12 de septiembre de 2021

Grandes de lo macabro (Joan Boix)

Este cómic me parece tan espectacular que me llamó la atención desde una esquinita del escaparate de una de mis librerías de referencia (Librería Castillón). Pedí echarle un vistazo y el flechazo fue definitivo. Desde luego, con una portada así Aleta Ediciones sabe captar la atención del público. Hoy os traigo Grandes de lo macabro, de Joan Boix.



Sinopsis de la editorial:

Publicadas hace casi 50 años en revistas míticas como Dossier Negro o S.O.S., Aleta Ediciones recupera 20 historias de terror realizadas por el gran Joan Boix, algunas de ellas basadas en relatos magistrales de H.P. Lovecraft, Franz Kafka, Arthur Conan Doyle, Gustavo Adolfo Bécquer o Edgar Allan Poe.

Una nueva portada realizada por Joan Boix redondea esta edición definitiva del trabajo de uno de los mejores maestros del terror.


Pocos historietistas podrán decir que tienen una carrera en activo de más de sesenta años, pero Joan Boix es uno de ellos. De los que yo conozco (que admito que no son muchos), solo Francisco Ibañez lo supera (hablando estrictamente de longevidad, pues sus trabajos dentro del cómic son muy diferentes, claro). Joan Boix empezó a trabajar con 14 años en la mercería de sus padres, en cuyo mostrador trataba de copiar los dibujos que veía en los cómics de El capitán Trueno y comenzó a crear así sus propias historietas. Al ver el talento del muchacho, con 15 años su padre lo llevó a la Editorial Bruguera, donde un año después ya empezaron a publicarle trabajos. El resto es historia, y en la actualidad sigue dibujando (el cómic The Phantom) para una editorial australiana. 

Las historias de terror que aquí se recogen ya fueron publicadas en las décadas de 1970 y 1980 en revistas como Dossier negro, S.O.S. o Creepy. Todas las ha dibujado Joan Boix, algunas con guion propio y otras basadas en relatos de H. P. Lovecraft, Franz Kafka, Arthur Conan Doyle, Gustavo Adolfo Bécquer, Robert Bloch o Edgar Allan Poe. De hecho esta recopilación ya fue publicada en el 2009 por Ediciones B, pero la portada que ha escogido Aleta Ediciones (y que Boix ha dibujado ex profeso) es para mi gusto muchísimo más impactante.

El dibujo es en blanco y negro, juega mucho con las sombras e incorpora un increíble nivel de detalle. Su caracterización de los personajes es también impresionante y la ambientación es magnífica, creando escenarios de lo más macabros. Desde luego, son unas ilustraciones que se adaptan magníficamente al género del terror y muchas de las historias son ciertamente espeluznantes. Además cada relato es muy breve, apenas 6 u 8 páginas, y el autor ha hecho un gran trabajo a la hora de condensar las historietas basadas en relatos más largos. En su día, Joan Boix también hizo incursiones en el género erótico, lo que se refleja en algunas de las ilustraciones; es algo que no me esperaba en un cómic de terror, pero no me ha parecido que desentonara y ha resultado más que bienvenido.

Personalmente me han gustado mucho más las adaptaciones que hace de clásicos del terror que los guiones de factura propia, pero en conjunto es una obra muy redonda que he disfrutado de principio a fin. Destacaría La maldición del amuleto (basado en un relato de Lovecraft), Plateada como la luna (relato de Robert Bloch), El solterón (guion de Boix), El niño y el ahorcado (historia de Victor Hugo), ¿Qué era aquello? (de Fitz-James O'Brien) o El caso del señor Valdemar (de Edgar Allan Poe). También me gustó especialmente Fronteras, que al parecer está basada en un suceso real que vivió el autor. De todas formas, cualquiera de las páginas por las que se abra este tomo impresionarán al lector y son toda una lección de buena mano y saber hacer.

No tengo mucha experiencia en el género, pero puedo afirmar que con esta compra acerté de pleno y la recomiendo encarecidamente. ¿Os gusta el terror? ¿Os gustan los cómics? Pues lanzaos a por él de cabeza: no os arrepentiréis de haber leído este clásico.





4 de septiembre de 2021

Cumbres borrascosas (Emily Brontë)

Tenía mérito haber llegado a mis 44 años sin saber nada de la trama de Cumbres borrascosas, no me diréis que no. Solo sabía que es un dramón y una de las historias de amor más intensas y apasionadas de todos los tiempos. Luego veo ilustraciones como esta de abajo de Fernando Vicente (en la maravillosa edición de Tres Hermanas) y mi imaginación hace el resto:

Y, claro, digamos que el quid de la cuestión aquí han sido mis expectativas, porque yo venía con una idea que no he visto reflejada en el libro. ¿Eso es bueno o malo? Por supuesto, no vengo aquí a decir que Cumbres borrascosas es un mal libro, pero es cierto que iba avanzando en la lectura asombrada por los derroteros que iba tomando la historia que estaba leyendo, tan diferente a lo que esperaba. Y luego está ese momento en el que te das cuenta de que estás leyendo la historia en pasado, es decir, la cosa ya no da más de sí, con lo cual se mata del todo el suspense, ya no hay vuelta de hoja, ya sabes más o menos cómo termina (al menos, en lo que respecta a la historia de amor en sí). 

Desde luego, cuando Emily Brontë creó el personaje de Heathcliff no estaba pensando en que les gustara a los lectores. Imagino que ideó un personaje al límite, que no iba a caer bien, que era el resultado de una infancia de maltratos, que vive en los confines de la naturaleza más agreste y que va a enamorarse de otra persona narcisista y complicada, produciendo un choque de caracteres tal que a su alrededor solo se produce devastación. Solo el amor logrará salvarlos, si no en esta vida, en la siguiente. El problema es que tampoco me ha parecido una historia de amor tan impactante. Leí Rebecca de jovencita e inmediatamente quise ser la señora De Winter, pese a todos sus fallos (con los que me identificaba), y pasear con Maxim del brazo por los rosales de Manderley. Incluso me sentí identificada con la historia de amor de Jane Eyre, que creó la hermana de Emily, Charlotte, con personajes también complejos y torturados. Pero en este libro no he visto una historia de amor que quisiera reproducir, me parecía más bien que Heathcliff y Catherine iban cada uno por un lado, con sus tormentos y obsesiones, pero no llegaban a «comulgar» jamás, no construyeron juntos nada memorable. 

Como digo, los personajes están magníficamente construidos, en especial Heathcliff, un niño con rasgos gitanos que llega adoptado a una granja en medio de los páramos ingleses y es maltratado por todos los que le rodean. Pero él no se amedrenta, y paga con la misma moneda a sus maltratadores, por lo que es considerado un monstruo. Un poco a la manera de Frankenstein, el carácter de Heathcliff se ve moldeado por los maltratos que le infligen desde pequeño y acaba convirtiéndose en el monstruo que los demás ven en él. De adulto no busca la redención, sino que es ya un hombre amargado, echado a perder, que hace del rencor su bandera y que solo busca venganza durante años (¡décadas!), lo que solo contribuye a hacerlo aún más miserable. Desde luego tiene mérito haber creado una trama así, y yo debería comulgar con ella más porque no me suelen gustar las historias de amor facilonas, pero digamos que esto ya es ¡pasarse tres pueblos!

Por supuesto me alegro muchísimo de haberlo leído y de sumar un clásico más a mi bagaje como lectora. Lo recordaré con cariño, pero quizá no por los motivos adecuados. Por cierto, me leí una edición que tiene mi madre en casa, esta de abajo, una viejísima de Discolibro, con una portada que claramente confunde sobre lo que se va a encontrar uno luego y una edición de esas añejas que traducía los nombres propios, por lo que me he visto siguiendo las aventuras de Heathcliff, Catalina, José, Elena o Isabel. 

