14 de marzo de 2018

Encuentros literarios: Emilio Ortiz

Dos cosas importantes han ocurrido en torno a este blog en los últimos días: en primer lugar, esta humilde bitácora ha cumplido 9 años en la red. La verdad es que no lo celebro nunca, pero este año me he acordado y no he podido evitar hacer una mención.

Y el otro hecho importante es que, por primera vez en estos 9 años, crucé la línea que separa lo virtual de lo real y pude acudir a un encuentro literario en el que conocí a otras blogueras. El motivo era la presentación de este libro que traigo hoy, La vida con un perro es más feliz, de Emilio Ortiz, en un encuentro organizado por la editorial y propiciado por Pepa, del blog Pero qué locura de libros.


Emilio Ortiz no tiene una dilatada carrera como escritor, pero ya ha alcanzado el éxito con su primera novela, A través de mis pequeños ojos (que ya va por la novena edición), en la que la voz narradora la lleva un perro lazarillo inspirado en Spock, el perro guía del propio Emilio, que se quedó ciego a los 25 años a causa de una enfermedad. 

¿Y de qué va este nuevo libro? Copio un ilustrativo fragmento de la contra:

La vida con un perro es más feliz te ayudará a comprender mejor a tu más fiel amigo; a conocer cómo funciona su cerebro para interpretar sus emociones y manías; a entender qué esconde tras esa mirada llena de ternura, inteligencia y devoción y a descubrir lo fascinante que es la convivencia con él.

El pasado 27 de febrero nos reunimos con el autor en un hotel de Madrid varias blogueras lideradas por Pepa, que es quien convocó el encuentro. Allí pudimos charlar con Emilio y supimos cómo se gestó este libro, qué temas trata (está contado como un ensayo y gira en torno a la amistad incondicional que brindan los perros, la inteligencia canina, los derechos de los animales, el adiestramiento canino, los perros trabajadores...) y algunas anécdotas que ha vivido en su periplo como escritor con perro. Fue un encuentro muy cercano en el que todo el mundo pudo participar contando anécdotas sobre sus mascotas y preguntando curiosidades a Emilio.

En cuanto lea el libro subiré la reseña, pero ya os puedo adelantar que pinta muy bien y que puede ser un regalo perfecto para los amantes de los animales. 

Gracias a Pepa por invitarme y a Temas de Hoy y Editorial Espasa por propiciar un encuentro divertido en el que conocí a gente estupenda y lo pasé fenomenal.




30 de enero de 2018

Drácula (Bram Stoker)

Releer este libro me ha hecho una ilusión tremenda. Me lo compré en inglés durante un viaje hace 20 años y la verdad es que ni recuerdo en qué momento lo leí. Lo que sí recordaba es la película que rodó Coppola, que me apasionó cuando la estrenaron en 1992 y vi un montón de veces. Cómo me gustaron Gary Oldman, Winona Ryder, Keanu Reeves, Anthony Hopkins y la espectacular Monica Bellucci en su brevísima e impactante aparición como diabólica vampira. Hay escenas de esa película que tengo grabadas a fuego en la memoria.


Y, sin embargo, hace poco la vi y ya no fue lo mismo. ¡Ah, qué lástima que haya momentos que perduran mejor en nuestra memoria! Ahora tenía muy fresco el libro y la verdad es que me gusta mucho más la trama original de Bram Stoker, en la que no hay romance alguno entre Mina y el conde.

Pero bueno, vamos con la trama de Drácula, una novela que encaja perfectamente en la categoría de «clásicos de aventuras» y que me encantó haber leído de nuevo. Jonathan Harker es un pasante de abogado que debe viajar hasta Transilvania para ayudar con unos trámites a uno de los clientes de su bufete. Emprende el viaje dejando atrás a Mina, su prometida, con quien se casará cuando vuelva de realizar estas gestiones. Ya en Rumanía los habitantes de las localidades que va atravesando en su viaje le advierten que no vaya al castillo del conde, pero Jonathan lo achaca a miedos y supersticiones del populacho e ignora todos estos avisos. Sin embargo, una vez que conoce al conde Drácula y queda prisionero en su castillo, Jonathan Harker se da cuenta del enorme error que cometió al no escuchar a aquellos que trataron de advertirle. Y lo peor es que el trabajo de Jonathan en el castillo abre las puertas para que el conde Drácula llegue a Inglaterra, donde quizá también Mina y su círculo más cercano acaben viéndose afectados.


Por suerte Mina tiene varios amigos que se dan cuenta del peligro y se unen, con el doctor Van Helsing a la cabeza, para hacer frente al conde en una batalla que les llevará desde las calles de Londres de nuevo hasta Transilvania, en unas últimas páginas que mantienen al lector en vilo hasta el emocionante final. En definitiva, un magnífico libro y una lectura más que recomendada.

Aparte de que un clásico de aventuras como este se disfruta de la primera a la última página, lo que más me ha gustado es la ambientación gótica que rezuman sus páginas, desde la descripción inicial de Rumanía, atravesando parajes primero en tren y luego en coche de caballos, por bosques neblinosos con el aullido de los lobos de fondo, mientras los lugareños se santiguan al saber a dónde se dirige el extranjero... O también el momento en el que Drácula llega a Inglaterra en barco, esa zozobrosa entrada a puerto, o las descripciones de los cementerios... Si os gustan los ambientes góticos, este libro es justo lo que estáis buscando.

Además presenta la gran ventaja de contar con Mina, un personaje femenino muy potente. En contraposición, los caballeros de este libro en ocasiones se comportan como damiselas descompuestas, pues en más de una ocasión se desvanecen y rompen en sollozos. ¡Es curiosa esta inversión de papeles a finales del s. XIX! 

