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31 de octubre de 2024

Miedo (Stefan Zweig)

Siempre me ha gustado el tema del adulterio en la literatura. ¡No me digáis que no da para escribir páginas y páginas! Sin embargo, no puedo decir que haya leído mucho al respecto: sí, Anna Karenina, Rojo y negro, y otros libros más mediocres que no me gustaron nada, como Adulterio de Paulo Coelho. Miedo, de Stefan Zweig, me atrajo en cuanto leí la sinopsis: estaba segura de que lo que Zweig tuviera que contarme respecto a la infidelidad iba a gustarme. ¡Y esa imagen de la cubierta de Hermida Editores! 




La señora Irene Wagner lleva una vida acomodada en Viena. Está felizmente casada desde hace ocho años con un respetable abogado y tiene dos niños pequeños de quienes no se ocupa mucho, pues sus únicas preocupaciones cotidianas son acudir a fiestas de sociedad y satisfacer sus caprichos.

Sin embargo, la señora Wagner también tiene un amante, un pianista de poca alcurnia. Ni siquiera sabe qué hace con él o por qué está engañando a su marido. Todo empezó como un capricho, probablemente fruto del aburrimiento, que apenas está dejando huella en su mullida existencia. El libro empieza justo cuando Irene Wagner sale de casa de su amante después de un encuentro:

Cuando la señora Irene bajó por la escalera de la vivienda de su amante, otra vez la asaltó súbitamente aquel miedo absurdo.

A partir de ahí empieza un relato obsesivo y trepidante: la novia del pianista ha descubierto la relación de ambos y amenaza a la señora Wagner con delatarla ante su marido y romper en añicos la respetabilidad y la vida acomodada que lleva. La vida de Irene es ahora un infierno, y se debate entre la desesperación, la vergüenza y el miedo de perder todo lo que hasta entonces había dado por hecho. De repente, la vida familiar se convierte en el más preciado tesoro, justo cuando ve que está a punto de perderlo... Y cómo se debate Irene entre contarle todo a su marido y librarse de esa espantosa tortura o callárselo todo, pues cree que no va a poder soportar la vergüenza que sentirá al confesar.

Una novela de apenas cien páginas en la que Zweig transmite a la perfección ese miedo cerval que vive su protagonista, un relato que casi puede leerse del tirón porque el lector necesita saber cómo termina la diatriba de la señora Wagner. Lo terminé y ya estaba deseando empezarlo de nuevo, pues es de esas historias que no bastan con leerla una vez, de esas que luego recomiendas a quien quiera escucharte.

La traducción me ha parecido que sonaba perfectamente fluida (y anda que no tiene que ser difícil traducir a Zweig del alemán). La firma Luis Fernando Moreno Claros. Hacia el final del libro se han colado algunas erratas, pero no desmerecen el conjunto.

Por cierto, el final me dejó muy sorprendida y me pareció acertadísimo. Y no cuento más, solo que ha sido una de mis mejores lecturas del año. Ahora estoy deseando leer otro libro que tengo de este autor y que me compré por impulso al ver que iba también del tema de la infidelidad: Ardiente secreto.



El miedo es peor que el castigo, porque este es algo determinado y, por severo que sea, no se puede comparar con el temor que despierta en nosotros lo incierto, una tensión espantosa, que no conoce límite.

6 de agosto de 2023

Novela de ajedrez (Stefan Zweig)

Durante la Segunda Guerra Mundial, en un vapor rumbo Buenos Aires, hay un personaje que concentra todas las miradas: es el campeón mundial de ajedrez, Mirko Czentovič, un hombre rudo e ignorante, pero con una habilidad excepcional para anticipar todos y cada uno de los movimientos de sus oponentes. Cada noche le organizan partidas amistosas con otros pasajeros, y Mirko siempre les gana sin esfuerzo. 

Hasta que, para sorpresa de todos, un pasajero, el enigmático señor B., logra acabar una partida en tablas y dejar a Mirko en evidencia. ¿Quién es ese noble vienes que ha logrado igualarse al campeón mundial? Y sobre todo, ¿dónde ha aprendido a jugar al ajedrez? 




