Una noche, exactamente siete minutos pasada la medianoche, Conor recibe la visita de un monstruo en su dormitorio.
Sin embargo, no es este el monstruo al que él teme. A quien tiene miedo en realidad es al otro monstruo, el que ve todas las noches en una vívida pesadilla, el que hace que se despierte gritando aterrorizado y empapado en sudor. La pesadilla que tiene desde que su madre comenzó el tratamiento en el hospital.
El monstruo que visita ahora a Conor, y a quien volverá a ver en noches y días sucesivos, quiere hablar. Tiene algo que contarle, tres historias, y cuando termine querrá escuchar una historia de boca de Conor.
Querrá escuchar la verdad.
Una verdad que Conor no piensa contarle a nadie por nada del mundo.
De este libro solo puedo decir una cosa: maravilloso. Trata los temas del miedo, la soledad, la pérdida y la esperanza de una manera magistral, cruda, valiente y tremendamente emotiva. Buena parte del protagonismo se lo llevan las ilustraciones de Jim Kay, que reflejan a la perfección el mundo de pesadilla en el que parece haberse sumergido Conor. La narración es muy sencilla y el libro es breve (algo más de 200 páginas), pero a veces no hace falta más para componer una buena historia, ¿verdad?
Prefiero no desvelar nada más de la trama porque este es uno de esos libros que se disfrutan más cuanto menos se sepa a priori. Solo añadiré que engancha desde la primera página y ya no se pueden parar de leer.
También debo decir que yo con este libro lloré lo que no está escrito y que remueve una serie de sentimientos a los que algunas personas quizá no se quieran enfrentar. Pese a que lo encuentro un libro brillante, lo recomendaría con cautela por este motivo.
Para mí, desde luego, ha ocupado desde ya un sitio privilegiado en mi biblioteca.
20 de marzo de 2013
12 de marzo de 2013
Luto de miel
El comisario Franck Sharko todavía no se ha recuperado del suceso que sacudió los cimientos de su vida un año atrás: su mujer y su hija perdieron la vida en un accidente. Debe tomar pastillas para mantener los nervios bajo control y lucha día a día por salir del fondo del pozo en el que se encuentra, y también por superar un infinito sentimiento de soledad. En ese preciso momento de su vida, en el que no está ni mucho menos al cien por cien, tiene que enfrentarse a uno de los casos más escabrosos de su carrera: una mujer aparece muerta en una iglesia, desnuda y rodeada de símbolos que, poco a poco, van guiando al comisario y a su equipo en la dirección que pretende el asesino. No obstante, los cadáveres siguen apareciendo y ninguna pista concluyente les conduce hasta él.En la reseña de Mala hostia, que publiqué hace unos días, decía que en la trama no había grandes sorpresas ni ocurrencias brillantes del protagonista, pero que igualmente se sustentaba a la perfección. Bueno, pues esta novela es todo lo contrario: la típica en que cada capítulo se cierra con un descubrimiento del comisario que deja a todo el mundo deslumbrado y les permite seguir avanzando en la pista correcta. Al final ya se me hacía cansino, y además llega un momento en que tanta brillantez ya no es creíble…
La verdad es que no me ha parecido una gran novela. El estilo del autor es un poco pesado: no conduce demasiado bien la trama y en algunos fragmentos iba un poco perdida. Además, hace un uso exagerado de los puntos suspensivos. Todo el mundo habla con puntos suspensivos, y corta las frases de manera inverosímil («¿Qu… quiere?», ¿quién demonios habla así? ¡Es imposible de pronunciar! Aunque eso es más bien problema de la edición, que luego comentaré…).
La trama es muy grandilocuente, llena de giros inesperados, de datos, de descubrimientos brillantes, como digo, pero en un momento determinado uno ya no se cree que el comisario interprete correctamente todas las pistas, una tras otra. Además, llega un punto en que la narración se pone desagradable, sin más, así que ni siquiera es una novela que haga pasar un buen rato. La pondría sin dudar en la pila de novelas policíacas estándar: me ha parecido que no destaca en absoluto y no entiendo la fama que precede a su autor, que parece ser que vende en Francia todo lo que quiere.
Y qué decir de la edición en español… La verdad es que al principio pensaba que era el estilo del autor, confuso, raro. Sin embargo, después de ver la versión en español llena de erratas no tengo dudas de que la traducción ha tenido mucho que ver. A la edición de Edhasa le hace falta una corrección a fondo. Hay erratas como «moldes de hieso» (por «yeso», imagino), «negruzno» (por «negruzco») o «convalescencia» que no sé yo de dónde se los habrá sacado la traductora (y juraría que también leí que llamaba «ambulancieros» a los conductores de ambulancias). Sin embargo, lo peor es que hay frases que no se entienden, que no quieren decir nada: «Todo el propóleos no les estaba destinado», «el corazón me subió rápidamente al rojo», «y consumamos buena esfinge de la calavera»… Por no hablar de una que me pareció graciosa: el protagonista ve asomar «la hoja de una pistola» (?), que tres líneas más abajo es una navaja y ocho líneas después, un cuchillo. En fin...
No tengo más que añadir. He acabado esta lectura tremendamente decepcionada y no me ha aportado nada en absoluto. Para lo que pueda servir.
10 de marzo de 2013
La rastreadora
Hoy toca publicar mi reseña de la lectura conjunta iniciativa de Xula en su blog Caminando entre libros, así que vamos allá. Antes de nada, gracias a Xula por organizarla y al autor, Antonio Lagares, por el libro.
Voy a empezar haciendo algo de lo que reniego habitualmente y es copiar el resumen que consta en Amazon. El motivo es asegurarme de que no destripo la trama y de que lo resumo sin equivocaciones, porque me ha costado seguirle el hilo. Esta es la sinopsis:
La mente es un laberinto sin salida para cualquier elemento perturbador que intente profanarla. Para Élyran, la rastreadora, no lo es. Ella consigue extraer de lo más profundo lo que nunca queremos recordar… Todo lo que tratamos de ocultar a nuestra conciencia.
Élyran tiene una nueva misión: rastrear la mente de Miguel, un vagabundo que permanece aferrado a estar siempre cerca de una iglesia ¿Lo logrará?
Luego de cuatro ediciones del libro Obsesión. Relatos entre el amor y el odio, el escritor español Antonio Lagares retoma con la novela La Rastreadora el tema de la porosa frontera de la mente humana entre el bien y el mal, entre la demencia y la cordura.
Las reseñas de este libro en la red eran todas muy positivas, incluso exaltadas, así que lo empecé con mucha curiosidad y muchas ganas. No obstante, me desinflé muy pronto: me temo que pertenezco a esa pequeña minoría que no ha conseguido cogerle el punto al libro. Le he puesto toda la voluntad del mundo, pero no he logrado engancharme ni cuando iba por la mitad: la trama me ha parecido confusa, quizá no muy bien conducida; el tema, raro, y no ha conseguido despertar en mí un verdadero interés; los diálogos, que abundan en el libro, son pesados como losas y muy, muy repetitivos; en cuanto a los personajes, no he empatizado con ninguno de ellos. Un poco antes de la mitad del libro ya estaba deseando terminarlo y pasar a otra cosa, y eso no es muy buen síntoma...Como aspecto positivo puedo decir que el texto está corregido y muy pulido, ¡quizá más de lo que pulen sus textos algunas grandes editoriales! Esa es siempre la sospecha que tengo cuando me enfrento a un libro autoeditado como este, pero no: la labor de corrección ha sido cuidada. Sin ir más lejos, ahora estoy leyendo un libro de Edhasa que contiene bastantes más erratas.
Pese a que a mí no me ha gustado, lo que está claro es que la mayoría de las reseñas de esta novela que hay en la red son muy positivas, así que quizá sí lo recomendaría, y que cada uno juzgue por su cuenta.
3 de marzo de 2013
Lectura conjunta de «La rastreadora»
Ya estoy enfrascada en la lectura de La rastreadora, de Antonio Lagares, que voy a leer gracias al autor y a la lectura conjunta que ha organizado Xula en su blog Caminando entre libros. Para mí es toda una noticia porque es la primera lectura conjunta en la que participo en la red, así que ¡allá vamos! Mi reseña, el domingo que viene. Por cierto, me gusta saber de antemano lo menos posible de los libros que leo, así que disculpad si no leo ninguna de las demás reseñas hasta que termine, ¿vale?
¡Gracias, Xula, por incluirme en el reto!
¡Gracias, Xula, por incluirme en el reto!
Mala hostia
Atila se puede decir que es un detective de novela negra prototípico: cínico, mordaz, frío, amigo de la botella, con un seco humor negro, un corazoncito que en el fondo le brinca en el pecho y una comodidad absoluta a la hora de desenvolverse por el barrio chino de su ciudad (que en esta novela es Barcelona).
Nuestro detective tiene una precaria mesa en un locutorio, donde atiende a los clientes de medio pelo que puedan requerir de sus servicios. Un día le visita un peruano preocupado porque la chica que vivía con él, una bielorrusa llamada Galina, ha desaparecido. Lo cierto es que cuando Atila se pone a husmear empiezan a sucederse las muertes, pero no aparece ninguna pista concluyente. ¿Dónde está Galina? Las sospechas se centran en un club de carretera, donde Galina podría haber ejercido la prostitución, pero pronto las pistas empiezan a apuntar a otros derroteros.
Y así arranca una novela que he disfrutado mucho. Uno de los mejores puntos es que la trama no tiene que sustentarse a base de ingeniosos descubrimientos del protagonista. El mismo Atila admite en buena parte del libro que anda perdido, no sabe a dónde apuntan las pistas y no tiene ni idea de por dónde tirar. Y no pasa nada. La trama funciona igual sin esos golpes de adrenalina que tanto abundan en otras novelas.
Lo personajes –también los secundarios– son todos geniales: me han encantado Carrito, Valentina, Lena y Silvina. ¡Parecen tan reales! Y hay historias de amor con un tremendo tinte de realidad, no esas con heroínas prototípicas, sin mácula y desustanciadas que parecen sacadas, como mencionaba en mi anterior reseña, de una peli de Disney. Estas historias de amor, por cierto, tienen como banda sonora los tangos de Gardel, y francamente no se me ocurre un mejor hilo conductor para ellas.
Debo decir también que al principio la historia no me acababa de enganchar, sobre todo porque la puntuación del libro me parece floja y a la edición se le han colado más erratas de lo que sería deseable. Y confieso que me costó meterme en la forma de contar las cosas del autor. Sin embargo, hacia la mitad (es un libro finito) la narración coge una inusitada fuerza y la verdad es que prácticamente consiguió que me olvidara de la ausencia casi total de puntos y coma.
