cara. De todas formas, también dinamiza la trama un inesperado asesinato y el pasado oculto de uno de los personajes, con lo que al final me ha resultado una lectura adictiva y terrorífica que recomiendo totalmente para una fecha como es Halloween.

Por cierto, precisamente la noche de Halloween estaba leyendo yo la novela cuando me encontré en la tele la película. And guess what... ¡No me atreví a verla!




—Mire, yo no sé nada de esas tonterías —lo interrumpió, con voz baja e intensa—. Pero le voy a decir algo, padre. Si usted me mostrara a la hermana gemela de Regan, que tuviese la misma cara, la misma voz, que fuese igual hasta en la manera de poner los puntos sobre las íes, no me equivocaría; en un segundo sabría que no es ella. ¡Lo sabría! Lo sabría en mis entrañas; por eso le digo que sé que ¡eso que hay en la «planta alta» no es mi hija! ¡Lo sé! ¡Lo sé!


27 de octubre de 2019

In the Woods (Tana French)

Rob Ryan trabaja en la brigada de homicidios de Dublín, donde debe investigar la muerte de una niña de 12 años que aparece en un yacimiento arqueológico amenazado por la construcción de una autopista. Sin embargo, para Ryan este caso es especialmente delicado porque ha sucedido junto al bosque en el que él jugaba de niño y donde se produjo un crimen que marcó su vida. Ahora debe enfrentarse a los demonios de su pasado a la vez que investiga este nuevo caso, pues además todo apunta a que ambos crímenes podrían estar relacionados.

Hasta aquí, todo correcto. Una buena premisa, pero nada que a priori se salga de lo habitual en este tipo de libros, ¿no? Bueno, pues no. Este libro es mucho más que eso, este libro te llega adentro, te retuerce las entrañas y te deja llorando en una esquina. Me ha encantado la forma de narrar que tiene Tana French, compleja, detallada, que en ocasiones roza lo poético, y las reflexiones que salpican la trama, con abundantes flashbacks que le ayudan a perfilar a unos maravillosos protagonistas que cobran vida ante tus ojos. Consigue que llegues a conocer a los personajes, que llegues a quererlos, que te preocupes por ellos. Ha creado a la que es para mí una de las parejas más memorables que he leído en una novela: Rob y Cassie son compañeros de trabajo y amigos del alma, que forman un tándem absolutamente inolvidable. Con ellos no solo avanzamos en las investigaciones, sino que compartimos innumerables guiños, noches de cenas, whisky y cigarros, y pullas que se lanzan el uno al otro con la tranquilidad que da la confianza de tantos años. Y es en ese momento, cuando como lector estás pensando que qué maravilla de libro tienes entre manos, qué bien fluye todo y qué increíble es la pareja protagonista, cuando Tana French empieza a dejar caer que quizá el tema no vaya a acabar del todo bien. Algo va a pasar, aunque no se especifica exactamente el qué. Y eso hace que la segunda mitad del libro se lea con el alma encogida y una pena infinita, y las últimas páginas llegan hasta un final que a mí me ha parecido extrañamente satisfactorio. Un final que, eso sí, te destroza el corazón.

En fin, han pasado días desde que terminé este libro; no me quito a los protagonistas de la cabeza y de momento soy incapaz de emprender una nueva lectura. Creo que ese es uno de los mayores cumplidos que podemos hacerle a una novela, ¿no?




Por cierto, también es casualidad que haya leído este libro ahora después de que llevara un año en mis estanterías, porque justo ha coincidido con el estreno de una serie que ha grabado la BBC inspirada en la historia. ¡Y no tenía ni idea! Lo malo es que ya me había hecho una composición mental de cómo eran Rob Ryan y Cassie Maddox, y no sé si estoy preparada para ver cómo lo han plasmado en pantalla (de momento los protagonistas no se parecen en nada a lo que tenía en mente):




Lo dicho, una novela que me ha parecido increíble, una autora a quien ya estoy deseando leer de nuevo y una novela policíaca compleja y con muchas subtramas superpuestas que recomiendo encarecidamente, aunque avisados estáis de que el final no es para todos los gustos...

En español se llamó El silencio del bosque y lo publicó RBA. La traducción la firma Isabel Margelí Bailo.