En definitiva, una novela que me ha transportado a paisajes agrestes y borrascosos y que sin duda dará para una relectura (aunque dejaré pasar un tiempecillo), pero que nunca calificaría de romántica ni de historia de amor ni de nada parecido. Los que tomen esta historia como aspiración o modelo de algo que se lo hagan mirar, con cariño lo digo. :D


17 de agosto de 2021

Una de minireseñas

No se lo digas a nadie (Harlan Coben) 

El doctor David Beck vivió una terrible pérdida hace ocho años: mataron a su mujer, de la que había sido inseparable desde que ambos tenían 7 años. Él trata de seguir su día a día, pero los recuerdos le pesan y más ahora que se acerca el aniversario de ambos. Pero ocurren dos cosas que ponen su mundo patas arriba: recibe un mensaje de correo electrónico que parece indicar que su mujer podría seguir viva, y desentierran algo importante en el lugar donde la mataron. Para más inri, las sospechas parecen recaer ahora sobre el propio Beck. 

Es un thriller muy bien construido, que me ha tenido tres días mordiéndome las uñas, con uno de los esbirros más terroríficos que me he encontrado últimamente, y con una trama sin trampas. Muy, muy recomendable.

Lo único malo que tengo que decir es que la traducción tiene algunos errores gordos. No digo que el trabajo de la traductora fuera malo, pero sí creo que la editorial tendría que haber hecho una revisión de la traducción más pulida. Lo primero que me llamó la atención fue esta frase, cuando dos personajes hablan de una chica que está de muy buen ver: «Tiene un cuerpo asesino». Tenía toda la pinta de ser un calco, porque la expresión «killer body» en inglés significa «cuerpo de infarto», pero traducido literal killer significa «asesino». Para no pasarme de lista busqué el original (puede consultarse una versión online, mal maquetada e incómoda de leer, pero que usé para confirmar estos fallos). Efectivamente, en inglés decía «She's got a killer body».

Trabajo en el sector de la traducción y tengo un cliente cuyo mantra es «sentido común». Y tiene razón. Si alguien (el traductor, el corrector, el editor, el lector) se encuentra una frase como «tiene un cuerpo asesino», ¿no hay nada que le llame la atención? ¿No se plantearía si el original quería decir otra cosa?

Pensé que era deformación profesional y que sería un fallo puntual, pero no. A medida que avanzaba en la lectura iba encontrando cosas en la trama que de nuevo sonaban raras, y lo peor es que las que detecté me sonaron mal porque impedían la comprensión de la trama. Por ejemplo, en estas frases:

"That's not true. You were her husband. In such cases, the odds of a family member's involvement..."

"Maybe if you didn't waste time with that crap, you would have found her before"

Aquí, con «that crap» se refiere a que la policía perdió demasiado tiempo en investigarlo a él (el marido), como pariente cercano, en lugar de seguir otras pistas fiables. La traducción dice:

—Eso no es verdad. Usted era su marido. En casos como este, las probabilidades de que un miembro de la familia esté involucrado...

—Si no hubiera perdido tanto tiempo con aquel tipejo, quizá la habría encontrado antes...

Aquí no tiene sentido hablar de «aquel tipejo» (que en la lectura hace referencia a un asesino en serie), porque está hablando de la implicación de un miembro de la familia. Aquí consulté el original porque, de nuevo, no sabía qué quería decirme el texto con «aquel tipejo», y me encontré de nuevo con un error de traducción.

Así pues, un tironcillo de orejas a RBA, y espero que en futuras ediciones del libro se revise con más cuidado (la mía es una de bolsillo del 2005). El nombre de la traductora no lo pongo porque no querría que las críticas de mi reseña se cebaran con un nombre en concreto (cuando un libro traducido es producto del trabajo de muchas personas).  


El misterioso señor Brown (Agatha Christie)

Aquí voy con otro libro para el reto de Agatha Christie (el de leer sus novelas por orden cronológico). De momento estoy teniendo poco éxito con el reto porque este es solo el segundo que leo, escrito en 1922, cuando la autora aún estaba buscando su estilo. En este libro se nos presenta a Tommy y Tuppence, un par de amigos veinteañeros (chico y chica) que, recién acabada la Primera Guerra Mundial, se encuentran sin un penique en el bolsillo y con escasez de ofertas en el mercado laboral, por lo que deciden hacerse detectives. Pero en su primer caso se ven envueltos en una historia de espías, con rusos, contraseñas secretas, secuestros y la búsqueda de un misterioso personaje, el «señor Brown» que le da el título a la novela.

No ha sido la lectura de esta autora que más he disfrutado; también es verdad que no me gustan mucho los libros de espías. Por otra parte, la trama avanza demasiado a golpe de casualidades (sobre todo al principio) y si la trama fuera «seria» la pareja protagonista ya habría fallecido en la página 30, porque no miden en absoluto los riesgos. De todas formas, es fácil de leer y las aventuras se suceden; además, Tommy y Tuppence resultan bastante entrañables y la trama tiene a veces el saborcillo de una comedia romántica. 

En fin, no está mal, pero no me ha parecido tan memorable como otros libros que he leído de la autora. Espero con ganas el siguiente.


11 de agosto de 2021

La isla del tesoro (Robert Louis Stevenson)

¡Yo, ho, ho! ¡Y una botella de ron!

¿Qué mejor para empezar un mes de agosto que leer La isla del tesoro? Siempre he dicho que tengo grandes lagunas con los clásicos y este era uno de esos títulos que me rondaban desde hace tiempo y nunca encontraba el momento de leer. La oportunidad me llegó con la última edición de Masa Crítica de Babelio, donde tuve la suerte de que me tocara este libro.

Y puede sonar a topicazo, pero cuando lo lees te das cuenta de por qué es todo un clásico: publicado en 1883, es una de las novelas de aventuras por excelencia, una historia que ha contribuido a cimentar la mitología que se asocia hoy a las historias de piratas: el cofre de un pirata muerto, tabernas junto al mar donde recalan bucaneros, un pirata con pata de palo y loro al hombro, un mapa del tesoro con una cruz marcada en rojo, piratas que cantan canciones ebrios de ron, la bandera negra con dos tibias y una calavera, el terror de recibir «la marca negra»... Y a eso se suman apariciones fantasmales, traiciones, deserciones y la emocionante búsqueda en pos de un inmenso tesoro escondido. Además, los cortos capítulos contribuyen a darle ritmo a una narración en la que no dejan de suceder cosas y que mantendrá al lector pegado a sus páginas hasta el final.

Como digo, la acción es desenfrenada, y sin embargo los primeros capítulos se toman su tiempo para presentar a los personajes y desarrollar la acción, y me resultaron tremendamente evocadores. Las descripciones de Billy Bones son maravillosas y su caída en decadencia se lee con ansia porque anticipa el viaje que está por venir. Jim Hawkins es el narrador, un joven que lo observa todo con ojos de asombro y que va adquiriendo lecciones de vida en cada una de las aventuras que vive en el barco. Es inevitable para el lector sentir empatía hacia Jim, pues pese a su juventud se comporta como todo un héroe y más de una vez pone en peligro el pellejo ante lo que se va encontrando en la isla. Otro de los personajes maravillosos de este libro, maravilloso en su ambigüedad, es John Silver el Largo, de quien no diré nada para no fastidiar la trama pero que, para mí, se lleva todo el protagonismo en cada una de las escenas en las que aparece.

En el prólogo de la traducción que hizo de esta obra en 1901, Manuel Caballero dice:

La Isla del Tesoro es una narración llana, un romance fácil, un cuento sabroso con un niño por héroe, y que, a pesar de sus peripecias dramáticas y conmovedoras, conserva en todo el discurso del libro una pureza y una sencillez tales que no habrá hogar, por mucha severidad que impere en él, del cual pueda desterrársele con razón.

Hablando de la traducción, la editorial Eneida ha utilizado esta que comento de Manuel Caballero, pero creo entender que le ha dado un buen lavado de cara porque la traducción original se puede consultar por Internet y desde luego no tiene nada que ver con la que yo he leído. En los créditos figura también Lur Sotuela Elorriaga, que supongo habrá sido el editor del texto y el encargado de actualizarlo y de limpiar un poco las expresiones que suenan más pesadas. Si es así, ha hecho un magnífico trabajo. En cualquier caso, os recomiendo encarecidamente la edición de Eneida: transmite el saborcillo de los relatos de aventuras en el mar y al mismo tiempo no se hace pesada de leer ni está trufada de notas al pie. Si queréis aproximaros a este clásico entre los clásicos, la edición de Eneida es ideal. 