Hace poco cayó entre mis manos El mundo de ayer, de Stefan Zweig, uno de esos libros que es inevitable leer con el corazón encogido (no le hice reseña, pero os lo recomiendo muchísimo si queréis sumergiros en una biografía del autor austríaco, que transcurre desde su infancia en las últimas décadas del s. XIX hasta que se desmembra Europa a las puertas de la Segunda Guerra Mundial). Mucha gente me recomendó seguir descubriendo la obra de Zweig con Novela de ajedrez, y tuve la suerte de que me tocara en la última edición de Masa Crítica de Babelio.

Como quizá ya sabéis, me encanta empezar los libros sin saber nada de la trama. En este caso tenía claro que la novela giraba en torno al ajedrez y me despertó curiosidad: ¿cómo lograría Zweig crear una trama atractiva en torno a este juego de mesa? Pues lo consigue, claro que sí...

El narrador emprende un viaje por mar desde Nueva York rumbo a Buenos Aires y descubre que en el vapor también viaja Czentovič, el que entonces era campeón mundial de ajedrez. Se trata de un hombre rudo y sin formación, pero con una capacidad innata para esta disciplina. Enseguida, uno de los caballeros que viajan en el barco le invita a jugar una partida amistosa de ajedrez y pierde sin remedio. Picado, el hombre quiere repetir la partida una y otra vez, pese a que el campeón le cobra una considerable suma por jugar cada vez.

En una de las partidas, un pasajero al que nadie conoce, el señor B., interrumpe para dar un par de indicaciones y, gracias a su intervención, la partida queda en tablas. Tanto Czentovič como el resto de los presentes se muestran asombrados. ¿Quién es ese hombre a la altura de un campeón mundial? Como el señor B. es austríaco, nuestro narrador (se supone que es el propio Zweig, también austríaco) aprovecha este punto en común para presentarse ante él y lograr averiguar algo acerca de la identidad de este misterioso y humilde jugador de ajedrez.

Al principio pensaba que la novela giraría en torno a la vida y el ascenso al estrellato de Czentovič (y quizá su posterior caída), pero no. Cuando irrumpe en escena el señor B. es cuando la novela da un giro y conocemos qué circunstancias llevaron a este correcto señor a aprender a jugar al ajedrez y a ser capaz de derrotar a un campeón mundial, ¡siendo además que llevaba muchos años sin jugar!

No querría desvelar demasiado de la trama, pero acabaremos conociendo las torturas de la Gestapo —no tanto físicas como mentales— y las estrategias de supervivencia que un hombre tuvo que poner en práctica para sobrevivir al horror. Y veremos también cómo a veces el aislamiento y la soledad son peores para la mente que los castigos físicos.

Aunque Novela de ajedrez no está basada en hechos reales, sí que es verdad que está contada de tal modo que parece que lo narra Zweig a partir de su propia experiencia (si no literal con el viaje en barco y el campeón de ajedrez rudo y huraño, sí con la experiencia de las garras de la Gestapo cerrándose en torno a los que no se adherían a sus posturas). Escribió este breve libro desde el exilio en Brasil y lo envió a su editor poco antes de suicidarse. Y sí, es un libro que en ciertos pasajes transmite melancolía, desesperanza ante la situación mundial, pesimismo por el panorama en Europa, como no podía ser menos con una novela escrita en el exilio.

No nos hicieron nada, solo nos instalaron en la más absoluta nada, porque, como sabemos, ninguna cosa en el mundo produce mayor presión en el alma que la nada.

Este libro, además, me ha servido para conocer la colección «Pequeños placeres» de Ediciones Invisibles. Como la propia editorial dice, se trata de «una selección de novelas cortas de los grandes autores de la literatura, para lectores con poco tiempo». Novela de ajedrez me ha causado una impresión muy grata, pues cumple justo con esa premisa y está editada impecablemente. La traducción me ha parecido muy fluida y la firma Clara Formosa.

Otros títulos de lo más tentadores que figuran en esta colección son La solterona, de Edith Wharton, El brazalete de granates, de Alexandr Kuprín, Relato de un desconocido, de Antón Chejov o Felicidad conyugal de Tolstói. Los tengo ya en mi lista de pendientes y espero leerlos pronto.