Un último apunte: a la hora de leer un clásico traducido es muy importante elegir una buena edición en español. Seguro que en más de un caso nos ha decepcionado un clásico de la literatura, y sin embargo podría ser que el problema estuviera en que estábamos leyendo una mala traducción. En el caso de Drácula, puedo haceros dos recomendaciones: en primer lugar la traducción de Flora Casas, muy buena y fiel al original, que se ha utilizado por ejemplo en las ediciones de Anaya y en una colección que sacó El País de clásicos de aventuras. En segundo lugar, la editorial Plutón ha editado otra traducción (firmada por Alessia Lazcano) que también es muy correcta, pero recorta de un plumazo los aspectos más tediosos de la novela. Efectivamente, aquellos fragmentos que restan un pelín de agilidad a la lectura o que empiezan a abrumar con datos se han recortado con mano firme. Me llamó la atención y en un principio me hizo rechazar de plano esta traducción, pero luego vi que quizá no es una mala opción para los lectores a los que se les haga cuesta arriba acercarse a un clásico que en algún pasaje puede ofrecer una cantidad abrumadora de detalles.

Aunque he dicho que no me gusta el romance que se inventa la película entre Mina y el conde, dejo aquí esta foto para terminar la reseña porque, sencillamente, es preciosérrima:


16 de enero de 2018

El santo al cielo (Carlos Ortega Vilas)

Mi principal fuente a la hora de tomar ideas es Goodreads, donde acumulo una lista de lecturas pendientes de unos 150 libros. Es toda una perdición, pero es que esa web de reseñas y recomendaciones es una herramienta excelente para descubrir libros que de otro modo habrían pasado desapercibidos. También confío mucho en las puntuaciones de esa web para saber si un libro puede llegar a gustarme o no.

El caso es que evito mucho comprar novedades literarias o libros de los que no he oído hablar antes. Prefiero ir sobre aviso y, en el caso de las novedades, que pase la fiebre inicial, que vayan saliendo reseñas de muy diferentes lectores y poder formarme una opinión. Por eso compré este libro con muchas dudas. Fue en la Feria del Libro de Fuenlabrada del año pasado, cuando pasé ante el stand de la editorial Dos Bigotes, y los amables chicos que me atendieron me comentaron que, si me gustaba la novela negra, El santo al cielo estaba cosechando muy buenas reseñas. Le eché un vistazo, me pareció una edición bonita y me lo llevé, aunque admito que con muchas dudas, pues es un libro del que no había oído hablar en absoluto. Al final, los chicos de Dos Bigotes tenían razón ¡y yo también he acabado entusiasmada con esta lectura!

Aldo Monteiro, inspector jefe de la Brigada de Homicidios y Desaparecidos de la Policía Nacional, tiene una debilidad: los santos. Conoce el martirologio de memoria y no pierde ocasión de demostrarlo. Sin embargo, cuando el teniente Julio Mataró, su enlace con la Guardia Civil, le revela el nombre del cadáver que están contemplando, experimenta cierta decepción: «Orion Dauber» no posee resonancias muy cristianas. Tampoco hay nada en ese piso, cerrado desde el interior, que confirme su identidad: no se ha encontrado huella alguna. ¿Quién es Orion Dauber? ¿Y qué relación guarda con Daniel, un adolescente desaparecido dos años atrás cuyo caso sigue obsesionando al inspector?

Silvia lleva una vida rutinaria que parece perseguir un único propósito: anestesiar los recuerdos. Tal vez por eso no es muy amiga de apegarse a los objetos. A excepción, quizás, de ese prendedor que lleva en el abrigo y del que ya no puede prescindir. Un viejo alfiler de sombrero que pronto adquirirá una función más temible. Algo que todavía desconoce… como tampoco sabe que, desde hace unos meses, alguien la sigue.

Es invierno. Quedan pocos días para Navidad. Aldo y Julio se enfrentan al caso más complejo de sus carreras, un juego de apariencias y equívocos que se entrecruzará con el destino de Silvia, marcado por un hecho del pasado que se extiende como una sombra amenazadora sobre todos los personajes.

Aquí tenemos un thriller protagonizado por un inspector de policía y un teniente de la guardia civil que se ven un poco obligados a trabajar juntos y que deben dilucidar un caso de asesinato en torno a una elusiva mujer de oscuro pasado que lo único que quiere es que todo el mundo se olvide de ella. Y este trío funciona a la perfección: el inspector jefe que siempre parece algo distante y malhumorado, pero con buen fondo, y un teniente de la guardia civil que parece tener en la cabeza otras preocupaciones (y ahí lo dejo) aparte de la investigación que llevan entre manos (para mí, uno de los puntazos de la novela). Y Silvia es un personaje tortuoso que me ha encantado y que tiene el final que se merece. Y esa es otra, el final para mí es perfecto, y eso que hasta las últimas páginas temí que los derroteros fueran a ser otros...

Es cierto que la trama en ocasiones obliga a poner en práctica la «suspensión de la incredulidad» o suspension of disbelief. Es decir, en ocasiones tuve que decirme a mí misma: «Bueno, vamos a hacer como que me lo creo», porque la trama a veces da algún giro que cuesta un poco tomarse en serio. Pero los puntos positivos de esta novela son tantos que una deja gustosa de lado su sentido crítico y decide creerse las casualidades un poco traídas por los pelos que llevan a avanzar en la investigación.

Ahora que no nos oye nadie, os diré una cosa: si Morir no es lo que más duele, de Inés Plana, os dejó un poco desinflados, leed esta novela. Los fallos principales que le encontré al libro de Inés Plana son la evolución tan rara en la relación y los caracteres de los dos guardias civiles protagonistas, que un personaje importante como Sara desapareciera a efectos de la trama a mitad del libro y que el final se resolviera de forma tan poco satisfactoria. Pues bien, El santo al cielo saca sobresaliente en todos estos temas. La relación entre Monteiro y Mataró es genial de principio a fin, Silvia es un personaje con quien es fácil empatizar pese a sus puntos oscuros (y un personaje al que se saca mucho jugo), la trama no decae en ningún momento y tiene muy buenos golpes de un fino humor hasta el final.