En definitiva, La isla del tesoro es todo un clásico de aventuras y una lectura que recomiendo encarecidamente. Un libro para el que, desde luego, no pasan los años.

Con buenos vientos, que estoy seguro de que los tendremos, la travesía será rápida y sin dificultades. Encontraremos el sitio, y después, ah, después, habrá tanto dinero que podremos revolcarnos en él. Viviremos en el mayor de los lujos el resto de nuestros días.


Gracias a Masa Crítica de Babelio y a Eneida Editorial por el ejemplar.

26 de julio de 2021

Donde haya tinieblas (Manuel Ríos San Martín)

Si tenemos en cuenta que el título de esta novela está extraído de una oración de san Francisco («donde haya desesperación, ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz») y que la novela se abre con una cita del Génesis, ya podemos imaginar que en la trama tiene mucho peso el trasfondo religioso.

Empecemos con un resumen de la novela, y para ello voy a emplear un fragmento de uno de los capítulos del final porque el autor lo explica muy bien en un par de frases:

[Varios] muertos en diez días, cada uno asesinado de una manera simbólica (...). Un caso lleno de hashtags, haters y redes sociales, algo inimaginable hacía pocos años. El culpable no iba a ser el vecino ni un pariente más o menos cercano. El asesino podía ser… cualquiera que tuviera una cuenta en Instagram o Twitter y quisiera mandarnos un mensaje. O no.

Pero vayamos al principio. Este libro sigue una fórmula ya habitual en otras novelas del mismo corte: presentar como protagonistas a una pareja de inspectores que no podían ser más diferentes: Juan Martínez ronda los cincuenta años, es padre de tres hijos adolescentes, con un punto paternal y otro punto ingenioso, y algunas ideas algo chapadas a la antigua pero que se esfuerza constantemente por revisar. Nuria Pieldelobo no llega a los treinta, pero ya se está labrando una sólida carrera gracias a su inteligencia y su arrojo. El hecho de que sea bellísima ella lo trata como si fuera un moscardón que le ronda y hay que apartar a manotazos, con un punto de desprecio y desafío a todo aquel que admire su físico...

Martínez y Pieldelobo no pueden ser más distintos. Por eso, cuando una modelo rusa con una característica física muy particular (no tiene ombligo) desaparece en Madrid, el comisario decide emparejarlos para que den con el culpable. Y, efectivamente, cada uno elabora una teoría: Martínez cree que el asesino se está inspirando en el Génesis para cometer sus crímenes, y Pieldelobo se inclina por una red de prostitución de lujo. Así que hay que ponerse a investigar, y el caso les lleva a Fuente del Arco, en Badajoz, a la ermita de la Virgen del Ara, que es un lugar impresionante, la «Capilla Sixtina» extremeña:


Y así arranca la novela, con un viaje de varias horas desde Madrid a Extremadura en el que Martínez y Pieldelobo intentan buscar temas de conversación sin enzarzarse en discusiones. Y es que no es fácil, porque Martínez tiene algunas ideas que empiezan a quedarse anticuadas y chocan frontalmente con el feminismo acérrimo de Pieldelobo (además de que hay un inevitable choque generacional).


Lo primero que me ha llamado la atención es la peculiar voz narradora de Martínez, muy diferente a lo que estoy acostumbrada a leer en novela negra. Pese a lo sórdido de la trama, te ríes cada dos por tres con sus diálogos internos, con su costumbre de ponerle motes a todo el mundo y de utilizar diminutivos aunque no venga a cuento. Es muy divertido seguir las líneas de pensamiento de Martínez, y además el autor se las arregla para no resultar cargante ni pasarse de graciosillo.

El propio Ríos contaba en Twitter que no sabía si funcionaría esta propuesta, pero le surgió así al empezar a escribir la novela y mandó las primeras 40 páginas a la editorial para ver si tenía luz verde para seguir en esa línea. Por supuesto le dieron el visto bueno, y me alegro de que así fuera porque es lo que diferencia (para bien) a este libro de las demás novelas negras que he leído últimamente.

Con el choque generacional de Martínez y Pieldelobo el autor aprovecha para tratar diversos temas: el peligro de las redes sociales, la impunidad que sienten los que atacan desde el anonimato de un perfil de Twitter o Instagram, las reivindicaciones del #MeToo, el acoso sexual, la lucha constante de las mujeres por demostrar que son algo más que una cara bonita o el sórdido mundo del modelaje.

En paralelo a estas reflexiones, el trasfondo religioso tiene mucho peso en la trama y el autor se explaya a gusto con los relatos del Génesis: Adán y Eva, Caín y Abel, el arca de Noé, la culpa, el perdón y el arrepentimiento... Ríos se entretiene casi demasiado en estas partes, pero también es necesario entrar en detalle para armar la trama (y también para educar a Pieldelobo, que estudió en un colegio laico y no tiene ni idea de las historias de la Biblia); lo cierto es que el libro presenta datos interesantísimos y reflexiones en las que no había caído y que son para rumiar con calma...

Manuel Ríos es también guionista de cine y televisión (Compañeros, por ejemplo), y eso me preocupaba un poco antes de empezar esta novela por la impresión no muy buena que me llevé con otro autor en El buen padre (ese ritmo excesivamente acelerado en toda la trama...). Para mi sorpresa, este libro no ha sido así en absoluto: la trama tiene partes de acción, pero se combina con otras muchas en que los inspectores tienen que esperar y conversan, y ahí es donde se van armando los temas en torno a los que gira la novela. Se abren líneas de investigación que al final no conducen a nada, y eso también me ha gustado; en otras novelas de este estilo parece que mágicamente los inspectores siguen el rastro correcto desde el principio.

Otro aspecto en el que destaca este libro son las reflexiones que hace Martínez sobre el matrimonio y sus cuitas como padre de tres adolescentes. Me he identificado muchísimo con ellas y me han parecido un contrapunto buenísimo para el ritmo de la novela. 


Entonces, ¿todas mis impresiones han sido positivas? Pues no, que ya sabéis que yo tengo un punto muy gruñón en mis reseñas. La inspectora Pieldelobo me ha parecido un poco caricaturesca, con esas actitudes y contestaciones tan extremas, y en los primeros capítulos no lograba empatizar con ella. Es verdad que al principio está muy a la defensiva, en un entorno laboral tradicionalmente masculino en el que parece que tiene que demostrar su valía mucho más que sus compañeros. Su evolución es palpable y me ha gustado, pero es cierto que al principio la veía más un lastre que otra cosa (en cualquier caso, su personaje plantea interesantes debates a lo largo de la novela).

Por otra parte, a mitad del libro hay un giro de acontecimientos que no me gustó nada y el tono a partir de ahí cambia por completo. A eso le sumamos otra cosa que pasa un poco hacia el final y el libro se acercó peligrosamente a eso que yo llamo vengahombreporfavor. Digamos que la primera mitad del libro tiene un enfoque que me pareció poco habitual en una novela negra y todo un puntazo, y la segunda mitad es «ya estamos cumpliendo todos los topicazos de la novela negra al uso». Cachis... ahí para mi gusto la novela patina ligeramente.

De todas formas, y dejando ese tema aparte, lo cierto es que es una novela muy bien estructurada que me ha tenido enganchada, con un marco teórico complejo de fondo que seguro que ha costado armar, unos diálogos muy bien conseguidos y un ritmo que engancha pero te pide a la vez una lectura pausada.

En definitiva, otra muy buena lectura conjunta que hemos disfrutado en #SoyYincanera y que, de verdad (y pese a mis peros), no dudo en recomendaros.



Post scriptum: Decidme que no soy la única que, en cada escena en la que aparece el inspector Martínez, veía a Manuel Ríos... ¡Son clavados! :)


Esta reseña participa en la iniciativa:


Apartado: Made in Spain.

La acción transcurre en Barcelona o Madrid.