El año pasado salieron al mercado otros dos libros con Atila de protagonista: Un buen lugar para reposar (por el resumen que han publicado en la web de la editorial tiene muy buena pinta) y Ruido de cañerías. ¡Tantos libros y tan poco tiempo! Pero sí, me gustaría seguir leyendo a Atila… Y, hablando de eso, el autor dice aquí que el personaje da para bastante, así que parece que tendremos Atila para muchos libros más. ¡Que así sea!
Termino con una reflexión que hace el autor en la novela hablando del Raval de Barcelona, el barrio en el que transcurre la trama, y que me parece de lo más acertada:
«El barrio está en transformación permanente, se derriban casas vetustas y las callejas estrechas se llenan de bares de diseño y pubs de moda, que a partir de la tarde noche se llenan de gente guapa, especialmente jóvenes universitarios de ideas avanzadas, liberales que se mezclan con placer con sus hermanos menos favorecidos venidos de tierras menos afortunadas. Ellos son los que viven hacinados en los pisos miserables que están sobre los bares de diseño que abarrota la gente guapa.
Luego la gente guapa se va y los otros se quedan.»
Nuestro detective tiene una precaria mesa en un locutorio, donde atiende a los clientes de medio pelo que puedan requerir de sus servicios. Un día le visita un peruano preocupado porque la chica que vivía con él, una bielorrusa llamada Galina, ha desaparecido. Lo cierto es que cuando Atila se pone a husmear empiezan a sucederse las muertes, pero no aparece ninguna pista concluyente. ¿Dónde está Galina? Las sospechas se centran en un club de carretera, donde Galina podría haber ejercido la prostitución, pero pronto las pistas empiezan a apuntar a otros derroteros.
Y así arranca una novela que he disfrutado mucho. Uno de los mejores puntos es que la trama no tiene que sustentarse a base de ingeniosos descubrimientos del protagonista. El mismo Atila admite en buena parte del libro que anda perdido, no sabe a dónde apuntan las pistas y no tiene ni idea de por dónde tirar. Y no pasa nada. La trama funciona igual sin esos golpes de adrenalina que tanto abundan en otras novelas.
Lo personajes –también los secundarios– son todos geniales: me han encantado Carrito, Valentina, Lena y Silvina. ¡Parecen tan reales! Y hay historias de amor con un tremendo tinte de realidad, no esas con heroínas prototípicas, sin mácula y desustanciadas que parecen sacadas, como mencionaba en mi anterior reseña, de una peli de Disney. Estas historias de amor, por cierto, tienen como banda sonora los tangos de Gardel, y francamente no se me ocurre un mejor hilo conductor para ellas.Debo decir también que al principio la historia no me acababa de enganchar, sobre todo porque la puntuación del libro me parece floja y a la edición se le han colado más erratas de lo que sería deseable. Y confieso que me costó meterme en la forma de contar las cosas del autor. Sin embargo, hacia la mitad (es un libro finito) la narración coge una inusitada fuerza y la verdad es que prácticamente consiguió que me olvidara de la ausencia casi total de puntos y coma.
El año pasado salieron al mercado otros dos libros con Atila de protagonista: Un buen lugar para reposar (por el resumen que han publicado en la web de la editorial tiene muy buena pinta) y Ruido de cañerías. ¡Tantos libros y tan poco tiempo! Pero sí, me gustaría seguir leyendo a Atila… Y, hablando de eso, el autor dice aquí que el personaje da para bastante, así que parece que tendremos Atila para muchos libros más. ¡Que así sea!
Termino con una reflexión que hace el autor en la novela hablando del Raval de Barcelona, el barrio en el que transcurre la trama, y que me parece de lo más acertada:
«El barrio está en transformación permanente, se derriban casas vetustas y las callejas estrechas se llenan de bares de diseño y pubs de moda, que a partir de la tarde noche se llenan de gente guapa, especialmente jóvenes universitarios de ideas avanzadas, liberales que se mezclan con placer con sus hermanos menos favorecidos venidos de tierras menos afortunadas. Ellos son los que viven hacinados en los pisos miserables que están sobre los bares de diseño que abarrota la gente guapa.
Luego la gente guapa se va y los otros se quedan.»
22 de febrero de 2013
El mapa del tiempo
Esta novela transcurre en el Londres victoriano, en la época en que la teoría de los viajes en el tiempo empezó a hacer furor a raíz de la publicación de La máquina del tiempo, de H. G. Wells, quien por cierto desfila entre sus páginas, como también lo hacen Jack el Destripador, Bram Stoker, Henry James, el hombre elefante y muchos (muuuuuchos) otros, con toques de steampunk y de romance científico aquí y allá.
La novela se divide en tres partes, ligeramente interrelacionadas:
En la primera, Andrew, un joven adinerado y aburrido de la existencia que lleva, se enamora de una prostituta de Whitechapel (que al poco de conocerle ya le corresponde en su inflamado amor, parece ser, aunque no sabemos por qué…). Cuando esta prostituta resulta ser la última víctima de Jack el Destripador, Andrew se ve sin fuerzas para seguir viviendo, aunque la posibilidad de viajar en el tiempo le da la oportunidad de volver a la nefasta noche del asesinato y tal vez alterar los acontecimientos.
En la segunda parte, una joven del siglo XIX (también adinerada y aburrida de la vida), que se resiste a pasar por el aro de llevar la vida encorsetada que parece imponerle su época, se enamora de un bravo héroe del siglo XX a quien conoce durante un viaje temporal, un amor que desafiará todas las leyes de la física.
En la tercera, H. G. Wells, que ha tenido pequeños papeles secundarios en el resto del libro, cobra protagonismo y debe enfrentarse a un viajero en el tiempo que quiere apropiarse de las grandes obras de la literatura, y con ese pretexto se expone la teoría de los universos paralelos. Bueno, más o menos es lo que he entendido, porque a estas alturas de la novela ya me saltaba dos páginas de cada tres y solo andaba pensando en terminarlo de una vez.
El inicio de la novela era prometedor: recuerdo que marqué un montón de párrafos con citas que me encantaban, y en general me pareció muy bien escrita (con un tono un poco grandilocuente, eso sí). De hecho la historia de la primera parte sí la salvaría, si no fuera porque los personajes no acabaron de calarme del todo. Sin embargo, en la segunda parte la historia ya va cuesta abajo y sin frenos: está llena de giros argumentales que se las quieren dar de ingeniosos pero que me parecieron forzados, previsibles o nada creíbles. Personajes totalmente planos, una visión de la mujer bastante deleznable y un final de esta segunda parte totalmente increíble que parece sacado de una película de Disney. ¡Venga ya! La tercera parte ya la emprendí con una tremenda pereza y, efectivamente, para mí es la que menos se salva de las tres. El punto de partida es una serie de escenas incomprensibles (como esa en la que el detective de policía pilla a Lucy a punto de cometer un crimen, o la teoría, que no se sostiene por ningún lado, de que quien ha asesinado al mendigo tiene que ser el capitán Shackelton), y a partir de ahí se enreda en una teoría de universos paralelos que, a esas alturas de la película, no me interesaba lo más mínimo (y eso que podría haber sido un buen punto de partida).
A la novela le sobran por lo menos 150 páginas, aparecen toda suerte de personajes cuyas vidas se relatan casi como si estuvieran copiadas de la Wikipedia, los personajes no inspiran ninguna empatía (a más de uno dan ganas de darle un par de tortas), la narración se demora a menudo en descripciones durante páginas y páginas que no tienen que ver con la historia principal, y la trama, que como digo se las quiere dar de inteligente, como yendo siempre un paso por delante del lector, no acaba de cuajar porque nada de lo que cuenta resulta creíble.
He querido terminar el libro para ver si al final todo cobraba sentido y había un último (e inteligente) giro argumental, pero no. No he visto la hora de terminarlo. ¡Y encima es una trilogía! No seré yo quien lea los otros dos…
Y nada, que me estoy acordando de un libro genial que leí hará un par o tres de años acerca de viajes en el tiempo, y que tiene tooooooodo lo que le falta a este: La mujer del viajero en el tiempo.
La novela se divide en tres partes, ligeramente interrelacionadas:
En la primera, Andrew, un joven adinerado y aburrido de la existencia que lleva, se enamora de una prostituta de Whitechapel (que al poco de conocerle ya le corresponde en su inflamado amor, parece ser, aunque no sabemos por qué…). Cuando esta prostituta resulta ser la última víctima de Jack el Destripador, Andrew se ve sin fuerzas para seguir viviendo, aunque la posibilidad de viajar en el tiempo le da la oportunidad de volver a la nefasta noche del asesinato y tal vez alterar los acontecimientos.
En la segunda parte, una joven del siglo XIX (también adinerada y aburrida de la vida), que se resiste a pasar por el aro de llevar la vida encorsetada que parece imponerle su época, se enamora de un bravo héroe del siglo XX a quien conoce durante un viaje temporal, un amor que desafiará todas las leyes de la física.
En la tercera, H. G. Wells, que ha tenido pequeños papeles secundarios en el resto del libro, cobra protagonismo y debe enfrentarse a un viajero en el tiempo que quiere apropiarse de las grandes obras de la literatura, y con ese pretexto se expone la teoría de los universos paralelos. Bueno, más o menos es lo que he entendido, porque a estas alturas de la novela ya me saltaba dos páginas de cada tres y solo andaba pensando en terminarlo de una vez.
El inicio de la novela era prometedor: recuerdo que marqué un montón de párrafos con citas que me encantaban, y en general me pareció muy bien escrita (con un tono un poco grandilocuente, eso sí). De hecho la historia de la primera parte sí la salvaría, si no fuera porque los personajes no acabaron de calarme del todo. Sin embargo, en la segunda parte la historia ya va cuesta abajo y sin frenos: está llena de giros argumentales que se las quieren dar de ingeniosos pero que me parecieron forzados, previsibles o nada creíbles. Personajes totalmente planos, una visión de la mujer bastante deleznable y un final de esta segunda parte totalmente increíble que parece sacado de una película de Disney. ¡Venga ya! La tercera parte ya la emprendí con una tremenda pereza y, efectivamente, para mí es la que menos se salva de las tres. El punto de partida es una serie de escenas incomprensibles (como esa en la que el detective de policía pilla a Lucy a punto de cometer un crimen, o la teoría, que no se sostiene por ningún lado, de que quien ha asesinado al mendigo tiene que ser el capitán Shackelton), y a partir de ahí se enreda en una teoría de universos paralelos que, a esas alturas de la película, no me interesaba lo más mínimo (y eso que podría haber sido un buen punto de partida).
