¿Enero es demasiado pronto para poner libros en la lista de los mejores del año? Porque en este 2021 me he estrenado a lo grande y después de Frankenstein ha llegado ¡Vivir!, una de esas novelas que no te quitas de la cabeza incluso pasados unos días. Y, cuando eso ocurre, significa que el libro es de los que dejan huella y que se va directo a la lista de historias inolvidables.
Empiezo dejando el resumen de la contra:
Después de gastar toda la fortuna de su familia en el juego y en burdeles, el joven Fugui, único heredero de la familia Xu, no tiene otra solución que convertirse en un honesto granjero. Obligado por el Ejército a separarse de su familia, es testigo de los horrores de la Guerra Civil. Años después, tiene que hacer frente a las penurias de la Revolución Cultural. Con un buey como único compañero en sus últimos días, Fugui consigue sobrevivir gracias a su amor por la vida. Esta novela celebra la inalterable voluntad de vivir por encima de las desgracias y los golpes del destino.
Decía que me cuesta quitarme la historia de Fugui de la cabeza, pero lo cierto es que me cayó fatal al principio del libro. Menos mal que él mismo está de acuerdo conmigo y me ahorra buscarle calificativos, pues estas son sus palabras literales en el libro:
Yo de joven era un cabronazo hijo de puta.
Fugui es un joven acomodado y cabeza loca que, debido a su afición al juego y a los burdeles, consigue pulirse la fortuna familiar. Cuesta mucho empatizar con el protagonista que se nos presenta en las primeras páginas. Egoísta, despreocupado, irrespetuoso... un auténtico vivalavirgen. Y, sin embargo, las circunstancias le obligan a madurar y poco a poco, a medida que va avanzando la historia y casi sin darte cuenta, su personaje te conquista.
Lo primero que llama la atención de este libro es la voz narradora, que es la del propio protagonista, Fugui; es cierto que no he leído mucha literatura china, pero esperaba encontrar una historia de emociones contenidas, de silencios, de frases cortas y significados velados. ¡Pero no! Fugui cuenta su historia en primera persona intercalada con todo tipo de exabruptos, e incluso cuando narra hechos dramáticos (porque este libro es un dramón), se las arregla para arrancarte una sonrisa aquí y allá con la forma de contarlo. Y es cuando llegas al final el momento en que el círculo se cierra y te das cuenta de lo acertado que es el título, porque pese a todas las desventuras y vicisitudes que vive Fugui, su voluntad de vivir y seguir adelante es inquebrantable.
Otra cosa digna de mención en este libro es la magnífica traducción de Anne-Hélène Suárez Girard, sinóloga, traductora, profesora y escritora. No me puedo imaginar el esfuerzo que conlleva traducir del chino una obra como esta, llena de expresiones orales y de diálogos espontáneos, y que quede una narración natural y fluida en español, que capture con exactitud la particular voz del protagonista y nos acerque una cultura como la de China, tan ajena a la nuestra. Y justo eso es lo que consigue Anne-Hélène Suárez.

