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4 de mayo de 2019

La cata (Roald Dahl)

Seis personas se sientan a la mesa en la casa de Mike Schofield, un corredor de bolsa londinense: Mike, su esposa e hija, un narrador sin nombre y su esposa, y un famoso gastrónomo, Richard Pratt. Pratt suele hacer pequeñas apuestas con Schofield con el fin de adivinar el vino que se está sirviendo en la mesa, pero esta noche la apuesta será mayor… Cuando Schofield sirve el segundo vino de la cena comenta que será imposible adivinar cuál es, lo que Pratt toma como un reto.

Image result for roald dahl la cata nordicaRoald Dahl se desenvuelve especialmente bien en los relatos: sabe mantener el ritmo y da a las historias un toque perverso que hace que esperes el final con aprensión. Aún me acuerdo de un libro que leí hace veinte años, Kiss Kiss, que recoge varios relatos cortos de Dahl: uno de ellos, con el inocente título de William and Mary, me caló tanto que aún me vienen a la memoria de vez en cuando retazos de «la historia aquella que va de un cerebro».

De todas formas, Dahl también escribió relatos más amables, como este que traigo hoy. Lo vi anunciado en su día en las redes de la editorial Nórdica y hace poco me lo encontré en la biblioteca. Pese a que llevo una temporada que no he tenido tiempo de leer nada, vi que era un libro muy cortito y decidí llevármelo.

El narrador nos cuenta una velada que pasó en casa de un corredor de bolsa londinense, Mike, donde también era un invitado habitual el gastrónomo Richard Pratt, un hombre desagradable que enseguida se gana la animadversión de los presentes (y del lector). En esas veladas Mike y Richard suelen hacer pequeñas apuestas sin importancia con el fin de adivinar el vino que el anfitrión sirve en la mesa, pero esa noche la apuesta parece ir un poco más allá. El lector asiste impotente y con inquietud al curso de los acontecimientos sin saber en qué terminará la loca apuesta...

Esta lectura ágil, breve y con el ritmo inconfundible de Dahl es redonda, y además viene acompañada de un contrapunto perfecto: las magníficas ilustraciones de Iban Barrenetxea, que ayudan a poner en contexto al lector perfectamente y están cargadas de un fino sentido del humor. La impecable traducción la firma Íñigo Jáuregui.

En definitiva, un libro que se lee en un suspiro firmado por uno de los maestros de la literatura inglesa y que, dada su brevedad, conquistará incluso a los lectores más reticentes. Además gira en torno al vino, por lo que también constituye un regalo ideal para enólogos y aficionados. Yo tuve que devolverlo a la biblioteca, pero no descarto hacerme con él en esta próxima feria del libro de Madrid. Por cierto, se lo recomendé a mi madre (en un momento en el que no tiene el ánimo para centrarse en lecturas, la pobre) y le gustó muchísimo, tanto la historia como las imágenes. En definitiva, ¡este libro es un acierto seguro!


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11 de junio de 2016

Charlie and the Chocolate Factory

Más vale tarde que nunca, y está claro que yo voy a descubrir buena parte de los clásicos infantiles ya casi rozando los cuarenta. ¿Cómo se explica que no haya leído este libro hasta ahora? Alguna vez ya he contado que de pequeña leía los mismos libros una y otra vez; estuve años sin descubrir lecturas nuevas (aparte de los del colegio, claro). ¡Tremendo! El caso es que ahora con mi hija tengo la oportunidad de redimirme y puedo afirmar que nunca es tarde para disfrutar de la literatura infantil.

La cuestión es que ni había leído el libro de Charlie y la fábrica de chocolate ni había visto la película cuando mi hija me dijo que se había convertido en su libro favorito (lo estaban leyendo en el colegio) y que TENÍA que hacerle un hueco. ¿Y cómo voy a hacer yo caso omiso de una recomendación literaria que me haga mi hija? Jejeje... Así que enseguida lo busqué y sí, ¡acabé tan entusiasmada con esta historia como ella!

Un resumen por si alguien no conoce la trama: Charlie Bucket es un niño muy pobre que vive con sus padres y sus cuatro abuelos en una casita muy pequeña, donde pasan hambre y frío (los cuatro abuelos, muy mayores y arrugaditos, se apiñan todos en una sola cama porque no hay dinero ni sitio para más, y a Inés y a mí nos hacía mucha gracia imaginarlos allí a los cuatro, con los pies tocándose en el centro de la cama). Lo único que tienen para comer es sopa de col. ¡Todos los días, un día tras otro! Muy cerca de su casa se halla la fábrica de chocolate de Willy Wonka, que lleva años funcionando pero cerrada al público, hasta que un día el señor Wonka, el propietario, decide que cinco niños podrán visitarla, ¡los cinco afortunados que encuentren un billete dorado dentro de las barras de chocolate que vende la fábrica! El mayor sueño de Charlie sería poder ver la fábrica por dentro, pero ¿cómo le va a tocar si no tiene dinero ni para tentar a la suerte comprando una sola barrita de chocolate? ¿Conseguirá Charlie tan ansiada visita?