A la novela le sobran por lo menos 150 páginas, aparecen toda suerte de personajes cuyas vidas se relatan casi como si estuvieran copiadas de la Wikipedia, los personajes no inspiran ninguna empatía (a más de uno dan ganas de darle un par de tortas), la narración se demora a menudo en descripciones durante páginas y páginas que no tienen que ver con la historia principal, y la trama, que como digo se las quiere dar de inteligente, como yendo siempre un paso por delante del lector, no acaba de cuajar porque nada de lo que cuenta resulta creíble.
He querido terminar el libro para ver si al final todo cobraba sentido y había un último (e inteligente) giro argumental, pero no. No he visto la hora de terminarlo. ¡Y encima es una trilogía! No seré yo quien lea los otros dos…
Y nada, que me estoy acordando de un libro genial que leí hará un par o tres de años acerca de viajes en el tiempo, y que tiene tooooooodo lo que le falta a este: La mujer del viajero en el tiempo.
15 de enero de 2013
El asesino hipocondríaco
La vida del señor Y. es una sucesión de desgracias, infortunios y enfermedades. El pobre hombre padece muchísimas afecciones, tanto comunes como las más raras que se han estudiado: estrabismo, alergia al kiwi, la maldición de Ondina, el Síndrome del Acento Extranjero, lumbalgia, el Síndrome de Proteus o el Síndrome del Espasmo Profesional. Además, es un hipocondríaco sin remedio: las enfermedades que no tiene, se las inventa. Así, el hombre está convencido de que no le queda más de un día de vida. Sin embargo, el señor Y. es también detective privado, de moral kantiana para más inri, y eso significa que debe arrastrarse de la cama que es ya su lecho de muerte para consumar su último encargo: el asesinato de Eduardo Blastein.
Sin embargo, la mala suerte persigue al señor Y. y hace que, uno tras otro, todos los intentos de matar a su víctima fracasen estrepitosamente. Al final uno llega a pensar que no es que fracase, sino que el señor Y. posterga continuamente su misión porque ha establecido una especie de empatía con el señor Blastein… ¡aunque eso no significa que cese en su empeño de cometer el crimen!
Las peripecias de estos dos señores se intercalan con la narración de las vidas de escritores y pensadores famosos que también tuvieron buena parte de su vida un delicado estado de salud: Jonathan Swift, Immanuel Kant o Edgar Allan Poe desfilan entre sus páginas y comparten enfermedades con nuestro protagonista.
Es una novela difícil de clasificar, porque no puede considerarse estrictamente un libro de humor, ni tampoco novela negra, aunque algo de estas dos categorías sí que tiene. Desde luego, lo que no se le puede negar al autor es haber escrito un libro tremendamente original y que escapa a todo intento de clasificación. Lo que no hay que pasar por alto es el tremendo trabajo que ha realizado el autor a la hora de documentarse acerca de las más variopintas enfermedades –en algunas páginas el libro casi parece un tratado de medicina– y acerca de las vidas de los diferentes escritores, contadas en ocasiones al detalle. Está tremendamente logrado y, lo que para algunos lectores era una aburrida enumeración de síntomas y tratamientos, a mí me ha parecido algo interesantísimo y uno de los puntos fuertes del libro.
Sin embargo, no hay que esperar una novela desternillante (aunque yo sí me reí mucho). Si se lee entre líneas destaca la angustia vital de una persona que se siente tremendamente sola. Ese es más bien este el eje en torno al cual gira la novela.
Ha sido una lectura que he disfrutado muchísimo: me he reído, he estado intrigada hasta el final de la novela, he seguido interesada las enumeraciones de enfermedades y hasta les he cogido cariño a los personajes. Un libro tremendamente original, muy bien escrito y de lectura ágil, pero que no recomendaría a todo el mundo, pues hay a quien ha decepcionado. Me corrijo: sí que lo recomendaría, sin dudarlo, pero aconsejaría al futuro lector que lo leyera con la mente abierta y no esperando encontrarse una novelita de humor al uso.
Copio un par de fragmentos, que ayudarán a que, quien esté interesado en esta novela, se haga una idea de lo que puede encontrar en ella:
«En contra de todas las leyes de la naturaleza, por una suerte de milagro, en este exacto instante paseo mi cuerpo carcomido de enfermedades por el centro de la ciudad, a la vista de todos. Es miércoles, y tengo la absoluta certeza de que hoy moriré. Ahora mismo, mientras me venía a la mente este pensamiento, he tenido que parar en medio de la calle, y asirme a la barandilla que separa la acera del curso del tráfico, porque un estremecimiento ha recorrido mi corazón, y una vez más falta el aire en mis pulmones. No sé, quizá no llegue a esta tarde después de todo. Tendré que sacar fuerzas de flaqueza, y retrepándome por los barrotes de esta barandilla metálica, arrastrando mi inútil cuerpo renqueante, avanzar por la calle Alcalá, hasta encontrarme con Eduardo Blaisten en el punto en el que suele aparecer a las 9.23 los miércoles por la mañana. Y, por todos los medios, tratar de matarlo en unas horas.»
«Cuando me he despertado esta regalada mañana de viernes, cuando me he descubierto aún con vida tocado por los tímidos rayos de este amanecer inesperado, he tenido que tirar con todas mis fuerzas de mi descompuesto cuerpo para conseguir arrancarlo del lecho, he tropezado a los pies de la cama con los aparatos de respiración asistida, he querido decir: "¿Por qué la mala suerte me persigue?", y en su lugar he dicho: "¡Attention, señoor, le voiture!". Y entonces lo he visto claro: tan sólo había de venir a buscar a Eduardo Blaisten al Starbucks de la calle Virgen de los Peligros esquina con Alcalá, donde los viernes, al igual que los martes, viene a tomarse su café matinal, dirigirme a él y esperar a que cualquiera de sus comentarios me suene como una amenaza de muerte, y en ese momento acabar de una vez por todas con su vida, con la eximente de que yo creeré hacerlo en legítima defensa.»
Sin embargo, la mala suerte persigue al señor Y. y hace que, uno tras otro, todos los intentos de matar a su víctima fracasen estrepitosamente. Al final uno llega a pensar que no es que fracase, sino que el señor Y. posterga continuamente su misión porque ha establecido una especie de empatía con el señor Blastein… ¡aunque eso no significa que cese en su empeño de cometer el crimen!
Las peripecias de estos dos señores se intercalan con la narración de las vidas de escritores y pensadores famosos que también tuvieron buena parte de su vida un delicado estado de salud: Jonathan Swift, Immanuel Kant o Edgar Allan Poe desfilan entre sus páginas y comparten enfermedades con nuestro protagonista.
Es una novela difícil de clasificar, porque no puede considerarse estrictamente un libro de humor, ni tampoco novela negra, aunque algo de estas dos categorías sí que tiene. Desde luego, lo que no se le puede negar al autor es haber escrito un libro tremendamente original y que escapa a todo intento de clasificación. Lo que no hay que pasar por alto es el tremendo trabajo que ha realizado el autor a la hora de documentarse acerca de las más variopintas enfermedades –en algunas páginas el libro casi parece un tratado de medicina– y acerca de las vidas de los diferentes escritores, contadas en ocasiones al detalle. Está tremendamente logrado y, lo que para algunos lectores era una aburrida enumeración de síntomas y tratamientos, a mí me ha parecido algo interesantísimo y uno de los puntos fuertes del libro.
Sin embargo, no hay que esperar una novela desternillante (aunque yo sí me reí mucho). Si se lee entre líneas destaca la angustia vital de una persona que se siente tremendamente sola. Ese es más bien este el eje en torno al cual gira la novela.
Ha sido una lectura que he disfrutado muchísimo: me he reído, he estado intrigada hasta el final de la novela, he seguido interesada las enumeraciones de enfermedades y hasta les he cogido cariño a los personajes. Un libro tremendamente original, muy bien escrito y de lectura ágil, pero que no recomendaría a todo el mundo, pues hay a quien ha decepcionado. Me corrijo: sí que lo recomendaría, sin dudarlo, pero aconsejaría al futuro lector que lo leyera con la mente abierta y no esperando encontrarse una novelita de humor al uso.
Copio un par de fragmentos, que ayudarán a que, quien esté interesado en esta novela, se haga una idea de lo que puede encontrar en ella:
«En contra de todas las leyes de la naturaleza, por una suerte de milagro, en este exacto instante paseo mi cuerpo carcomido de enfermedades por el centro de la ciudad, a la vista de todos. Es miércoles, y tengo la absoluta certeza de que hoy moriré. Ahora mismo, mientras me venía a la mente este pensamiento, he tenido que parar en medio de la calle, y asirme a la barandilla que separa la acera del curso del tráfico, porque un estremecimiento ha recorrido mi corazón, y una vez más falta el aire en mis pulmones. No sé, quizá no llegue a esta tarde después de todo. Tendré que sacar fuerzas de flaqueza, y retrepándome por los barrotes de esta barandilla metálica, arrastrando mi inútil cuerpo renqueante, avanzar por la calle Alcalá, hasta encontrarme con Eduardo Blaisten en el punto en el que suele aparecer a las 9.23 los miércoles por la mañana. Y, por todos los medios, tratar de matarlo en unas horas.»
«Cuando me he despertado esta regalada mañana de viernes, cuando me he descubierto aún con vida tocado por los tímidos rayos de este amanecer inesperado, he tenido que tirar con todas mis fuerzas de mi descompuesto cuerpo para conseguir arrancarlo del lecho, he tropezado a los pies de la cama con los aparatos de respiración asistida, he querido decir: "¿Por qué la mala suerte me persigue?", y en su lugar he dicho: "¡Attention, señoor, le voiture!". Y entonces lo he visto claro: tan sólo había de venir a buscar a Eduardo Blaisten al Starbucks de la calle Virgen de los Peligros esquina con Alcalá, donde los viernes, al igual que los martes, viene a tomarse su café matinal, dirigirme a él y esperar a que cualquiera de sus comentarios me suene como una amenaza de muerte, y en ese momento acabar de una vez por todas con su vida, con la eximente de que yo creeré hacerlo en legítima defensa.»