Por cierto, me he llevado una impresión buenísima de la editorial Dos Bigotes, pues esta edición es preciosa y está muy cuidada: el tamaño, el papel, la tipografía, todo ello contribuye a disfrutar de la lectura, y encima el texto está pulidísimo.

Me encantaría que este libro fuera un poco más conocido, porque estoy segura de que entusiasmaría a muchos lectores. Y si eso anima a su autor a sacar otro libro con Aldo Monteiro y Julio Mataró de protagonistas, yo sería la persona más feliz del mundo. Ahí queda dicho.





31 de diciembre de 2017

Las mejores lecturas del 2017

Escribo esta entrada en febrero —aunque voy a programarla para que se publique entre las últimas entradas del 2017— porque, aunque tarde, quería hacer un huequito para que esas muchas lecturas buenas que he disfrutado no se pierdan sin más en el olvido. Y estos son, pues, los libros que recupero de este 2017 que ya ha terminado y que recomiendo leer encarecidamente:

Instrumental, de James Rhodes: Libro autobiográfico que es como meterse en la tortuosa mente de Rhodes, pianista de éxito al que persiguen los terribles fantasmas del pasado. Un libro duro y extraordinario y un protagonista difícil de olvidar, sobre todo al pensar que todo lo que narra es tan real. Ah, y tiene banda sonora, pues el autor recomienda una pieza de música clásica para escuchar mientras se lee cada capítulo. Obsesivo y brutal.


Nina is Not OK, de Shappi Khorsandi: Temas muy de actualidad (los límites del consentimiento en las relaciones sexuales, el excesivo consumo de alcohol entre adolescentes, el peligro de las redes sociales...) hilados de forma magistral en un libro insospechado que empecé con curiosidad y pocas expectativas, y terminé entusiasmada.


Rosemary's Baby, de Ira Levin: No hay nada que te haga disfrutar como un clásico, y La semilla del diablo es un maestro en su género, el del terror. Ni siquiera saber cómo termina hace que se disfrute menos.


Para no extenderme más, citaré de pasada otros libros que he disfrutado mucho (aunque en menor medida) en este año de buenísimas lecturas: Horns (Joe Hill), digno heredero de su padre; Un matrimonio de provincias, de la Marquesa Colombi, con un final inesperado que me caló; The Loney, de Andrew Michael Hurley, por el ambiente que consigue en esta novela de tintes góticos; Shirley Jackson y Barbara Comyns, por esos mundos extraños en los que nos sumergen; Patria de Aramburu, y I Am, I Am, I Am, de Maggie O'Farrell. Como digo, un año repleto de buenas lecturas. ¡Poco más se puede pedir!



30 de diciembre de 2017

Festín de cuervos (George R. R. Martin)

Madre mía, George, qué me has hecho... Vale que superar el tercer libro de la saga de «Canción de Hielo y Fuego» era muy difícil, pero es que este libro ha supuesto un bajonazo total. Qué puedo decir; creo que los que os lo hayáis leído me entenderéis: a Martin le quedó un libro tan gordo cuando terminó esta cuarta parte que decidió dividirlo en dos volúmenes; en lugar de partirlo cronológicamente, lo partió por personajes y ubicación, y todos los personajes interesantes se quedaron en el otro (que es el quinto, Danza de dragones). Así pues, en Festín de cuervos tenemos a Arya, a Cersei, a Brienne, a Jaime, a Samwell y algo de Sansa, pero también hay capítulos enteros en los que no tenía ni idea de qué me estaban hablando (como todo lo que pasa en Dorne, por ejemplo). Y como no es prolijo ni nada en detalles el señor Martin, esos capítulos que me resultaban de poco interés se me hicieron eternos. En fin, que me ha dado penita porque me he aburrido muuucho en esos pasajes, y me sabe fatal decir eso de una serie que tanto he disfrutado. En fin, sigo con ganas de leer el quinto volumen de la serie, eso desde luego (que además sale Tyrion), pero mi entusiasmo por esta saga se ha desinflado bastante...



19 de noviembre de 2017

La pasión turca (Antonio Gala)

Creo que la película de Vicente Aranda, si bien cosechó un gran éxito de público, no fue muy popular entre quienes habían leído la novela, pues muchos no aprobaban la elección de Ana Belén para el papel protagonista. Yo vi la película primero y, quizá sin estar condicionada por la idea que me había forjado en la cabeza del personaje de Desideria, abracé con entusiasmo la elección de la cantante. Creo que encarna a la perfección a la Desi mojigata de sus primeros años de matrimonio, a la Desi consumida por la pasión poco después de conocer a Yamám y a la Desi destruida por los celos y por esa misma pasión, ahora enfermiza, de su última etapa con el turco.

Diría que la novela gira en torno a dos temas: en primer lugar la insatisfacción. Desi cuenta cómo se casó con su primer novio un poco empujada por las circunstancias, porque era el siguiente paso lógico, y vivían en un matrimonio asentado, cómodo, lleno de convencionalismos, una historia de amor más en una ciudad de provincias (Huesca). En la pareja ya no hay pasión, quizá nunca la hubo, y, si bien Desi es medianamente feliz, empieza a nacer en ella un sentimiento de insatisfacción. Así las cosas, ambos deciden ir de viaje a Turquía con un grupo de amigos y es allí donde Desi conoce a Yamám y, de su mano, la pasión más enfermiza. Porque Desi decide dejar su ordenada y aburguesada vida y mudarse a Turquía, donde vivirá a las órdenes de Yamám, sin saber apenas nada de él, ni cómo se gana la vida ni cuál fue su vida anterior. Nada le importa, salvo que cada noche él le hace tocar el cielo con las manos...