Lo primero que pensé al terminar este libro fue el derroche de imaginación del que hace gala el autor. Es increíble, no solo por la cantidad de cosas disparatadas que ocurren en el libro, sino también por el vocabulario que se inventa (una palabra detrás de otra) y la sucesión de escenas alocadas que tienen lugar dentro de la fábrica. Por no hablar de todas esas puertas con nombres curiosísimos, sobre todo las que no llegan a abrirse. Yo me quedaba pensando en qué podría haber detrás de ellas... Desde luego, para un niño tiene que ser divertidísimo y alucinante leer un libro así.

Una de mis escenas favoritas es la de los «square sweets that look round» que aparecen en una sala de la fábrica de chocolate: me pareció un juego de palabras brillantísimo y no hacía más que preguntarme cómo lo habrían solucionado en la versión traducida (y fue así: «caramelos cuadrados que se vuelven en redondo». ¡Me pareció una traducción bastante acertada!).

The square sweets that look round.

Sin embargo, el libro no se limita solo a ofrecer una trama entretenida, sino que condena temas que hoy siguen siendo vigentes, como la gula, la avaricia, la mala educación en los niños, mascar chicle, el exceso de televisión, los padres que consienten a sus hijos en exceso... En general la novela castiga a los niños que se portan mal y premia a los que se portan de manera ejemplar. Y pensar que el libro se escribió hace más de cincuenta años y todos esos temas siguen estando a la orden del día...

Fragmento de una de las canciones de los oompa-loompas que aboga por tirar la tele a la basura y, en su lugar, leer un libro.
El libro en general ha envejecido muy bien y conserva la capacidad de encandilar, aunque hay un detalle considerado políticamente incorrecto y son los oompa-loompas, que en un principio eran pigmeos traídos de lo más profundo de una selva africana y, después de que se considerara conveniente una versión más políticamente correcta, se convirtieron en una especie de enanitos hippies de piel sonrosada.

Pese a encajar totalmente en la categoría de literatura infantil (para niños de 6 o 7 años en adelante, más o menos), los adultos también lo disfrutarán y de hecho quizá capten más matices en el libro, como el hecho de que Willy Wonka es un personaje bastante siniestro: no se puede decir que sienta mucha empatía por las cosas que les pasan a los niños en la fábrica y, de hecho, va poniendo a prueba las debilidades de cada uno mediante «trampas» maquiavélicas para ver quién es un digno sucesor de llegar al final del recorrido. De hecho, hay páginas que apuntan a que la fábrica en realidad utilizaba a niños como materia prima para fabricar los dulces y golosinas. Ese detalle se me había escapado, pero leyendo la teoría que se explica ahí, ¡tiene todo el sentido! Y los oompa-loompas también presentan un lado siniestro, puesto que entonan sus cantos moralizantes después de que el niño en cuestión haya cometido un error, ¡no antes, para advertirles! Podrían compararse con los esbirros de un matón, que son los que ocultan las pruebas y entierran el cadáver... Yo admito que Willy Wonka no me cayó bien en ningún momento: un carácter brusco; cero empatía; despide a todos los trabajadores de su fábrica y se va a un país lejano a traer a cientos de peones que viven en su fábrica y están a sus órdenes; todo el rato metiendo prisas y no dejando que nadie disfrute del recorrido... ¡Me pareció un personaje más bien odioso, la verdad!

De todas formas, no resulta extraño que Charlie y la fábrica de chocolate tenga un lado oscuro. Roald Dahl escribió también historias macabras para adultos, caracterizadas por su tono siniestro y su negro sentido del humor que a menudo terminaban con un desenlace inesperado. Hay varias antologías publicadas con estos relatos, como por ejemplo Kiss Kiss, que tengo en casa y me han dado ganas de releer para recordar esta otra faceta de Dahl menos conocida. ¿Habéis leído vosotros estas historias?

Ilustración de Quentin Blake para Charlie y la fábrica de chocolate. El libro está lleno de frases para enmarcar.


19 de julio de 2015

The Twits

Hoy en día parece que los barbudos disfrutan de un renovado protagonismo: se han erigido en símbolos hípster (abundan en barrios londinenses típicamente a la última como es Dalston), las barbas parecen dotar a su portador de un atractivo innegable e incluso hay instituciones de la ciudad que les dedican exposiciones fotográficas, como esta de Somerset House, de la que he tomado la fotografía.