28 de diciembre de 2012
El mejor libro que he leído en el 2012
Es la primera vez que hago una entrada para valorar las lecturas del año y ya veo que eso de escoger un solo libro como el mejor del 2012 va a ser tarea difícil. Además me he propuesto no hacer concesiones y elegir solamente uno. Y el que he seleccionado es... La hora del mar. Sé que la decisión puede parecer poco neutral porque, al fin y al cabo, esta es la última novela que he leído y tengo la experiencia fresca en la mente, pero es que creo que es soberbia por varios motivos:
– El autor conduce la historia a la perfección, y no es fácil: abre múltiples tramas paralelas, bastante distintas entre sí, y las hace confluir todas al final con maestría. La escritura no es torpe, todo lo contrario, y el libro está muy bien editado.
– Los personajes son totalmente creíbles, muy reales, y se profundiza en ellos lo suficiente para que el lector entienda por qué se comportan como lo hacen. Son tremendamente humanos, reaccionan como lo haríamos nosotros, y precisamente eso es lo que acojona: ver que podríamos ser tú y yo quienes estuviéramos en esa situación.
– Me han gustado mucho los diálogos. Pese al pequeño problemilla que comentaba en la entrada en sí (el hecho de que algunas expresiones suenan a traducciones), eso solo ocurre en algunas frases puntuales, pero el grueso de los diálogos y expresiones están muy, muy logrados.
– La trama es de lo más original y en más de una ocasión me he sorprendido pensando: «¿Pero cómo se le ha ocurrido dar esta vuelta de tuerca a la historia?». Además, está muy bien documentado y abundan los datos, de manera que de vez en cuando dejaba de leer para consultarlos en Google («¿será esto cierto…?»).
– El autor es majete, interactúa bastante en las redes sociales y, pese a que es un hacha, no se cree el huevo duro del picnic, cosa que es mucho de agradecer.
Venga, ¡animaos a leerlo!
– El autor conduce la historia a la perfección, y no es fácil: abre múltiples tramas paralelas, bastante distintas entre sí, y las hace confluir todas al final con maestría. La escritura no es torpe, todo lo contrario, y el libro está muy bien editado.
– Los personajes son totalmente creíbles, muy reales, y se profundiza en ellos lo suficiente para que el lector entienda por qué se comportan como lo hacen. Son tremendamente humanos, reaccionan como lo haríamos nosotros, y precisamente eso es lo que acojona: ver que podríamos ser tú y yo quienes estuviéramos en esa situación.
– Me han gustado mucho los diálogos. Pese al pequeño problemilla que comentaba en la entrada en sí (el hecho de que algunas expresiones suenan a traducciones), eso solo ocurre en algunas frases puntuales, pero el grueso de los diálogos y expresiones están muy, muy logrados.
– La trama es de lo más original y en más de una ocasión me he sorprendido pensando: «¿Pero cómo se le ha ocurrido dar esta vuelta de tuerca a la historia?». Además, está muy bien documentado y abundan los datos, de manera que de vez en cuando dejaba de leer para consultarlos en Google («¿será esto cierto…?»).
– El autor es majete, interactúa bastante en las redes sociales y, pese a que es un hacha, no se cree el huevo duro del picnic, cosa que es mucho de agradecer.
Venga, ¡animaos a leerlo!
5 de diciembre de 2012
La hora del mar
(Ojo, me temo que hay spoilers…)
Imagínate que estás sentado una noche tranquilamente frente al televisor. Lo enciendes para ver el telediario y te enteras de una noticia, cuando menos, inquietante: los mares y océanos de todo el mundo se están llenando de peces muertos. Lo achacas a los niveles de contaminación cada vez más altos o al calentamiento global, pero sigues atento las noticias en las siguientes horas con cierto mosqueo. En las zonas en las que han aparecido los peces muertos se han producido extraños avistamientos: bolas de luz que navegan por las profundidades marinas a velocidades imposibles: los radares indican que se trata de bolas metálicas. ¿Submarinos? A las pocas horas se produce un terrible acontecimiento: montones de barcos son engullidos hacia el fondo del mar y luego «escupidos» al aire, desafiando las leyes de la física. Después, se dan movimientos sísmicos en todo el mundo asociados a los puntos en los que hay fallas submarinas, seguidos de tremendas olas que asuelan las ciudades costeras de México, España, Sri Lanka, Estados Unidos, China… En todo el mundo se empieza a declarar el estado de sitio, la población asiste aterrada a esta cadena de acontecimientos y los ejércitos empiezan a movilizarse ante una amenaza que parece sincronizada en todo el mundo, pero extrañamente vaga: ¿qué está pasando exactamente? Pronto sabremos algo más: tras los maremotos aparecen unas inquietantes figuras en las playas, y a su paso se desatará el horror…
Imagínate que estás sentado una noche tranquilamente frente al televisor. Lo enciendes para ver el telediario y te enteras de una noticia, cuando menos, inquietante: los mares y océanos de todo el mundo se están llenando de peces muertos. Lo achacas a los niveles de contaminación cada vez más altos o al calentamiento global, pero sigues atento las noticias en las siguientes horas con cierto mosqueo. En las zonas en las que han aparecido los peces muertos se han producido extraños avistamientos: bolas de luz que navegan por las profundidades marinas a velocidades imposibles: los radares indican que se trata de bolas metálicas. ¿Submarinos? A las pocas horas se produce un terrible acontecimiento: montones de barcos son engullidos hacia el fondo del mar y luego «escupidos» al aire, desafiando las leyes de la física. Después, se dan movimientos sísmicos en todo el mundo asociados a los puntos en los que hay fallas submarinas, seguidos de tremendas olas que asuelan las ciudades costeras de México, España, Sri Lanka, Estados Unidos, China… En todo el mundo se empieza a declarar el estado de sitio, la población asiste aterrada a esta cadena de acontecimientos y los ejércitos empiezan a movilizarse ante una amenaza que parece sincronizada en todo el mundo, pero extrañamente vaga: ¿qué está pasando exactamente? Pronto sabremos algo más: tras los maremotos aparecen unas inquietantes figuras en las playas, y a su paso se desatará el horror…
Este es el punto de partida de La hora del mar, una novela de ciencia ficción que en muchas páginas parece demasiado cercana a la realidad. Si no me equivoco, esta es el quinto libro que escribe Carlos Sisí, a quien los aficionados al género de terror ya conocerán porque es autor de una aplaudida saga sobre zombies, Los caminantes, con la que vendió todo lo que quiso y más. Lo cierto es que no me extraña. Carlos Sisí escribe tremendamente bien, de manera que el lector se ve transportado a su mundo casi sin quererlo. En cierto modo su forma de narrar me recuerda a Stephen King, por cómo intercala aquí y allá los pensamientos de sus personajes como párrafo aparte y en cursiva
loco, loco de remate, loco de atar, loco
O esta otra forma de transcribir los diálogos, que creo recordar que King usó en Misery:
ELVEEE HIJOO DEE PUU
También su forma de referirse a algunos fenómenos, como "el Zumbido", así, en mayúscula, que es muy King. Y, bueno, algo de eso habrá, puesto que Carlos Sisí comenta en alguna entrevista que una de sus primeras influencias fue el escritor americano, a quien descubrió siendo joven.
El libro no da un momento de respiro, la acción arranca casi desde la primera página, el ritmo es endiablado y Carlos Sisí lo conduce como nadie. Los personajes están muy bien perfilados, son muy reales, muy de a pie, y los diálogos entre ellos también son buenos. Tengo que señalar, además, lo cuidada que está la edición: he detectado muy poquitas erratas, la tipografía se lee muy bien y, en general, da gusto sentarse con este libro en el regazo. Buen trabajo también el de Minotauro.
ELVEEE HIJOO DEE PUU
También su forma de referirse a algunos fenómenos, como "el Zumbido", así, en mayúscula, que es muy King. Y, bueno, algo de eso habrá, puesto que Carlos Sisí comenta en alguna entrevista que una de sus primeras influencias fue el escritor americano, a quien descubrió siendo joven.
![]() |
| La hora del mar y un white mocha coffee. ¿Qué mejor compañía? |
Sisí plantea varias tramas paralelas que va intercalando en los diferentes capítulos, y todas ellas me han parecido igual de interesantes. Una de las historias que más me ha gustado es la de Thadeus y Rebeca, quizá porque esperaba que siguiera el camino previsible de un lío entre ellos y no es eso precisamente lo que ocurre...
Si tuviera que ponerle una sola pega a Carlos Sisí es que en algunos fragmentos las expresiones me sonaban a… una mala traducción. Curioso en un libro escrito en español, ¿verdad? Y, sin embargo, me ha pasado en unos cuantos fragmentos; por ejemplo, cuando Helm suelta, ante una visión bastante horrorosa: «¡Oh, Cristo!». ¿No habría quedado más natural un «¡La puta!»? Como esta hay unas pocas, pero de verdad que esto lo comento solo por poner una pequeña pega y porque, como traductora, me llamó mucho la atención. De todas formas, subrayo que los diálogos son buenos y creíbles y, en conjunto, la novela ha quedado muy redonda.
¿Y cómo he acabado yo leyendo ciencia ficción? Pues gracias a la web de Price Minister, que organizó un evento para elegir a los mejores autores de 2012, y para ello iban a enviar gratuitamente a los blogueros que se apuntaran uno de los 12 libros que participan en la promoción.
En fin, no sé cómo serán los demás libros, pero por favor, escojan este como el mejor del 2012. Es de los que enganchan, de los que te acompañan en un día de aeropuerto y hacen que las horas vuelen, de los que obsesionan, de esos que deseas que nunca terminen. Yo ya lo he prestado y voy a recomendarlo a diestro y siniestro, y estoy deseando leer lo próximo de este autor.
¡Ah! Un último apunte: Carlos Sisí tiene página de Facebook y parece una persona absolutamente encantadora. A quien disfrute con sus libros creo que le gustará leer sus comentarios diarios.
Sin duda, uno de los libros del año.
Sin duda, uno de los libros del año.
28 de noviembre de 2012
La vida iba en serio
Sé que no tengo perdón; que estar dos meses casi sin colgar reseñas y volver nada menos que con el libro de Jorge Javier debería enviarme de cabeza a los infiernos literarios (en los que no se puede leer porque las llamas consumen las páginas de los libros, ¡uuuuh, qué pesadilla!). El caso es que el autor es un personaje que me produce muuuuucho repelús, pero al mismo tiempo me dio curiosidad saber qué libro había «perpetrado», no con la esperanza de que resultara ser un buen escritor, sino sobre todo para poder criticarlo con unos mínimos argumentos.