Lo cierto es que a Desi se la puede situar en dos extremos: para unos encarna a una mujer fuerte que decide tomar las riendas de su vida y dejar atrás una existencia autómata que nada le aportaba para abrazar la pasión y el erotismo sin ambages, disfrutando de su cuerpo y de su sexualidad como si no hubiera un mañana. Para otros, retrata la sumisión y la pérdida de la dignidad ante un amor por el que lo dejas todo y que solo te aporta la humillación más absoluta.

En cuanto a mí, por un lado pensaba en qué se sentirá al verse uno tan llevado al límite, tan consumido por una pasión. Por otro lado, me pareció afortunado que algo así no me haya ocurrido nunca, porque qué horror verse envuelto en una situación tal que no te deja pensar con claridad, una situación en la que no escuchas los consejos de tus allegados, donde solo tienes ojos para tu amado y te da igual morir por él, pues con gusto lo harías. Sí, eso precisamente es lo que me venía a la cabeza al leer este libro: ¿y si un día me veo consumida por una pasión así...?

En cualquier caso, este es un libro que me ha gustado leer, porque como veis plantea una situación tan extrema que da para muchos debates. Antonio Gala no me gusta especialmente, pero esta es una historia tan particular que la he leído con ganas y estuve en vilo hasta el final (acaba diferente a la película, por cierto).

Como curiosidad, comentar que empecé este libro hace muchísimos años y lo abandoné antes de la página 20, pues no me enganchó en absoluto. Es curioso cómo cambiamos como lectores, pues leí esas mismas páginas consciente de que hace veinte años no había conectado con ellas y ahora, en cambio, las encontraba de lo más interesantes y coincidía con más de una reflexión de Desi sobre su historia de amor rodeada de convencionalismos. Me pareció un experimento curioso.



12 de noviembre de 2017

I Am, I Am, I Am (Maggie O'Farrell)

Supongo que una regla básica de supervivencia es no pensar a menudo en la muerte, y yo al menos así procuro hacerlo. Así que resulta cuanto menos sorprendente toparse con un libro en el que su autora narra nada menos que diecisiete experiencias reales en las que rozó la muerte. Y también sorprende esta elevada cifra, porque una cosa es haberte topado un día de frente con la hoja de la guadaña, pero ¿diecisiete veces?

La autora resulta ser Maggie O'Farrell, a quien hace tiempo que quería descubrir, pero lo que me hizo decidirme por este libro fueron dos fragmentos que pude leer en sendas entrevistas por Internet: precisamente los que constituyen el primer capítulo del libro y el último. El libro se abre con la experiencia de una Maggie adolescente que tuvo la desgracia de toparse con un asesino en un camino solitario de montaña. Son solo unas pocas páginas, pero está narrado de tal manera que te mantiene con el corazón encogido y en vilo hasta el final. El último capítulo no concierne a Maggie O'Farrell en persona, sino a su hija, que nació con un trastorno del sistema inmunitario, lo que se tradujo en un eccema tan grave que la piel se le caía a tiras y una alergia tal que, tan solo con sentarse junto a un niño que hubiera comido cacahuetes, podía acabar en el hospital. De hecho, tienen que llevar a la niña a urgencias con shock anafiláctico entre 12 y 15 veces al año. Imaginaos lo que es eso para una madre.

De ahí viene precisamente la necesidad de Maggie O'Farrell de escribir este libro: pretende explicarle a su hija que su familiaridad con la muerte (debido a su alergia) no es exclusivo de ella, sino que su propia madre se ha cruzado muchas veces con ella y ahí está aún para contarlo. En definitiva, pretende normalizar las experiencias cercanas a la muerte para que su hija no se sienta un bicho raro.

El libro me gustó, aunque, si bien el hilo conductor es este que comento, los capítulos quedan algo deslavazados. Narran diferentes periodos de su día a día, sí, pero es difícil ver la vida de la autora en su conjunto. Lo que sí me llevé una impresión peculiar de la autora y no precisamente positiva, pues su vida parecía girar enteramente en torno al melodrama, pero luego entendí que no es eso, que simplemente se describe a sí misma de una forma muy crítica y severa. Lo explica la autora de la entrevista que puede leerse en el primer enlace que pongo abajo (y que, si os defendéis en inglés, os recomiendo leer encarecidamente).

The self-portrait revealed in its pages, though, is rather severe, and nothing like the person I meet today. More than 20 years ago, O’Farrell and I worked in the same office, and although we didn’t really know each other, I wouldn’t have recognised from her memoir the cheerful presence I recall from those days. “Contrary” and prone to tantrums as a child, O’Farrell’s account of her adult self is often similarly dissatisfied and prickly. Yet in person she is nothing like that at all. She is warm and easy, quick to laugh, full of good humour and generosity. The discrepancy is so striking, I suggest she’s been rather unfair on herself in the book...

Entrevista con la autora y primer capítulo

Último capítulo, donde narra la enfermedad de su hija

Para mí es un libro muy recomendable, tanto por su originalidad como por lo bien escrito que está. Y es que la pluma de Maggie O'Farrell me ha convencido y ya estoy deseando hacerme con alguna novela suya.



En español la publicó Libros del Asteroide con el título Sigo aquí, y la traducción la firma Concha Cardeñoso.

8 de noviembre de 2017

The Vet's Daughter (Barbara Comyns)

¡Qué descolocada me dejó este libro! Yo me disponía a leer una historia escrita por una apacible ama de casa en los años cincuenta, un poco en la línea de Shirley Jackson. Y si ya me quedé sorprendida en su día por las historias que se sacaba la Jackson de la manga, cuando terminé The Vet's Daughter estaba boquiabierta. ¡Pero qué tenían estas señoras en la cabeza para crear unas historias tan... fuera de lo normal!