12 de julio de 2021

Qué desastre, Lottie Brooks (Katie Kirby)

Lottie Brooks tiene casi doce años y un montón de problemas: va a empezar en un instituto donde no conoce a nadie, necesita mechas para tener un pelo espectacular, tiene que comprarse un sujetador como todas las demás chicas de secundaria (aunque aún no se ha desarrollado) y, encima, su mejor amiga acaba de mudarse a la otra punta del mundo: ¡qué desastre!

Escrito en forma de diario, Lottie nos contará su vida durante un año, y el resultado es un libro divertidísimo que, además, refleja muy bien las inseguridades de una preadolescente: ¿tendré amigas? ¿Caeré bien? ¿Le gustaré a ese chico? ¿Por qué mis padres son tan pesados? La historia está contada con mucho sentido del humor (yo me he partido de risa en más de una escena), que se ve resaltada por los graciosos dibujos en forma de muñecos de palo. Y no solo eso, sino que entre risa y risa la autora trata temas más delicados para los adolescentes, como el miedo a no encajar, el bullying, las ganas de caer bien a toda costa o lo fácil que es meter la pata con las amistades a esas edades. Y, sobre todo, lo importante que es ser uno mismo y no dejar que los demás te influyan (¡algo tan difícil a estas edades!).


Creo que lo mejor que puedo decir de este libro es que, cuando mi hija lo vio en mi pila de pendientes, se apropió de él y no lo soltó hasta que lo terminó. Y esto es mucho decir, porque a ella no le gusta nada leer y este libro obró el milagro. Son capítulos cortos y divertidos, por lo que no da ninguna pereza ponerse a leer, contados con un lenguaje que engancha y con anécdotas del día a día con las que les resulta fácil identificarse. Algunas páginas reproducen conversaciones de Whatsapp, y una parte de la trama me recordó a Chicas malas, esa película del 2004 que ahora parece que ha vuelto a ponerse de moda. 


Lo recomiendo encarecidamente para niñas a partir de 10 años, y sobre todo a las que van a hacer el cambio de primaria a secundaria, pues les ayudará a darse cuenta de que esas pequeñas inseguridades que sienten son totalmente normales, y desearán tener una amiga como Lottie, una niña con la que es facilísimo identificarse y con la que se partirán de risa con las pequeñas anécdotas que va contando de su día a día.

No puedo terminar la reseña sin destacar el magnífico trabajo del traductor, Jose M López, porque reproduce a la perfección el lenguaje de una preadolescente (me partía con ese «aura patatil»). No creo que haya sido fácil darle voz en español a Lottie y que suene natural, pero de verdad que la traducción está muy conseguida. Por su parte, la edición de Duomo es impecable y entre los magníficos textos, esa cubierta llamativa en tonos pastel y los dibujitos que abundan en el libro, es un regalo ideal para las preadolescentes de la casa y también para adultos que quieran reírse un rato, ponerse en la piel de sus hijos y desconectar un poco con un libro que, como digo, está muy logrado. 

Este libro ha tenido tanto éxito en el Reino Unido que su autora (que también está detrás del blog y el libro de Hurrah for Gin) ya está preparando la segunda parte. Y no es de extrañar, porque Lottie es una protagonista memorable y mi hija ya está deseando leer sus siguientes aventuras (¡y yo también!). Además, os entrarán unas ganas irresistibles de comer Kit-Kat; qué más se puede pedir, jeje...

Gracias a Duomo y a Masa Crítica de Babelio por el ejemplar.



26 de junio de 2021

La tetera de Russell (Pablo Sebastiá Tirado)

El futuro. Después de haber pasado una guerra civil, España se ha convertido en 2072 en una potencia científica mundial. Un ejemplo de esa pujanza es Deux ex machina, el proyecto que pretende comunicar un mensaje en tiempo cero con cualquier parte del universo, que se halla en manos de una joven científica, Hipatia. Sin embargo, los enigmáticos resultados del proyecto apuntan hacia algo que su creadora no es capaz de concebir, incertidumbre que se agrava al encontrarse en mitad de una relación sentimental que provoca que todo su mundo se tambalee y de una conspiración con demasiadas incertidumbres. Una novela que, con hechuras de thriller, recupera lo mejor del pulp de ciencia ficción, con ecos de Arthur C. Clarke o Philip K. Dick, en la que la ciencia y la metafísica parecen tener más en común de lo que podríamos creer. ¿Al margen de las supersticiones religiosas, tiene cabida dios en un universo dominado por las leyes racionales de la ciencia? 





La tetera de Russell nos lleva al año 2072, un futuro en el que España acaba de sufrir una guerra civil en la que ha derrotado a Cataluña, que pretendía la independencia. Además, se ha convertido en la primera potencia científica mundial, por delante de los países del norte de Europa, gracias a sus políticas de educación, tecnología y ciencia (ya se empieza a notar el fino tonillo irónico que imbuye toda la novela, ¿no?). El mundo árabe ha desaparecido y Alemania (que ahora se llama Germania) está sumida en la regresión social y el oscurantismo religioso; de allí huyen los espaldas mojadas para trabajar en nuestro país. En este contexto, la matemática Hipatia y su ayudante Nabokov pretenden revolucionar las comunicaciones a distancia desde el Centro Tecnológico de Plaza Castilla, en Madrid, con un experimento que consiste en enviar cuatro mensajes al espacio esperando respuesta. La idea es transmitir un mensaje por el universo en tiempo cero. Para su sorpresa, reciben cinco mensajes de vuelta en lugar de cuatro...

Puede parecer un futuro esperanzador para nuestro país, pero lo cierto es que el progreso y los avances científicos traen consigo el control férreo de la población, a través de policía y drones. Está prohibido trabajar fuera del horario laboral (bajo pena de cuantiosas multas) y se aconseja informar a tu jefe incluso cuando inicias una relación sentimental.

Con este escenario de futuro distópico de fondo, destaca el personaje de Hipatia, una matemática brillante y guapa pelirroja a la que le gusta tener todo bajo control, y que avanza por la trama a golpe de teorías matemáticas y amoríos con un inmigrante germano. Me ha encantado la fortaleza de este personaje y cómo la ha plasmado la editorial en la sobrecubierta.

El autor utiliza al filósofo y matemático Bertrand Russell como hilo conductor de la novela, tanto su teoría conocida como «la tetera de Russell» (que juega con la existencia de Dios) como un montón de citas interesantísimas que sirven para titular cada uno de los capítulos. Estas son algunas de ellas, pero me han encantado todas:

Lo más difícil de aprender en la vida es saber qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar.

El ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente es el último resultado de la civilización.

Una vida sin riesgo es una vida gris, pero una vida sin control probablemente será una vida corta.

Es una novela diferente a lo que estoy acostumbrada a leer, una historia que plantea la diferencia entre ciencia y religión y pretende demostrar científicamente la existencia de Dios. Esta novela se explaya en explicaciones matemáticas y en planteamientos teológicos y filosóficos, como la idea de los multiversos dimensionales. Tiene notas de thriller, pero el ritmo, sobre todo en la primera mitad, se ve demasiado lastrado para mi gusto por el planteamiento de este mundo que ha imaginado el autor. De todas formas, los protagonistas me han parecido interesantes y bien perfilados, y la ironía subyace en toda la trama. Una propuesta interesante que me ha sacado de mi zona de confort, pero que no estoy segura de haber disfrutado del todo.

17 de junio de 2021

Pastores del mal (Félix García Hernán)

No es un tema fácil el que nos plantea Félix García Hernán en Pastores del mal. Probablemente el título ya le evoque a más de uno el tema en torno al cual gira la novela: la pederastia en general y en el seno de la Iglesia en particular. Como veis no ha elegido García Hernán el camino fácil para su nuevo libro, pero hay que aclarar desde ya que trata el tema con mucho respeto y evitando detalles escabrosos.

