Últimamente no me apetece tanto leer novela negra. ¿No da la sensación a veces de que el mercado ya está saturado? De que todas las tramas y todos los inspectores son iguales, de que ya ninguna historia que leas te puede conquistar... Admito que con este espíritu pedí este libro en Babelio, pero lo escogí por dos motivos: la colección Siruela Policiaca me pareció que era garantía de cosas buenas y me gusta muchísimo el diseño de esta colección, con esa cubierta que contrasta el rojo con el gris.
Y así emprendí esta lectura. Lo primero que tuve en cuenta es el texto de la faja, en el que ponía: «Un nuevo caso para Blecker y Cano», y efectivamente esta es la cuarta novela que escribe Teresa Cardona con una pareja de guardias civiles como protagonistas, pero se puede seguir sin ningún problema aunque no se hayan leído las otras, como era mi caso.
La trama transcurre en San Lorenzo de El Escorial, donde trabajan Karen Blecker —teniente de la Guardia Civil que lleva un par de años en España, después de pasar la mayor parte de su carrera en Alemania trabajando para la Europol— y el brigada Cano, el contrapunto necesario para su jefa, que a veces es demasiado cuadrada y germana y aún está intentando adaptarse a las idiosincrasias de una localidad del interior de España.
Una mañana acuden a un domicilio, donde ha aparecido una mujer muerta. Todo apunta a un robo en el que tal vez la víctima se enfrentó a los intrusos y la cosa acabó mal. Pero no les acaba de cuadrar. Es una mujer sana y deportista. ¿Por qué no salió corriendo al sentirse amenazada? Hay que empezar investigando a Maya, la víctima, y para ello la trama se remonta a su infancia, en un hogar muy rígido donde no recibió el cariño de sus padres. Lo único que contaba eran los resultados, los estudios, ser estricto y eficiente en la vida. Maya creció aislada, sin amigas, con el único cariño de la señora que se ocupaba de la casa. Con el tiempo se casó con Sergio, un arquitecto a quien conoció en la universidad mientras ella hacía Medicina, y tuvieron a su hijo David. Pero él es un chaval con una salud muy delicada y Maya se muda a San Lorenzo de El Escorial para poder ofrecerle una vida lo más tranquila y saludable posible, mientras ella renuncia a sus proyectos profesionales más ambiciosos y trabaja de dermatóloga en una clínica privada.
Ese es el caldo de cultivo de nuestro crimen, aunque el entorno familiar y de amistades se irá desgranando a medida que Blecker y Cano avancen en sus investigaciones (mención especial para Nieves, la madre de Sergio, un personaje que me ha encantado).
Debo decir que me he visto venir el desenlace desde muy pronto, pero me ha dado igual, porque en cuanto he intuido por dónde iban los tiros he disfrutado de la trama muchísimo más. Me parece una idea poco explotada y que aquí está muy bien hilada, y la autora en ese sentido ha sabido conducir la trama con acierto para explicar la historia sin adelantar nada. Me ha gustado muchísimo.
Por último, esta no es una de esas novelas con giros trepidantes, una trama desenfrenada que no da tregua y la necesidad de dar un golpe de efecto al final de cada capítulo para mantener al lector enganchado (cómo odio eso...). Todo lo contrario, es una novela pausada e introspectiva, que se va construyendo a partir de lo cotidiano y que da espacio para las reflexiones de los investigadores, tanto en torno al caso como en lo que concierne a su vida privada, a menudo con una copa de vino frente al fuego al final de la jornada laboral, y ese me ha parecido otro de los puntos fuertes del libro.
Me quedo con varias cosas: voy a recomendarle este libro a todo el mundo, me ha dejado ganas de seguir leyendo otros libros de la serie y me ha reconciliado con las novelas policiacas. No se puede pedir más, ¿no? :)