Alice Rowlands vive en el Londres de principios del s. xx con su padre, veterinario, en una casa que hace las veces de clínica y acoge un sinfín de animales. El padre es un hombre bruto que maltrata a Alice y a su madre; más adelante sabremos que la madre murió en esa misma casa después de languidecer durante años a causa de una enfermedad. La primera mitad del libro se dedica a narrar esta situación y llega un momento en que uno se pregunta si solo se va a leer sobre una vida, la de Alice, tremendamente desgraciada. Las cosas parecen cambiar cuando un pretendiente de Alice la envía al campo a cuidar a su madre y allí vive un breve romance con un marino. Sin embargo, justo entonces empiezan a pasarle cosas extrañas que no voy a desvelar porque ahí está toda la enjundia de la trama, pero os aseguro que cuando llegué a esa parte mi sorpresa era ya mayúscula.

La trama narra el trato que a menudo recibían las mujeres de época eduardiana tras las puertas de sus aparentemente respetables hogares. La madre de Alice está atrapada en un hogar en el que es infeliz y el lector ve cómo se va marchitando a ojos de todos. Alice, por su parte, es un símbolo de inocencia en un mundo cruel y predador.

Desde luego, cuando escogí este breve librito como lectura transitoria no me esperaba lo que encontré entre sus páginas. Tiene un toque gótico y otro de realismo mágico, pero el mundo depresivo y sofocante que rodea a la protagonista en ocasiones me pareció demasiado abrumador. De todas formas, me gustó la forma en que está narrada la historia, con un tono entre peculiar y estrambótico, y es una novela que, aunque no sé si recomendaré en mi círculo más cercano, sí que recordaré como un libro muy bien tramado y una experiencia lectora curiosa.



4 de noviembre de 2017

Orgullo y prejuicio (Jane Austen)

Pocas probabilidades había de que una servidora llegara a la edad que tiene sin haber leído Orgullo y prejuicio. Es más, no solo no había leído el libro, sino que tampoco había visto las películas y, ya puestos, tampoco había leído ninguna de las demás obras de Jane Austen. Tamaña proeza tiene mérito, ¿no? :)

Los señores Bennet tienen cinco hijas y una preocupación: lograr un buen matrimonio para cada una de ellas, teniendo en cuenta además la falta de posibles de la familia. Estamos en la Inglaterra de principios del s. XIX y ninguna de las hijas puede heredar la propiedad del señor Bennet, por lo que es fundamental que al menos una de ellas haga un buen matrimonio. A ello no ayuda la absoluta falta de decoro de la señora Bennet, una mujer escandalosa y de poca sustancia que no contribuye a que ningún pretendiente tome a la familia en serio. Tampoco ayudan mucho a la causa las dos hermanas menores, Kitty y Lydia, unas adolescentes superficiales, incultas y tontuelas que, yendo todo el día detrás de los oficiales del regimiento del pueblo en busca de marido, contribuyen asimismo a propagar una cierta mala fama entre las grandes familias de la comarca.

Así las cosas, Elizabeth Bennet tendrá que analizar bien qué posibilidades reales tiene de contraer matrimonio y valorar si debe dar prioridad a un futuro resuelto con un marido que aporte una buena renta o si esperar a alguien de quien se enamore (teniendo en cuenta además las presiones a las que las familias someten a las jóvenes). El libro también explora el tema de cómo muchas veces se prejuzga a las personas y cómo es fácil quedarse con la primera impresión que tenemos de ellas.

Mi lectura se vio entorpecida de nuevo por la calidad de la traducción, pero aun así pude disfrutar de este clásico y de los afilados diálogos que se intercambian los personajes. Me hubiera encantado haber descubierto antes este libro (de adolescente lo habría disfrutado mucho), pero, oye, nunca es tarde. Lo que me tiene indignada es la película del 2005 (aproveché para verla estos días) y, en particular, la interpretación de Matthew Macfadyen: no me creo que el señor Darcy pusiera ojitos de cordero degollado durante toda la trama. Desde luego, no es eso lo que me transmitió el libro durante la lectura. Seguro que la interpretación de Colin Firth la supera con creces (¡y espero verla pronto!).



No he encontrado la portada del libro que me leí, así que cuelgo esta de Alianza, que creo que refleja bien el saborcillo de antaño. Además, la traducción seguro que sí es de calidad (y creedme que en una obra como esta, en la que hay que cuidar tanto el lenguaje para reflejar los afilados diálogos y las convenciones de la época, es de una importancia capital).



26 de octubre de 2017

Cinco semanas en globo (Julio Verne)

Mis amigos me tienen por una gran lectora, y sin embargo no creo serlo: me falta muchísimo por leer, sobre todo libros de base, clásicos, novelas de toda la vida que a todo buen lector se le dan por supuestas. Así que, bueno, poco a poco habrá que ir enmendando este despropósito y, con esa intención, aquí vengo con el primer libro que leo de Julio Verne: Cinco semanas en globo.

(A decir verdad, hace unos años intenté leerme Veinte mil leguas de viaje submarino, pero tuve que abandonar la lectura porque se me ocurrió comprármelo en francés, me pareció dificilísimo y apenas pude seguir la trama...)

Londres, 1862. Estamos en la era de las grandes exploraciones y África es el continente desconocido. Samuel Fergusson, un notable científico, planea un viaje de descubrimiento que le llevará a cruzar el continente africano desde Zanzíbar hasta Senegal en cinco semanas con un único medio de transporte: un globo aerostático. Irá tan solo acompañado de un buen amigo, el cazador escocés Dick Kennedy, de su criado Joe y de un buen acopio de provisiones. Y así empieza su aventura, en la que tendrán que vérselas con leones, tribus caníbales, brujos hechiceros, aves rapaces que pretenden perforar el globo, desiertos inacabables que acaban con sus provisiones de agua... Por supuesto a los tres amigos no les faltan anécdotas trepidantes y momentos inciertos, y al final el lector llega a dudar de que sean capaces de llegar a buen término, los tres juntos y en buen estado.