Sin más preliminares, os cuento qué me ha parecido la última novela que nos ha traído la iniciativa #SoyYincanera:


Cuando el pequeño Oriol Recasens aparece muerto en la cama de su profesor, el padre Damián, no parece haber muchas dudas sobre quién es el culpable. Sabiendo que está en una situación delicada y presa del pánico, el padre Damián huye al Pirineo y se refugia en casa de un viejo conocido, mosén Estanis. Este decide contactar con las autoridades, pero no «oficialmente»: recurre a su amigo el comisario Javier Gallardo, ya retirado (pero que no duda en implicarse en el caso, pues debe un gran favor a mosén Estanis) y al inspector Raúl Olaya. Ambos se involucran en el caso de una forma extraoficial, pero pronto se dan cuenta de que lo que hay detrás de la muerte del muchacho es un caso mucho más complejo de lo que habían imaginado, con tentáculos que van de Barcelona a Roma, Nueva York o Wisconsin y tocan a personajes importantes de la política, la banca o la Iglesia. Pronto Javier Gallardo y Raúl Olaya serán conscientes de la magnitud de la organización que acaban de descubrir, toda una trama empresarial en torno a la pederastia, y por supuesto dudan de si serán capaces de arañar siquiera la superficie del tremendo caso al que se enfrentan. Y para el lector también será inevitable sufrir en todo momento por las pobres víctimas y por la pareja protagonista.

Me ha gustado mucho la forma de narrar de Félix García Hernán. Sabe mantener la tensión en todo momento, pero la historia no sigue un ritmo endiablado, sino que se toma su tiempo para presentar a los personajes, poner un poco de contexto e ir construyendo la trama. Su prosa es clara y directa, sin artificios, y engancha al lector en todo momento. Los personajes no tienen a priori pasados traumáticos, parecen todos bastante normales y alejados de estereotipos, cosa que francamente se agradece; por su parte, la trama me ha parecido bastante creíble en todo momento (demasiados visos de realidad tiene, de hecho...). 

Es una novela que sin duda gustará a todos los amantes del género negro, pues García Hernán escribe con mucho oficio y se ve respaldado por una editorial como Alrevés, que siempre es garantía de calidad (aún no he leído una novela de esta editorial que me haya decepcionado). En definitiva, una apuesta muy sólida que no dudo en recomendaros hoy.

Esta reseña participa en la iniciativa:


Apartado: Todo es posible en América.

La corrupción es el tema dominante.

16 de junio de 2021

Predestinada (Tomoko Yamashita)

Cuando vi este libro en Masa Crítica de Babelio leí el resumen de la editorial y me pareció una propuesta interesante, así que postulé por él:

En este volumen se reúnen tres de [las] historias cortas [de Tomoko Yamashita], que dan fe de su gran versatilidad y destreza como narradora, cada una de un género distinto y con el único punto en común del protagonismo de las figuras femeninas. Yamashita nos ofrece una dosis de terror psicológico en Invencible, retuerce el cliché del triángulo amoroso en Tú eres la estrella y, por último, se recrea en un cuento futurista con aires de Ghibli y ritmo hollywoodiense en La princesa sin maleficio y el prisionero en la atalaya. Una recopilación en que la autora nos mantiene pegados al papel con su agilísima narrativa, y donde cada historia es un universo repleto de evocación y osadía.

Me atrajo sobre todo la propuesta de «terror psicológico» del primer relato y la cubierta de la editorial Tomodomo, con esa ilustración tan potente:


Además, tengo poca experiencia leyendo obras del panorama japonés contemporáneo, por lo que me pareció un buen libro para quitarme la espina. Acabo de terminarlo y la propuesta me ha dejado más bien fría.

En este libro se recogen tres historias cortas: «Invencible» nos plantea a una mujer policía elegida, solo por ser mujer, para entrevistar a una joven que al parecer ha dejado un reguero de asesinatos a sus espaldas. La chica resulta bastante inquietante y parece saber exactamente lo que incomoda a la policía; además, su testimonio se intercala de flashbacks que parecen contradecir la versión que da la chica. Sin embargo, también queda la duda de si los flashbacks reflejan la realidad o son solo la versión que intenta demostrar la policía. Es el relato que más me ha gustado de los tres, pues mantiene la tensión hasta el final y presenta a unas protagonistas que se salen de lo manido.

«Tú eres la estrella» le da la vuelta a la típica historia de amores de instituto, con una protagonista potente que hace lo contrario de lo que se espera de ella y se labra su propio camino. «La princesa sin maleficio y el prisionero en la atalaya» habla de un futuro distópico, ambientado con toques de ciencia ficción y fantasía. Plantea un mundo en el que los adolescentes, al cumplir 16 años, reciben una maldición (como en los cuentos de hadas). Los jóvenes deben superar este maleficio a modo de rito para alcanzar la edad adulta. Sin embargo, Sahoko Koga no recibió ningún maleficio y vive atormentada por ello, pues se sabe diferente a todos los demás. Pero esa diferencia quizá tiene una razón de ser...

Me ha parecido una propuesta muy original con unas ilustraciones muy características y que se adaptan muy bien a las historias (en especial la primera, en mi opinión), pero el desarrollo de la trama no me ha parecido muy claro en ocasiones y me hacía perder interés. Además, en algunos casos las historias tomaban giros algo abstractos, lo que ha hecho que no haya acabado de conectar con este librito. Como puntos positivos, debo destacar que Tomoko Yamashita es una autora de culto en Japón y que los tres relatos cuentan con mujeres como protagonistas, y las tres son de armas tomar. Os dejo algunas imágenes para que veáis de qué va la cosa.




Gracias a Masa Crítica de Babelio y a la editorial Tomodomo por el ejemplar.

11 de junio de 2021

Sayonara Magic 2: Un hechizo accidentado (Burakkuberi, Kumanacris)

¿Os gustan los mangas? Este librito que traigo hoy puede ser una buena introducción para niños (y no tan niños) a este género tan popular, pues combina prosa con ilustraciones tipo manga y el resultado me ha parecido fantástico.

Un hechizo accidentado es el segundo libro de Sayonara Magic, una serie que nos cuenta las aventuras de Hiro, Akira y Naoko, que además de ser trillizos son magos y hacen hechizos a golpe de rima. En esta historia, Naoko está enamoradísimo de una chica llamada Maru, pero cada vez que la ve se queda bloqueado y no atina a decirle ni una palabra. Para solucionarlo, sus hermanos hacen un hechizo de superconfianza para que por fin Naoko pueda trabar una conversación con ella. Pero digamos que los resultados no son los que los hermanos esperaban y Naoko, con ese exceso de confianza que tiene ahora, va ¡directo al desastre!



Según la editorial es un libro aconsejado a partir de 7 años, pero creo que puede gustar también a los adolescentes quizá un poco reticentes a leer, ya que esta serie cuenta con atractivas ilustraciones, textos divertidos y una historia que engancha y resulta fácil de seguir, con situaciones alocadas que arrancarán más de una carcajada (los animales con ojitos de corazón me han encantado). Por mi parte, aunque estoy lejos de la adolescencia me lo he pasado bomba con este libro y me ha hecho evocar esos momentos de mi infancia en los que abría un cómic y me olvidaba del mundo.

Las autoras son Amelia Mora (que escribe el texto y firma con el seudónimo Burakkuberi) y Ana C. Mora (Kumanakris, que se encarga de las ilustraciones). Creo que ambas forman un equipo magnífico porque dibujos y texto no podrían casar mejor. Las ilustraciones son muy cuidadas y tremendamente expresivas, de esas que te dan ganas de coger un lápiz y ponerte a copiar (ya me gustaría tener esa habilidad...), y los textos son muy divertidos, utilizan un lenguaje coloquial que cautivará a los niños y además están magníficamente editados. Las 125 páginas de este librito les durarán un suspiro.

¡Ah! Una sorpresa que a mi hija le gustó mucho es que la sobrecubierta se abre y es un póster que los más acérrimos de la serie se pueden colgar en el cuarto. ¿No es un puntazo?

No puedo más que recomendaros encarecidamente este librito para los jóvenes de la casa y para quienes, simplemente, aprecien los cómics que aúnan entretenimiento, estética y una edición muy cuidada. Os dejo algunas fotos para que veáis mejor lo que os encontraréis si os animáis a comprarlo:





Gracias a Edición anticipada y a la editorial Montena por el ejemplar.