Para empezar, hay que cuestionar hasta qué punto este libro hace de Jorge Javier Vázquez un escritor. Él mismo lo dice: «No soy escritor. Solo he escrito un libro». Es el típico caso de una editorial gorda que tantea al famoso de turno para que escriba un libro que se venda como rosquillas en Navidad o en Sant Jordi. Por supuesto, al famoso de turno hay que ponerle a un editor de apoyo (Mercedes Castro en este caso) que vaya revisando capítulo por capítulo y enderece la torpe escritura, porque de otro modo saldría algo infumable.
El libro, de tintes autobiográficos, arranca con la llegada del protagonista a Madrid, donde trabajará escribiendo reportajes sobre el famoseo para la revista Pronto. Atrás queda su infancia en el barrio de San Roque de Badalona, donde era un niño tímido y apocado de quien todos se burlaban («¡marica!») y que encontraba refugio en la lectura, y atrás queda también su juventud en las filas del Opus Dei, donde estuvo a punto de ingresar. Da cuenta también de la tensa relación que tuvo con su padre, que se negaba a aceptar la homosexualidad de su único hijo varón, y la complicidad que siempre hubo con su madre.
La novela también menciona diversos personajes del famoseo y narra cómo evolucionó la trayectoria profesional de Jorge, el protagonista: desde aquellos reportajes del Pronto hasta que traba amistad con Carmen Rigalt, lo que con el tiempo le abrirá las puertas a trabajar con Rosa Villacastín y Ana Rosa Quintana (el libro termina justo en ese punto).
El libro, como no podía ser de otra manera, se lee muy fácil (no vaya a ser que el público de Sálvame pierda el hilo). No exige esfuerzo alguno; al contrario, la prosa es facilona y el autor va dando dosis de morbo para animar al lector a seguir leyendo. Y así como en Sálvame mantienen la atención del espectador a base de gritos e irreverencias, en esta novela el hilo conductor es el sexo, y parece que Jorge Javier se precia de ser muy malhablado, como para que todos veamos lo desinhibido que está y los pocos complejos que tiene a la hora de hablar del tema. Nos enteramos de que la primera experiencia sexual del protagonista fue con un chapero; nos da cuenta de las pajas que se hacía en el cuarto de baño de casa de sus padres; del temor a que se le pusiera dura mirando las carnes tersas y los culos prietos de sus compañeros del Opus; de cómo se follaba al primer tío que se le cruzaba en los cuartos oscuros de las discotecas de Barcelona, en las que se ponía además borracho como una cuba; de cómo le comía la polla a su pareja; de cómo su madre se corría en las primeras citas cuando su padre le tocaba en un hotelucho de la Barceloneta... Bastante repetitivo todo el tema del sexo, y de lo más cansino.
Jorge, el protagonista, no inspira ningún tipo de ternura pese a todas las desgracias que cuenta de su infancia, pues en toda la novela se adivina un trasfondo ególatra, en cada línea sugiere lo listo que es él y lo tontos que eran los profesionales que le rodeaban, y también nos cuenta que le llamaban «pequeño dictador» (huelga decirlo: basta verlo en un plató). En la segunda mitad del libro ya la cosa se me hizo aburrida, pese a los intentos del autor de darle dramatismo haciendo a su madre narrar en primera persona la muerte de su padre. No conseguí empatizar con los protagonistas de estas páginas porque está narrado de manera muy burda; para aumentar la carga emocional de las últimas páginas y crear un final apoteósico Jorge Javier cuenta nada menos que a su padre tuvieron que ponerle pañal en sus últimos días porque se hacía caca encima. Eso son armas de escritor; sí, señor.
El caso es que tampoco creo que su fiel público de Sálvame comulgue mucho con una novela de este tipo, porque no veo yo a esas señoras leyendo acerca de cómo Jorge le ponía la polla en la boca a Daniel y se corría de gusto (utilizo un vocabulario fiel al de Jorge Javier Vázquez para que el lector se haga una idea de lo que se encontrará).
En fin, acabemos con esto cuanto antes: mi recomendación es que no se acerquen a este libro ni en el Día de los Inocentes, no vaya a ser que alimentemos a la bestia (y que conste que yo no he pagado por él, me lo han prestado).
¡Ah! Lo mejor del libro es, sin duda, el título, que Vázquez toma de un poema de Gil de Biedma. Quedémonos con eso:
No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Para empezar, hay que cuestionar hasta qué punto este libro hace de Jorge Javier Vázquez un escritor. Él mismo lo dice: «No soy escritor. Solo he escrito un libro». Es el típico caso de una editorial gorda que tantea al famoso de turno para que escriba un libro que se venda como rosquillas en Navidad o en Sant Jordi. Por supuesto, al famoso de turno hay que ponerle a un editor de apoyo (Mercedes Castro en este caso) que vaya revisando capítulo por capítulo y enderece la torpe escritura, porque de otro modo saldría algo infumable.
El libro, de tintes autobiográficos, arranca con la llegada del protagonista a Madrid, donde trabajará escribiendo reportajes sobre el famoseo para la revista Pronto. Atrás queda su infancia en el barrio de San Roque de Badalona, donde era un niño tímido y apocado de quien todos se burlaban («¡marica!») y que encontraba refugio en la lectura, y atrás queda también su juventud en las filas del Opus Dei, donde estuvo a punto de ingresar. Da cuenta también de la tensa relación que tuvo con su padre, que se negaba a aceptar la homosexualidad de su único hijo varón, y la complicidad que siempre hubo con su madre.
La novela también menciona diversos personajes del famoseo y narra cómo evolucionó la trayectoria profesional de Jorge, el protagonista: desde aquellos reportajes del Pronto hasta que traba amistad con Carmen Rigalt, lo que con el tiempo le abrirá las puertas a trabajar con Rosa Villacastín y Ana Rosa Quintana (el libro termina justo en ese punto).
El libro, como no podía ser de otra manera, se lee muy fácil (no vaya a ser que el público de Sálvame pierda el hilo). No exige esfuerzo alguno; al contrario, la prosa es facilona y el autor va dando dosis de morbo para animar al lector a seguir leyendo. Y así como en Sálvame mantienen la atención del espectador a base de gritos e irreverencias, en esta novela el hilo conductor es el sexo, y parece que Jorge Javier se precia de ser muy malhablado, como para que todos veamos lo desinhibido que está y los pocos complejos que tiene a la hora de hablar del tema. Nos enteramos de que la primera experiencia sexual del protagonista fue con un chapero; nos da cuenta de las pajas que se hacía en el cuarto de baño de casa de sus padres; del temor a que se le pusiera dura mirando las carnes tersas y los culos prietos de sus compañeros del Opus; de cómo se follaba al primer tío que se le cruzaba en los cuartos oscuros de las discotecas de Barcelona, en las que se ponía además borracho como una cuba; de cómo le comía la polla a su pareja; de cómo su madre se corría en las primeras citas cuando su padre le tocaba en un hotelucho de la Barceloneta... Bastante repetitivo todo el tema del sexo, y de lo más cansino.Jorge, el protagonista, no inspira ningún tipo de ternura pese a todas las desgracias que cuenta de su infancia, pues en toda la novela se adivina un trasfondo ególatra, en cada línea sugiere lo listo que es él y lo tontos que eran los profesionales que le rodeaban, y también nos cuenta que le llamaban «pequeño dictador» (huelga decirlo: basta verlo en un plató). En la segunda mitad del libro ya la cosa se me hizo aburrida, pese a los intentos del autor de darle dramatismo haciendo a su madre narrar en primera persona la muerte de su padre. No conseguí empatizar con los protagonistas de estas páginas porque está narrado de manera muy burda; para aumentar la carga emocional de las últimas páginas y crear un final apoteósico Jorge Javier cuenta nada menos que a su padre tuvieron que ponerle pañal en sus últimos días porque se hacía caca encima. Eso son armas de escritor; sí, señor.
El caso es que tampoco creo que su fiel público de Sálvame comulgue mucho con una novela de este tipo, porque no veo yo a esas señoras leyendo acerca de cómo Jorge le ponía la polla en la boca a Daniel y se corría de gusto (utilizo un vocabulario fiel al de Jorge Javier Vázquez para que el lector se haga una idea de lo que se encontrará).
En fin, acabemos con esto cuanto antes: mi recomendación es que no se acerquen a este libro ni en el Día de los Inocentes, no vaya a ser que alimentemos a la bestia (y que conste que yo no he pagado por él, me lo han prestado).
¡Ah! Lo mejor del libro es, sin duda, el título, que Vázquez toma de un poema de Gil de Biedma. Quedémonos con eso:
No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
7 de octubre de 2012
Miss Pettigrew Lives for a Day
El título habla por sí solo. Este libro narra lo que acontece en las veinticuatro horas en que Miss Pettigrew disfruta de la vida por primera vez. ¿Y hasta entonces? Pues hasta ese día, en que contaba ya con cuarenta años, había sido una solterona pobre, dedicada a mantener la virtud, convencida de que en esta vida no le quedaba otra que ejercer un papel secundario y aterrorizada porque vive sumida en la pobreza, y del trabajo al que va a postular ese día como institutriz depende su futuro más inmediato.
Así, se planta a las diez de la mañana a la puerta de Miss LaFosse, que es la persona con la que tiene la entrevista de trabajo, hecha un manojo de nervios. Sin embargo, a partir de entonces nada sucede como Miss Pettigrew había planeado. Miss LaFosse resulta ser una tierna pero alocada artista con un ajetreado y glamouroso ritmo de vida, en el que la señorita Pettigrew resulta encajar sorprendentemente bien. Gracias a la sensatez y al pragmatismo de Miss Pettigrew, y al hecho de que ayuda a Miss LaFosse en diferentes circunstancias y casi sin ser consciente de ello, se convierte en su amiga y confidente mientras ella misma pasa poco a poco de ser invisible a brillar con protagonismo y a encontrar su propio final feliz.
Ah, este es uno de esos libros geniales. Empaticé enseguida con Miss Pettigrew, me metí en la historia y en los geniales diálogos y disfruté de verdad con esta versión de Cenicienta. Además, el final no deja todos los hilos atados, lo que me pareció totalmente acertado (del estilo de finales de novela que aprobaría Cassandra Mortmain, ¡ja!). En definitiva, un libro para incorporar a la biblioteca, para releer de vez en cuando y para recomendar a diestro y siniestro. El ejemplar que saqué de la biblioteca, por cierto, tiene la pegatina que lo incluye entre los libros de la compilación 1001 Books You Must Read Before You Die. ¿Hace falta decir más?