Es una novela que se lee rápido, entretiene un montón, te da una cierta dosis de pseudociencia (con las explicaciones sobre cómo funciona el aerostato) y se empatiza enseguida con los tres protagonistas, con los que el lector se embarca en un viaje trepidante. Es cierto que algunos pasajes pueden parecer algo pasados de moda por el ligero racismo que destilan, pero como novela para jóvenes es totalmente recomendable. Como no podía ser de otro modo: ¡estamos hablando de Julio Verne!

Lo que sí aconsejaría a quienes quieran acercarse a la obra de Verne es hacerse con varias traducciones y compararlas: la cosa cambia sobremanera y hay algunas que dejan mucho que desear. Yo me leí esta de aquí al lado, de Sopena, en una edición de 1957 (no pone el nombre del traductor). Es cierto que esa traducción tiene muchos años y el texto transmite un cierto sabor añejo por el lenguaje y los giros empleados, pero es una de las mejores que pude consultar. Lo encontré en uno de los puestos de la Cuesta de Moyano de Madrid.

24 de octubre de 2017

Asking For It (Louise O'Neill)

El de esta semana ha sido un libro interesante. Al igual que Nina Is Not OK, gira en torno a las relaciones no consentidas entre jóvenes, especialmente cuando hay mucho alcohol de por medio. Tanto alcohol y tanto desfase que, al día siguiente, Emma O'Donovan no se acuerda de nada, pero unas fotos subidas en modo público a redes sociales se encargarán de rellenar sus lapsus de memoria. Hasta el último detalle. Y de destrozar su vida.

Hasta ahí, muy parecido a Nina Is Not Ok. Sin embargo, la autora de este libro, Louise O’Neill, plantea un enfoque que, como digo, me ha parecido muy interesante: ¿y si crea un personaje con el que el lector no empatiza en absoluto? Emma es vanidosa, superficial, engreída, la chica más guapa de su pueblo. Todos la admiran, todos quieren ser sus amigos, todos se giran a mirarla por la calle, todos le dicen una y otra vez lo guapa que es y la cantidad de puertas que su belleza le abrirá. Y ella también se asegura de ser la chica que todos miren al pasar, incluso flirtea con los novios de sus amigas o con los chicos que les gustan a ellas. Porque Emma nunca se liaría con el novio de su mejor amiga, pero le gusta saber que podría si quisiera.

Por otra parte, la relación con sus amigas también es competitiva y superficial. Las trata con desdén, como esperando que le hagan favores todo el rato, que le rindan pleitesía. Incluso no duda en robar algún objeto caro (unas gafas de sol, un perfume) a una de sus amigas, que nada en la abundancia. Total, a ella le pueden comprar otro par de gafas cuando quiera…

Una noche acuden a una fiesta en casa de unos amigos. Son del pueblo, de toda la vida, buenos chicos. Emma se pone un vestido con un escote hasta el ombligo y una falda tan corta que apenas le tapa nada. Sin ropa interior y con tacones de vértigo. Bebe hasta emborracharse y toma unas pastillas, drogas ilegales. Se exhibe, se contonea sabiéndose la reina de la fiesta. Flirtea con uno de los chicos, mucho mayor que ella (Emma tiene 18 años) y se lo lleva a una habitación.

Y es ese el reto que la autora plantea: una chica por la que el lector no se siente ningún aprecio ni empatía y una conducta extrema. ¿También nosotros diremos de ella, como afirma el título del libro, que se lo estaba buscando…? O’Neill pone al lector frente a frente con este hecho y le obliga a revisar sus propias ideas preconcebidas y convicciones, a ser sincero consigo mismo y a pensar que quizá él, el lector, también ha pensado así, sin darse cuenta de que todas las víctimas son tales, por mucho que no sintamos simpatía por ellas.

Como os digo, me ha parecido un enfoque muy muy diferente a lo que estamos acostumbrados y, precisamente por eso, transmite su mensaje de manera poderosísima, calando profundamente en el lector. Sin embargo, no es un libro que haya disfrutado en demasía porque no me ha gustado la ejecución. No me ha parecido que la autora escriba especialmente bien; de hecho mezcla hechos del presente con recuerdos y retazos del pasado de manera muy confusa, y cuesta saber cuándo te está hablando de unos y de otros. Ningún personaje del libro tiene valores (salvo Bryan, el hermano de Emma, que parece el único de todo el libro con un poco de materia gris) y es imposible empatizar mínimamente con ninguno (ya sé que esa era la idea, pero no sé, un mínimo…). Además, la segunda parte es muuuuuy repetitiva y, francamente, bastante aburrida. El final… bueno, no lo destripo, pero diré que es muy realista. Para bien y para mal. Además, el mundo que plantea me resulta muy lejano (una sociedad tan superficial, unos padres tan ausentes, tan poco empáticos, unas relaciones de amistad tan materiales, un culto al físico y al dinero que yo nunca tuve…). Me ha parecido un escenario caricaturesco, aunque quizá sea yo, que he vivido en un círculo muy diferente.

De una nota sobre 5, le daría un 3 o 3,5. Me ha encantado la idea, pero la ejecución no, para nada. Y, sin embargo, ha cosechado unas críticas entusiastas en Goodreads. Como conclusión, quizá sí que lo recomendaría, aunque solo sea porque nunca está de más tomar conciencia sobre un tema tan horrible, habitual y real como este.


Actualizo la entrada en febrero del 2020 para decir que La Esfera de los Libros acaba de publicar la traducción, Tú te lo has buscado, firmada por Palma Carvajal Lara. A ver qué acogida tiene en el mercado español.