31 de mayo de 2021

Incluso la muerte miente (Julio César Cano)

Una de las últimas propuestas de #SoyYincanera junto con la editorial Maeva nos trajo Incluso la muerte miente, de Julio César Cano. Y cuando me enteré de que este autor sitúa sus novelas en Castellón, supe que tenía que leerlo. Estudié allí los cuatro años de la Universidad (que fueron fantásticos) y desde entonces no he vuelto, así que imaginaos el ataque de nostalgia que me entró al saber que con esta novela recorrería de nuevo sus calles. Y este viaje literario a Castellón no podría haberme gustado más...

El libro comienza con la voz de un pirómano, que nos va narrando en breves fragmentos de una página lo que le llevaba a prender fuego al monte y qué sintió la primera vez que hubo víctimas en sus incendios. Son fragmentos estremecedores con tremendos visos de realidad. Como podéis ver por la foto de portada, el fuego es uno de los protagonistas en este libro.

En paralelo, conoceremos a tres amigos que se reencuentran en Castellón después de años sin haberse visto. Ana, Rubén y Álex eran inseparables en bachillerato, y tal vez lo que los unía era que los tres sufrían acoso por parte de los típicos matones de instituto. Sin embargo, ninguno de los tres tiene claro para qué se han dado cita de nuevo ni si son las mismas personas que compartían momentos años atrás. Ana ha cambiado mucho físicamente y ahora se dedica a la tanatopraxia (maquilla a personas fallecidas); Rubén vive de las rentas de sus padres, pero se lo está fundiendo todo en drogas; por su parte, Álex es un estudiante brillante que acaba de volver de Santiago de Compostela para poner en marcha un proyecto teatral (supuestamente).

En estas, en una discoteca de Castellón se produce un incendio y, tras sofocarlo, los bomberos descubren un cadáver. Sin embargo, esa persona no ha muerto debido al humo o a las llamas, sino que tiene una herida incisiva en el cuello. El inspector Monfort es el detective protagonista de las novelas de Julio César Cano y con este homicidio lo introduce en la novela.

¿Qué puedo decir de Incluso la muerte miente? Pues que creo que me ha gustado todo de este libro: los inspectores de policía están magníficamente caracterizados, desde el emblemático Monfort hasta la subinspectora Silvia Redó y su ayudante Robert Calleja; la trama me ha parecido muy bien desarrollada, con las dosis perfectas de acción y momentos tranquilos (esas charlas junto al mar en casa de la abuela Irene...); los diálogos me han parecido muy naturales y convincentes (odio los diálogos impostados); y lo mejor, lo mejor, es que efectivamente con esta lectura es como volver a pasear por las calles de Castellón; hasta se menciona el bar Urbano, que lo tenía oculto en lo más profundo de mi memoria. Qué recuerdos... Creo que es una lectura ideal para pasar un fin de semana en esa ciudad, porque además los personajes visitan varios restaurantes y el autor va recomendando platos de la carta (dan ganas de hacer una ruta y probarlos todos). Miré algunos por curiosidad en Google y efectivamente, tienen una pinta bárbara y son platos que más de una persona recomienda en caso de comer en ese restaurante. 

En definitiva, una novela negra que os recomiendo muchísimo, que entretiene un montón y con un final que no me esperaba para nada (aunque sí adiviné de antemano quién es el pirómano; tuve que volver a leer sus textos desde el principio para confirmar mis sospechas). Desde luego, Julio César Cano ha sido todo un descubrimiento y no dudaré en buscar los demás libros de la serie del inspector Monfort (este que traigo hoy es el quinto, pero por lo que he comprobado no hay problema en leerlos de manera independiente).


Esta reseña participa en la iniciativa:


Apartado: Made in Spain.

La acción transcurre en cualquier ciudad española, excepto Barcelona o Madrid.

24 de abril de 2021

El buen padre (Santiago Díaz)

Hoy os traigo de nuevo una propuesta que me ha llegado a través de la iniciativa #SoyYincanera, que organiza lecturas simultáneas de lo más tentadoras:


Gonzalo Fonseca es detenido y encarcelado por el asesinato a cuchilladas de su esposa; a todas luces él parece el culpable. Sin embargo, Ramón Fonseca está convencido de la inocencia de su hijo y se propone presionar a la policía para que lo suelten: secuestra a quienes contribuyeron a que Gonzalo acabara entre rejas y amenaza con matarlos si la policía no descubre a los verdaderos culpables.

La inspectora Indira Ramos acaba involucrada en el caso, quizá por su fama de policía incorruptible y por su estricta rectitud moral. Que tenga un TOC no es lo más práctico para ejercer la profesión de inspectora: siente aversión por los gérmenes y debe llevar a cabo una serie de rituales antes de realizar cualquier cosa como tomarse un café, algo que iremos descubriendo a lo largo de toda la trama. Además Indira tiene fama de antipática en su departamento y en esta novela veremos que poco a poco se va abriendo a sus compañeros; hasta se anima a darle un mordisquito a un dónut en la sala de reuniones...

Pero la cosa no se queda ahí, pues muchos otros temas se dan cita en este libro: mafias calabresas, prostitución de lujo, yacimientos arqueológicos, ajustes de cuentas, casinos clandestinos donde se apuestan miles de euros, palizas carcelarias... hasta la tuberculosis hace una breve aparición en esta novela a la que no le faltan giros en la trama. Santiago Díaz parece igual de a gusto situando la acción en los bajos fondos de las ciudades que en los despachos de las grandes empresas, y desde luego se nota su profesión de guionista (ha escrito alrededor de 500 guiones para televisión) ya desde la primera escena de la novela, donde al lector no le cuesta nada componer esa imagen en su cabeza:


La novela está dividida en capítulos cortos y va cambiando de escenario, mezclando unas líneas argumentales con otras hasta que las hace converger mágicamente hacia el final. Demasiado mágicamente en ocasiones, porque la trama tira mucho (para mi gusto) de casualidades y sucesos improbables. Por ejemplo, el hecho de que Ramón Fonseca llevara él solo a los secuestrados, a sus ochenta y tantos años, en peso muerto, hasta los lugares en los que luego aparecieron. O que una pared de ladrillo y cemento se seque en unas pocas horas. Y luego la trama da tantas vueltas y se alarga tanto que al final de la novela, por ejemplo, ya no recordaba quién es la mujer de la maleta y por qué se resuelve su trama como lo hace. Y luego los chorros de sangre... la novela está salpicada (je, je) de escenas, una detrás de otra, en las que la sangre sale a chorros y el autor no se corta en dar detalles escabrosos para impresionar al lector; me ha parecido un recurso demasiado efectista.

En resumen, ha sido un libro que me ha tenido entretenida (aunque algo escéptica) mientras ha durado la lectura, pero para mi gusto no ha tenido ese toque especial que hace que te llegue adentro y sus personajes perduren en la memoria. Eso sí, se trata de una novela muy cinematográfica y palomitera, así que si buscáis evasión en una novela llena de giros endiablados que se lee sola, este es vuestro libro. ¡Por cierto! Creo que es la primera novela que leo en la que se hace una referencia velada al Covid en las últimas páginas. Me pregunto cómo envejecerá eso con el tiempo. A mí me ha gustado, pero quizá habría que volver al libro dentro de unos años para valorarlo.



Muchas gracias a la iniciativa Soy Yincanera por traernos esta lectura, así como a Santiago Díaz y a la editorial Reservoir Books por el ejemplar.

Esta reseña participa en la iniciativa:


Apartado: Made in Spain.

La protagonista es una detective (inspectora de policía, en este caso).


25 de marzo de 2021

Tierras de niebla y miel (Marta Abelló)

Hoy nos remontamos a finales del siglo XIX y viajaremos a tierras andaluzas, al triángulo comprendido entre Cádiz, Antequera y Málaga, de la mano de Marta Abelló y su novela Tierras de niebla y miel. ¿Os venís?


La novela se inicia en el vapor Montevideo, que parte de Nueva Orleans rumbo a Cádiz con una joven a bordo que pretende romper con su pasado: Martina de Icaza huye de un matrimonio precipitado que resultó no ser tan bueno como parecía. De hecho la primera frase del libro es contundente:

Decidió marcharse el día del eclipse, bajo el influjo de la luna roja. Compró un nombre falso, fingió su muerte y con el miedo en las entrañas huyó de Nueva Orleans. A sus veintitrés años y quebrando su destino, Martina de Icaza regresaba a Cádiz.