"She wanted to go where they were going to-night, with a pathetic, passionate eagerness. She wanted to visit a night club, to partake of its activities, to be at one with the gay world. Simply and honestly she faced and confessed her abandonment of all the principles that had guided her through life. In one short day, at the first wink of temptation, she had not just fallen, but positively tumbled, from grace. Her long years of virtue counted for nothing. She had never been tempted before. The fleshpots called: the music bewitched: dens of inquity charmed. She actually wanted to taste again the wonderful drink Tony had given her, which left one with such a sense of security and power. There was no excuse. She could not deny that this way of sin, condemned by parents and principles, was a great deal more pleasant that the lonely path of virtue, and her morals had not withstood the test."
Así, se planta a las diez de la mañana a la puerta de Miss LaFosse, que es la persona con la que tiene la entrevista de trabajo, hecha un manojo de nervios. Sin embargo, a partir de entonces nada sucede como Miss Pettigrew había planeado. Miss LaFosse resulta ser una tierna pero alocada artista con un ajetreado y glamouroso ritmo de vida, en el que la señorita Pettigrew resulta encajar sorprendentemente bien. Gracias a la sensatez y al pragmatismo de Miss Pettigrew, y al hecho de que ayuda a Miss LaFosse en diferentes circunstancias y casi sin ser consciente de ello, se convierte en su amiga y confidente mientras ella misma pasa poco a poco de ser invisible a brillar con protagonismo y a encontrar su propio final feliz.Ah, este es uno de esos libros geniales. Empaticé enseguida con Miss Pettigrew, me metí en la historia y en los geniales diálogos y disfruté de verdad con esta versión de Cenicienta. Además, el final no deja todos los hilos atados, lo que me pareció totalmente acertado (del estilo de finales de novela que aprobaría Cassandra Mortmain, ¡ja!). En definitiva, un libro para incorporar a la biblioteca, para releer de vez en cuando y para recomendar a diestro y siniestro. El ejemplar que saqué de la biblioteca, por cierto, tiene la pegatina que lo incluye entre los libros de la compilación 1001 Books You Must Read Before You Die. ¿Hace falta decir más?
"She wanted to go where they were going to-night, with a pathetic, passionate eagerness. She wanted to visit a night club, to partake of its activities, to be at one with the gay world. Simply and honestly she faced and confessed her abandonment of all the principles that had guided her through life. In one short day, at the first wink of temptation, she had not just fallen, but positively tumbled, from grace. Her long years of virtue counted for nothing. She had never been tempted before. The fleshpots called: the music bewitched: dens of inquity charmed. She actually wanted to taste again the wonderful drink Tony had given her, which left one with such a sense of security and power. There was no excuse. She could not deny that this way of sin, condemned by parents and principles, was a great deal more pleasant that the lonely path of virtue, and her morals had not withstood the test."
14 de septiembre de 2012
Lecturas para cuando no tengo tiempo de leer
Paradójico, ¿verdad? Sin embargo, me ocurre algo con lo que más de uno se sentirá identificado. En muchos momentos del día me entran ganas de leer, pero no siempre tengo el tiempo necesario ni la disposición para ponerme con la novela que lleve entre manos en ese momento. Por ejemplo, cuando mi hija se echa a dormir después de haberle contado el cuento, me pide que me quede con ella hasta que concilie el sueño. En esos 10 o 15 minutos no me suele apetecer leer la novela de turno, más que nada porque cuando me he concentrado y he retomado el ritmo, ella ya se ha dormido y me toca dejar el libro y seguir haciendo cosas por casa.
Lo mismo me ocurre a veces por la mañana: en ocasiones saco ratos muertos mientras hago cosas por casa y me entra el gusanillo de leer, pero son ratitos aislados y no puedo permitirme el lujo de estar una hora enganchada a una trama.
Ayer caí en la cuenta de que tengo en marcha tres libros que leo así, a ratos muertos, y que me costará tanto terminarlos que no sabía si llegaría a reseñarlos nunca aquí. No obstante, como se trata de lecturas algo atípicas he decidido hacerles un hueco también fuera de lo normal en mi blog. Son tres libros que comparten una característica: no hace falta concentrarse en exceso ni leerlos de un tirón o de manera lineal. Y tienen otro rasgo en común: me costaron cuatro duros. En cada reseña doy los detalles:
10 YEARS YOUNGER NUTRITION BIBLE
Aquí en Inglaterra es habitual que las bibliotecas tengan una pequeña sección en la que ponen a la venta los libros que han descatalogado por un motivo u otro. La razón no la tengo clara, porque muchos de los libros que exilian a esta sección están en perfecto estado y son actuales (hace un par de semanas adquirí El nombre del viento en esta edición por 10 peniques; estaba en relativamente buen estado y no se puede decir que sea un libro que ya no interesa). El caso es que en esos estantes se encuentran auténticas joyas.
Ayer encontré allí este manual sobre nutrición y me lo llevé porque me pareció claro, ameno y directo al grano; además me interesa mejorar un poco mi alimentación, así que decidí que aquí encontraría buenas pistas. Llevo ya 45 páginas y tengo claro que ha sido una buena compra.
Ya decía Hipócrates en la noche de los tiempos: «Que tu alimento sea tu medicina», y eso es precisamente lo que aboga la dietista autora del libro. Según ella, no solo es posible rejuvenecer unos cuantos años cambiando nuestra alimentación, sino que es lo más sensato. Por mucho que actualicemos la forma de vestir, nos hagamos un corte de pelo favorable o nos compremos la crema más cara del mercado, todo ello no servirá de nada si no lo acompañamos con una alimentación adecuada. Es más, si «somos lo que comemos», lo que de verdad tiene sentido es buscar ese proceso de transformación desde el interior. Y en realidad no se trata solo de aparentar menos edad de la que uno tiene, sino de sentirse bien, y tan loable objetivo es el que pretende cubrir este libro.
LOST CLASSICS
Los editores de una revista literaria de Toronto decidieron publicar uno de sus artículos con el título de «Lost Classics». Preguntarían a los autores que suelen colaborar con ellos cuál es ese libro que adoraron un día y al que perdieron la pista, libros fantásticos que nunca alcanzaron notoriedad o ediciones que se agotaron hace tiempo. Así, autores como Margaret Atwood, Jeffrey Eugenides o John Irving cuentan historias personales de libros que de alguna manera les dejaron marcados y que hoy están perdidos o son difíciles de encontrar.
Fueron las palabras de la introducción las que me enamoraron de este libro y aquí las copio por si ejercen el mismo efecto en alguien más...
"A book that we love haunts us forever; it will haunt us, even when we can no longer find it on the shelf or beside the bed where we must have left it. After all, it is the act of reading, for many of us, that forged our first link to the world. And so lost books–books that have gone missing through neglect or been forgotten in changing tastes or worst of all, gone up in a puff of rumour–gnaw at us. Being lovers of books, we've pulled a scent of these absences behind us our whole reading lives, telling people about books that exist only on our own shelves, or even just in our own memory. This is what was on our minds one rainy afternoon in Toronto, as we sat around a dining-room table where the four of us, every few months, make manifest a sporadic but long-lived magazine called Brick: A Literary Journal."
Este libro también lo compré en la biblioteca por unos 80 peniques. El epílogo, por cierto, es de Javier Marías.
LONDON'S STRANGEST TALES
Este libro lo encontré en la sección de saldos de Waterstones, que es un cajón al que van a parar los restos de serie y los libros que se han estropeado en la propia librería (por ejemplo, cuentos de la sección infantil que los niños acaban rompiendo al echarles un vistazo o al jugar con ellos). Este que me llevé yo estaba en muy buen estado pero un poco tieso, como si se hubiera humedecido un poco en el viaje de la imprenta a la librería. Estaba a mitad de precio, tres libras y media.
Y bueno, se trata de un volumen (como cientos hay en el mercado ya) que recopila leyendas, relatos y anécdotas relacionadas con hechos curiosos e históricos de Londres. Típica lectura para luego contarles anécdotas sobre la ciudad a las visitas. :-)
Cada uno de los relatos ocupa de una a tres páginas, así que es perfecto para leer incluso cuando no se tiene nada de tiempo…
Lo mismo me ocurre a veces por la mañana: en ocasiones saco ratos muertos mientras hago cosas por casa y me entra el gusanillo de leer, pero son ratitos aislados y no puedo permitirme el lujo de estar una hora enganchada a una trama.
Ayer caí en la cuenta de que tengo en marcha tres libros que leo así, a ratos muertos, y que me costará tanto terminarlos que no sabía si llegaría a reseñarlos nunca aquí. No obstante, como se trata de lecturas algo atípicas he decidido hacerles un hueco también fuera de lo normal en mi blog. Son tres libros que comparten una característica: no hace falta concentrarse en exceso ni leerlos de un tirón o de manera lineal. Y tienen otro rasgo en común: me costaron cuatro duros. En cada reseña doy los detalles:
10 YEARS YOUNGER NUTRITION BIBLE
Aquí en Inglaterra es habitual que las bibliotecas tengan una pequeña sección en la que ponen a la venta los libros que han descatalogado por un motivo u otro. La razón no la tengo clara, porque muchos de los libros que exilian a esta sección están en perfecto estado y son actuales (hace un par de semanas adquirí El nombre del viento en esta edición por 10 peniques; estaba en relativamente buen estado y no se puede decir que sea un libro que ya no interesa). El caso es que en esos estantes se encuentran auténticas joyas.
Ayer encontré allí este manual sobre nutrición y me lo llevé porque me pareció claro, ameno y directo al grano; además me interesa mejorar un poco mi alimentación, así que decidí que aquí encontraría buenas pistas. Llevo ya 45 páginas y tengo claro que ha sido una buena compra.
Ya decía Hipócrates en la noche de los tiempos: «Que tu alimento sea tu medicina», y eso es precisamente lo que aboga la dietista autora del libro. Según ella, no solo es posible rejuvenecer unos cuantos años cambiando nuestra alimentación, sino que es lo más sensato. Por mucho que actualicemos la forma de vestir, nos hagamos un corte de pelo favorable o nos compremos la crema más cara del mercado, todo ello no servirá de nada si no lo acompañamos con una alimentación adecuada. Es más, si «somos lo que comemos», lo que de verdad tiene sentido es buscar ese proceso de transformación desde el interior. Y en realidad no se trata solo de aparentar menos edad de la que uno tiene, sino de sentirse bien, y tan loable objetivo es el que pretende cubrir este libro.
LOST CLASSICS
Los editores de una revista literaria de Toronto decidieron publicar uno de sus artículos con el título de «Lost Classics». Preguntarían a los autores que suelen colaborar con ellos cuál es ese libro que adoraron un día y al que perdieron la pista, libros fantásticos que nunca alcanzaron notoriedad o ediciones que se agotaron hace tiempo. Así, autores como Margaret Atwood, Jeffrey Eugenides o John Irving cuentan historias personales de libros que de alguna manera les dejaron marcados y que hoy están perdidos o son difíciles de encontrar.