Rosemary's Baby (Ira Levin)

¿A que no hay nada como un buen clásico? Pues aquí va mi recomendación de lectura para Halloween: La semilla del diablo. A muchos os sonará la tremenda película de Polanski, pero es que el libro en el que se basó no se queda atrás y constituye una estupenda obra de ficción —sencilla, breve, ágil y aterradora— para la cual no han pasado los años.

Manhattan, década de 1960: Rosemary y Guy acaban de mudarse al piso de sus sueños, situado en el Bramford, un codiciado edificio de estilo gótico. Se muestran entusiasmados con la perspectiva de vivir en un lugar con solera y tradición, y no se amedrentan ni siquiera cuando un buen amigo de Rosemary les advierte del siniestro pasado del edificio, donde se han producido varios episodios de brujería y asesinatos.

Pronto la pareja conoce a los vecinos del rellano, unos ancianos afables y voluntariosos con los que Guy enseguida traba amistad. Rosemary prefiere mantener un poco las distancias, pues los encuentra algo entrometidos y pesados, aunque la relación entre todos es siempre cordial.

Guy, un actor en ciernes que hasta el momento ha tenido poca suerte, consigue de repente un buen papel cuando su rival en un casting se ve afectado por una súbita ceguera. A partir de ahí parece cambiar su fortuna y empiezan a lloverle buenos papeles, con lo que pronto se anima a tener hijos, algo que Rosemary deseaba de corazón.

Finalmente Rosemary se queda embarazada, pero sufre fuertes dolores y las cosas no parecen ir como deberían. Sin embargo, todo el mundo le dice que deje de preocuparse, que no hay ningún problema, que cada embarazo es único. Así pues, la joven intenta hacer de tripas corazón y esperar a que llegue el ansiado momento de verle la carita al bebé. Un momento que quedará grabado a fuego en su memoria.


La trama resulta sencilla pero muy interesante como punto de partida, ¿verdad? Ira Levin es un narrador muy ágil y la lectura engancha por completo, además de inquietar un montón. Sin embargo, no son los aspectos demoníacos del libro los que me parecieron más espeluznantes, sino el retrato que pinta de Rosemary como persona totalmente aislada, sin nadie en quien confiar, rodeada de personas que no han dudado un ápice en utilizarla para sus fines al tiempo que le hacen creer que es ella la que no ve las cosas claras, la que está exagerando, la que debe dejar de darle vueltas a las cosas. En más de una ocasión dan ganas de gritarle que despierte de una vez, que no se fíe, que no haga eso, pero la tela de araña está bien tejida a su alrededor y no hay escapatoria. En cuanto al final, ¿qué decir? Sé que no es para todos los gustos, pero a mí me pareció soberbio.




21 de octubre de 2017

Te quiero porque me das de comer (David Llorente)

¿Os ha pasado alguna vez que, al terminar un libro, no habéis sabido decir si os ha gustado o no? Esa es justo la sensación que tengo yo desde hace varias semanas, desde que me quedé en shock  al terminar Te quiero porque me das de comer. Y de verdad que sigo sin saber qué pensar.

Es esta una novela negrísima en torno a un asesino en serie, con una estructura única, pero ninguno de los muchos personajes es más protagonista que el barrio de Carabanchel, donde se desarrolla la trama en su totalidad. Y es que en el barrio de Carabanchel, símbolo de vida marginal, todo tiene cabida: asesinos en serie, sadomaso, mafia china, cárceles, violencia conyugal, prostitución, canis con perros asesinos, cuernos, amores imposibles y prolongados en el tiempo... Y todo con una estructura aséptica, que tan pronto te cuenta el asesinato de una niña como te describe una receta o menciona el tiempo previsto para mañana. Las primeras veinte páginas resultan de lo más desconcertantes, hasta que el lector se hace a semejante estructura narrativa, pero creo que al final funciona, pues narra los hechos más brutales de forma como digo aséptica, de manera que es lector quien debe aportar todo atisbo de emoción a la narración.

Esta lectura es todo un reto, pero para mi gusto la violencia es excesiva, y eso que ese es precisamente un recurso más que utiliza David Llorente: llevar la violencia a tal extremo que acabe siendo una caricatura, precisamente para que quede subrayada. A mí la lectura me tuvo absorbida y saqué horas de donde no las tenía para avanzar más rápido, pero aparte de que me enganchó, también lo hice con la sensación de «acabemos con esto de una vez». Hasta ese punto me resultaron fuertes las escenas de violencia (y no solo fuertes sino frecuentes, en cada página hay una, de tal manera que el lector se pregunta si de verdad es necesaria tanta violencia hasta que cae en eso, en que todo es una caricatura, una herramienta más de Llorente).

En definitiva, ¿recomendaría esta lectura? Con mucha cautela, pues no es apta para todos los estómagos, aunque sí creo que sería una lectura interesante para los más amantes de la novela negra. ¿Me ha resultado interesante? Desde luego, porque es diferente a todo lo que he leído hasta ahora y el libro está muy bien estructurado: como apunta el dibujo de la portada, es un auténtico puzzle con piezas que van casando muy poco a poco y estoy segura de que hacer casar semejante crisol de historias individuales debió de haber planteado a su autor más de un quebradero de cabeza. Entonces ¿me ha gustado? Pues sigo sin saberlo... Me quedo entre dos aguas y diré que es un libro que voy a recordar durante mucho tiempo.



30 de septiembre de 2017

The Haunting of Hill House (Shirley Jackson)

¿Cuál es vuestro defecto lector? Yo tengo montones, pero quizá el que más destaca de todos es que me cuesta horrores repetir con un autor que me ha gustado (y ya no os cuento de darle segundas oportunidades a un autor que no haya disfrutado).