Sin embargo, al llegar descubre que sus padres han fallecido y la casa familiar está en manos de su aún esposo, que la cree muerta. Así las cosas, Martina acaba en La Gaviota, la pensión de su tía Balbina, donde se pone a trabajar tratando de discurrir cuáles serán sus siguientes pasos. Pero una persona cercana desaparece y, siguiendo su pista, Martina acaba como institutriz en la hacienda de Alejandro Baena, donde nada es como parece. Por el camino, secuestros de bandoleros, asesinatos de muchachas pelirrojas, una monja sin vocación que escapa a su destino, ritos masones, señoritos de campo, un sacamantecas, un ama de llaves a la altura de la señora Danvers y el inesperado protagonismo del dolmen de Menga. 

Cuento esto y, no obstante, me da la impresión de que no consigo hacerle justicia del todo al libro, porque esta novela me ha parecido extraordinaria en muchos aspectos: por un lado, la capacidad de Marta Abelló de tejer una novela tan compleja, con tantas capas y tantísimos personajes, y dotar a cada uno de ellos con una voz tan singular, por ejemplo Dorita cantando «La Taraaara, sí; la Taraaara, no...», o Gaspar con su característica forma de hablar, que la edición del libro reproduce a la perfección: «Uno, do, tre ¡y cuatro! ¡La curiosidá mató ar gato!». La autora utiliza recursos nada habituales que confieren un carácter muy particular a la novela, que me ha conquistado totalmente. Como digo, cada personaje tiene una forma de hablar característica (no me gustan esos libros en los que todo el mundo habla igual, sin importar el origen social, la edad o el carácter que tengan), pero no solo eso, sino que tanto las descripciones como las costumbres de los personajes y el vocabulario que utilizan consiguen transportarte a finales del siglo XIX, y eso me ha parecido un recurso logradísimo.

Todos los personajes me han parecido memorables, desde las entrañables Erlinda y Milagros, con la que me partía de la risa, hasta los villanos (Simona, Conrado y el singular personaje que es Gaspar). Y el peso de la novela lo lleva sin problemas un personaje fuerte y vulnerable a la vez como es Martina de Icaza, una mujer que luchó por librarse del maltrato en una época en que las mujeres de cierta posición no eran sino complementos («jarrones» las llegan a llamar en la novela) del marido.  

—Sabes que tienes mucho que perder, querida —continuó diciendo—. Este es un mundo de hombres en el que rige una justicia hecha también por hombres.

Sin embargo, Martina no se deja doblegar pese a lo difícil de su posición, y cita unas palabras de Juana Eyre (me encanta que utilice el nombre traducido, como era muchas veces costumbre en las primeras traducciones publicadas de esa novela):

«No soy un pájaro y ninguna red me atrapa.»

También me ha gustado cómo la autora describe el lacerante contraste entre los señoritos que toman champán en copas de cristal y el té en tacitas con cucharas de plata, y los jornaleros, que comen gachas en cuencos de madera. Esta diferencia de clases es protagonista a lo largo de toda la novela y me ha parecido muy bien descrita.   

Como digo, la novela tiene multitud de personajes y subtramas y en ocasiones reconozco que andaba perdida en ese «quién es quién», pero pese a ello la novela, estructurada en capítulos muy cortos y nada menos que 36 partes, no se lee sino que se devora. Quizá me hubiera gustado que los personajes fueran menos, para evitar esa sensación de ir un poco perdido en algunas partes de la trama, y también creo que hay escenas que podrían haberse suprimido sin afectar al ritmo general de la novela, pero son dos temas menores. Es una novela que se disfruta mucho y con la que he aprendido un montón acerca de una zona tan desconocida para mí como es el Torcal de Antequera. Los escenarios de esta novela son muchos y muy variados, y la autora consigue dejarte con ganas de saber más y más acerca de todos ellos.

El Cortijo Jurado, la casa en la que se inspiró Marta Abelló para crear su Casa Baena, la «casa blanca de las flores negras»

Una escena real en el Cortijo Jurado, con mujeres que parecen haber inspirado más de una escena de esta novela

En definitiva, una novela que no voy a dudar en recomendar, con dosis de aventura, misterio, historia, amor y desamor, al tiempo que retrata magníficamente una época que no nos queda tan lejana y que incluso cuenta con algún que otro personaje que existió en la realidad. A ver si sabéis quién es...

Esta reseña participa en la iniciativa:


Apartado: Made in Spain.

La víctima o el asesino pertenecen a la clase baja o marginal.


11 de marzo de 2021

Spiculus (Juan Tranche)

En su primera novela, Juan Tranche nos propone un vertiginoso e instructivo viaje por la Pompeya del siglo I d. C., ¡y qué viaje! En él confluyen dos historias: por un lado la de Lucio y Ronet, un joven patricio y su esclavo, apasionados por los gladiadores y amigos desde la infancia, cuyos caminos poco a poco se separan a medida que van cumpliendo años, y por otro la del emperador Nerón, en pleno apogeo de su poder, su tiranía y sus excentricidades. Y, como telón de fondo, la Roma imperial y una Pompeya a las puertas de la erupción del volcán que arrasó la ciudad.


El libro empieza con Lucio Valerio, hijo de una importante familia de viticultores de Pompeya que provee al Imperio con los mejores vinos. En la domus se ha criado con él Ronet, hijo de los esclavos de mayor confianza de la familia y responsables de los mejores caldos. Lucio y Ronet siempre han jugado juntos y de hecho Ronet nació en la casa, pero siempre han sido conscientes del rango que ocupa cada uno y esas diferencias poco a poco se van acrecentando. Sin embargo, ambos comparten una pasión: las luchas de gladiadores, y de hecho entrenan juntos de la mano de un experto gladiador. Pero a medida que los años pasan las diferencias entre ambos también se acrecientan: Ronet es un chico sencillo pero valiente, que sabe perfectamente el lugar que ocupa en la casa; por otra parte, se enamora perdidamente cuando una joven esclava egipcia llega a la domus. Lucio, por su parte, empieza a dar muestras de un carácter egoísta y cobarde y solo se preocupa de su propio disfrute. Poco a poco, sus diferencias se van haciendo irreconciliables.

Por otra parte, el emperador Nerón es un personaje más de la novela. Al principio pensé que sus apariciones serían anecdóticas, pero poco a poco vemos que la novela contará su historia en paralelo a la de Lucio y Ronet (y entrecruzándose a menudo con ellos). Este para mí ha sido todo un puntazo de la novela y que no me esperaba (porque, como hago siempre, no había leído el texto de la contra). Desde luego, las vidas de los romanos dan para cien novelas; cada vez que leía una anécdota me iba a Google pensando: «Esto tiene que habérselo inventado el autor; no puede ser cierto». Y no: una tras otra, las anécdotas históricas que cuenta Tranche ocurrieron en la realidad. Así, en este viaje a lo largo de varios años seremos testigos de la prohibición de las luchas de gladiadores en Pompeya después de los disturbios del año 59 d. C. (prohibición que duró años), el terremoto de Pompeya del año 62 d. C., el Gran Incendio de Roma del 64 o la construcción de la Domus Aurea, y por sus páginas desfilan Séneca (como consejero de Nerón), Agripina (la madre del emperador), Octavia y Popea (emperatriz la primera y amante de Nerón la segunda), los apóstoles Pedro y Pablo... Por cierto, el propio Spiculus existió en realidad y fue el gladiador favorito de Nerón, quien lo colmó de lujos y regalos y le ofreció una vida fastuosa. Eso sí que no me lo esperaba, pero es un ejemplo más de que, en la Roma antigua, la realidad está totalmente a la altura de la ficción más imaginativa.