Fueron las palabras de la introducción las que me enamoraron de este libro y aquí las copio por si ejercen el mismo efecto en alguien más...
"A book that we love haunts us forever; it will haunt us, even when we can no longer find it on the shelf or beside the bed where we must have left it. After all, it is the act of reading, for many of us, that forged our first link to the world. And so lost books–books that have gone missing through neglect or been forgotten in changing tastes or worst of all, gone up in a puff of rumour–gnaw at us. Being lovers of books, we've pulled a scent of these absences behind us our whole reading lives, telling people about books that exist only on our own shelves, or even just in our own memory. This is what was on our minds one rainy afternoon in Toronto, as we sat around a dining-room table where the four of us, every few months, make manifest a sporadic but long-lived magazine called Brick: A Literary Journal."
Este libro también lo compré en la biblioteca por unos 80 peniques. El epílogo, por cierto, es de Javier Marías.
LONDON'S STRANGEST TALES
Este libro lo encontré en la sección de saldos de Waterstones, que es un cajón al que van a parar los restos de serie y los libros que se han estropeado en la propia librería (por ejemplo, cuentos de la sección infantil que los niños acaban rompiendo al echarles un vistazo o al jugar con ellos). Este que me llevé yo estaba en muy buen estado pero un poco tieso, como si se hubiera humedecido un poco en el viaje de la imprenta a la librería. Estaba a mitad de precio, tres libras y media.Y bueno, se trata de un volumen (como cientos hay en el mercado ya) que recopila leyendas, relatos y anécdotas relacionadas con hechos curiosos e históricos de Londres. Típica lectura para luego contarles anécdotas sobre la ciudad a las visitas. :-)
Cada uno de los relatos ocupa de una a tres páginas, así que es perfecto para leer incluso cuando no se tiene nada de tiempo…
6 de septiembre de 2012
Let the Right One In
Let the Right One In transcurre en Blackeberg, un barrio residencial de Estocolmo, a principios de la década de 1980. El protagonista es Oskar, un niño de 12 años con un gran problema escolar: sufre acoso. Su gran miedo es encontrarse a solas con los dos compañeros que le acorralan y ridiculizan, y eso, por otra parte, hace que los demás chicos lo dejen de lado. Una noche conoce a una chica solitaria, extraña, con quien sin embargo parece conectar bien. Poco a poco traban amistad, pero en un momento determinado Oskar hace un descubrimiento aterrador: su amiga Eli es en realidad un vampiro de más de 200 años, y está sembrando el terror en Estocolmo…Esta novela no debería encasillarse como «otra de vampiros». Es cierto que hay unos cuantos hematófagos en la trama, pero, curiosamente, Lindqvist construye a su alrededor unos personajes tan cotidianos y creíbles que es fácil sumergirse en sus historias dejando la sangre en un segundo plano. No es una novela fácil, pues la narración es prolija en descripciones y datos y alterna las diferentes historias de los personajes, que son muchos. No obstante, la trama no llega a decaer y el ritmo se mantiene muy bien durante toda la novela.
Quiero subrayar lo bien que ha perfilado Lindqvist a sus personajes, tanto los protagonistas como los secundarios. Casi todos son personas grises, sin muchas expectativas, derrotados de antemano por la vida, autómatas. Se presentan tremendamente humanos, vulnerables a menudo, y en ocasiones sus comportamientos rozan lo patético. No es esta una novela de acciones heroicas o escenas estereotipadas «a la americana». Ni siquiera lo que podría haber resultado previsible, que es la historia entre Oskar y Eli, roza en ningún momento los tópicos: no hay escenas edulcoradas ni diálogos en la línea de Crepúsculo (por fortuna). Pero todo ello hace que el lector empatice enseguida con las historias y sufra con cada vuelta de tuerca que da la trama.
Quienes hayan visto la película se sorprenderán al leer el libro, pues va mucho más allá de lo que se reflejaba en pantalla, en el sentido de que abundan pasajes que casi rozan lo repulsivo. Esta diferencia es mucho más notable en la segunda mitad de la novela, que es también donde se dan los detalles más gore. Desde luego, si se hubiera hecho una adaptación fiel del libro, más de uno se habría levantado de la butaca y muchas escenas habrían acabado censuradas en ciertos países.
Un libro sin ninguna duda recomendado para quienes disfruten con las tramas originales, bien narradas, sin sensiblerías, con personajes reales con quienes uno empatiza de inmediato, tramas que te mantienen hasta las tantas de la madrugada devorando páginas como un poseso, mientras vigilas por encima del hombro... por si acaso.
En España lo publicó Espasa-Calpe con el título Déjame entrar.
2 de septiembre de 2012
La vida sale al encuentro
Este libro me marcó de adolescente y hoy, veinte años después de leerlo por primera vez, sigue gustándome como el primer día. La vida sale al encuentro narra precisamente esa etapa: el paso de la infancia a la edad adulta de un joven de quince años y los bandazos que se producen a esa edad incierta en la que uno ya no es niño pero tampoco ha alcanzado la madurez todavía.
Ignacio Sáez de Ichaso es un joven gallego que vive, en 1950, en el seno de una familia muy acomodada y profundamente religiosa. Su padre es un marino experimentado, Segundo en la Escuela Naval, e Ignacio ha heredado su pasión por el mar. Tiene dos hermanos: Mito, con quien mantiene las trifulcas propias de hermanos adolescentes, y Cheché, el pequeño, que sufrió una enfermedad con 7 años que lo dejó inválido de una pierna. Es conmovedora la relación entre Ignacio y Cheché, que se compenetran a la perfección y se protegen mucho el uno al otro. Además está Patri, su prima hermana, y Karin, una chica alemana de la misma edad que Ignacio que vive con la familia de Patri desde que ella quedara huérfana años atrás.
En paralelo, vivimos el año escolar de Ignacio, que pasa interno en un colegio jesuita. Allí el lector sigue sus andanzas, peleas y travesuras en compañía de los amigos: el incondicional Pancho, Azufre, Héctor, Jaime... Ignacio se ve arropado por el Padre Urcola, amigo de la madre de Ignacio desde la juventud y que asume el papel de educar a Ignacio y ayudarle en ese paso de niño a hombre en un año en el que, además, tendrá que enfrentarse a la experiencia más dura de su vida.
Lo que hace este libro especial es el vibrante tono narrativo que emplea el autor. Ignacio es un personaje impulsivo, apasionado, incapaz de controlar los bandazos que pega su carácter, pero con un corazón de oro. Para mí, este ritmo narrativo que impone el protagonista y su manera tan peculiar de contar las cosas, de escribirlas, hacen de esta lectura algo adictivo. Y eso que esta es la quinta o la sexta vez que lo devoro… Otro recurso que me parece precioso es el uso constante de metáforas acerca de la mar que emplean todos los personajes: es, en efecto, un libro muy marinero. Hay párrafos enteros (como el que describe el naufragio que vivió un personaje, el Grumete) que habrían sido imposibles de describir tan al detalle para alguien ajeno al mundo del mar. Y es que hay mucho del autor en este libro: José Luis Martín Vigil estudió con los jesuitas de su ciudad natal, Oviedo, y luego Ingeniería Naval; con 29 años ingresó en la Compañía de Jesús y se ordenó sacerdote en 1953 (años después lo abandonaría). Este libro se inspiró en su experiencia como educador durante dos años en el colegio Apóstol Santiago de Vigo, el mismo en el que se desarrolla la trama de este libro. De hecho, todo apunta a que el Padre Urcola es el álter ego del autor.
Evidentemente no es un libro que vaya a gustar a todo el mundo, porque algunos detalles hoy suenan tremendamente pasados de moda, en concreto los que conciernen a la religión (chavales de 15 años rezando de rodillas a los pies de su cama...). Sin embargo, lo que resulta realmente atemporal en esta historia es la forma que tiene Martín Vigil de tratar los sentimientos: el amor, la nobleza, la lealtad incondicional a los amigos o los grandes ideales de la adolescencia. Puede que este libro guste más o menos, pero lo que resulta innegable es que Martín Vigil sabía construir personajes y narrar historias.
«– Mira en torno, Nacho, sin salir de la División… Unos más, otros menos, pero todos, hombreando un poco, cada cual a su manera; según su audacia y posibilidades. No lo dudes. ¿Palabras un tanto fuertes…, tacos declarados…, vocabulario grueso?: afán de ser hombre. ¿Ademanes de gangster…, andar cachazudo…, posturas de galería?: afán de ser hombre. ¿Fumar, fumar para los que miran…, fumar a destajo?: afán de ser hombre. ¿Alardear, yo vi…, yo leí…, yo hice?: afán de ser hombre. Lo vas a entender. Despierta en vosotros la virilidad, y está bien; pero despierta dando aldabonazos. En un momento queréis liquidar la infancia, que aún está presente en muchas cosas, créeme; y en el afán por ser hombres que os acomete, no vais a la raíz; no ponéis los cimientos, no. Miráis en torno y veis hombres hechos ya. Los veis y os lanzáis a imitarlos. ¿Pero, qué imitáis?… Imitáis cuatro exterioridades que os entran por los sentidos… los modales, el vocabulario, los pitillos. Y ¿eso es ser hombre?… Piensa esto: entonces yo, nosotros, ¿no somos hombres?»
«No me vieron llegar. Caí como un tigre sobre el primero, y volviéndolo de un tirón de izquierda, le encajé, en corto, un directo al ojo, que creí sacarle el puño por la nuca. Me fui entonces a los otros como un jabato. Ellos se las piraban a vela llena, y uno de los dos, un Freire, tiró el bastón para correr mejor. Yo, la verdad, es que entonces no pensé nada, pero en cuanto agarré el bastón, allá le fue como un venablo. Eso, el que le pegara en la cabeza con la contera, no lo pude calcular yo. Entonces vino el revuelo, porque había sangre y ya se sabe.Lo vi que sangraba, pero estaba yo de buen humor para amedrentarme.»
«– Hoy es un día grande para ti. Tienes a proa un rumbo arduo y difícil. Tienes buena brújula para seguirlo. No te falta brazo para dominar la rueda. El puerto que pretendes depende de tu esfuerzo para mantenerte en ruta… Ya lo entiendes. Es un viaje de años, para desembarcar con un carácter, una carrera, una integridad… ¿Comprendes todo esto tú, Ignacio?»