Me vienen un montón de ejemplos a la cabeza: me encantaron autores como Cheryl Strayed, Elizabeth Gilbert, Adrian McKinty, Patrick Rothfuss, Anne Rice, Joe Hill, Alex Garland, Alberto Morán Roa, Jesús Carrasco... Encima algunos de ellos son autores de sagas, como Rothfuss, Morán Roa o Anne Rice, por lo que a priori no hay motivo para no volver a ellos (¡aunque solo sea para terminar la saga!). De cajón. Bueno, pues no soy capaz. Siempre me siento atraída por los cantos de sirena provenientes de los nuevos autores que descubro en Goodreads. ¡Y la lista no deja de crecer!

El caso es que ya hace tiempo que quiero corregirme y, después de leer Siempre hemos vivido en el castillo, me dije que Shirley Jackson era una autora tan buena como cualquier otra para enmendarme, así que recurrí a los chicos de Book Depository para adquirir The Haunting of Hill House y The Lottery and Other Stories. Y a principios de septiembre me adentré en Hill House.

Si este que he mencionado es mi defecto, una virtud considero que es mi afición por no saber nada de antemano de las tramas o de los libros que leo en general. Por lo general escojo basándome en escuetas referencias que leo por ahí. Y me alegro de haber llegado bastante a ciegas a The Haunting of Hill House. Si hubiera leído, por ejemplo, que Stephen King la considera una de las mejores novelas de terror de finales del siglo xx y otros la sitúan como la mejor novela sobre casas encantadas de todos los tiempos... bueno, quizá habría sido un problema, porque ya se sabe lo que ocurre cuando uno tiene las expectativas muy altas.

La maldición de Hill House gira en torno a un inquietante experimento que llevó a cabo el doctor John Montague, entregado desde hace años al estudio de las «perturbaciones psíquicas» que tienen lugar en las casas encantadas. Cuando se entera de la existencia de Hill House, decide alquilarla por unos meses y allí da cita a Eleanor, una joven solitaria después de haber pasado once años cuidando de su madre; Theodora, una joven despreocupada con capacidades psíquicas, y Luke, un vividor que se ve envuelto en la aventura a petición de su tía, propietaria de la casa. El objetivo es que todos ellos cohabiten en Hill House unos días y vayan registrando los fenómenos paranormales que allí sucedan; con el resultado de todo ello, el doctor pretende publicar un estudio. Así pues, para conocer las experiencias que vivieron los cuatro en la casa, el lector tendrá que adentrarse en ella también...

Journeys end in lovers meeting.

No se me ocurre otra palabra que defina mejor los libros de Shirley Jackson que peculiares. Desde la caracterización de los personajes hasta los diálogos a veces surrealistas que se llevan entre ellos, cuando menos curioso si imaginas que este libro lo escribió un ama de casa a finales de la década de los cincuenta. Y, encima, el resultado final sigue asombrando a los escritores más consagrados de hoy en día.

It will be a long time, I think, before she opens another door by herself.

En cuanto a la lectura en sí, por algún motivo pensaba que no me iba a dar miedo para nada, que al final se quedaría en palabras vacías (un poco como pasó con La casa y el cerebro, que, ahora que me doy cuenta, ¿por qué no lo tengo reseñado en el blog si me lo leí hace relativamente poco?). Y sin embargo sí, me dio miedo, me resultó inquietante sobre todo ver cómo la influencia de la casa se iba metiendo cada vez más y más en uno de los personajes, haciendo dudar al lector acerca de si ese personaje estaba perturbado por naturaleza o se comportaba así por influencia de la casa.

Now I know why people scream, because I think I'm going to.

En definitiva, en este libro, que he disfrutado un montón, se encuentran todos los clásicos del género (casa siniestra en una colina apartada, inquietante ama de llaves que se va de la casa cada día al atardecer, ruidos, psicofonías, habitaciones que aparecen desordenadas, sueños que se mezclan con la realidad...) y se le da un giro de tuerca con la exploración psicológica de uno de los personajes en especial. Porque... ¿es la casa la que está poseyendo a uno de sus habitantes, o es ese habitante el que acaba poseyendo a la casa? Lo mejor es que Shirley Jackson no termina de desvelarlo y despliega toda la historia para que el lector lo decida por sí mismo.



20 de septiembre de 2017

Hipótesis sobre Verónica (Enrique Álvarez)

Este librito, que ganó el premio de novela Ciudad de Barbastro en 1994, narra unos hechos extraños sucedidos en Santander en 1989, en los que una adolescente llamada Verónica supuestamente fue víctima de un caso de posesión diabólica. El libro comienza cuando un profesor de literatura lee un día un pequeño recorte de prensa que narra de forma sucinta el caso de Verónica y las sospechas de que la muchacha esté endemoniada. Sin embargo, no se publica nada más acerca de la historia ni de su desenlace, ni hay forma de saber qué ha sido de Verónica; el caso parece extrañamente silenciado, pues ni en las noticias lo mencionan ni en la dirección de la joven parecen saber su paradero actual (también su familia parece haberse esfumado).

El relato empieza contándolo este profesor de literatura, pero luego otras voces toman su relevo: desde el novio de la joven hasta un cura interesado en posesiones diabólicas, pasando por una carta de la propia Verónica. El lector es el que tiene que unir el testimonio de unos y otros para obtener las diferentes piezas que componen este relato de intriga. Sin embargo, a medida que pasamos las páginas los hechos no solo no se esclarecen, sino que se complican cada vez más para todos los personajes de esta historia.

Es un librito muy breve, bien escrito y bien resuelto, con un uso del lenguaje muy rico, que se lee rápido y funciona muy bien como relato de intriga. Además este libro me ha dejado preguntándome si los acontecimientos narrados ocurrieron de verdad, pues el texto de la contra apunta a que está basado en hechos reales. El caso es que no he encontrado nada de nada en Internet que dé por cierta la historia de Verónica (o que la mencione siquiera), pero el relato juega con la ambigüedad y ahí queda mi duda. Una lectura interesante.