Así pues, en plena época del culto a la barba cae en mis manos este libro de 1980, que diríase que fue escrito especialmente para combatir a la plétora de hípsters barbudos que pueblan nuestras calles hoy. Esta es la descacharrante primera página:



De hecho, algo tan prosaico como las barbas fue lo que inspiró a Roald Dahl a escribir este libro, ¡pues las odiaba!:

The idea of The Twits was triggered by Dahl's desire to "do something against beards", because he had an acute hatred of them. The first sentence of the story is, "What a lot of hairy-faced men there are around nowadays!"

Así pues, una vez pasada esta primera página introductoria empieza la historia en sí, que gira en torno a un barbudo y su mujer, el señor y la señora Cretino, unas personas sucias, malhumoradas e irascibles. Al señor y la señora Cretino les encanta hacerse faenas el uno al otro y sus bromas son cada vez más pesadas, como el capítulo en que el señor Cretino pretende convencer a su mujer de que está encogiendo y la única solución es volver a «estirarla», o cuando la señora Cretino le prepara a su marido un plato de espaguetis mezclados con gusanos de verdad. Sin embargo, un día deciden hacer frente común contra los pájaros que acuden a su jardín: todos los miércoles preparan un guiso con algunos de ellos, pero ¡ah!, un día se encuentran con que los pajarillos ya no se dejan cazar. ¿Qué se les ocurrirá a los horribles Cretinos para seguir disfrutando de un suculento pastel de pájaros todos los miércoles…?

Esta delicia de libro está dirigido a un público infantil; los niños de 6 o 7 años ya podrán empezar a disfrutarlo, pero seguro que a los de 12 años les gusta igual. Sin embargo, yo a mis 37 lo he disfrutado como una enana, me lo he leído de una sentada y me he reído a carcajada limpia con más de un pasaje. Este tipo de libros siempre me dan una especie de nostalgia, pues me hacen pensar en mí misma con 8, 9 o 10 años, y me evocan también la cantidad de libros que me perdí y que me habrían hecho disfrutar tanto... Recuerdo que leía los mismos libros una y otra vez, en gran parte porque nunca sabía a qué nuevo libro acudir o dónde buscar lecturas estimulantes. Incluso hoy en día, cada vez que entro en la sección infantil del Waterstones de mi barrio me entra una especie de síndrome de Stendhal: me conmueve la cantidad de libros que se publican hoy, la cantidad de clásicos que en su día me perdí, el infinito universo que es una librería así para un niño y que yo, por el motivo que fuera, no pude disfrutar del todo de pequeña. Así que aquí estoy, saboreando a mi edad estas pequeñas joyas de la literatura infantil que no mueren nunca.


14 de enero de 2012

Colección Read & Listen de Pons Idiomas

Gracias a un concurso de El placer de la lectura conseguí uno de los libros de la colección Read & Listen de Pons Idiomas, dirigida a estudiantes de inglés con un nivel medio-avanzado. Los editores han seleccionado una serie de relatos de conocidos escritores en lengua inglesa: Roald Dahl, F. Scott Fitgerald, Margaret Atwood, Jack London, Philip Roth… Lo que marca la diferencia es que los libros incluyen un pequeño diccionario a pie de página en el que se traducen en contexto las expresiones más difíciles; la idea es que todo el mundo se anime a leer en inglés y que el hecho de tener que parar para consultar el diccionario cada dos por tres ya no sea un impedimento. Y va más allá que un mero diccionario, porque explica los matices y aclara referencias culturales para que el lector se sienta como si estuviera leyendo casi, casi en su lengua nativa.

De momento hay 8 libritos en la colección y cada uno de ellos recoge dos relatos. Más puntos que hacen esta colección interesante: cada relato va precedido de una pequeña biografía del autor (una página a dos caras, llena de anécdotas y nada aburrida, debo decir) y una introducción al relato. Y para acabar de redondearlo, el libro viene con un CD con la versión en audio de los relatos.

Los relatos que yo he leído son los de Roald Dahl y Edith Wharton. Leer relatos de Dahl siempre es un placer y este, Parson's Pleasure, estuvo a la altura, aunque el final me pareció algo predecible. En cuanto al relato de Wharton, si soy sincera diré que no me gustó nada: ni me interesó ni le encontré el sentido.

Dicho esto, me parece una colección muy recomendable para quienes tengan un nivel medio-avanzado de inglés pero no se sientan cómodos todavía leyendo libros (aparte de las versiones abreviadas para estudiantes, me refiero). ¡Ah! Y cada libro cuesta 9,90 euros. Se os acaban las excusas. :)


Título: Read & Listen | Autores: Roald Dahl y Edith Warthon, Pons Ediciones
Fecha inicio: 26.12.2011 | Fecha fin: 29.12.2011