Ignacio Sáez de Ichaso es un joven gallego que vive, en 1950, en el seno de una familia muy acomodada y profundamente religiosa. Su padre es un marino experimentado, Segundo en la Escuela Naval, e Ignacio ha heredado su pasión por el mar. Tiene dos hermanos: Mito, con quien mantiene las trifulcas propias de hermanos adolescentes, y Cheché, el pequeño, que sufrió una enfermedad con 7 años que lo dejó inválido de una pierna. Es conmovedora la relación entre Ignacio y Cheché, que se compenetran a la perfección y se protegen mucho el uno al otro. Además está Patri, su prima hermana, y Karin, una chica alemana de la misma edad que Ignacio que vive con la familia de Patri desde que ella quedara huérfana años atrás.
En paralelo, vivimos el año escolar de Ignacio, que pasa interno en un colegio jesuita. Allí el lector sigue sus andanzas, peleas y travesuras en compañía de los amigos: el incondicional Pancho, Azufre, Héctor, Jaime... Ignacio se ve arropado por el Padre Urcola, amigo de la madre de Ignacio desde la juventud y que asume el papel de educar a Ignacio y ayudarle en ese paso de niño a hombre en un año en el que, además, tendrá que enfrentarse a la experiencia más dura de su vida.
Lo que hace este libro especial es el vibrante tono narrativo que emplea el autor. Ignacio es un personaje impulsivo, apasionado, incapaz de controlar los bandazos que pega su carácter, pero con un corazón de oro. Para mí, este ritmo narrativo que impone el protagonista y su manera tan peculiar de contar las cosas, de escribirlas, hacen de esta lectura algo adictivo. Y eso que esta es la quinta o la sexta vez que lo devoro… Otro recurso que me parece precioso es el uso constante de metáforas acerca de la mar que emplean todos los personajes: es, en efecto, un libro muy marinero. Hay párrafos enteros (como el que describe el naufragio que vivió un personaje, el Grumete) que habrían sido imposibles de describir tan al detalle para alguien ajeno al mundo del mar. Y es que hay mucho del autor en este libro: José Luis Martín Vigil estudió con los jesuitas de su ciudad natal, Oviedo, y luego Ingeniería Naval; con 29 años ingresó en la Compañía de Jesús y se ordenó sacerdote en 1953 (años después lo abandonaría). Este libro se inspiró en su experiencia como educador durante dos años en el colegio Apóstol Santiago de Vigo, el mismo en el que se desarrolla la trama de este libro. De hecho, todo apunta a que el Padre Urcola es el álter ego del autor.
Evidentemente no es un libro que vaya a gustar a todo el mundo, porque algunos detalles hoy suenan tremendamente pasados de moda, en concreto los que conciernen a la religión (chavales de 15 años rezando de rodillas a los pies de su cama...). Sin embargo, lo que resulta realmente atemporal en esta historia es la forma que tiene Martín Vigil de tratar los sentimientos: el amor, la nobleza, la lealtad incondicional a los amigos o los grandes ideales de la adolescencia. Puede que este libro guste más o menos, pero lo que resulta innegable es que Martín Vigil sabía construir personajes y narrar historias.
«– Mira en torno, Nacho, sin salir de la División… Unos más, otros menos, pero todos, hombreando un poco, cada cual a su manera; según su audacia y posibilidades. No lo dudes. ¿Palabras un tanto fuertes…, tacos declarados…, vocabulario grueso?: afán de ser hombre. ¿Ademanes de gangster…, andar cachazudo…, posturas de galería?: afán de ser hombre. ¿Fumar, fumar para los que miran…, fumar a destajo?: afán de ser hombre. ¿Alardear, yo vi…, yo leí…, yo hice?: afán de ser hombre. Lo vas a entender. Despierta en vosotros la virilidad, y está bien; pero despierta dando aldabonazos. En un momento queréis liquidar la infancia, que aún está presente en muchas cosas, créeme; y en el afán por ser hombres que os acomete, no vais a la raíz; no ponéis los cimientos, no. Miráis en torno y veis hombres hechos ya. Los veis y os lanzáis a imitarlos. ¿Pero, qué imitáis?… Imitáis cuatro exterioridades que os entran por los sentidos… los modales, el vocabulario, los pitillos. Y ¿eso es ser hombre?… Piensa esto: entonces yo, nosotros, ¿no somos hombres?»
«No me vieron llegar. Caí como un tigre sobre el primero, y volviéndolo de un tirón de izquierda, le encajé, en corto, un directo al ojo, que creí sacarle el puño por la nuca. Me fui entonces a los otros como un jabato. Ellos se las piraban a vela llena, y uno de los dos, un Freire, tiró el bastón para correr mejor. Yo, la verdad, es que entonces no pensé nada, pero en cuanto agarré el bastón, allá le fue como un venablo. Eso, el que le pegara en la cabeza con la contera, no lo pude calcular yo. Entonces vino el revuelo, porque había sangre y ya se sabe.Lo vi que sangraba, pero estaba yo de buen humor para amedrentarme.»
«– Hoy es un día grande para ti. Tienes a proa un rumbo arduo y difícil. Tienes buena brújula para seguirlo. No te falta brazo para dominar la rueda. El puerto que pretendes depende de tu esfuerzo para mantenerte en ruta… Ya lo entiendes. Es un viaje de años, para desembarcar con un carácter, una carrera, una integridad… ¿Comprendes todo esto tú, Ignacio?»
7 de agosto de 2012
I Capture the Castle
I capture the castle es el diario de Cassandra Mortmain, un relato agudo, divertido e inteligente de su extraordinaria familia y de la vida que llevan en un gélido castillo perdido en Suffolk (Inglaterra) en la década de 1930.
Cassandra es una joven lista, despierta y tranquila de 17 años que escoge los rincones más variopintos del castillo para escribir su diario. Tiene dos hermanos: Rose, de 21 años, bella pero algo vana y con pocas aspiraciones intelectuales, y Thomas, de 15, el único que aún va a la escuela. Su madre falleció cuando los niños eran pequeños y viven con su padre, un escritor que cosechó un libro de gran éxito y que ahora se recluye, solitario y excéntrico, sumido desde hace años en el bloqueo del escritor. En el castillo también vive su madrastra, Topaz, una exmodelo de 29 años a quien le gusta comulgar desnuda con la Naturaleza circundante y que está prendada del escritor, aunque este le hace poco caso. Por último, Stephen, un joven de 18 años que ha vivido con la familia desde que era niño cuando su madre, ya fallecida, trabajaba para la familia. Plagia poemas para Cassandra y está perdidamente enamorado de ella, aunque su condición de sirviente de la familia hace que él mismo interponga una barrera entre los dos y la vea como un ideal, un imposible.
Los seis viven, pobres como ratas, en un caserón que conserva partes de un antiguo castillo. Sin embargo, el día a día de la familia pronto se verá interrumpido por la llegada desde América de los dueños del castillo, dos interesantes y adinerados jóvenes junto con su atractiva y parlanchina madre, que vendrán a romper la rutina en que estaban sumidos los Mortmain.
¿Qué decir de este libro? Pues que me da pena que mi yo de 16 años se lo perdiera, porque lo habría disfrutado tanto… Las reflexiones de Cassandra son geniales y el libro se lee facilísimo; además, la acción no decae en ningún momento y es el típico libro que me habría gustado que no terminara nunca. Quizá mi reseña no suena muy apasionada, así que subrayo que es un libro genial de principio a fin y que ha estado a punto de desbancar a mi «libro favorito de todos los tiempos» (Rebecca). De momento, me lo quiero releer en español más pronto que tarde y regalárselo a un par de personas.
Dejo un par de citas de Cassandra, relacionadas las dos con la pobreza en la que estaba sumida la familia; ya las pondré en español cuando consiga la edición correspondiente. Eso aparte de la cita larga que puse en la entrada anterior y que me ha marcado. No hago más que darle vueltas a la frase del «settled feeling»; me siento tan identificada…
"I thank heaven there is no cheaper form of bread than bread."
"[Rose] has had that dressing-gown so long that I don't think she sees it anymore; if she were to put it away for a month and then look at it, she would get a shock."
Cassandra es una joven lista, despierta y tranquila de 17 años que escoge los rincones más variopintos del castillo para escribir su diario. Tiene dos hermanos: Rose, de 21 años, bella pero algo vana y con pocas aspiraciones intelectuales, y Thomas, de 15, el único que aún va a la escuela. Su madre falleció cuando los niños eran pequeños y viven con su padre, un escritor que cosechó un libro de gran éxito y que ahora se recluye, solitario y excéntrico, sumido desde hace años en el bloqueo del escritor. En el castillo también vive su madrastra, Topaz, una exmodelo de 29 años a quien le gusta comulgar desnuda con la Naturaleza circundante y que está prendada del escritor, aunque este le hace poco caso. Por último, Stephen, un joven de 18 años que ha vivido con la familia desde que era niño cuando su madre, ya fallecida, trabajaba para la familia. Plagia poemas para Cassandra y está perdidamente enamorado de ella, aunque su condición de sirviente de la familia hace que él mismo interponga una barrera entre los dos y la vea como un ideal, un imposible.
Los seis viven, pobres como ratas, en un caserón que conserva partes de un antiguo castillo. Sin embargo, el día a día de la familia pronto se verá interrumpido por la llegada desde América de los dueños del castillo, dos interesantes y adinerados jóvenes junto con su atractiva y parlanchina madre, que vendrán a romper la rutina en que estaban sumidos los Mortmain.¿Qué decir de este libro? Pues que me da pena que mi yo de 16 años se lo perdiera, porque lo habría disfrutado tanto… Las reflexiones de Cassandra son geniales y el libro se lee facilísimo; además, la acción no decae en ningún momento y es el típico libro que me habría gustado que no terminara nunca. Quizá mi reseña no suena muy apasionada, así que subrayo que es un libro genial de principio a fin y que ha estado a punto de desbancar a mi «libro favorito de todos los tiempos» (Rebecca). De momento, me lo quiero releer en español más pronto que tarde y regalárselo a un par de personas.
Dejo un par de citas de Cassandra, relacionadas las dos con la pobreza en la que estaba sumida la familia; ya las pondré en español cuando consiga la edición correspondiente. Eso aparte de la cita larga que puse en la entrada anterior y que me ha marcado. No hago más que darle vueltas a la frase del «settled feeling»; me siento tan identificada…
"I thank heaven there is no cheaper form of bread than bread."
"[Rose] has had that dressing-gown so long that I don't think she sees it anymore; if she were to put it away for a month and then look at it, she would get a shock."
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