El lector será testigo del poder de Nerón como emperador, que ejercerá de manera despótica, y queda patente su carácter caprichoso e infantil. Veremos la lucha de poder con su madre, Agripina, y sus tiras y afloja con sus dos consejeros, Séneca y Burro. Pese a que el autor indudablemente recurre a la ficción para recrear diálogos y situaciones, es fácil reconocer uno tras otro acontecimientos que sucedieron en la realidad, como el supuesto envenenamiento de Burro o la influencia cada vez mayor que ejercía sobre Nerón su amante, la ambiciosa, vengativa y cruel Popea, que llegó a destronar a la mismísima emperatriz, Octavia.

Un aspecto que destaca es que en el libro se da una cantidad ingente de datos, desde los nombres de la vestimenta de los gladiadores hasta detalles de la trayectoria de Popea o de la historia de la ciudad de Pompeya, y armar una novela de 600 páginas con toda esa información y que salga un resultado coherente y entretenido me parece todo un logro (¡la novela no aburre en ningún momento!).

En definitiva, Spiculus me ha parecido una historia entretenidísima y muy recomendable para los aficionados a la novela histórica en general y las de romanos y gladiadores en particular. Ahora bien, también tengo algunas pequeñas pegas que ponerle al libro. En primer lugar, no tengo claro quién es el protagonista. Supongo que Spiculus, pero en realidad es el malo de la película y no me acaba de cuadrar una persona así como protagonista. En cuanto a Ronet, es un personaje que se me queda un poco cojo; quizá le ha faltado un poco de carisma, no sé. Le agradezco al autor que no haya tirado por la ruta previsible de que los dos amigos se pasen medio libro compitiendo por la chica, pero aun así la historia ha deparado un final con pocas sorpresas.

Y otra pega que le pongo: las escenas violentas, crudas, explícitas. Vale, seguramente refleja la realidad tal cual fue, pero, no sé, Ben-Hur o Espartaco son películas que transcurren más o menos en el mismo periodo y no tienen el mismo enfoque. No digo, por ejemplo, que haya que hablar de sexo como en la famosa escena de Espartaco de las ostras y los caracoles (tampoco nos vayamos al otro extremo), pero sí es verdad que es un libro que no le recomendaría a mi madre, por ejemplo, porque sé que ella prefiere no leer según qué pasajes. Por cierto, yo creo que las escenas de las violaciones son prescindibles. No sé qué opinaréis quienes lo habéis leído.

De todas formas, en este libro los puntos positivos ganan con mucho a los negativos. Si Juan Tranche ha sido capaz de pergeñar una primera novela como esta, estoy segura de que nos ofrecerá grandes historias en un futuro. Se nota que sabe muchísimo de gladiadores y esa pasión se transmite en cada página. Un autor a quien, desde luego, habrá que seguir la pista. ¿Os animáis a asistir a una lucha de gladiadores en la Roma de Nerón...?

Cada golpe te hace más fuerte, cada dolor que sufres te vuelve más inmune, cada gota de sudor debe servir para convertirte en mejor luchador. Nunca te preguntes por qué estás en este lugar, olvida tu pasado y quién eres, olvida qué te trajo hasta aquí y centra todos tus esfuerzos en la victoria y en creer únicamente en ti. Entrena cada día más fuerte. ¿Estás dando todo lo que puedes? Recupera el aliento. La grandeza de un gladiador está más allá de la arena. Déjate el alma, la vida y el corazón y alcanzarás la gloria.

Gracias a Edición Anticipada y a Suma de Letras por el ejemplar.


Esta reseña participa en la iniciativa:


Apartado: Ocurrió en Europa.

Una novela de un escritor/a italiano o que transcurra en Italia.

Si la novela va de gladiadores e interviene Nerón en la trama, no diré que muere hasta el apuntador, pero casi. :)

7 de marzo de 2021

Cuentos a los cuarenta (Laura Freixas)

¿Qué le dirías a tu yo de hace veinte años? A aquella mujer dispuesta a arrasar con todo y todos, o a la niña que no puede sospechar aún las dimensiones de su libertad. ¿Y cómo enfrentar ahora lo que ya no puede ser? ¿Y lo que sí puede? Solo el humor, la magia de la imaginación y las armas que brinda el tiempo pueden librarnos del engaño.

Recuperamos estos nueve relatos de Laura Freixas, en los que la autora juega con la realidad y las contradicciones entre la madurez y la inexperiencia, el deseo y la resignación.


Con veinte años, yo creo que todos pensábamos que nos íbamos a comer el mundo. Y es ahora, llegados los cuarenta, cuando en ocasiones tenemos que reajustar las expectativas y nos damos cuenta de que quizá las cosas no salieron como habíamos soñado. Antes una siempre tenía la esperanza de que eso llegaría en un futuro, y ahora nos damos cuenta de que ya no hay tiempo ni ganas de seguir esperando.

Ahora tienes cuarenta años y empiezas a sospechar que no me encontrarás. ¿El qué no encontrarás? ¿Quién soy? ¿Qué buscas?

Yo soy esa aura que rodeaba todas las cosas que soñabas. (Pág. 62)

Las mujeres de este compendio de relatos tenían grandes sueños de juventud y, ya cumplidos los cuarenta años, se toparon con una realidad mediocre en la que nunca pensaron que se verían envueltas. Y debo decir que aquí me he sentido bastante reflejada.

Yo soñaba con un gran amor, y lo que tengo es un matrimonio. Soñaba con una gran pasión y encontré algunas horas de sexo para matar el rato. Soñaba con viajes y aventuras y... Pero para qué le voy a seguir contando, si todo es tan banal. Eso es lo que menos soporto, ¿sabe? La previsibilidad. Me humilla que me haya ocurrido lo que le ocurre a todo el mundo, lo que los mayores siempre nos advirtieron que nos ocurriría y nosotros, yo por lo menos, nunca nos lo creímos... [...] Pero cuando recuerdo cómo era yo a los quince, a los veinte años, y me veo ahora, me dan ganas de llorar. (Pág. 57)

Ante esta realidad insoportable, muchas de las mujeres de estos relatos se escapan a un mundo onírico que Laura Freixas refleja de manera literal, y eso es algo que puedo entender como recurso literario, pero me ha dejado bastante perpleja durante la lectura, porque los viajes oníricos que plantea Freixas son tremendamente disparatados. Digamos que se volvían tan abstractos que me hacían desconectar un poco de la lectura, y ese es quizá el aspecto que menos me ha gustado (pese a que reconozco que es original).

El libro lo conforman nueve relatos y los que para mí han destacado son «Las puertas», «La oficina» y «La noche», que empieza y termina de manera totalmente onírica y me pareció que no era para mí, pero acabé subrayando prácticamente todas las reflexiones de la protagonista (como el fragmento que copio arriba de la página 57).

Puede parecer esta una reseña un poco desesperanzada, pero no quiero verlo así... Son cosas sobre las que he reflexionado alguna vez y me ha alegrado verlas ahí plasmadas en el papel de forma para mí tan certera. Supongo que consuela saber que no soy la única que las siente de vez en cuando. 

Por cierto, esta es una reedición de Tres Hermanas, pero la edición original se publicó en el 2001. Y leo que Laura Freixas estuvo casada desde 1985 hasta el 2003, así que supongo que en cierto modo el día a día de una Freixas desilusionada en aquella época se cuela entre las páginas (Un día una se da cuenta de que vive con un señor al que le unen cosas como la declaración conjunta, el piso que hemos ido pagando y decorando a lo largo de quince años, o la costumbre, muy agradable, no digo que no, de ir todos los viernes a escuchar un concierto de música clásica...). Se divorció, tiene una nueva pareja y parece muy feliz, así que imagino que terminó encontrando «esa aura». Y, a medida que he ido escribiendo esta reseña, me he dado cuenta de que quizá no es el mío un caso tan perdido como creía, porque, pese a la monotonía de algunos días iguales, aún sueño con cosas rodeadas de un aura. :)

Gracias a la editorial Tres Hermanas y a Masa Crítica de Babelio por el ejemplar. Por cierto, mención aparte para Tres Hermanas, una editorial que he descubierto con este libro, que hace ediciones muy limpitas y que me parece que tiene auténticas joyas en su catálogo (esa edición ilustrada de Cumbres borrascosas, por favor...).